Julian
Al llegar al hotel despues de dejar a Sandra en la farmacia, las cosas se pusieron feas. Aunque segun mis calculos le tocaba guardia a Roberto, no habia nadie en recepcion, puede que hubiese ido al lavabo o a tomarse un cafe o a fumarse un cigarrillo, lo pense de pasada, esos pensamientos mecanicos que se forman solos sin ningun gasto de energia. Iba pensando en las inyecciones y en Sandra, en que le habia crecido bastante el pelo y en que lo llevaba recogido en una cola de caballo, lo que le hacia parecer mas joven. Habia perdido espontaneidad, su mirada era entre seria y asombrada, habia descubierto el miedo, no el miedo a no saber que hacer con su vida, sino el miedo a los demas. Ya no habia vuelta atras, Sandra estaba saltando un precipicio y no la estaba sujetando nadie, nadie la ayudaba, ni siquiera yo.
La sorpresa fue cuando al llegar a la altura de mi habitacion, vi salir de alli a Tony, el detective del hotel. ?Que estaria buscando?
Le pregunte si habia algun problema. El se hizo a un lado para que entrase pero no entre, no queria encontrarme dentro con el a solas.
Dijo, sin alterarse ni incomodarse lo mas minimo por que le hubiese pillado allanando mi suite, que habia venido a comprobar si me encontraba bien. Era pura rutina, dijo con toda su redonda cara. Y termino con una pregunta sin posible respuesta.
– ?Todo en orden?
Los papelillos transparentes estaban en el suelo, y dentro aparentemente no habia pasado nada, salvo que percibia la mano de Tony en los pomos de los cajones y las puertas y su mirada de huevo podrido en los papeles (anotaciones sin importancia) que habia sobre la mesa.
Sandra
Al dia siguiente me desperte con ganas de llamar a mis padres, a mi hermana e incluso a Santi. Me estaba alejando demasiado de mi vida normal, parecia que me hubiese marchado de viaje a otro planeta y que se hubiese averiado la nave de regreso y me encontrara aqui atrapada. Me consumia la impotencia porque ademas si alguien me preguntaba si me habian hecho algo malo, si me habian tratado mal o si habian intentado algo contra mi, no tendria nada objetivo ni concreto que decir. Tendria que hablar de miradas, de frases con doble sentido, de sospechas, se quedaria en una pura vaguedad, en suposiciones y aprensiones. Si daba el paso de integrarme en la Hermandad tal vez me enteraria de todo, pero a saber que cosas tendria que hacer, no creo que me permitieran ser uno de ellos sin mancharme las manos, y una vez que me las hubiese manchado deberia cargar con ello sobre mi conciencia. No seria tan facil salir del clan o la secta o la hermandad. No estaba siendo facil para mi salir de mi relacion con Santi y menos lo iba a ser salir de este extrano grupo.
Como Karin ya se encontraba bien, seguramente querria que trotasemos en el todoterreno de aca para alla, seguramente tendria un plan preparado, pero yo necesitaba tiempo para mis cosas. Despues de ducharme y de hacer la cama y recoger un poco, baje a desayunar y como imaginaba ya estaba alli Karin. Y mas que oirse se olia que Frida limpiaba. Nada mas verme, mientras me preparaba un cafe con leche, Karin me dijo que tenia un plan para hoy. El temido plan.
Hacia sol y me tome el cafe mirando las ramas de los arboles. Y es que sobre el fregadero y la encimera de marmol habia un hermoso ventanal alargado que daba un ambiente muy alegre y luminoso a la cocina. Karin se empeno en hacerme un zumo no por mi, sino por ella, para que estuviera en condiciones de hacer todo lo que ella quisiera. Exprimio ella misma las naranjas con una vitalidad que hacia pensar que se habia chutado otra de aquellas ampollas. Asi que nada mas quedarian dos, no podia llevarme una, era demasiado arriesgado.
El plan consistia en ir de compras al centro comercial. Le encantaba recorrer las distintas secciones mirandolo todo, asombrandose de lo baratos que eran los precios, de las cosas tan bonitas que se les ocurria disenar. Le encantaba la seccion de menaje del hogar y habia que sacarla a rastras de alli. A mi me agotaba y me aburria, pero a ella le gustaba gastar sus energias asi, la cuestion era sentirse viva. Luego iriamos a la sesion de gimnasia, la dejaria alli y tendria una hora para intentar ver a Julian y pospondria la llamada a mi familia para cuando tuviese mas tiempo. Por lo menos el jarabe me habia hecho bien y tosia menos.
Pero ahora lo que tenia en mente eran los inyectables.
Al recordarlos se habian apoderado de mi cabeza. Fred se habia marchado a jugar al golf con Otto y unos cuantos «hermanos» mas, Frida estaba en la parte de abajo, de donde llegaba el tipico ruido de movimiento de muebles de la salita-biblioteca y Karin decidio esperarme sentada en el porche. Le dije que iba a coger el bolso, lo que era verdad, aunque antes de llegar a mi cuarto me pase por el de Fred y Karin, con la puerta abierta por si subia Frida. Frida tenia un sexto sentido muy desarrollado e intuia cuando alguien trataba de hacer algo fuera de lo reglamentario, como yo ahora mismo. Me fui derecha al bano y mire dentro de la papelera. Tuve que separar algunos papeles manchados de mocos y Dios sabe que mas con los dedos y alli estaba una de las jeringas y segui buscando mas abajo y alli estaba la otra. Karin se habia puesto las dos para disfrutar mas de la vida.
Que nerviosa me sentia, si Frida me pillaba aqui estaba perdida. Arranque un trozo de papel higienico y envolvi las jeringas, luego revolvi un poco lo que habia en la papelera y me meti en mi habitacion justo cuando Frida empezaba a sacar brillo a la barandilla de la escalera. Sali con el bolso, el bolso mas pequeno que tenia, colgado en bandolera y cruzado sobre el pecho. En un bolsillo interior iban las jeringas envueltas en el papel higienico. Rezaba por que Frida no se diese cuenta, por que algo mas importante le llamase la atencion. Se me ocurrieron un par de cosas, como arriesgarme a entrar de nuevo en el dormitorio de Karin, abrir un frasco de perfume que habia sobre el tocador y echarme unas gotas, suficientes para que el sabueso Frida lo detectase y justificar asi mi presencia en aquel santuario dorado y rosa, pero entonces estaria confirmando de todas todas que habia entrado alli y que muy probablemente yo habia cogido las jeringas. Era preferible no hacer nada y no meter la pata mas de la cuenta.
La barandilla era de caoba y estaba muy trabajada, con recovecos y hendiduras por donde se metia el polvo, y cuando Karin y yo nos marchamos Frida aun estaba limpiandola. ?En que pensaria mientras hacia sus faenas con tanta pasion? Cogi la bolsa de terciopelo con el jerseicito que estaba haciendo y las agujas, dando a entender que algunos ratos en el centro comercial la esperaria haciendo punto.
Karin iba disfrutando del paisaje. El sol, aunque no era un sol fuerte, calentaba los cristales y creaba un calor muy agradable dentro del todoterreno. Karin a veces cerraba los ojos como para llenarse de mas vida. ?Nunca pensaria en estos momentos en la gente que mato o ayudo a matar, en la gente a la que privo del calor del sol asi, por las buenas, ni siquiera por un arrebato de ira? La mire de reojo, casi iba sonriendo de la pura felicidad de sentirse tan bien y no parecia que le remordiese la conciencia, parecia que solo le importaba ella. Y era esta falta de culpa la que me hacia dudar de que Julian no se hubiese equivocado de personas o que no fuera del todo cierto lo que me decia. Podria ser que Julian hubiese sufrido tanto que ya no distinguiera a los buenos de los malos.
En el centro comercial, a la media hora de estar en la seccion de jardineria, le dije que se me habian hinchado los pies y que la esperaba en el coche haciendo punto. Ella insistio en que me quedase, insistio en que precisamente andando de un lado para otro seria como se me deshincharian los pies, insistia porque le gustaba ir comentando lo que veia. Pero yo no estaba dispuesta a dar mi brazo a torcer y me marche al todoterreno y me encontre muy bien sin oir la voz de Karin. Saque el punto, hacia dias que no lo habia tocado y me embebi en esta tarea, casi se me olvido pensar en Alberto. El ausente Alberto. Abri la ventanilla para que entrara el aire y el traqueteo de los carros metalicos hacia los coches. La vida podia ser tan sencilla, una vida apacible de jubilados cansados de guerrear empujando los carros de la compra y disfrutando de las pequenas cosas.
A las dos horas vi a Karin a los lejos entre brillos metalicos y sali a ayudarla. Dejo que yo empujase el carro, no me pregunto si me encontraba mejor, no me hablo. Tuve la impresion de que durante todo este tiempo, al no tener con quien hablar, le habia dado por pensar en mi y que lo que habia pensado no era muy bueno. Trague saliva. Abri el maletero, coloque las cosas y le alabe unas macetas de terracota. Me dijo que se habia hecho dano al levantarlas para meterlas en el carro, menos mal que una morena (?se referiria a que era negra?) al final habia venido a socorrerla. Dijo morena con desprecio y dijo socorrer con la intencion de que yo sintiese que la habia
