cinta del lazo fuertemente atado con el sacacorchos que en las suites parece estar siempre esperando una botella de vino. Me costo trabajo romperlo y no habia ninguna senal de haber sido manipulado, por lo que afortunadamente y protegido por una gran suerte, por la suerte de que Tony no fuese tan perspicaz como el creia, yo seria el primero en ver que habia entre los tallos.

Dentro de un papel de celofan habia otro envoltorio y casi me pincho con lo que habia dentro. ?Dios santo! Las jeringas desechables con las que debia de inyectarse Karin el misterioso liquido, el oro blanco, porque si no fuese misterioso se podria comprar aqui en cualquier farmacia.

En un laboratorio podrian extraer una muestra para analizarla. Bajaria a la cabina del hotel y buscaria en las paginas amarillas por laboratorios clinicos. Llamaria a unos cuantos por si encontraba alguno abierto.

Asi lo hice, pero primero cerre los ojos veinte minutos y procure relajarme y descansar porque era inutil forzar la maquina y acabar no sirviendo para nada. Por veinte minutos mas o menos nada iba a cambiar. En el vestibulo del hotel, junto a los lavabos, habia un telefono con separadores de madera de caoba a los lados, cogi la guia y comence a llamar a los tres laboratorios que encontre. El horario al publico era hasta mediodia, y solo en uno me contesto una voz humana. Le dije que no se trataba de una analitica de sangre ni de orina, sino de otra sustancia que no estaba en mi cuerpo. Dijo que analizaban todo tipo de fluidos organicos y no organicos y me cito para las nueve de la manana.

Ahora si que tenia un rato para repasar mis notas antes de ir al encuentro de Sandra. Despues de Raquel era la mujer mas maravillosa y valiente que habia conocido nunca, mi hija era aparte. A mi hija no solia compararla nunca con nadie, nunca habria sido objetivo.

Sandra

Cuando termine de colocar los cacharros que Karin habia comprado y mientras se calentaba la sopa que habia dejado hecha Frida, subi a echar una ojeada al cuarto de bano de Fred y Karin. Entrar en aquella habitacion siempre imponia, por el cabecero y la colcha de raso y las cortinas y sus retratos en la pared y la foto del periodico que yo les habia regalado enmarcada y que seguramente pensaron que seria preferible que no la vieran los otros sobre la repisa de la chimenea. Era imponente el armario por dentro con los largos y escotados vestidos de Karin, por los que quiza paso la mano el mismo Fuhrer, y los enormes pantalones y chaquetas de Fred. Habia un ambiente especial, lleno de pensamientos de estos dos monstruos, lleno de sus pesadillas, aunque no habia observado que tuviesen ningun problema con el dormir, solo se desvelaban para sus coitos y si al dia siguiente tenian que hacer algo fuera de lo habitual. No diria que fueran personas con remordimientos de ninguna clase.

A veces me extranaba verlos y que fuesen personas de carne y hueso que yo pudiese mirar, porque las atrocidades de las que me hablaba Julian no podian haber sido hechas por seres humanos. Asi que cuando despues de esto oia decir que alguien era muy humano no sabia si era bueno o malo.

El bano tambien era imponente. Estaba hecho de marmol traido de las canteras de Macael, como las escaleras, lo que siempre me hacia pensar en las canteras de Mauthausen, donde Julian habia estado encerrado como la pobre gente que tantas veces habia visto en los documentales. Era un marmol muy fino, fresco, rosa y sobre el destacaban de una manera lujosa los frascos de perfume de Karin. Dentro de los armarios habia tarros de crema con tapas doradas y nombres indescifrables. Pero ahora no me fije en nada de eso, habia oido como se abria la puerta de la calle con el tipico ruido de llaves de Fred. Le gustaba llevarlas un rato tintineando en la mano y segun fuera el tintineo asi estaba el de mejor o peor humor.

Abri la tapa metalica de la papelera sanitaria o como narices se llame y para mi sorpresa vi que Frida no la habia desocupado. Parecia que los papeles arrugados, dos rulos de carton de rollos gastados de papel higienico, un bote de champu vacio y varias cosas mas estaban mas o menos como yo las habia dejado. Parecia que la vision que ahora tenia de aquel contenido se acoplaba a la ultima que habia tenido por la manana, pero no podia estar segura, no estaba segura de que Frida no estuviera jugando conmigo, porque conociendola no era logico este descuido. Frida era la campeona de la limpieza, no se escaqueaba, no dejaba nada sin hacer, era concienzuda, era un soldado de la limpieza. Senti un temblor por dentro que me quito radicalmente las ganas de tomarme ninguna sopa al pensar que Frida se hubiese dado cuenta y que fuese a contarselo a Fred y Karin al dia siguiente, eso si no habia localizado ya a Fred y se lo habia cascado. En ese caso, ?que excusa podria poner yo? Era su palabra contra la mia y la creerian a ella.

Pero a continuacion ocurrio algo que me saco del bloqueo y que me hizo pensar que antes de tomar decisiones drasticas como confesar o tirarme por una ventana habria que esperar, tendria que esperar callada a que ocurriese algo, porque siempre ocurre, solo hay que tener paciencia.

Lo que ocurrio fue que Fred estaba hablando con Karin en noruego de una manera que me sobresalto. Fred nunca le levantaba la voz a Karin, Fred era el perro de Karin, por eso me sorprendio tanto. Sali de puntillas de la habitacion dorada y rosa a tiempo de ver como subian ellos dos. Fred practicamente empujaba a Karin, y Karin se vencia sobre una cadera y sobre la otra agarrandose a la barandilla como podia. Al principio pense que era por mi, Karin debia de ser mi protectora y si aun no me habian pillado espiandolos era porque no habian querido o porque yo tenia un don especial que los cegaba o porque segun la ley de la probabilidad era muy improbable que una chica que se habian encontrado vomitando en la playa fuese una espia. Pero afortunadamente el enfado no tenia nada que ver conmigo. Fred estaba tan cabreado que casi ni me vio en el pasillo dirigiendome a mi cuarto desde el suyo.

Karin vino hacia mi medio llorando y cuando llego a mi altura se me abrazo. Fred nos miro enternecido. Yo me di cuenta de que Karin fingia que estaba medio llorando. Me separe de ella un poco y le pase la mano por el pelo mirando a Fred, preguntandole con los ojos que pasaba.

Me lo dijeron. Karin con su fingido medio llanto me dijo que Fred no comprendia lo que significaban para una mujer sus joyas. Fred pretendia que se las diera a Alice.

Asenti tal como pretendia Karin a pesar de que ambas sabiamos que yo era una mujer sin joyas y que jamas se me habia ocurrido pensar en ellas.

– Por Dios, Karin -dijo Fred-, hay cosas mas importantes que las joyas.

Karin no dijo nada y Fred continuo.

– La vida es mas importante, ?o no? Vida a cambio de joyas.

– Esa zorra… -dijo Karin-. Me esta dejando sin nada.

Entendi que las inyecciones que Otto y Alice les daban tenian un precio en joyas.

– Quiero que vayas a su casa -dijo Fred abriendo la caja fuerte empotrada dentro del armario- y que le digas que se te habia olvidado entregarle este pequeno presente y que lo sientes. En mi vida he pasado tanto bochorno como cuando Otto me ha llamado al orden.

– ;No puedes ir tu? -dijo Karin.

– No -dijo, sacando la caja-joyero, que yo conocia, de la caja fuerte. Y en ese momento me sali, me parecio prudente no quedarme mirando las joyas de Karin, sobre todo porque no queria verlas.

– Que te acompane Sandra. Asi os dais un paseo.

La sopa olia a quemado y baje corriendo y entonces empece a toser como en dias pasados. Me corria un sudor frio por la nunca. Separe la sopa del fuego y me tumbe en el sofa practicamente en el hueco que habia dejado Karin un momento antes.

Debian de estar eligiendo que joyas llevarle a Alice y me dio tiempo a reponerme y a servir la sopa en unos cuencos de madera que habia comprado Karin en el centro comercial.

Nos la tomamos con la presencia de la bolsa de plastico que yo habia traido de la farmacia y que uso Fred para meter las joyas para Alice y que dejo caer con un chasquido sobre la mesa. Hablaron un poco en noruego reprochandose cosas, quiza que Fred no hubiese llegado a controlar ese producto que tan caro les costaba, hasta que el dijo que iba a llamar a Otto para decirle que Karin iba a ir a ver a Alice porque tenia mucho interes en hacerle un regalo.

Se levanto, llamo y dijo que nos esperaba a las cinco. Precisamente la hora acordada con Julian para vernos en el Faro.

– ?No creeis que deberiais ir vosotros? No me siento comoda, la verdad, involucrandome en un asunto tan privado.

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