Ali-ce por si iba por alli Sebastian Bernhardt o por si salian y podia seguirles, un coche que me resultaba familiar se detuvo en la plazoleta del Tosalet con dos chicos dentro. Mientras me metia por la primera calle a la derecha y aparcaba ante un muro de piedra rosada, cai en la cuenta de que era uno de los coches de Elfe, el mas nuevo. Por el retrovisor podia ver lo que ocurria. Pude ver a Martin saliendo del coche con un pequeno paquete en la mano. El otro, el que debia de ser la Anguila, se quedo dentro. Por el rumbo que habia tomado Martin, iria a casa de los noruegos, sin embargo la Anguila preferia quedarse en el coche antes de ir a ver a Sandra. Probablemente Sandra estaria alli, en esa extrana prision que ella misma se habia impuesto con mi ayuda. Estaria esperando que la Anguila diera senales de vida. Puede que cuando sonase el timbre y oyese unos pasos entrando que no fuesen los de Fredrik ni los de Otto se le llenara el corazon de esperanza. Tambien la Anguila pensaria algo parecido y sin embargo se quedaba aqui, a distancia suficiente para que no pudiera verlo. Me dolia que Sandra lo estuviera pasando mal por este mamarracho.
A los diez minutos mas o menos el mamarracho salio a fumarse un pitillo apoyado en el coche. No era gran cosa, era de lo mas corriente, a no ser por algo en sus movimientos y en los rasgos que lo hacia sinuoso y temible. Tenia la cara palida y alargada y entradas en la frente que enseguida le dejarian sin ese delicado pelo castano claro. Le creia muy capaz de engatusar a una chica como Sandra. No era el primero que habia conocido capaz de convertirse de sapo en principe, mas aun si le besaba la maravillosa boca de Sandra.
Si yo fuese el padre de Sandra y fuese joven le llevaria por una oreja a verla, aunque la realidad es que no se puede librar a nadie de las decepciones. Si le libras de una, llega otra, como si hubiese un cupo reservado para cada mortal. Si a Sandra no la traicionara la Anguila, la traicionaria otro, como ella habia traicionado a Santi, y si no hubiese sido ella, habria sido otra. Era mejor que ese ser despreciable no fuese solo un poco despreciable o despreciable a medias, sino uno completamente despreciable como la Anguila.
Cuando termino de fumar, aplasto la colilla con el pie y se paso las manos por la cabeza retirandose el pelo de la cara. Respiro hondo y estuvo mirando a la lejania durante varios minutos. No parecia la manera de mirar de quien no piensa en nada. Estaba pensando en algo, muy concentrado, casi sin mover un musculo. Despues se metio en el coche y apoyado en el volante escribio en una agenda durante un cuarto de hora.
Tuve la paciencia de esperar casi una hora hasta que regreso Martin. Pero antes de que apareciera en mi campo de vision, la Anguila se metio la agenda en el bolsillo, rodeo el volante con los brazos y puso encima la cabeza como si durmiera.
Me atrevi a seguirlos. Era casi un suicidio porque eran jovenes y agiles. Si me pescaban estaba perdido. Se darian cuenta de que les seguia, solo me salvaria que les pillase con la guardia baja, sin ganas de darse cuenta de nada. Iba a distancia, pero tener el mismo coche siempre detras seria mosqueante, asi que cuando vi que tomaban el desvio que conducia a las casas de Elfe y de Frida, me detuve a la entrada entre otros coches aparcados sobre los hierbajos de un solar. Era muy arriesgado entrar en un camino tan estrecho, suponia una trampa. Si el coche no volvia a salir en media hora me marcharia, en caso contrario volveria a seguirlos.
No tardo ni diez minutos en aparecer. Lo conducia la Anguila, iba solo. Habia supuesto que a estas horas de la tarde no se iban a encerrar hasta el dia siguiente en una casa y habia acertado. Aun quedaba mucho dia por delante para todos. La Anguila conducia como un loco. Solo pedia que en esta carrera no se me empanaran las lentillas.
Aparco junto al restaurante Bellamar, cerrado a cal y canto hasta el verano, y se sento en la arena, bastante cerca de la orilla, pero no tanto como para mojarse. Luego se tumbo con los brazos estirados, con sensacion de libertad. Le veia desde el coche. Al cabo de unos minutos se acerco a el una chica, y el se levanto y se abrazaron. Se sentaron contemplando el mar, ella con la cabeza reclinada en el hombro de el. Estaban de espaldas a mi y no veia si hablaban, suponia que si.
Estuvieron asi media hora y luego dieron un paseo por la orilla. Senti un enorme pesar por Sandra y me pregunte si ella deberia saber esto, quiza la ayudaria a quitarselo de la cabeza, quiza deberia saber que ella era una mas, que ella habia sido la chica del puerto y esta otra, la de la playa y que seguramente habria mas. La Anguila se quito los zapatos y los calcetines y se remango los pantalones. En algun momento, el la cogio por los hombros, y ella a el por la cintura, y al rato se despidieron. La Anguila recorrio otra vez la orilla hasta la altura del coche y vino hacia el. Hice que estaba dormido sobre el volante para que no me viera. Cuando volvi a levantar la cabeza, estaba sentado en su coche, con la puerta abierta y los pies fuera quitandose la arena y poniendose los calcetines y los zapatos, y a continuacion bajo el espejo retrovisor y me parecio que me echaba una ojeada, pero seguramente eran solo aprensiones mias.
?Seria tambien esta chica de la playa uno de ellos? No estaba seguro de poder reconocerla si me la cruzaba. Ya no le segui. Estaba atardeciendo y la noche se echaria encima de sopeton y no queria conducir de noche por sitios desconocidos, asi que tendria que dar el dia por concluido y volver a la soledad de mi habitacion, aunque debia aparcar en un lugar donde el coche pasase desapercibido y eso llevaba tiempo. Todos mis tesoros estaban en el coche y no tenia dinero para el parking, donde por otra parte estaria mas localizable para los enemigos, y mientras lo aparcaba me vinieron a la cabeza las imagenes de los tortolitos en la playa y habia algo que no cuadraba, algo desconcertante en aquella despedida de adios y adios, y ?por que no se marchaban juntos?, ?quien se lo impedia?
Sandra
Julian me hizo una sena desde su coche cuando bajaba en el todoterreno con Karin a gimnasia. Queria decir que en cuanto la dejase, el me esperaria en doble fila y me seguiria, pero en cuanto pudiera me adelantaria y que yo le siguiera porque sabia donde aparcar. Se conocia ya el pueblo como la palma de la mano y las callejuelas mas escondidas. Gracias a que nunca habia sitio junto al gimnasio tenia libertad durante una hora y media mas o menos. A veces, cuando regresaba, Karin ya estaba esperandome abajo con la bolsa de deporte en la mano y el pelo medio mojado de la ducha y entonces yo le decia que no podia arriesgarme a llegar demasiado pronto o que habia tenido que irme a dar vueltas.
En cuanto Karin desaparecio por la puerta del gimnasio me lance a seguir a Julian. Deje el todoterreno en un pequeno solar y me meti en el coche de Julian, aparcado en otro sitio. Me dio agua del arsenal de botellas que tenia alli. Ademas del agua, tenia cuadernos, unos prismaticos, una manta, el sombrero, un cojin y una toalla de playa y otra del hotel. Tambien tenia manzanas, y el coche olia un poco a dulce. Me puse el cojin en los rinones y le pregunte que queria. Esperaba que no me preguntase por Alberto, esperaba que no me tocase las narices con ese asunto, que era exclusivamente cosa mia. Pero no, no me dijo nada de el, lo que me dijo fue que habian matado a Elfe. No queria asustarme, pero tampoco tenia derecho a ocultarme algo asi. Julian la habia conocido por casualidad. Era la mujer de Anton Wolf, el que murio de un infarto jugando al golf, una mujer que se cogia unas monas impresionantes y hablaba por los codos de lo que no debia, asi que se la cargaron. Era del todo irrecuperable, un estorbo y un peligro. Si habian matado a tanta gente que no les molestaba, ?por que no a Elfe? ?Comprendia lo que queria decir? Si, lo comprendia, aunque yo creia que respetaban a los suyos.
– Elfe ya no era como ellos, era un desecho humano. No la soportaban.
Ahora la bonita casa de Elfe estaba vacia y los coches y el perro se los habian llevado a casa de Frida, aunque parecia que en casa de Frida todo era de todos porque los coches de Elfe tambien los usaban Martin y la Anguila. Senti algo agridulce en el estomago. Si Alberto quisiera yo podria ser feliz, pero como no queria era un poco desgraciada.
– ?Has visto a Alberto? -dije.
– De pasada, iba en uno de los coches de Elfe hacia la playa.
– ?Hacia la playa? -Elfe habia dejado de importarme. Habia dejado de importarme que se mataran entre ellos, ni siquiera me importaba que mataran a otros, solo me preguntaba por que Alberto no venia a verme ni me dejaba ninguna senal ni me enviaba una nota con Martin. ?Porque?
Notaba en Julian que sabia mas de lo que me decia y que queria decirmelo pero que no debia decirmelo.
– Le segui hasta la playa.
– ?Ah, si? -pregunte nerviosa, sabiendo que lo que se avecinaba no era bueno.
– Hasta ese restaurante que esta cerrado, el Bellamar.
– Asi que no entro en el restaurante.
– No, se quedo en la arena. Se tumbo vestido, sin quitarse la chaqueta y abrio los brazos como si quisiera
