purificarse.

Cuanto me habria gustado estar alli y que me abrazara con su cuerpo purificado o sin purificar, me daba igual. Sabia que era un espejismo y que no podia querer de verdad a alguien que habia visto tan poco, ni siquiera sabia como era, ni si era un asesino o un pobre diablo. Solo me habia besado con un beso que me daba miedo olvidar. Esta historia no podia acabar por las buenas. No podia seguir viviendo solo del recuerdo de una boca. Todo el mundo tenia labios y lengua, y esto era lo terrible, que ninguna lengua era igual y que seguramente jamas encontraria otra como la de el. Y sobre todo cuando me tumbaba en la cama o estaba viendo la television junto a Fred y Karin me venian imagenes de escenas que no habian existido en que Alberto estaba desnudo y yo tambien y me cogia la cabeza con las manos mirandome fijamente y luego cerraba los ojos porque habia llegado el momento de hacer el amor a fondo. A veces me lo imaginaba todo con tanto detalle que no lo podia soportar y tenia que levantarme y salir al jardin. Y en el jardin era aun peor, porque por lo menos sentada junto a Fred y Karin tenia que tragarme la decepcion y resistir.

– ?Y que paso en la arena? -pregunte, aunque ya no me fiaba de Julian al cien por cien, por la sencilla razon de que tenia una manera diferente de ver las cosas y unos objetivos mas claros que los mios. Ahora mi objetivo era Alberto.

– Cuando estaba en la arena llego una chica y estuvieron dando una vuelta.

El corazon me dio un salto.

– ?Solo una vuelta?

– No se que decirte, ahora los jovenes sois de otra manera. Los amigos os besais como si fueseis novios. No sabria decirte que relacion tienen. No llego ni a una hora lo que estuvieron juntos.

Que ridicula. Mil veces ridicula. Yo no significaba nada para el y por eso no habia vuelto a aparecer, no queria comprometerse conmigo, puede que incluso se hubiese arrepentido.

No pude evitar sentirme triste, y la tristeza puso las cosas en su sitio. El mundo de pronto dejo de tener esa capa de merengue que lo habia cubierto desde lo del puerto y el beso. Volvia a ser real y serio. Y en el mundo real ocurren cosas terribles, como que matasen a Elfe. Se podria decir que la muerte de Elfe acudio en mi ayuda, un balsamo para mi alma.

Sali del coche de Julian y me meti en el todoterreno. Tantas precauciones para que. Estaba harta. No mire la hora. Cuando llegue al gimnasio, Karin estaba esperando con cara de pocos amigos, pero de peor humor estaba yo. No le abri la puerta ni la ayude a subir, deje que se las arreglara mientras yo veia volar a los pajaros y a la gente que pasaba y mi vida que se me iba. Mi hijo me dio una patada. Por lo menos lo tenia a el y toda la compasion del mundo por mi misma. Notaba la mirada retorcida y dificil de Karin en mi perfil. Ya no podia hacerme dano. Su dano no era nada al lado del de Alberto.

6 La eterna juventud

Sandra

Karin sufria unos bajones preocupantes, cuatro dias bien y cinco mal, hasta que llegaba Martin con un paquete del tamano de una mano que Karin se llevaba a su habitacion. Al principio no me fije en la relacion que habia entre el paquete y la salud de Karin, pero poco a poco una cosa llevo a la otra. Los ojos veian que el paquete llegaba y que Karin mejoraba y luego la mente hacia su trabajo hasta que no tuve mas remedio que sospechar que habia gato encerrado. ?Que habia en el maldito paquete? Nunca lo dejaban al alcance de mi mano. Si Karin estaba en la cama cuando Martin llegaba, se lo subia el mismo o Fred, o bajaba ella. Si estaban fuera, abria la salita-biblioteca con una llave que sacaba del bolsillo, lo dejaba alli y se guardaba de nuevo la llave. Lo que al principio me parecian simples costumbres se habian ido convirtiendo en autenticos misterios: el uniforme, el paquete, la cruz de oro, la puerta cerrada. Quiza habia estado tan ocupada buscando la cruz de oro que no me habia percatado de algo tan sencillo. A esto se debia de referir Julian cuando me decia una y otra vez que tuviera los ojos bien abiertos y que uno se cree que no esta viendo nada cuando esta viendo muchas cosas. Seguro que, como el paquete, habria muchas mas senales interesantes, por lo que ellos siempre tendrian la mosca tras la oreja sobre que podria haber descubierto yo. Cuando me metieron en su casa, en la mismisima boca del lobo, ni se les pasaba por la cabeza que alguien tan joven como yo, tan alejada de su mundo, alguien despistado que no sabia que hacer con su vida, que vomitaba en la playa mas sola que la una cuando la encontraron, alguien que ni siquiera habia ido a la universidad, no se les pasaba por el magin que ese alguien se fuese a tropezar con otro alguien como Julian y que este Julian descorriese un velo y que detras de ese velo estuviese la verdad.

A principios de noviembre, Karin llevaba varios dias bajo minimos, con la artrosis por las nubes y muy fatigada, no podia ni subir la escalera y Fred dijo que tendrian que ir pensando en instalar una silla mecanica, algo a lo que siempre se habia negado Karin por la sensacion de decrepitud que daban esas sillas. Se pasaba el dia en la cama. Yo tampoco me encontraba bien, tosia, estornudaba y a veces me notaba como si tuviese decimas.

Fred estaba muy preocupado por su mujer, su cara de por si seria se habia vuelto mucho mas seria aun, como si cada rasgo y cada arruga y pequeno musculo pesaran toneladas de cemento. Se pasaba el dia observando el empeoramiento de Karin y subia y bajaba las escaleras constantemente nervioso. Cada diez minutos preguntaba si habian traido algun paquete, de vez en cuando le parecia oir el timbre de la puerta. Supuse que Martin no llegaba con el paquete tal como estaba previsto y que era vital para que Karin se recuperase. El pastel se iba descubriendo y segun estaba el ambiente de un momento a otro me enteraria de todo, y yo por una parte queria saber, saciar la curiosidad, pero por otra me daba miedo que ellos supieran que sabia y poniendome el anorak encima le dije a Fred que me marchaba.

– No puedes irte ahora -dijo con cara de cabreo.

– Tengo que hacer unas cosas. Tengo que ir a la farmacia a comprarme algo para el catarro.

– No te preocupes por el catarro, eso no tiene importancia.

No me gustaba el tono de Fred, su ira contenida que podia estallar de un momento a otro.

– De verdad, lo siento -dije-. Vendre en cuanto pueda.

– ?No! -dijo Fred. Y anadio algo en noruego o aleman, para el caso era igual, que daba mala espina.

Pense que si llegabamos al forcejeo yo seria mas agil, pero el era mas grande, aunque fuese tan viejo, y tenia fuerza, podia abrir las conservas que yo no podia abrir y si habia sido oficial de alto grado de las SS sabria un monton de formas de inmovilizarme. Podria darle una patada en los huevos con mis botas de montana, pero no estaba segura de acertar y despues de haberlo intentado la situacion se volveria terrible. Me quede en el sitio, con el anorak puesto, mirandole y tosiendo, una tos mas nerviosa que de catarro.

– Hoy te necesito yo a ti. Hasta hoy nos has necesitado tu a nosotros.

– ?Como? -dije, intuyendo que no solo se referia a que me hubiesen dado un empleo.

– Si, pequena, podrias estar ya en el fondo del mar si Karin y yo no te hubiesemos protegido.

Me deje caer en el sofa tratando de pensar rapidamente, ?como saldria de esta?, ya sabian que yo sabia, ?mas o menos de lo que sabia?, ?merecia la pena seguir haciendome la tonta?

– No entiendo -dije por si colaba.

– No tengo tiempo de tonterias. El tiempo de las tonterias y de las chicas alegres e ingenuas con piercings y tatuajes se ha acabado. Ahora estamos todos en el mismo barco.

– Quiero saber por que estoy en peligro y quien quiere matarme.

– No hay tiempo, pero ten por seguro que si te dejo a tu suerte vas a poder montarte en la moto dos veces mas como mucho. No estoy para bromas, ni tu tampoco, te lo digo yo. Vas a hacer lo que te diga -continuo, sin que yo pronunciara una sola palabra, no se me ocurria nada que decir-. Karin y yo no queremos que te suceda nada malo y eso no pasara si me haces caso.

Mientras Fred hablaba, me preguntaba si habrian descubierto a Julian. Yo habia venido a Dianium huyendo de cualquier tipo de dependencia, habia venido por miedo a perder la libertad, a sentirme prisionera de alguien, y ahora mi vida, no solo mi libertad, estaba en manos de un monton de gente que no conocia.

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