caia agarrandose a sus piernas.

—?Madre! —volvio a gritar.

Cada vez eran mas los cuerpos de mujeres y ninos con los que tropezaba. ?Chapoteaba en sangre! Las puertas de la iglesia estaban cerradas. ?Y si Aisha se hallaba en el interior del templo? Los cristianos seguian disparando, pese a las voces de sus capitanes que ordenaban el alto el fuego. Pero nada podia detener la carniceria: el miedo descontrolado de los soldados seguia cobrandose victimas entre las indefensas mujeres y sus hijos.

Hernando seguia sin ver. ?Como iba a encontrarla? ?Y si ya yacia cadaver en aquella sangrienta plaza?

—Madre —gimio con la espada vencida.

—?Hernando? Hernando, ?eres tu?

Hernando volvio a alzar el alfanje. ?Donde estaba? ?De donde venia la voz?

—?Madre!

—?Hernando? —Una sombra le tanteo. El hizo ademan de descargar un golpe—. ?Hernando! —Aisha le sacudio.

—?Madre! ?Alabado sea Dios! Vamos. Vamonos de aqui —contesto agarrandola del brazo y empujandola... ?hacia donde?

—?Tus hermanas! ?Faltan tus hermanas! —le apremio ella—. Musa y Aquil ya estan conmigo.

—?Donde...?

—Las perdi en el tumulto...

Dos disparos sonaron hacia ellos. Un cuerpo a su izquierda se desplomo.

—?Alli hay un moro! —oyeron gritar a un soldado cristiano.

Al destello de los arcabuces, Hernando percibio una sombra cercana, mas baja que el. ?Era Raissa? Quiza... Creia haber visto una muchacha. ?Raissa? Los matarian a todos. La agarro del cabello y la atrajo hacia si.

—Aqui esta Raissa —le dijo a su madre.

—?Y Zahara?

En esta ocasion fueron tres los fogonazos que partieron en su direccion. Hernando empujo a su madre mientras arrastraba a la muchacha.

—?Vamos! —ordeno.

Se guio por la silueta del campanario; alguien trataba de iluminar la escena con una antorcha. Continuo empujando a su madre, que agarraba de la mano a los dos ninos al tiempo que el arrastraba a la muchacha, todos agachados, hasta que lograron llegar al bancal. Desde alli corrieron barranco abajo, a trompicones, cayendo y levantandose, dejando atras los disparos y los gritos de terror de mujeres y ninos.

Solo se detuvieron cuando los disparos se convirtieron en un siseo. Aisha se desplomo. Musa y Aquil empezaron a lloriquear y Hernando y la muchacha permanecieron quietos, tratando de recuperar la respiracion.

—Gracias, hijo —dijo su madre, levantandose de repente—. Continuemos. No podemos detenernos. Estamos en peligro y debemos... ?Raissa? —Aisha salto hacia la muchacha y le alzo el rostro por la barbilla—. ?Tu no eres Raissa!

—Me llamo Fatima —farfullo ella aun sin aire—, y este —anadio mostrando una criatura de pocos meses de vida, que protegia contra su pecho— es Salvador... Humam, quiero decir.

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