Manuel Vicent
Balada De Cain
© 1987
Segun tengo entendido mis padres se aparearon muy lejos ya del eden. Fui engendrado a pleno sol en medio del desierto y luego naci una noche de luna llena bajo un sicomoro. Mi llegada a este mundo fue coreada por los gritos y aplausos de una mona babuina mientras mi madre, a tientas en la oscuridad, se partia el cordon con los dientes. Ella tuvo que esperar a que amaneciera para verme el rostro y con la primera luz del dia descubrio que yo traia una marca sagrada en la frente, un cero grabado entre las cejas. No supo interpretar esa senal, pero sin dudar nada me impuso el nombre de Cain, que en la lengua del desierto significa vida. O tambien: estoy vivo y soy forjador.
Los pechos de mi madre, que unas veces sabian a carne de lagarto y otras a leche de pitera, me amamantaron a lo largo de sucesivas sombras del camino. Los recuerdo en el subconsciente desbridados y cubiertos de polvo, cruzados por unas venas hondas como rios azules que venian a dar en mi hocico crispado. Aquellos manantiales me llenan de humedad todavia la memoria. Cuando se agotaron, mi madre me desteto untandose los pezones con una pasta de ceniza y a partir de ese momento comence a alimentarme de raices, de los frutos que deparaba el azar, de reptiles benignos, de cualquier producto de la caza o de la imaginacion y, sobre todo, de mi propia hambre. Desde muy nino me nutrio la espiritualidad de la sequia. Mis padres, que ya llevaban mucho tiempo extraviados en el laberinto de arena con el craneo ofuscado por aquella luz de cal viva, me inculcaron tenazmente esta idea: el destino del hombre consiste en huir, solo en huir detras de un sueno. Ese es el unico ejercicio que he practicado. Me llamo Cain. He tenido varios oficios. He sido experto en semillas, fabricante de mascaras, grabador de punales, guia de caravanas que comerciaban con el oro y las piedras preciosas. He jugado con las virtudes del veneno alambiqueando pocimas y he realizado experimentos con el ambar gris. Tambien he limpiado algunos retretes y no por eso me considero un cientifico. Creo que soy un artista, ya que finalmente he sacado punta tocando el saxofon. Cada uno de estos trabajos me ha ido alejando de mi lugar de origen hasta dejarme casi sin resuello en esta esquina de Manhattan donde me gano la vida en una orquesta de jazz. No ignoro que mi nombre va unido al caso de sangre mas celebre de la Historia. ?Sera necesario insistir? Mi hermano era un idiota, pero tenia un cuerpo bellisimo que yo amaba sobremanera. Jamas me hubiera atrevido a aranar a un ser tan perfecto e infeliz con una quijada de asno, ni tampoco con un alfanje de plata labrada. El dia en que mataron a Abel en el pedregal de Judea yo estaba aqui en Nueva York abrazado a un saxo tenor, convertido ya en un buen perro ciudadano. Me entere de su muerte por la radio del taxi cuando de madrugada volvia al Hotel Chelsea, que desde entonces me sirve de guarida. La radio del taxi decia: se busca a un sujeto de ojos verdes y rasgos arabes, un metro ochenta de altura aproximadamente, perilla de Ali Baba, pelo rizado, lleva como un cero marcado al fuego entre las cejas y atiende por Cain. Ese era yo.
Ahora estoy sentado en un raido sillon de orejas, rodeado de botellas vacias y derrumbadas por toda la habitacion, frente a una chimenea de estilo frances esperando que alguien venga a detenerme. Mientras esto sucede me miro en la lamina de alcohol, me rasco las axilas y deploro la inocencia o el rabo que perdi. En este momento, el boletin de noticias aun esta repitiendo el mensaje de mi busca y captura y yo vuelvo la vista atras, cierro los parpados y en el fondo de la existencia solo veo tierra calcinada, piedras fulminadas. Recuerdo que balaba una cabra y resplandecian las dunas. Asi comienza esta historia. Habia adelfas y algunas chumberas cuajadas de higos en aquel barranco por cuyo cauce yo avanzaba dentro de una bolsa de fibra colgado en la espalda de mi padre y el cerebro todavia se me pierde en aquella extension de arena ondulada y tambien en los cerros, quebradas, valles y desfiladeros descarnados que cruce a tan tierna edad en compania de una cabra y una mona. Pero el primer paisaje de mi memoria fue la propia nuca de Adan cuarteada como un barro mal cocido. Yo iba cargado en su espalda y el caminaba encorvado, rezando, y el sol terrible, cuando le daba de lleno, le hacia brotar de la agrietada cerviz un sudor extremadamente salado, que no era sino el sentido de la culpa, y este formaba sobre la piel de la nuca un espejo oscuro donde se reflejaba mi rostro. Aquel dia, la mona abria la marcha, la cabra balaba de sed detras de la comitiva y el fulgor de las dunas borraba todos los perfiles. No sabria decir cuantas jornadas de camino habian pasado puesto que yo venia de la nada. Se vagamente que Adan me llevaba a cuestas e imploraba el favor de Jehova murmurando esta especie de salmo: pequeno y despreciable soy y no olvido tus preceptos/tu justicia es eterna/la angustia ha hecho presa de mi / pero tus mandamientos son mis delicias.
De pronto aparecieron unas hierbas pardas y luego unos arbustos raquiticos en medio de aquella soledad, y en el horizonte tambien se veian manchas negras que sin duda eran vegetales. La tribu hizo una parada a la sombra de un talud. Mi madre bajo por la vertiente del barranco y se puso a examinar huellas enigmaticas en el enves de algunas hojas, partio el tallo de unas plantas, observo la forma de las piedras, comprobo la direccion que marcaban ciertas ramas y todo eso le obligo a dar un grito que resono en la torrentera llena de avispas. Con este alarido salvaje anuncio que el agua estaba cerca. Pero mis padres tardaron aun muchas horas en llegar al oasis. Era el primer oasis de mi infancia. Alli habia varias palmeras, un par de higueras y un granado. Del fondo de unas brenas manaba el hilo de un manantial que habia creado una charca verdosa, casi cubierta por una nube de insectos, y a un tiro de honda aparecian las aristas de una casamata o fortificacion con troneras, medio sumergida en la arena, que dominaba el valle desde un teso muy estrategico. Despues de una durisima caminata con el sol en el craneo ahora comenzaba a oscurecer y una parte del cielo se habia convertido en una suspension de polvo dorado y la tierra exhalaba un perfume de pan. Asi, lentamente, fue cayendo la noche y el frio se presento por sorpresa. En aquel oasis, mis padres encendieron una hoguera y recuerdo que el fuego, en la oscuridad, hacia brillar las corneas de la mona y la dentadura metalica de Adan.
Era tal vez el momento de la nostalgia, ese punto en que el dia muere y a los caminantes se les pone dulce el corazon. Mi madre comenzo a contarme bellas e increibles historias que yo no entendia y Adan guardaba silencio sin apartar la mirada pensativa del juego de las llamas. En ese instante, una estrella fugaz cruzo el firmamento del Genesis. Cain, mira esa luz. ?La has visto volar? Es un demonio. Recline la cabeza en su regazo y entonces Eva me conto este relato de la rebelion de unos angeles mientras me acariciaba el pezon de la oreja.
En una epoca muy remota, Dios era un astro que reinaba en la esfera mas alta del universo y sin duda tenia mucho orgullo. Habia alla arriba algunos astros semejantes a el, aunque no tan poderosos, y estos un dia se unieron para derribar del trono al gran Dios del espacio e intentaron abandonar la orbita que les obligaba a dar vueltas a su alrededor, pero al descubrir esta conspiracion Dios monto en colera, la cual produjo una inmensa explosion que destrozo a las estrellas rebeldes, cuyos fragmentos incandescentes fueron condenados a vagar perdidos de noche en el cielo para siempre. Esas ascuas son los demonios. Tienen nombres hermosos. Uno se llama Luzbel o portador de la lumbre. Otro es Belcebu, principe de las tinieblas. Tambien esta Satanas, el que predica la belleza de la perversion. Hay muchos mas: Iblis, Malik, Belial, Abbadon. Van fugaces y errantes por el firmamento en una eterna caida hacia el abismo y, en tierra, sus espiritus hablan en boca de ciertos reptiles. Sus palabras son siempre maravillosas y mortiferas. En cambio, el gran Dios, que ha quedado victorioso en lo alto, se expresa a traves de otros animales. Cuando necesita manifestar un deseo, a veces utiliza la garganta de algunas bestias superiores, por ejemplo, su voz es el aullido de un chacal o la risa nerviosa de la hiena. Si de noche oyes el grito de alguna alimana, hijo mio, tienes que saber que Dios te esta hablando.
Bajo las estrellas del desierto, junto al fuego, Eva comia carne de lagarto y no cesaba de narrar hechos felices que sucedieron antiguamente. A continuacion, con magicas palabras, me transporto a aquella region donde crecia el terebinto, cuyo producto es el bedelio, sustancia que sana el morbo de la duda. En su juventud, mis padres amasaban esta resina con estambres de adormidera y luego la tomaban para ponerse luminosos por dentro ya que esa pocion les volvia los ojos del reves y les permitia ver los propios minerales del cerebro brillando como rubies. Parece ser que mis padres, hace mucho tiempo, habian sido muy dichosos en aquel lugar. En un incierto pasado habitaron un jardin lleno de sombras humedas y brisas amables en medio de un gran estruendo de monos y papagayos. Alli, los arboles daban frutos delicados al paladar, algunas
