Julian

Aun no sabia donde vivia Sebastian Bernhardt, el Angel Negro. No lo veia por el Nordic Club ni habia salido al paso cuando seguia a Fredrik o a Otto, evidentemente llevaba otra vida hasta que llegaba el momento de reunirse casi obligatoriamente con ellos. Era de otra pasta, mas inteligente y menos fanatico. Todo lo que se habia dicho sobre el apuntaba a que tal vez pensase en serio que le estaba haciendo un bien a la humanidad. Era un hombre activo, con vision y con un modelo en la cabeza cuya implantacion requeriria sufrimiento, porque todo cambio entrana dolor, y cambiar el mundo no iba a ser facil ni comodo para nadie. Y por eso mismo daba mas miedo. No era sadico, pero habia establecido las bases para que los sadicos como Heim pudieran cultivar sus instintos y campar a sus anchas.

A estas alturas de mi vida sabia mas o menos como respiraban todos. Tenian un pensamiento rigido, egoista, v una vision completamente interesada de la vida, sin ninguna comprension. Eran sociopatas y los que no eran enfermos habian acabado enfermando. No tenia ningun interes en hablar con ellos, pero Sebastian era otra cosa, era mas complicado y en el fondo mas peligroso. No disfrutaria haciendo el mal, ni poniendole la bota en el cuello a sus semejantes, pensaria que el mal era necesario, que venia en el mismo paquete que el bien y que cuanto mas grande fuese el bien que se quisiera alcanzar mas grande tendria que ser el mal.

Fui a vigilar el barco-vivienda del Carnicero Heim con un mal presentimiento. Un tipo de presentimiento o de sexto sentido que desarrolle en el campo, quiza lo desarrolle en la edad en que surgen esa clase de talentos y que a mi me pillo en aquel lugar dedicado a la muerte. El caso es que aprendi a notar en el alma o en el espiritu cuando iba a suceder algo peor de lo normal y tambien cuando iba a pasar algo bueno. Alli nunca se sentia uno bien, pero cuando iban a gasear a algun amigo o cuando de improviso nos llamaban a la enfermeria para comprobar si aun eramos aptos para el trabajo o, lo que es lo mismo, para seguir viviendo, un dia antes me sentia insoportablemente mal, sin ningun motivo especial. De pronto en la cantera o en el barracon o desnudo en el patio en medio del ganado humano, la sombra del mal se me metia dentro y el mundo se oscurecia como si estuviera atardeciendo. Al principio no relacionaba una cosa con otra, despues me fui dando cuenta de que era como cuando a mi abuela le dolia un brazo porque iba a llover. El dia que intente suicidarme fue porque el alma o el espiritu se colapsaron, ya no podia mas, la sombra fue demasiado grande y en mi cabeza no se veia nada. Salva me pillo a tiempo y el dia siguiente fue horrible. Las chimeneas humeaban tanto que el olor a carne quemada era irrespirable, una nube gris cubria el campo, y entonces pense que aquella nube velaria por los que nos quedabamos, y le pedi a las moleculas o cenizas que formaban la nube que nos protegieran de todo mal y que a Salva, que ya pesaba treinta y ocho kilos, no le dieran por improductivo e inutil. Y me hicieron caso. De alguna manera, Salva se volvio invisible hasta que liberaron el campo.

Hasta ese momento habia tenido que inventar todo tipo de estrategias para protegerle. Procuraba ponerme delante de el, taparle ante los vigilantes de la cantera, tenia estudiado donde debia ponerse para no ser visto y me agotaba tremendamente, cuando subiamos los ciento ochenta y nueve escalones que llevaban al campo, tratar de sostener su carga cuando no nos veian y hacerme pasar por el siempre que podia. Era un infierno, Salva estaba al limite, y yo no podia mas, estaba llegando el momento en que tendria que abandonarle a su suerte, y entonces, entonces, aquel cielo cubierto de cenizas me comprendio y atendio mis suplicas y a partir de ese momento nadie reparaba en Salva, hasta el punto de que deje de tener miedo por el. Me acostumbre a que los guardias no se diesen cuenta de que no subia las escaleras con la piedra. Solo bajaba y subia una vez al dia, al empezar y al acabar, mientras tanto hacia ver que hacia algo y a veces incluso se sentaba un rato.

El, de lo agotado que estaba, no se enteraba de lo que ocurria, pero yo no daba credito a lo que veian mis ojos: las miradas lo atravesaban como si fuera un espiritu, seguramente lo veian pero no interesaba porque siempre habia algo o alguien que llamaba mas la atencion. La prueba de fuego ocurrio el dia (no sabria decir si era manana o tarde) en que un guardia se le quedo mirando fijamente, yo veia a traves de los ojos del guardia aquel esqueleto y cuando en un impulso fue derecho hacia el creia que le iba a dar un empujon y lo iba a despenar por la cantera. Senti tanto terror que ni siquiera pensaba en lo que estaba viendo, porque estaba ocurriendo el fin, habiamos llegado al final, al instante en que uno se da cuenta de que haga lo que haga es un titere. Y en eso el guardia paso por el lado de Salva, que esperaba apoyado comodamente en una roca a que lo mataran, y siguio adelante, hacia un pobre hombre al que le descargo un tiro alli mismo. Este fue el momento de mayor estupor respecto a la nueva naturaleza de Salva, y en adelante empece a despreocuparme. Pasara lo que pasara, ni los guardias, ni los trapos ni siquiera los perros olian a Salva. Iba a salvarse y si yo estaba en su magica esfera tambien me salvaria. Y sobre todo me gustaba estar en su magica esfera, que no necesitaba paredes ni puertas, eran los demas los que habian perdido la facultad de verle. Y lo digo yo que no creo en estas cosas.

Tampoco creia en la sombra del mal y sin embargo la sentia mas que los brazos y las piernas. No habia sombra cuando iba a suceder algo bueno o al menos nada malo, en ese momento sentia el calor del verano dentro y me revitalizaba y me daba fuerza. Salva me miraba ironicamente y me decia que me agarrara a lo que pudiera, que lo del calor para combatir la sombra era buena idea. Por supuesto no le dije cual era su situacion real, no le dije que vivia en un circulo magico, porque temia que se rompiese. Aunque el dia de la total ausencia de sombra, el dia en que le confese que me sentia tan bien que me parecia que me estaba volviendo loco, sucedio algo que le hizo pensar que a veces ocurren cosas raras.

No se si hasta llegue a canturrear por lo bajo. Fue el dia en que aparecio Raquel en el campo. Nada mas verla comprendi que ella era la causa. Venia en una remesa de judios y desfilo entre ellos con un abrigo marron y el pelo negro y rizado algo revuelto. Miraba asombrada y horrorizada. Nosotros, Salva y yo, nuestros esqueletos metidos en un trapo de rayas, formabamos parte de ese horror. No podia saber que nos habia hechizado y que nos habia llenado de sol. Ni tampoco que dentro de nada seria como nosotros.

Ojala no tengas ninguna pieza de oro en la boca, ojala estes sana para que puedas trabajar, pero ojala que no se fijen en ti, que te consideren un numero util y que no te destinen a la prostitucion. Ojala sobrevivas el tiempo suficiente para entrar en el circulo magico de Salva.

Salva, aquel dia, al verla avanzar mirando a su alrededor con sus enormes ojos negros, dijo, esa chica es preciosa. Y yo le dije, ?no ves como hoy iba a ocurrir algo bueno?

Bueno para nosotros y terrible para Raquel. Sabiamos por lo que iba a pasar y pensamos que si superaba estos primeros dias con vida la acogeriamos bajo nuestra proteccion. Salva se enamoro. Dijo que nunca, pero nunca en su vida habia sentido algo asi. Dijo que quiza fuera un recurso para sentirse humano, pero que fuese como fuese se trataba de una emocion desconocida. Le pregunte que por que estaba tan seguro de haberse enamorado.

– Porque me hace volar, porque se me separan los pies del suelo, porque me pone tan nervioso cuando esta cerca que me tiemblan las manos y porque tengo muchas ganas de besarla -dijo cabizbajo.

Lamentablemente, Raquel se enamoro de mi, y yo tambien de ella, aunque siempre he dudado de que mi amor estuviera a la altura del de Salva. No se si he volado bastante alto, y ya nunca lo sabremos.

En adelante, tras liberarnos, no volvi a saber gran cosa de la vida privada de Salva. Se volco en vengarnos a todos, en dar caza a todos los nazis que se le pusieran a tiro. Yo tambien, pero yo ademas era todo lo feliz que sabia ser. ?Habria sido feliz Salva junto a Raquel? ?Habria llevado su mision con la misma fuerza si hubiese sido feliz? La verdad es que la vida no tiene respuesta. Y ahora ya no estaban ni Raquel ni Salva, aunque de aquello habia surgido una hija a la que queria, y querer a alguien te libra de mucha desesperacion, y por aquello habia conocido a Sandra, a quien probablemente Salva habria encerrado en un circulo magico, mientras que yo la estaba abocando al desastre.

Aunque pude aparcar en un lugar desde donde podia observar comodamente el Estrella con los prismaticos desde el coche, tenia ganas de tomar el aire y me fui dando un paseo hasta su amarre. Hacia un solecito muy agradable y me sente tres amarres antes, en un poyete, me parecio mejor quedarme lo mas cerca posible del coche por si habia que salir pitando. Heim tomaba el sol o estaba terminando de tomarlo en una hamaca porque de repente se levanto, bajo las escalerillas del camarote agachandose medio metro y volvio a subir con un cuaderno, que en su gran mano resultaba ridiculo por lo pequeno. Me fastidio haberme dejado los prismaticos en el coche. ?Que estaria anotando? Probablemente lo que habia comido, le

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