abandonado. Estuve a punto de decirle que no era necesario que comprase las macetas si no podia cargar con ellas, pero esto habria empeorado las cosas, yo le caeria peor, pensaria mal de mi y acertaria. Asi que opte por decir que lo sentia.

– Lo siento mucho, ha habido un momento en que tenia el estomago revuelto.

?Se ablando con estas palabras? Yo no lo llamaria ablandarse, no pensaba en mi, pensaba en que yo no habia dejado de quererla, pensaba que me gustaba estar con ella y que solo una indisposicion podria apartarme de su lado.

– Cuando lleguemos a casa podras ver todo lo que he comprado.

Le dije que estaba deseando ver aquellas cosas tan bonitas y seguimos camino hacia el gimnasio. Hoy tocaba por la manana y por fortuna tampoco a esta hora solia haber aparcamiento cerca y ella se tenia que bajar en la puerta y yo continuaba para buscar uno. Y rezaba por que tambien ahora fuese asi, por poder acercarme al hotel a ver a Julian o a dejarle una nota. De lo contrario, me obligaria a subir con ella y no podria negarme, y si me marchaba mientras ella estaba con los ejercicios se enteraria y tendria que justificarlo.

Una vez mas el que la calle estuviera de bote en bote de coches me venia bien, mas que bien. Ella misma dijo que me iba a ver negra para encontrar sitio.

Me fui derecha al hotel. Un monovolumen dejaba un hueco libre practicamente en la puerta cuando llegue. Pregunte por Julian en recepcion y llamaron a su habitacion, no estaba. No estaba y yo no queria regresar con las inyecciones, antes que regresar con ellas encima las tiraria, pero antes de tirarlas tenia que intentar entregarselas a Julian.

?Donde estaria? ?Que hacia cuando no estaba conmigo en el Faro? Todo tenia que hacerlo yo. Estaba harta, ?harta! Sali deprisa y baje al Paseo Maritimo, alli habia puestos de flores. Me acerque al primero que encontre y compre el ramo mas barato que habia. Eran flores de temporada, por supuesto de invernadero, no olian a nada, lo que mejor olian eran los tallos cortados y mojados. La florista china los saco chorreando de un cubo y los envolvio en papel transparente. Le pedi un poco de aquel papel extra y que se diese prisa, aunque ya que lo compraba tampoco queria que el ramo quedase hecho un adefesio. Tambien me dio un sobre con tarjeta para que escribiese algo.

Me sente en un banco mirando al puerto y envolvi las dos jeringas sin quitarles el papel higienico en el papel de celofan que me acababa de dar la china sin comprender ella por que querria un trozo de papel que no serviria para nada. Introduje este pequeno paquete entre los tallos. No se notaba nada en absoluto, iba ademas atado por un lazo muy grande que disimularia cualquier cosa. Escribi en la tarjeta:

?Feliz cumpleanos! Que encuentres siempre entre los tiernos tallos de estas flores la juventud que no se olvida.

En lugar de «la juventud que no se olvida» iba a poner «tu eterna juventud», pero me parecio demasiado explicito en caso de que cayese en manos indeseables. Por supuesto era pura paranoia, pero por una simple frase no me la iba a jugar. Esperaba que despues del riesgo que corria quedase alguna gota en buen estado en las jeringas que pudiera ser analizada. Regrese al hotel y deje el ramo en recepcion para que se lo entregaran a Julian en cuanto llegase.

A continuacion me meti en un bar cercano y llame a mi madre.

Casi pego un grito al oirme y me dijo que estaban preocupados por mi, que donde me habia metido despues de que mi hermana me hiciera salir del bungalow. Mi madre cuando se enfadaba con mi hermana llamaba bungalow al chale, por lo que deduje que debian de haber discutido por mi culpa. Le dije que no se preocupara, que estaba compartiendo un apartamento con unas amigas y que me encontraba encantada de la vida.

– ?Y no tienes que decirme nada mas?

– No. Esto es todo lo que hay.

– ?Estas segura? -dijo con ese tono inquisitorial que tanto le gustaba usar cuando nos habia pillado a alguno en falta.

– ?Que quieres decir? -dije.

– Me refiero a…, ya sabes.

– No, no lo se -dije yo para mortificarla a ella o para mortificarme yo misma.

– ?Por Dios!, Sandra, soy tu madre. No naciste en una maceta.

?En una maceta? Cuando estaba fuera de si decia tonterias como esta, asi que pense que este seria un momento tan bueno como cualquier otro para confesar.

– ?Te refieres a ninos, a los ninos que vienen al mundo?

– Si, a eso me refiero. Tu hermana me lo dijo, no podia cargar con ese secreto sobre su conciencia.; Y si te ocurriera algo?

Se puso a llorar, habia tardado mucho, para tratarse de lo que se trataba.

– Le dije a tu hermana que no tenia que haber alquilado el bungalow, que tenia que habertelo dejado hasta que volvieras.

– Mama, necesitara el dinero, dejala, ya te he dicho que estoy fantastica.

Le dije que me habia hecho una ecografia y que su nieto iba a ser un nino. Le dije que era un nino muy sano, perfecto y que los paseos por la playa y la vida al aire libre me estaban viniendo de miedo. Se puso a llorar torrencialmente. Nada de lo que yo hacia encajaba en su idea de como tenian que ser las cosas.

– ?Necesitas dinero? -dijo con la voz entrecortada.

– He encontrado un trabajo, vivo bien -dije-. Cuando mis amigas se marchen podreis venir a verme.

En el fondo me encontraba mas aliviada y solo se me habia olvidado hacerle prometer que no le diria nada a Santi, pero el tiempo se me habia echado encima y debia ir a recoger a Karin. Y no sabia si volver con Karin era volver a la realidad o a la irrealidad mas absoluta.

Cuando llegue ya estaba esperando en la puerta con la bolsa de deporte colgada al hombro. Como siempre, su retorcida cara, sobre todo ahora que el sol le hacia contraerla mas, expresaba por si misma un interrogatorio que yo no pensaba contestar. Ni siquiera acudi a la socorrida excusa de haber tenido que dejar el coche en el quinto pino y luego haber estado dando vueltas hasta que salio. Me limite a preguntarle que tal le habia sentado la gimnasia.

– De maravilla -dijo.

Fred y ella usaban el idioma con gran soltura, aunque con acento, y tenia su gracia oirles decir frases hechas.

Karin estaba cansada y no hablamos mucho hasta casa, dijo que la profesora les habia dado una paliza. De pronto, Karin dejaba de ser una bruja para convertirse en una anciana con problemas. No pudo meter en la casa ni una bolsa, cada vez consumia antes las energias. Tuve que hacerlo todo yo. Nada mas entrar se tumbo en el sofa. Frida habia dejado hecha una sopa, era increible que le diese tiempo a hacer tantas cosas y encima a estar ojo avizor por si sucedia algun pequeno detalle fuera de lo normal.

Segun iba sacando las cosas de las bolsas y colocandolas y diciendole lo bonitas que eran, ella me pregunto si habia pensado en la propuesta de entrar en la Hermandad, precisamente Fred estaba tratando de convencer a Otto y los otros de que aceptasen.

– Para eso sirven el golf, las comidas y las cenas con los amigos -me dijo.

Le dije la verdad. Le dije que lo habia olvidado, que no lo habia pensado y que les agradecia mucho sus esfuerzos, pero que comprendieran que para mi todo aquello suponia una sorpresa, algo que nunca se me habia pasado por la cabeza hacer. Se quedo adormilada y le coloque encima la manta de cuadros con la que solia echarse la siesta. Segui colocando las cosas temiendo que de un momento a otro llegara Fred, posiblemente con su amigo Otto.

Ahora Fred ya no era como antes. De aquel hombre que me socorrio en la playa, que me levanto con sus grandes manos, que se quemo las plantas de los pies para llevarme agua, a este habia un abismo. Este era simple y obediente y me parecia capaz de cualquier cosa. Si Karin le decia que me matase me mataria, si la Hermandad se lo ordenaba tambien me mataria. Desde que Karin y el eran novios habian vivido dentro de un grupo y para el la verdadera ley y la verdadera justicia eran las del grupo, todo lo de fuera habria que aceptarlo de mala gana, sin protestar en publico.

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