gustaba dejar constancia de lo que hacia, de como influia en el mundo. Gracias a lo minucioso que era conociamos de su puno y letra las bestialidades que habia hecho en el quirofano y aquel registro lo confirmaba como criminal de guerra. Escribia lentamente y hubo un momento en que paro y se quedo mirando el cielo, puede que para pensar mejor o puede que para describir las nubes.
Fue cosa de un minuto que el escritor Aribert Heim pasara a un segundo plano cuando vi que paraba entre el
El cuatro por cuatro y un pastor aleman que sacaba la cabeza por la ventanilla. El coche y el perro de Elfe. Se bajo una mujer con una trenza rubia. Era uno de ellos, sin duda. Al verla, Heim se levanto de la hamaca. En realidad llevaba viendola ya suficientes minutos como pa'ra haber reaccionado antes, pero le pasaba lo mismo que a mi.
Ella entro en cubierta de un salto. No se saludaron ni se intercambiaron ningun gesto amistoso. Hablaron y ya no pude continuar observando porque el perro me olio y me reconocio y se puso loco. Ladraba en mi direccion y parecia que iba a salir disparado por la ventanilla medio abierta. Era el perro que le habia salvado la vida a Elfe y queria saludarme, ya habia sacado medio cuerpo, y la mujer rubia se volvio a mirarlo, asi que decidi retirarme. Ella y Heim estaban cambiando impresiones sobre algo mas importante que la agitacion del perro, pensarian que le habia puesto asi cualquier cosa.
El perro estuvo ladrando en mi direccion hasta que me meti en el coche, y segui oyendole a lo lejos mientras arrancaba. Esto no tenia buena pinta, ya lo sabia yo, ya habia notado que algo malo ocurria. Hacia muchos anos que la sombra del mal habia desaparecido de mi vida, pero habia quedado su recuerdo. Mire a ver como estaba de gasolina y enfile hacia casa de Elfe. Era una temeridad en toda regla porque por alli los caminos eran muy estrechos, una autentica ratonera si es que me descubrian, pero tenia que confirmar mis sospechas.
El problema de esta zona es que era muy facil confundirse de sendero. En todas partes habia la misma vegetacion y para llegar a las casas falsamente rurales habia que maniobrar con el coche hasta la desesperacion. Me confundi dos veces y a la tercera reconoci la casa de Elfe y ningun coche bajo el cobertizo. El silencio era absoluto y no me atrevia a detenerme mucho, y por otro lado estaba aqui y sabia que habia una trampilla por la que se accedia al sotano. Me rasque el cogote hasta casi aranarme. Evidentemente no podia dejar el coche aqui y llamar la atencion en plan suicida, asi que me arriesgue y me meti en una huerta machacando lechugas y tomates. Regrese andando a la casa, retire el macetero y abri la trampilla. La cerre al bajar. Sobre todo, no queria ponerme nervioso. No queria morir en aquella casa tan triste, que apestaba a alcohol y a vomitos rancios. Tuve que dar la luz en el sotano y me llamo la atencion algo en el suelo. Sobre las losetas de barro habian pintado un sol negro, por lo que en este sotano habrian hecho alguna ceremonia. Subi temiendo que la puerta que separaba el sotano de la planta baja estuviera cerrada, pero se abrio, lo que queria decir que no esperaban que se colara ningun intruso.
La cocina y el salon estaban revueltos, mucho mas que la vez anterior. Habian abierto los cajones y las puertas de los muebles y no se habian molestado en volver a cerrarlos. Debian de haber estado buscando Dios sabe que, ?el album que me lleve? Seguro que mas cosas. Me aventure a subir la escalera sin querer pensar que si me pillaban me mataban. Pisaba con cuidado aunque estaba seguro de que no habia nadie. A Elfe la habrian liquidado, estaba viviendo una vida que no mereceria vivir, en opinion de sus amigos. Me asome a su habitacion, completamente revuelta. No me moleste en buscar porque no habria sabido por donde empezar. Lo que fuese ellos ya lo habrian encontrado y, si no, yo no seria capaz de verlo. Eche una mirada por encima en el armario. Algunas perchas estaban desnudas y los cajones medio vacios. Abri el resto de los cuartos y no me llamo la atencion nada en especial, salvo el cerco en la pared de los cuadros que habrian descolgado. A saber si no seria algun Rembrandt y algun Picasso.
Ya era hora de salir a la calle. Ahora hice mas deprisa el viaje de regreso. Baje corriendo la escalera principal y abri la puerta temiendo darme de bruces con alguien que entrase. Puse el maceton sobre la trampilla y me interne en la huerta donde habia dejado el coche. Seguia alli, menos mal. Antes de regresar conduje hasta la llamada casa de Frida (tal vez la rubia que estaba con Heim en estos momentos), donde se podia ver el otro coche de Elfe aparcado.
Se habian deshecho de Elfe, y como de Elfe podrian deshacerse de cualquiera, todavia estaban en activo, y yo aun no habia encontrado un lugar donde guardar el album ni los cuadernos de notas. En cualquier momento podrian desvalijarme el coche y en la habitacion era impensable tenerlos.
Sandra
A veces en los suenos vienen las soluciones porque yo ya sabia lo que tenia que hacer y estaba deseando hacerlo. Me tome un cafe con leche a toda velocidad, no queria eternizarme con sus lentos sorbos de te. Les dije que queria buscar clases de preparacion al parto, que no habia pegado ojo pensando en eso y que me marchaba. No se opusieron, ni siquiera me recordaron que Karin tenia gimnasia por la tarde. Estaban sopesando la situacion. Muy bien. Llevaba el recorte en el bolsillo del anorak. Podria haberle pedido consejo a Julian, pero resultaba pueril consultarle cada paso que daba y ademas la situacion se alargaria.
A las dos horas estaba de vuelta. Fred estaba preparando otro te que les servia de comida, y Karin se habia sentado fuera aunque ya hacia fresco, lo que pasa es que el concepto de fresco para un noruego es algo diferente que para nosotros. Ni Fred ni Karin usaban todavia manga larga ni zapato cerrado ni necesitaban ningun tipo de calefaccion.
Espere a que estuviesemos sentados a la mesa para levantarme y sacar de mi mochila algo envuelto en papel de regalo. Se lo tendi a Karin diciendo que nunca les habia regalado nada y que esperaba que les gustase. Karin lo desenvolvio y se quedo sin habla cuando tuvo ante ella la pagina del periodico con su foto con cristal y un bonito marco dorado, que iria muy bien en su dormitorio.
– Desde que encontre esta foto vuestra guarde el recorte para enmarcarlo, queria que fuese una sorpresa, pero supongo que ya la habeis visto. ?Sois famosos!, es increible, sois famosos.
No sabian que decirme, que pensar. Yo les miraba con mi mejor sonrisa.
– Gracias -dijo Fred-. Es un detalle muy bonito, no tenias que haberte molestado.
Karin era muy dura, no se sonrojo, no pidio disculpas por hurgar en mis cosas.
– Lo pondremos aqui -dijo colocando la foto sobre la repisa de la chimenea.
– Es un periodico un poco antiguo -anadio.
– Lo vi por casualidad en el gimnasio mientras te esperaba y me lo lleve. Alguien debio de dejarlo alli.
Por fin les mentia. Lo mas normal es que me descubriesen, eran expertos en interrogatorios y en hablar con gente desesperada capaz de lo que sea por salvarse, era normal que no creyesen semejantes mentiras, pero tampoco podian estar completamente seguros de que no dijera la verdad porque a veces la verdad parece mentira y al reves.
– Ha sido casualidad -conclui llevandome un panecillo a la boca-. No podia imaginar que aqui se publicaran periodicos en noruego. Por cierto, ?que dice?
– He estado pensando que dibujo se le podria poner al jersey del bebe -dijo Karin con una expresion que daba por concluido el asunto. Habia decidido creer en mi.
Julian
No sabia si contarle o no a Sandra lo que habia descubierto sobre la Anguila (si es que era quien yo suponia).
Habia descubierto que evitaba verla. El jueves por la tarde, cuando iba a echar un vistazo a casa de Otto y
