Me sentia acorralada por Fred, nunca me habia hablado asi. No encontre otra salida que hacer lo que me pedia. Debia ir a casa de Alice y arreglarmelas para robar una de esas cajas que hacian revivir a Karin y que contenia ampollas.
Era mas aconsejable la moto que el todoterreno, el todoterreno hacia pensar en Fred y Karin, asi que cogi la moto para acercarme a casa de Alice. Me tento la idea de ir a contarselo todo a Julian o de huir y olvidarme de todo, pero ya estaba metida en esto y no debia de ser tan facil dejarlo, se me echarian encima, y ademas en un instante pense que si la vida me habia lanzado este reto por algo seria. Aparque y llame a la puerta del numero 50 y me santigue como en los momentos tragicos de la vida. Lo hice de espaldas a las camaras de vigilancia y respire hondo. No hacia bien poniendo a mi hijo en peligro, pero haria bien en despejar el mundo, en el que iba a vivir, de gentuza. Nadie contesto al videoportero, lo que casi suponia un alivio. Volvi a llamar y cuando me disponia a marcharme se abrio la puerta. A pesar de que hacia frio empece a sudar, en ese momento me di cuenta de que era cobarde, nunca lo reconoceria pero era cobarde y por eso estaba haciendo esto, para fingir que no lo era. Solo los cobardes son capaces de hacer estas cosas.
Era Frida quien aparecio entre el jardin y la calle.
Aguante su mirada tosca de persona que hace lo que le mandan y dije que venia a ver a Alice.
– Esta en yoga -dijo Frida-, pero puedes esperarla.
– ?Sabe Alice que estoy aqui? -pregunte imaginando que la habrian llamado por telefono.
– Si, vendra dentro de veinte minutos. Puedo prepararte un te.
– De acuerdo -dije mientras nos encaminabamos a las columnas-.; Y Otto?
– Esta en su despacho. No se le puede molestar.
– No hay ninguna necesidad -dije yo.
Nada mas abrir la puerta de la casa, salieron a recibirnos los revoltosos perrillos de Alice. Como ella no estaba, no me moleste en hacerles carantonas. Eran graciosos, pero no sentia nada por ellos. Y me sente en el salon mientras me mordisqueaban las botas. A pesar del calor no me quite el anorak. Mientras Frida me servia el te, me pase la mano por la barriga y le pregunte por el bano. Me indico el aseo de cortesia al lado de la escalera. Me meti en el aseo, era pequeno y con un lavabo muy bonito de porcelana rustica de la zona. No sabia que hacer, ni por donde empezar a buscar y ademas me iban a pillar, era demasiado arriesgado con Frida y Otto en la casa.
Fred me habia pedido o mejor dicho ordenado que buscara cajas de inyectables con liquido incoloro y sin ningun nombre grabado ni en las ampollas ni en la caja. Podria encontrarlas en el dormitorio, en el primer piso. Nada mas entrar a la derecha veria una comoda, puede que alli guardasen algunas cajas porque Alice se las inyectaba continuamente. Tambien podrian estar en los armaritos del cuarto de bano principal y en la caja fuerte con toda seguridad, pero era impensable que yo pudiera abrirla. No era capaz de inventar ninguna excusa para subir al primer piso.
Me mire en el espejo, tu no estas hecha para esto, que lo haga Fred si quiere. Sali del bano y me dirigi a la puerta de salida, llevaba todo conmigo, no necesitaba volver al salon, pero cuando tenia la mano en el pomo Frida me dio el alto, la rubia Frida a la que me imaginaba bastante bien gaseando a la gente sin pestanear.
– No puedo esperar, no me encuentro bien -dije.
Pintonees aparecio Otto quitandose las gafas de cerca y poniendose las de lejos y me tendio un pequeno paquete, la mitad del que solia llevar Martin, pero un paquete al fin y al cabo.
– Toma, llevale esto a Karin, le hace falta. Llamare dentro de diez minutos para saber que has llegado.
– De acuerdo -dije-. Saludos a Alice.
Me monte en la moto completamente desconcertada. No habia tenido que buscar ni que robar nada en casa de Alice, me lo habian entregado por las buenas. Me consideraban uno de ellos y habia estado a punto de meter la pata por culpa de Fred. Fred me habia dicho que la amistad con Otto y Alice se habia resentido por mi culpa, que la Hermandad no habia visto con buenos ojos que me metieran en su casa. Yo no preguntaba, no preguntaba lo que ya sabia, y habia estado a punto de pedirle que no me contara mas.
Aunque Otto habia dicho que llamaria a los diez minutos me senti tentada de parar un momento y abrir la caja. Al fin y al cabo lo habia pasado mal intentando ser una ladrona de guante blanco. En serio, lo habia pasado mal, nunca me habia encontrado en una situacion semejante y crei que me merecia ver las famosas ampollas, contemplarlas de cerca.
Sabia que era imposible que el paquete quedase exactamente como antes y que se notaria que lo habia abierto, pero la curiosidad podia mas que nada y me desvie por una calle apartada del camino. Detuve la moto, me baje, puse el paquete sobre el sillin e inicie la operacion de deshacer el cordon, desenvolver el papel y abrir la caja rezando para que no se me cayese y las ampollas se hicieran anicos. Tambien rece para que ninguno de los coches que pasaban lentamente a mi lado fuese de la Hermandad. Fue dificil deshacer el nudo de la delgada cuerda que ataba la caja, tuve que afilarme las unas por asi decir, y cuando lo consegui aun habia que abrir el papel que la envolvia, despegar con mucho cuidado el celo que pegaba los bordes y luego tendria que tratar de envolverlo igual y que casaran los pliegues del papel y pegar el celo en el mismo sitio.
Solo habia cuatro ampollas, eran bastante grandes, y eran incoloras y sin ningun nombre, como me habia dicho Fred. ?Y si cogia una y la guardaba para darsela a Julian y que pudieran analizarla en un laboratorio? Esta idea casi me vuelve loca. ?Que hacia? ?Me arriesgaba un poco mas? Quiza la dosis fuese de cuatro ampollas y Fred notase inmediatamente que yo habia quitado una. Lo que era seguro es que se lo comentaria a Alice y Otto y que enseguida sabrian que yo la habia cogido. Pero si no me quedaba con esta muestra ?para que servia todo lo que estaba haciendo? ?Para que servia que me estuviera jugando el pellejo? Pero ?y si se trataba de una prueba? Era muy raro que me hubiesen confiado la caja. La podria haber llevado Otto o la misma Frida. Algo no encajaba, por lo que volvi a envolverlo todo lo mejor que pude. El cordon, si uno se fijaba, se notaba que habia sido desatado y atado dos veces, pero al menos estaban las cuatro ampollas.
Cuando llegue, Fred salio medio corriendo a abrirme la puerta con sus propias manos. Volvio a correr detras de la moto. En el garaje le di el paquete.
– Otto ha llamado hace diez minutos. Me dijo que ya tendrias que estar aqui.
– Me he tenido que parar a orinar, no podia aguantar.
A Fred esta explicacion le dejo satisfecho y a mi tambien. Entramos en la casa. Karin estaba tumbada en el sofa vestida con unos vaqueros anchos, horrorosos, que se ponia para estar comoda. Seguramente se habia preparado por si tenia que marcharse al hospital. Fred abrio la caja en mi presencia, saco una jeringa de una bolsa de las que se usan para guardar cosmeticos, rompio una ampolla, paso el liquido a la jeringa y se la clavo a Karin en el muslo encima de la tela, luego Karin se recosto y cerro los ojos con un suspiro. Fred tiro la jeringa y la ampolla rota al cubo de la basura y miro dentro de la caja con mas detenimiento.
– ;Solo te ha dado esto?
Me encogi de hombros.
– Lo quiere todo para ella -dijo, y nada mas decirlo se arrepintio-. Si queria desahogarse podria haberlo dicho en noruego, pero necesitaba compartir su enfado con alguien.
– Olvida todo lo que te he dicho sobre este asunto -dijo Fred-. Era una exageracion. Es un medicamento que aun se esta ensayando, no esta patentado aqui, nos viene del extranjero a traves de un amigo de Otto y de pronto tuve miedo de que no fueran a suministrarnoslo nunca mas. Me puse nervioso. Lo siento.
– Bueno, no pasa nada -dije yo quitandole importancia-. Lo importante es que ahora Karin se pondra bien.
– Creo que no hace falta que te diga que es algo que no se debe contar.
Le hice un gesto de que no se preocupara.
– Eres muy extrana. Me has dejado muy sorprendido aceptando ir a casa de Alice con el encargo de robar.
– Si, yo tampoco se por que lo he hecho, quiza no queria ver sufrir a Karin.
Fred me observaba con sus ojos de aguila. Quiza tampoco el sabia que veia en mi exactamente. Y yo me preguntaba de donde vendrian esas inyecciones y que llevarian dentro.
Por fin pude deshacerme de la pareja feliz y acudir a mi cita con Julian en el Faro, entre palmeras salvajes. Dije que debia ir a la farmacia a comprar algo para el catarro, porque aunque no preguntasen era mejor adelantarse y no dar ocasion a suposiciones. Cada dia anochecia antes y hacia frio y pronto tendriamos que citarnos siempre bajo techo. Circule todo lo deprisa que pude por aquellas curvas deseando con todas mis fuerzas
