—?Tu! —llamo a Fatima—. Sirveme agua.

Brahim desnudo a la muchacha con la mirada cuando esta le llevaba el agua; el arriero mantuvo el vaso junto a su cuerpo, sin extender el brazo, para que la joven tuviera que acercarsele y asi tocar su piel.

Hernando se sorprendio conteniendo la respiracion al observar como Fatima intentaba no rozar a Brahim. ?Que pretendia su padrastro? Por el rabillo del ojo, creyo ver como Aisha sacudia el capazo de Humam con uno de sus pies: el nino rompio a llorar.

—Tengo que darle de mamar —se disculpo Fatima, azorada.

El arriero la persiguio con la mirada, temblando al pensar en aquellos pechos de nina rebosantes de leche.

—Hernando... —le llamo Fatima una vez hubo alimentado a su hijo, y este dormia en sus brazos.

—Ibn Hamid —le corrigio el.

Fatima asintio.

—?Me acompanas a buscar noticias de mi esposo? Debo saber que ha sido de el. —Fatima miro de soslayo a Brahim.

Despues de dejar a Humam al cuidado de Aisha, desfilaron entre tiendas y corros en busca de noticias de las gentes de la taa de Marchena, que habian peleado junto a los monfies contra el marques de los Velez, adelantado del reino de Murcia y capitan general de Cartagena. Soldado cruel que peleaba sin concesion alguna a los moriscos, el marques de los Velez habia iniciado la lucha por su cuenta, antes incluso de recibir el encargo real, y habia empezado por la costa de levante del antiguo reino, al sur y al este de las Alpujarras, donde no alcanzaba a combatir el de Mondejar.

No les costo encontrar las noticias que buscaban. Una partida de los hombres del Gorri que lucharon contra el marques de los Velez, les empezaron a dar cumplida cuenta de sus avatares.

—Pero mi esposo no estaba con el Gorri —les interrumpio Fatima—. El se fue con el Futey. Es... es su primo.

El soldado que habia empezado a hablar suspiro entonces sin reparos. Fatima se agarro al brazo de Hernando: presagiaba malas noticias. Dos hombres que formaban parte del grupo esquivaron la mirada inquisitiva de la muchacha. Un tercero tomo la palabra:

—Yo estuve alli. El Futey cayo en la batalla de Felix. Y con el la mayoria de sus hombres... pero sobre todo mujeres... fallecieron muchas mujeres. Con el Futey estaban el Tezi y Portocarrero, y como no tenian suficientes hombres para hacer frente a los cristianos, disfrazaron de soldados a las mujeres. Nuestros hermanos les hicieron frente a campo abierto y despues en las casas de Felix. Al final tuvieron que refugiarse en la cumbre de un cerro frente al pueblo, constantemente perseguidos por la infanteria del marques.

El hombre hizo una pausa que a Hernando le parecio interminable; notaba las unas de Fatima clavadas en su brazo.

—Murieron mas de setecientos, entre hombres y mujeres. Algunos logramos escapar a la sierra... de donde veniamos —anadio apesadumbrado—, pero los que no lo consiguieron... ?Vi a mujeres abalanzarse con punales contra las barrigas de los caballos! ?Se dirigian a una muerte segura! Vi como muchas de ellas terminaron lanzando arena a los ojos de los cristianos a falta de fuerzas para levantar piedras. Lucharon con tanto valor como sus hombres. —En esta ocasion, el soldado miro directamente a Fatima—. Si no lo encuentras aqui... Los que sobrevivieron fueron muertos. El marques de los Velez no hace cautivos entre los hombres, ni concede el perdon como Mondejar. Las mujeres y los ninos que no murieron fueron tomados como

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