– Por eso quiero que vayas -dijo Fred-, porque quiero que comprendan de una puta vez -Fred dio un punetazo en la mesa que me dejo pasmada- que eres de la familia y que te mereces entrar en la Hermandad, que te lo mereces mas que muchos de los que han hecho meritos haciendo gamberradas por la calle.

Karin miro con admiracion a su marido y luego me sonrio.

– Tiene razon -dijo.

Me asustaba que quisieran compartir tantas cosas conmigo. Me asustaba que Fred pudiese rebelarse contra su tribu por mi, esto era algo con lo que no contaba. Seguramente llevaban tanto tiempo guardando secretos y tramando asuntos entre ellos que necesitaban desesperadamente que entrase un tercer jugador para no aburrirse. La Hermandad les proporcionaba seguridad, pero ninguna diversion. Las fiestecitas de antano estaban bien pero les sabrian a poco. Y mas que nada me estaba poniendo muy nerviosa la idea de no poder encontrarme con Julian.

– Tengo cita a esa hora para apuntarme en un curso de preparacion para el parto. Podemos ir mas temprano a lo de Alice o mejor, manana.

Fred y Karin negaron con la cabeza.

– Mas temprano -dijo Fred- Alice esta acostada, es imposible verla desde las dos hasta las cinco. Por que retrases un dia la preparacion para el parto no creo que ocurra nada.

– Es que se pueden acabar las plazas, ese es el problema -dije.

– No te preocupes -dijo Karin con su diabolica sonrisa-. En mi gimnasio tambien preparan para el parto, solo tengo que hablar con el director. Asi, mientras yo hago mis ejercicios, tu haces los tuyos. Manana mismo hablo con el.

Era imposible. Les resultaba imposible no hacer lo que querian en cada momento. Les violentaba tener que amoldarse a las necesidades de otro.

A las cinco en punto aparcaba el todoterreno en la puerta de Alice. Llamamos al timbre y tardaron unos cinco minutos en abrirnos, lo que estaba humillando a Karin. Yo sin querer (que mas me daba Karin que Alice), me puse de su parte. Vivia en casa de Karin, tenia mas roce con ella, la conocia mejor. Aunque llegado el momento las dos pensasen en quitarme de en medio, era imposible no tomar partido.

No dije nada para no mortificarla mas, ni siquiera la miraba de frente.

– Esta Alice me las va a pagar -dijo mientras se abria la puerta lentamente.

Y mientras andabamos hacia las columnas doricas me pregunte quien seria peor de las dos, quien podria mas contra la otra. Por lo pronto Alice tenia mas juventud y fuerza y era quien controlaba el liquido, por lo que

Karin no tenia mucho que hacer, sino aguantar y tragar saliva.

Nos recibio Frida, que por las tardes debia de limpiar esta mansion y tuvimos que esperar un poco mas en el salon. Yo estaba ansiosa por reconocer en la cara de Frida si habia descubierto el robo de las inyecciones usadas, pero apenas me miro. Ahora que reparaba mas en ella me daba cuenta de que me consideraba una intrusa en la Hermandad y que mi presencia en casa de los Christensen debia de haberla irritado mucho.

– ?Que mal gusto! -dijo Karin en voz baja paseando la vista por relojes de bronce, por candelabros de plata, por espejos enmarcados en oro, por tapices antiquisimos, por cuadros de museo.

– ?Son autenticos? -pregunte.

– Si lo son, como si no lo fueran -dijo Karin con desprecio.

Le pregunte si habia cogido la bolsa con las joyas y se toco el bolso en senal de confirmacion. Tampoco es que Karin tuviera un gusto exquisito pero era algo mas personal y le gustaban las cosas bonitas aunque no fueran caras ni lujosas. Lo de Alice era puro lujo, el abarrotamiento del lujo, que impedia que destacase nada en especial. Me sentia como en una tienda de antiguedades, donde uno va reparando en cada una de las cosas e imaginandosela en un lugar diferente. Yo nunca habia comprado una antiguedad, no tenia dinero para comprarla ni casa donde colocarla, pero de lo que estaba viendo me gustaba un jarron chino que debia de tener dos mil anos.

De pronto aparecio Alice en lo alto de la escalera. Empezo a bajarla como una actriz, despacio. Llevaba unos pantalones anchos de terciopelo negro con una caida increible que le daban mucha clase al bajar. Por lo que veia le gustaba mucho el terciopelo, porque tambien las cortinas eran de terciopelo, azul turquesa en este caso. Llevaba una chaqueta ajustada de lo mismo que los pantalones y le faltaba una boquilla larga para parecer una vampiresa pasada de moda. Al verme le cambio el gesto, no supe si para bien o para mal. Se ahueco el pelo con las manos, lo que me hizo suponer que era para bien. Se alegraba de verme, y ellos lo sabian. Fred y Ka-rin sabian que el verme la ablandaria y que todo iria mejor. Acababa de darme cuenta de que este gesto les favorecia mas a ellos que a mi. Tal vez cuando masacraban a los judios y a la gente como Julian pensaban que les hacian un favor.

Y aun asi yo estaba de parte de Karin, no de Alice. Nos ofrecio te. Siempre estaban con el te. Yo pase del te. Dije que me daba insomnio.

– Con lo joven que eres -dijo Alice-. No me lo creo. Ni siquiera sabes lo que es eso. Te hare una manzanilla.

Me arrepenti de no haberme conformado con el te porque la manzanilla nos retrasaria mas. Ya eran las cinco y media. Y encima no consintio que la hiciera Frida, lo que seguramente le envenenaba aun mas la sangre a Frida contra mi. Estaba perdida. Fue ella misma a la cocina e hirvio el agua y puso la bolsita en la taza, lo trajo todo en una pequena bandeja y la coloco ante mi con cierta adoracion. Me dio miedo. Despues se sento cruzando elegantemente sus largas piernas y tomo una taza de una porcelana muy bella en la que a saber quien habria bebido antes.

Miro fijamente a Karin por encima de la taza.

– ?Ah! -dijo Karin sacando la bolsa de plastico con la cruz verde de la farmacia-. Espero que te gusten. Es lo mejor que tengo y lo que mas te puede favorecer.

– Pues vamos a verlo -dijo Alice volcando el contenido en el cristal de la mesa baja entre las tazas, el azucarero y las cucharillas. Karin me dirigio una mirada como diciendo: es una ordinaria y no se merece ni mirar estas joyas.

– Un collar de rubies -dijo Alice sosteniendolo en la mano-, pendientes a juego, una pulsera de perlas, un anillo con zafiro, si no me equivoco, un anillo con amatista, ?es oro blanco?

Cogio la pulsera de perlas, tenia cuatro vueltas.

– Es una pena lo de esta pulsera porque le falta el collar.

– ?El collar? -dijo Karin-. ?Ah, si! El collar. Se me ha debido de caer en el bolso.

Ante la despiadada mirada de Alice, Karin hizo como que rebuscaba en el bolso y saco un collar de perlas de dos vueltas que debia de costar una fortuna.

– Gracias -dijo Alice al cogerlo-. Se que a ti no te gustan demasiado las perlas, sin embargo a mi me encantan.

Se levanto y se lo puso frente al espejo enmarcado en oro.

– Pesa un poco -dijo-, pero es bonito.

Karin se termino el te de la taza, yo hice un esfuerzo por tragarme la manzanilla ardiendo y nos levantamos. Mire el reloj, eran las seis menos cinco, puede que Julian aun estuviese esperando.

– Nada de eso -dijo Alice, no os vais aun, vais a probar un bizcocho que ha hecho Frida.

Le dijimos que no teniamos hambre, que habiamos comido muy tarde y que a ninguna de las dos nos entraba un trozo de bizcocho en el estomago.

– Un poco nada mas, solo para probarlo, es espectacular -dijo sin levantarse y con el collar de perlas puesto.

– ?Frida! -grito-. Trae un poco de ese maravilloso bizcocho que has hecho.

Nos tuvimos que sentar. Tambien Alice estaba acostumbrada a que los demas hicieran lo que a ella le salia de las narices. Le sirvio mas te a Karin, y yo para que no fuese a preparar otra manzanilla le dije que ahora si que tomaria un poco. Frida aparecio con el mismo bizcocho que solia hacer en casa de Karin y nos sirvio un trozo descomunal a cada una, un trozo que casi se salia del plato.

– No pretenderas que nos comamos todo esto -dijo Karin con su sonrisa diabolica.

Entonces Alice le dijo algo en aleman y Karin le contesto otro tanto y estuvieron asi unos diez minutos, soltandose lo que parecian reproches, hasta que Karin se levanto.

– Ahora si que nos vamos -dijo Karin-. Esta criatura tiene cosas que hacer y yo tambien. Te sale muy bueno el

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