bizcocho, Frida.

Yo tambien balbucee que estaba muy bueno aunque lo comia para desayunar cada dos por tres. Por la cara que se le habia quedado a Alice daba la impresion de que en la discusion en aleman habia ganado Karin. Y por la que se le habia quedado a Frida daba la impresion de que le satisfacia que yo aun no pudiese atravesar la barrera del idioma y de los grandes secretos.

– Espera un momento -dijo Alice cuando ibamos a salir.

Karin resoplo y miro el reloj como si tuviese algo que hacer, quiza en el transcurso de la visita se le habia ocurrido ir al centro comercial, no me extranaria. Alice abrio una puerta de la planta baja y a los cinco minutos salio con uno de los paquetes de siempre.

– Este es un regalo personal, es cosa mia.

Karin lo cogio y le dio algo parecido a un abrazo, un apreton de hombros. Se habian reconciliado. En el fondo, como especie en extincion, estaban condenadas a entenderse.

Y hubo un momento, un instante, mientras se desarrollaba esta escena, en que instintivamente me volvi a la derecha y pille a Frida mirandome. Desvio enseguida la vista y no pude sacar ninguna conclusion, pero era evidente que Frida me estudiaba o me vigilaba, y tambien era evidente que no le habia dicho nada a Alice de que yo hubiese cogido las inyecciones usadas, luego o no lo sabia o se guardaba esa baza para otra ocasion. Podria ser que durante el tiempo en que yo ni me fijaba en Frida, Frida ya estuviese observandome.

Para despedirse, Alice me estrecho contra ella como la noche de la fiesta. Note los huesos de sus caderas contra mi.

Cuando por fin nos sentamos en el todoterreno no me atrevi a mirar el reloj, no queria ponerla sobre aviso de que yo por ahi tenia una vida propia.

– Parece que la has puesto en su sitio -dije con cierta admiracion, la verdad.

– He tenido que recordarle un par de cosas, la gente es muy olvidadiza. Y ya que estamos en el coche -dijo- podriamos dar una vuelta por ahi, ?no te parece?

– Vale -dije; estaba cansada de tanto tira y afloja.

– Esta mujer me saca de mis casillas, quiere todo lo que tienen los demas. Si se encontrase tirado por la calle el diamante mas precioso y mas grande del mundo no le interesaria, solo lo querria si lo llevase alguien puesto. Y en ti, si no estuvieses con nosotros, ni se habria fijado.

La depredadora Alice. Todos eran depredadores, cada uno con su estilo. Menos Alberto. Alberto me habia dado mas que me habia quitado. Aunque bien mirado, me habia quitado la paz. El amor es un arma de doble filo, sirve para ser feliz o para ser desgraciado. Me acorde del Angel Negro, parecia el mas inteligente de todos y quiza el fuera el jefe de la Hermandad. Solo habia aparecido por nuestra casa en la fiesta de Karin y daba la impresion de estar harto de todos ellos. Se me ocurrio preguntarle a Karin por el.

– ?Y Sebastian?, aquel senor tan elegante que estaba en tu fiesta.

– Sebastian… Si, ese tiene clase. No tiene nada que ver con Alice. Alice es alguien venido a mas, una nueva rica decis vosotros, ya lo habras notado en sus modales, mientras que Sebastian es otra cosa, a estas alturas aun mido las palabras cuando estoy con el.

Tire hacia el Faro. Karin iba mirando por la ventanilla. Estaba oscureciendo.

– ?Adonde vamos? -pregunto.

– No lo se. El pueblo estara hasta los topes y en casa de Alice ha empezado a dolerme la cabeza.

– Si, Alice se ha puesto muy pesada.

Para llegar a las palmeras salvajes del Faro habia que tomar un camino de tierra, desviarse. Trate de distinguir desde la carretera el coche de Julian y como era natural no eran horas de que continuara esperando, pero ya que estabamos alli era una tonteria no acercarme, Karin no podia relacionar la visita a aquel lugar con nada mas.

Aparque junto a la heladeria. Sus luces arrojaban fantasmas sobre los arboles de alrededor. A mi me gustaba esta sensacion de paz y soledad, pero sabia que a Karin la aterraba, ella necesitaba ajetreo.

– ?Que hacemos aqui? -pregunto Karin, que preferiria estar en el centro comercial viendo gente y cosas bonitas.

– Me han entrado ganas de orinar. Seguramente ahi habra un bano.

– Podrias haberlo hecho en el campo, nadie te iba a ver -dijo soltando una carcajada.

– Si, es verdad, es la costumbre. Si no quieres bajar, vuelvo enseguida.

– Te espero. No tardes -dijo fastidiada porque no estaba haciendo todo lo que queria.

Por mi parte habia sido demasiado atrevida al traerla aqui y me estaba arrepintiendo, contaba con que estuviese ofuscada con la idea de ir al pueblo.

Pase sin esperar encontrar a Julian y sin saber bien como sacar provecho a la situacion. Habia dos o tres parejas sentadas y dos hombres en la barra bromeando. La camarera de siempre al verme ir hacia los banos me miro y yo la mire. Me acerque y le pregunte si habian dejado algun mensaje para mi.

– ?Para ti? -dijo sopesando si estaba dispuesta a darme esta informacion.

El corazon me latia muy fuerte. Si a Karin le daba por entrar estaba perdida. La camarera miraba por debajo del mostrador. Oi el portazo de un coche y estuve por echar a correr para fuera, cuando aquella metomentodo saco un papel, me miro detenidamente a la cara con ganas de darme su opinion sobre mi relacion con el viejo Julian y me lo dio. Me lo guarde en el bolsillo e iba a decirle que por favor tuviera los labios cerrados, pero no dije nada porque seria darle demasiada importancia y al final recordaria mejor este suceso. Sali sin pasar por el bano y una vez fuera vi otro coche junto al nuestro y comprobe si a traves de la ventana del local me habria podido ver Karin hablando con la camarera y metiendome la nota en el bolsillo. Y era posible.

– ?Ya? -dijo Karin.

No dije nada, me limite a suspirar como si me presionara el diafragma y puse el coche en marcha.

– Todas las joyas eran preciosas, pero el collar de perlas… -dije mientras dirigia el morro del todoterreno hacia el pueblo.

– A ti te habrian quedado muy bien y no a esa vieja, no se que se creera que es. Las perlas son para las jovenes. ?No piensas quitarte nunca el pendiente de la nariz?

– Ya que me hice el agujero tengo que aprovecharlo.

Se removio en el asiento a gusto, le agradaba estar conmigo. Pase de largo el desvio hacia el Tosalet y me introduje en el fragor del pueblo. Notaba el entusiasmo creciente de Karin, no me decia nada por si no me habia dado cuenta y daba la vuelta a casa. Me detuve en el parking del centro comercial.

– ?No decias que te dolia la cabeza? -dijo algo excitada.

– Si, pero ya se me ha pasado y tenemos que olvidar lo de Alice, ?verdad?

Estaba como una nina con zapatos nuevos, como se suele decir. No se esperaba que saliera de mi ir al centro comercial sin tener que pedirmelo ella. Confiaba en que cualquier duda, cualquier sospecha, cualquier sombra que en el Faro se le hubiese cruzado por la cabeza se desvaneciese ahora. Cuando estabamos dentro y ya habiamos cogido el carro y a ella se le iban los ojos tras las cosas bonitas, le dije que no sabia si me habia dejado las luces encendidas y que regresaba enseguida, que sabria donde buscarla.

En cuanto la perdi de vista saque la nota del bolsillo. Era un croquis sin nombres. Habia dibujados unos circulos, tres para ser exacta. Cada uno tenia una letra, A, B, C. El circulo C encerraba una cruz. Tambien habia un rectangulo y unas palmeras. Cerre los ojos para serenarme, y al abrirlos y mirarlo detenidamente, el dibujo empezo a parecerme familiar. Palmeras bajas, salvajes, banco y piedras. Era el lugar del Faro donde Julian y yo nos sentabamos antes de que refrescase, lo que podria significar que debajo de la piedra C me habia dejado algun recado. Podria ser una forma de decirme que no fuese por el hotel, sino al Faro. Pero ahora seria complicado ir. Tardaria demasiado y a Karin le extranaria y se impacientaria. Aunque tambien podria inventarme algo por el camino, cuando Karin era feliz estaba dispuesta a creerselo todo. Karin sabia que no le quedaba mucho de buena vida, en cuanto se cerrase el grifo del liquido magico ella se encogeria, se postraria en una silla y ya no podria salir de casa. Las joyas tambien se le acabarian algun dia. Tenia que disfrutar el momento.

Sali de alli, pitandole a todo coche que se me cruzaba y me entorpecia. En la moto habria llegado en un periquete, pero con este tanque todo se complicaba.

Por fin llegue al Faro. Era una locura haber dejado sola a Karin. Tarde un cuarto de hora en recorrer el camino por las malditas curvas. Deje las luces apuntando al banco y a las palmeras y cuando di con la piedra C me abalance sobre ella. Pesaba bastante, pero finalmente la tumbe, cogi un papel que habia debajo envuelto en plastico, coloque de nuevo la piedra y sali corriendo. Era como estar en un concurso de esos de la tele en que hay

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