que superar pruebas a gran velocidad. ?Me sentaria mal tanto ajetreo? Dentro de dos meses desde luego no podria hacerlo, ahora afortunadamente aun podia. Subi ai coche, lo puse en marcha. En los semaforos suplicaba que se abriesen pronto, suplicaba con toda mi alma, y luego suplique que hubiese un sitio vacio en el parking. A esta hora el centro comercial se iba poniendo hasta los topes, y si no encontraba un sitio no habria forma humana de explicarlo. Y mis suplicas fueron oidas, encontre sitio un piso mas abajo. En este punto, si Karin preguntaba algo, quiza pudiera hacerle dudar de si misma. Sudaba por todos los poros de mi cuerpo y el corazon me iba a mil. En cuanto pise el supermercado trate de controlar la respiracion, no queria que me viese agitada. Me seque el sudor de la cara. Habia tardado casi tres cuartos de hora. Y otra suplica mas, me jure que esta seria la ultima de la tarde. Suplique ser capaz de distinguirla enseguida entre aquella multitud.
Me situe en un punto central, me concentre y barri con la vista seccion por seccion. En la suplica se incluia el que no estuviera detras de ninguna columna. La vi. La vi en la seccion de libreria comprando varias novelas de letras doradas.
Me situe a su lado y le cogi la bolsa con los libros.
– ?Donde te has metido?, estaba preocupada. No te habras mareado.
El comentario tenia trampa, lo sabia, asi que le dije que no, que simplemente no la encontraba, era imposible con tanta gente y estaba a punto de tirar la toalla y hacer que la llamaran por megafonia cuando la habia visto.
– ?Son buenas esas novelas?
– Estoy deseando empezar. Hoy no voy a ver la television.
Bueno era saberlo para subirme yo tambien corriendo a mi cuarto. No queria quedarme sola con Fred. Eran ya tantas las cosas que tenia que ocultar que alguna se me podria escapar.
Para desviar la atencion de Karin del hecho de tener que coger el ascensor para bajar un piso y del poco tiempo que figuraria en el ticket del parking, le dije que me gustaria aprender aleman, que pensaba que aprender aleman me abriria puertas y que tal vez ella podria ensenarme.
– Por ejemplo -le dije-, ?como se diria: «Vivo en casa de Fred y Karin. Fred y Karin son mis amigos»?
Karin solto una parrafada en aleman y luego se quedo pensativa.
– No creo que tenga paciencia para ensenarte, es mejor que vayas a una academia. Conozco una muy buena.
A lo tonto a lo tonto, Karin habia pagado el ticket y yo lo habia cogido y lo habia tirado en una papelera, habiamos bajado el primer piso y ya estabamos abriendo el capo y metiendo alli la compra de Karin. Esta vez, ademas de sus tipicos caprichos, habia comprado cosas practicas como fruta y leche. Fue entonces cuando miro a su alrededor y dijo que no habiamos aparcado aqui. Le dije que si, lo que pasaba es que ahora en lugar de las escaleras mecanicas habiamos cogido el ascensor.
Volvio a echar otro vistazo alrededor y no dijo nada. Podria haberle dicho que al volver a comprobar si me habia dejado las luces me habia dado cuenta de que estabamos aparcadas en una plaza reservada a los invalidos y que habia tenido que moverlo, pero opte por el camino mas corto. Si se lo creia, bien y, si no, tampoco se habria tragado lo otro.
– ?Nos vamos ya a casa? -pregunte para sacarla de sus pensamientos.
– Iremos mas por ti que por mi, yo no me canso.
Le pregunte, para sacarla de nuevo de sus pensamientos, si no le importaba que antes pasaramos por casa de mi hermana para comprobar que todo estuviera en orden y para recoger una carpeta que me habia olvidado alli, una carpeta que por supuesto no existia.
Julian
Estuve esperando en el Faro una hora y Sandra no aparecio. Era muy facil que le surgiese cualquier contrariedad y no pudiera acudir a la cita. Cuando ocurria esto no sabia si esperar mas o marcharme. Me daba pena que inventara cien mil historias para poder venir y que yo me hubiese ido. Y lo que me parecia realmente peligroso es que apareciera otra vez por el hotel. Sobre todo queria avisarla de que no fuera por alli a buscarme, de que cuando necesitara comunicarse conmigo lo hiciera aqui mismo, en el Faro. Nuestro problema hasta ahora habia sido donde podria dejarme mensajes y yo a ella. A veces habia estado tentado de hacerme con un movil de aqui y darle dinero a ella para que pudiera llamarme, pero las llamadas acaban delatando, las llamadas son indiscretas, nunca puedes saber en que situacion se encuentra la persona a la que llamas. Era mejor asi. Cuanto menos pudieran localizar nuestras vias de contacto, mucho mejor. Por eso la pareja noruega no usaba moviles y muchos de los invisibles tampoco tenian telefono fijo. Por lo general usaban el de alguien conocido o de bares cerca de casa. Fue entonces cuando me vino a la mente el que podria ser el buzon para nosotros mas sencillo: el sitio que mejor conociamos, el banco de piedra donde tantas veces nos habiamos sentado. Ese era el lugar donde podriamos dejarnos los mensajes y mientras en la heladeria me tomaba un descafeinado y un bollo a rebosar de mantequilla y azucar le dibuje un pequeno plano del lugar. Era muy elemental, pero si no se podia relacionar una cosa con otra no era tan facil descifrarlo.
Doble el papel y puse: «Entregar a la chica del pendiente en la nariz».
Sandra
Conduje despacio hacia la casita para que Karin se fuese distanciando de lo del parking antes de llegar a Villa Sol. En cuanto dejamos el pueblo atras el paisaje se hizo precioso, oscuro con pequenas luces aqui y alla, las sombras de los arboles se movian y el cielo nos tragaba. Y estaba compartiendo este momento con un ser que habia matado a cientos de personas sin pestanear, sin remordimientos y con sadismo. Me llegaba su perfume y abri la ventanilla.
– Eres muy romantica, ?verdad, Karin? Te gustan mucho las historias de amor.
– No podria vivir sin eso, ahora ya soy vieja, pero hay historias que me lo recuerdan. Disfruto mucho. Es la sal de la vida, el amor, la conquista, la seduccion. No puedes imaginarte como era Fred cuando le conoci. Era un hombre espectacular. Alto, guapo, con determinacion, era tal como lo habia sonado. Era un atleta, hacia toda clase de deportes, montaba a caballo, esquiaba, era montanero, un hombre superior…, completo. Me enamore nada mas verle. Era digno de estar en una novela o en una pelicula. Ahora somos dos viejos. ?Que edad tienen tus padres?
– Mi madre cincuenta y mi padre cincuenta y cinco -dije pensando que la descripcion que me hacia Karin de su Fred era como la que me habia hecho Julian, solo que esta menos idealizada. Para Julian, Fred era la materia prima que Karin necesitaba para escalar posiciones y yo anadiria que para moldear sus suenos romanticoides. Por lo que habia deducido hasta aqui, Karin podia ser terriblemente practica y tambien fantasiosa.
– ?Y tus abuelas?
– Ya no viven. Conoci muy poco a mis abuelas, a veces no se si las recuerdo o las imagino.
– Ahora me tienes a mi -dijo.
Y sin querer le sonrei satisfecha; incluso sabiendo que era una escenificacion por parte de ambas me senti reconfortada. Karin ni en los momentos de mayor debilidad ni en los que lograra sentirse mas humana daria mas de lo que recibiese a cambio, no estaba acostumbrada a la generosidad, no entraba en su comportamiento.
En la casita, como la llamaba Julian, habia luz. Detuve el todoterreno y le dije a Karin que si queria me esperase alli, pero tal como me imaginaba no quiso. Cuando se encontraba bien no estaba dispuesta a perderse nada.
Bajo del coche sujetandose en mi y espero conmigo a que nos abriesen. En el fondo la traje aqui para que tuviese muchas cosas en la cabeza y se hiciese un lio. Pense que en su cabeza este detalle tendria mas importancia que el haber parado en el Faro o que hubiera dudado del piso en que habiamos aparcado en el super. De contarle algo a Fred, tendria que contarle su conversacion con Alice. A Fred solo lo pondria en mi contra cuando no me necesitase o yo le fallara, mientras tanto estaba dispuesta a escenificar.
Salio un hombre en pantalon corto y con los pelos revueltos, el tipo de hombre que cuando esta en casa esta
