sumergidas, y aunque sus habitantes estaban ahogados, vivian intensas pasiones. La inundacion les habia sorprendido en el extasis de una orgia multitudinaria, en el punto culminante del amor. Centenares de fiestas se celebraban bajo las aguas y en los atrios de los templos submarinos habia adolescentes que practicaban la sodomia y algunos viejos pederastas impartian magisterio a los neofitos y tambien habia mujeres que unian sus cabelleras y la floresta de los pubis al pie de ciertas diosas levantadas en pedestales de oro. Pero era un mundo paralizado. Solo se agitaba el sonido de una musica frenetica. De todas las partes de aquel mundo subacuatico salian melodias de jazz. Mi sueno sucedia en la vertical del Mar Muerto: arriba se entablaba una carniceria en el espacio, abajo se extasiaba una cultura de carne suave en las profundidades de la cienaga. Le pregunte a Varuk el significado de esta alucinacion: batallas en el aire con fieras de increible crueldad y dulzura de placeres en el fondo del agua, que a la vez emanaba putridos vapores de asfalto. El gorila Varuk me miro con la mansedumbre de un arcangel capado despues de haber meditado semejante enigma.

– No se oye hablar sino de guerras. Todos los viajeros y navegantes coinciden en que estamos al final de una era. Se ha terminado el tiempo del amor. Tal vez tu sueno quiera decir eso.

– Yo amo. Soy Cain. Amo intensamente la vida.

– ?Y que?

– Mira este jardin de Jerico. Es superior en belleza al paraiso perdido. Una vez estuve alli. El eden solo es una memoria de arena. En cambio, este vergel fluye en el interior de los sentidos. ?Quien seria capaz de destruirlo?

– Algun dia esta belleza se cubrira de ceniza. Y despues del llanto sera olvidada.

Durante mucho tiempo fui feliz en Jerico. Mi hermano Abel no me amaba pero me protegia y mi corazon tenia un motivo para latir solo por la esperanza de recobrar un dia su amor. Mientras tanto, yo me aplicaba en el ejercicio de la flauta, en el grabado de punales y en combinar pocimas de veneno de cobra con polvos de ambar gris. Era una practica que me enseno un saludador, maestro en bebedizos amorosos y en combinados de resinas que doblegaban la voluntad de los amantes esquivos. Tomaba flores de melisa, que es balsamo comun, y las hervia con miel y jugo de terebinto; lo disolvia en agua de rosas y anadia siete gotas de veneno de aspid y con ello hacia un cocimiento con tres pizcas de un polvo de ambar. Le di a probar a mi hermano Abel este brebaje sin resultado alguno, pero nunca perdi la ilusion de que todo volviera a ser como antes y que un dia la pocima hiciera germinar en sus entranas una renovada pasion. Por lo demas, el tiempo que pase en Jerico es ya una sensacion esfumada, que si bien duro varios anos, se ha convertido en un punto de la memoria o del deseo. En ocasiones fui llamado al interior de palacio y vi que en el todo se constituia de maderas perfumadas y habia reproducciones en oro de los animales del pais, ya fueran aves, peces o cuadrupedos. Abel reinaba en el gineceo servido por eunucos y en las fiestas senaladas el bailaba y yo tocaba la flauta, aunque muy pronto mi vida derivo hacia el cultivo de los idiomas gracias al trasiego de caravanas que cruzaba aquel oasis en todas direcciones. Florecia el esplendor del comercio y la libertad era el bien mas preciado. Yo mismo me converti en guia de traficantes durante una epoca y me hice dragoman. A causa de este trabajo conoci nuevas tierras, siempre al servicio del rey Shivoe, y realice viajes fructiferos para el espiritu, puesto que trabe conocimiento de otras costumbres y entre en contacto con riquezas que se multiplicaban en apartados confines. Cuanta variedad de dioses, vulvas, falos, cuchillos y joyas no habia en las tierras que visite cabalgando un dromedario. Llegue hasta Ofir, puerto situado en el golfo; recorri innumerables veces la ruta del Jordan, jalonada de ciudades leviticas; corone los montes del Libano para alcanzar por detras de nuevo Biblos y Jaffa. Desde alli navegue por las islas del Egeo y en Delfos queme incienso a los pies de Apolo. En Creta presencie las acrobacias de los atletas que saltaban con una pertiga por encima de la embestida de un toro salvaje, me extasie ante los delicados frescos con delfines azules del palacio de Cnosos. Habia en Creta noventa ciudades y ninguna tenia murallas, tal era la dicha y fortaleza de esta civilizacion cuya paz duro mil anos. En ella no habia heroes, pero en esa isla nacio Zeus en una gruta y por primera vez se uncieron bueyes con arado y sus habitantes se alimentaban de sensaciones solares y vivian la plenitud de los instantes y se adornaban la cabellera con guirnaldas para hacer el amor junto a las anforas de mosto. En las gradas de Cnosos bailaban virgenes en celo y contra las columnas de color vino eran fecundadas por el minotauro. Tambien asisti a los ritos de iniciacion en Eleusis, valle de mieses y olivos de Atica, donde se veneraba a Demeter, y en Delfos ya estaban levantando el templo para que el oraculo guiara el destino de los mortales. Luego tuve que embarcarme rumbo a Egipto y en una mastaba del desierto, bajo la luz de mediodia, me mire en los ojos de un buho y de esta forma experimente una nocion de inmortalidad. En Menfis habia compraventa de momias, escarabajos de alabastro y cobras amaestradas para guardar sepulturas. Los dioses hacian el amor con los animales y estos a su vez se apareaban con hembras humanas. El culto del sol no era mas que la evidencia de las cosas y las tinieblas estaban formadas por una acumulacion de almas. Muchas ensenanzas saque de estas correrias como guia de expediciones y representante de punales. Al final de cada periplo regresaba a Jerico y encontraba en el oasis un esplendor creciente. Los festines se repetian y en ellos las muchachas se daban en publico a los mancebos y la felicidad se habia hecho causa comun. Pero un dia sucedio algo extraordinario. De vuelta de un viaje halle un gran tumulto en la plaza principal y sobre las cabezas de la multitud vi una jaula elevada con cuerdas que contenia un prisionero de magnifica presencia. Una caravana acababa de llegar a la ciudad despues de haber recorrido la Media Luna Fertil y habia sido conducida por un principe negro al que reconoci en seguida. Tenia fama de gran cazador de tesoros y esclavos, y ahora los mercaderes, mendigos y buhoneros de Jerico lo rodeaban. Era Elfi. Cuando me acerque tambien el me reconocio al instante. Estaba algo envejecido pero todavia conservaba la apostura de aquellos tiempos de mi adolescencia, cuando habiendome rescatado de la arena me condujo a Biblos. En medio del gentio de la plaza, a la sombra de un camello, nos miramos largamente y fue el quien primero sonrio. Me puso la mano en el hombro y me pregunto por mis cosas y yo le interrogue de cuanto habia visto en estos anos de ausencia. El principe negro tambien traia noticias de cataclismos inminentes. No se hablaba de nada mas en el espacio de la Media Luna Fertil. Un viento de exterminio se acercaba, aunque el habia notado que en todas las ciudades, a pesar de tales presagios, el desenfreno y el amor a los placeres eran indecibles. Luego, el principe Elfi, cuya fama de cazador pasaba las fronteras, senalo el prisionero elevado en una jaula sobre el bullicio del publico y echo un amago de carcajada.

– ?Te gusta la pieza que he capturado? -me dijo.

– ?Quien es?

– Te jure que lo conseguiria. ?Recuerdas?

– No acierto a distinguir su rostro desde aqui. Parece un gigante. ?Quien es? - pregunte.

– No puedo creer que lo hayas olvidado. ?Has perdido la fe?

– ?No!

– ?Es Jehova, muchacho!

– No lo es.

– Lo cace con una red. Apenas opuso resistencia.

– Reconoceria a Jehova entre miles de dioses. Ese gigante no es el amo de las esferas. No es el todopoderoso. No es el creador del universo.

– Quienquiera que sea esta ahi, en la jaula, para ser vendido como esclavo en publica subasta. Peso 120 kilos en canal, todo magro, sin una pizca de grasa, y puede servir de gladiador, estibador, levantador de troncos y de eunuco si se le capa.

El principe negro me dio otras noticias. Dijo que Eva habia muerto. Habia encontrado su esqueleto en aquel oasis y junto a el balaba una cabra conocida. La habia visto viva en distintas ocasiones, cada vez mas anciana, mas hermetica y siempre le daba el mismo mensaje: si un dia ves a Cain, dile que fue mi hijo predilecto, el que ocupo por entero mi corazon; recuerdale que nunca vuelva el rostro hacia el pasado; la vida consiste en huir detras de un sueno que no existe. Durante el ultimo viaje, el principe negro encontro su esqueleto sentado al pie de un granado y de eso hacia ya un ano.

– ?Moriria feliz?

– Creo que si.

– ?Como es posible saber esas cosas?

– Cada vez se parecia mas a la arena y llego un momento en que se confundio con ella. Enterre sus huesos y puse una piedra sobre la sepultura. Las cabras fueron aventadas por el destino.

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