que Julian me hubiese esperado, si no sentado en el banco ni en la heladeria, resguardado en el coche. Ojala hubiese tenido la paciencia de esperarme los aproximadamente tres cuartos de hora que me estaba retrasando, tenia tanto que contarle, era tan sabrosa la informacion que me bullia en la cabeza. En el fondo daba gracias a Dios por estar metida en esta aventura. Sabia cosas que ninguno de los habitantes de este pueblo podria imaginar. Aunque ?realmente sabia, o imaginaba que sabia con la ayuda de Julian?
Como siempre hacia, por precaucion, rebase el Faro para luego aparcar junto a la heladeria, que en este tiempo servia cualquier cosa menos helados, y camine hacia la zona pedregosa. Ya no se veia el mar, solo se oia y se olia, era como estar ciega. Apenas comence el recorrido a pie, sono una bocina, segui su direccion y me encontre con el coche de Julian. ?Que alivio!, ?que enorme alivio!, me habia convertido en un juguete en manos de las emociones rapidas.
– Estaba preocupado -dijo en cuanto abri la puerta, y le crei porque tanto para el como para mi estas citas eran sagradas, era el momento en que los detalles mas absurdos y el comportamiento de los Karin, Fred, Otto, Alice y Martin (menos el de Alberto) llegaban a tener sentido.
– No podre quedarme mucho, antes de volver tengo que ir a la farmacia a comprarme algo para el catarro.
– He estado pensando -dijo Julian-, y creo que soy un insensato y que te he metido en una buena, te estoy poniendo en peligro, total ?para que? Por mucho que lleguemos a saber no nos servira para nada. Estamos solos, y ellos son mas y estan organizados. Nada que descubramos podra llevarlos a la carcel, son muy viejos, son las piltrafas de algo que ocurrio en una pesadilla.
– ?Y los jovenes? ?Martin, la Anguila (cuando dije Anguila se me trabo un poco la lengua) y los otros?
– Hay mucha gente que pertenece a alguna organizacion secreta, mientras no se carguen a alguien… como…, bueno…, a Elfe. Oye, en serio, no quiero que vuelvas alli, no sabemos de que son capaces.
– No ha llegado el momento, lo noto. Mi vida siempre ha sido un caos, he hecho las cosas porque si, sin pensar, y ahora de pronto todo va encajando, cualquier movimiento que hago sirve para formar una cadena. Hoy por ejemplo, y estaba deseando contartelo, ha ocurrido algo, que parece importante, pero no se hasta que punto.
Y si que era importante porque segun le hablaba de las inyecciones y de las asombrosas mejorias de Karin y de la vitalidad de todos en general y de la de Alice en particular, Julian movia la cabeza, no mucho, pero si lo suficiente, como senal inconsciente de que lo que oia encajaba con algo que tenia en la cabeza. Y dejo de moverla y se quedo paralizado cuando le dije que seguramente ese liquido tenia que ver con la llamativa juventud de Alice. Y ahora, precisamente ahora, me daba cuenta de que lo mas seguro era que Otto y Alice se hicieran los remolones con el medicamento no por mi culpa, no por haberme acogido los Christensen en su casa, sino porque el producto escaseaba y no querian compartirlo.
Cuando le dije a Julian lo que sospechaba y que Fred era un manipulador y que habia intentado utilizarme para robar algo que seria mucho peor que robar cocaina o heroina, se limito a decirme que tal vez si y que tal vez no.
– ?Como que tal vez no?
– Hasta que no conozcamos su composicion no podemos estar seguros de que se peleen por ese liquido. Tal vez tenga efecto placebo, la gente se toma cualquier potingue que se salga de los circuitos comerciales normales.
– Pero si lo creen para el caso es igual. Podrian pelearse por algo que no vale nada pensando que si que vale, sobre todo si les hace efecto. Y te puedo asegurar que a Karin se lo hace. Tiene una artrosis de caballo y cuando se inyecta ese liquido se le pasan todos los males.
– Si de verdad fuese una formula tan increible la curaria para siempre.
Tras decir esto, se callo y yo tambien me calle. Dejamos aqui el asunto. Estaba claro que el paso siguiente seria hacernos con una de aquellas ampollas. Julian no iba a pedirmelo despues de haberme rogado que me marchara de aquella casa, y yo no iba a ofrecerme por las buenas, ni siquiera le dije que ya habia estado a punto de birlar una inyeccion del paquete.
– ?Has llamado a tu familia? -pregunto mientras seguia pensando en la nueva informacion que le habia dado.
Negue con la cabeza. ?Que iba a decirle a mi familia? Y ademas cada semana que pasaba tenia menos que decirles. Ellos estaban alli y yo estaba aqui, en dos vidas completamente distintas.
– Deberias hablar con ellos, oir sus voces, asi te acordaras de como eres.
Y siempre me quedaba con ganas de hablarle a Julian de lo que mas me importaba, de Alberto y de volar.
Julian
Despues de nuestro encuentro en el Faro bajamos hacia el pueblo, yo delante en el coche y Sandra detras en la moto. De vez en cuando desaparecia del retrovisor y luego volvia a aparecer. Debia volver a Villa Sol con algo de la farmacia en la mano que justificase su salida de esta tarde. Lamentablemente para Sandra ya se habia abierto la puerta de la simulacion, del engano, de la atencion en la colocacion de ciertos detalles para ocultar otros. La bolsa de la farmacia ocultaria nuestro encuentro, como la vejez de Fred y Karin ocultaba su maldad.
Le propuse que fuese yo quien bajase en la moto, pero Sandra se nego en redondo, dijo que ella estaba mas acostumbrada a aquel cacharro, que se me podia meter una mota en un ojo o algo asi y no queria que me pasara nada. Sin embargo yo no me preocupaba por ella, daba por hecho que si habia sobrevivido hasta ahora, seguiria sobreviviendo. En el fondo, no queria preocuparme mas de la cuenta y perder de vista el objetivo que me habia traido hasta aqui, sobre todo ahora que habia descubierto algo esencial, mejor dicho, me lo habia descubierto Sandra. Acababa de comprender que aquella frase de la carta que me envio a Buenos Aires mi amigo Salva en que decia que aqui podria encontrar la eterna juventud no era una frase hueca. Era una pista, que se habria quedado en nada si no me hubiese tropezado con Sandra, y Salva no podia prever que una Sandra se fuese a cruzar en esta historia, por lo que tal vez Salva solo tenia indicios de este compuesto que traian de alguna parte del mundo y no queria que me obsesionara. Bien podria haberme contado en la carta todo lo que sabia para que yo no tuviera que empezar de cero.
Me detuve cuando Sandra aparco la moto ante la cruz verde de una farmacia. Me detuve unos metros mas adelante y observe por el retrovisor como entraba y salia de la farmacia y luego subia en la moto, miraba en mi direccion y arrancaba. Volvia a Villa Sol, tendria que seguir viendose las caras con esos dos monstruos sin fuerza que conocian mil formas de acabar con la gente y para quienes la vida no era sagrada sino un arma.
Salva y yo vimos mucho en Mauthausen. Vimos esqueletos andantes, y montones de cuerpos desnudos en el patio pisando nieve, una extrana clase de ganado de color rosa ceniza. Nuestros cuerpos se convirtieron en nuestra verguenza. Los dolores de estomago por el hambre, las enfermedades, la falta de intimidad. Todo iba al cuerpo. No era facil elevarse por encima de los propios despojos, asi que un dia si y otro no pensaba en el suicidio. Era una forma de liberacion, me liberaba pensar que aquello podia tener un final, que si yo queria se terminaba para mi. La muerte era mi salvacion. Hitler era un enfermo y nos habia hundido a todos en su terrible mente. Viviamos en el repugnante cerebro de ese hombre, donde ocurrian las atrocidades mas monstruosas y solo habia una manera de salir de su cabeza, o moria el o moria yo, no soportaba que la maravillosa vida con su sol, sus arboles y sus canciones fuera terrorifica. Pero no queria que me matara su demencia, lo haria con mi voluntad y mirando al cielo si era posible, asi que sentado junto al barracon saque del bolsillo una laja de la piedra que arrancabamos en la cantera y me corte las venas, y alguien que me vio aviso a Salva y el me salvo. No se como se las arreglo pero me salvo, me curo y me dijo que pasara lo que pasara, que aunque estuviesemos metidos en la mierda hasta el cuello, que aunque fuesemos humillados, aunque fuesemos de la peor clase de esclavos mi vida era mia. Desde luego que no era una buena vida, no era una vida decente, ni digna de vivirse, pero era mia, nadie la podia vivir por mi. Y bien, Salva, al final Hitler murio antes, pero cuanto mal dejo, cuanto mal en mi corazon. Muchas veces sueno que ganaron la guerra y me despierto sudando.
Te referias a las ampollas que se inyectan estos viejos nazis cuando mencionaste la eterna juventud, ?verdad? Tal vez con sus numerosos y horrendos experimentos encontraron alguna formula antienvejecimiento, una formula que solo se aplican ellos mismos. ?Donde la fabricaran?
