flores tenian propiedades visionarias y habia muchas cascadas azules que caian en el mismo lago resplandeciente. Cuando el sol hendia sus aguas con un angulo de luz exacta, este lago se volvia transparente y en su alveolo, a mas de cien brazas de profundidad, solo en un instante matematico, se podia adivinar la sombra de una ciudad sumergida.

Corrian varias leyendas acerca de esta civilizacion subacuatica. Al resplandor de la hoguera, aquella noche mi madre me conto que ella misma en cierta ocasion habia escuchado una especie de musica que salia de lo mas hondo de la sima de agua, una musica elaborada con maderas y metales desconocidos. Abandonando de repente el silencio, Adan pronuncio por primera vez el nombre del paraiso. Era el eden. En ese momento, yo estaba casi dormido y confundi el sonido de esa palabra con el dulce peso de los parpados, y entonces Eva comenzo a acunarme en su regazo balanceando el tronco y a acariciarme una mejilla templada al calor de las brasas mientras me susurraba esta nana al oido. En el paraiso tambien habia hormigas gigantes que sacaban oro y piedras preciosas de las entranas de la tierra. Duermete, Cain. Duermete, mi nino. En la jugosa pradera de aquella umbria se posaban aves multicolores, alciones de anchas plumas, patos de cuello variopinto, rojos faisanes, y los monos producian un ruido ensordecedor. Lirio de los valles, carne de azucena, mi nino quiere dormir. Alli crecian mirtos, violetas, laureles en los sotos de esmeralda y en lo alto de una colina habia un gran manzano solitario que era el arbol del bien y del mal. Cain ya duerme.

En el primer oasis de mi memoria, aquella noche tuve un sueno. Vi la caida de los angeles. Eran ascuas perdidas en el cielo que se fugaban de Dios, y en la tierra tambien vi a mis padres dando vueltas en el jeroglifico de las dunas en compania de una cabra y una mona, lejos ya del eden. Dios lo ahuyentaba todo de si, y en mitad de las tinieblas senti que me llamaba ladrandome como un chacal para revelarme un destino semejante: huir siempre y ser feliz sin esperar nada. El chacal insomne no ceso de ladrar hasta la madrugada y en un lenguaje cifrado me dijo: alas te voy a dar, Cain, y con ellas el mar infinito y otros continentes podras sobrevolar sin fatiga. Al son de la flauta llevaras mi mensaje por todo el mundo. Muchachas de trenza dorada te cubriran de rosas en los banquetes y aunque mueras, seras inmortal. Un carro de fuego te arrebatara para elevarte a las esferas.

De este sueno desperte muy tarde. Habia cumplido ya siete anos y al abrir los ojos me encontre con un punal en la mano. Eran otros montes y otro valle, todo bajo la misma luz de cal viva. A esa edad yo sabia que tenia los ojos verdes y la cabra familiar misteriosamente se habia multiplicado. Con el ceno abatido por una indecible tristeza, ahora mi padre guardaba un pequeno rebano en una ladera donde habia levantado el altar del sacrificio, junto a otra de aquellas casamatas que siempre aparecian en nuestra ruta y que nos servian de refugio. Para celebrar mi llegada al libre albedrio Adan me habia regalado un punal dorado con mis iniciales grabadas en la hoja, pero entonces yo aun estaba muy diluido con la naturaleza y me sentia feliz. La mona babuina era como una hermana y Eva acababa de inventar la primera tarta de datiles. A los siete anos yo poseia ciertas facultades para la imaginacion. Uno de mis juegos preferidos consistia en tumbarme boca arriba y crear nuevas formas de animales con la silueta de las nubes: bichos todavia sin nombre, lentas e inmensas fieras de rabo articulado, serpientes aladas, mamiferos de varias cabezas. Cuando una nube pasaba por aquel firmamento de la ninez, al instante mi fantasia entraba en accion. Su perfil se fundia con las imagenes de mi cerebro y estas no eran sino derivaciones del deseo que adquirian disenos distintos segun la disposicion de mi animo o el ardor de la sequia. Me divertia promoviendo en el cielo grandes bailes o batallas con las nubes, montando verdaderas carnicerias entre ellas. Tambien me gustaba dormir al sol como un fardacho con la tripa palpitante y experimentar en el interior del cuerpo los latidos que daba la tierra. Pero a ras del suelo la lucha era real. Yo me inicie en el individualismo aquel dia en que un alacran me pico en la planta del pie. Disuelto todavia en la luz del desierto estaba jugando con el punal que mi padre me habia regalado para celebrar la entrada en el uso de razon, cuando senti que habia pisado una brasa viva y de repente vi correr con la cola levantada a una asquerosa criatura de color miel que buscaba amparo debajo de una piedra. Comence a retorcerme en el polvo gritando y a traves de las lagrimas vislumbre la turbia figura de Adan desnudo que salia de la casamata para auxiliarme seguido de la mona. Conservo muy nitidos algunos fragmentos de aquella escena. Despues de olfatear el rastro, la mona se puso a grunir encima de una pequena losa de rodeno. Adan la levanto y alli en la madriguera estaba el alacran temblando de odio. Mi padre lo engarzo en la punta de una vara y lo arrastro asi hasta mi presencia para que me consolara viendolo morir. En silencio, Adan ejecuto la sentencia de la siguiente forma. Bajo el sonido de las chicharras rodeo al alacran con un cerco de hierba seca y prendio fuego. El animal dio varias vueltas al redondel en llamas y se puso muy tenso al comprobar que no tenia salida. Realizo una sacudida de orgullo y no lo dudo nada. Irguio la cola y torciendola hacia atras se incrusto la una venenosa en la espalda hasta inundar el propio cuerpo de un licor morado. Rodo fulminado ante mis ojos atonitos.

Una vez vengado, entre cojeando en la casamata donde Eva estaba dando de mamar a Abel, recien nacido, echada en un monton de paja mientras mascaba una raiz con la boca llena de jugo. La pierna se me iba poniendo oscura y crecia sin parar hasta tal punto que dude si no acabaria por llenar todo el recinto de aquella fortificacion sumergida. Dado que yo lloraba mucho, Adan ordeno a la mona que alegrara la situacion, y con la mejor voluntad la mona comenzo a bailar alrededor de mi extremidad dolorida y durante la danza mi padre entono un salmo y al final prometio a Dios sacrificarle un cabritillo si me sanaba. Un alacran acababa de picarme en un pie, que para cualquier fugitivo constituye un instrumento de trabajo, y a pesar de eso aun habia que aplacar la ira de Dios echandole de comer.

Unos dias despues, Adan cumplio la promesa. Llevo un recental hacia el altar y sobre el ara de basalto lo abrio en canal y luego lo dejo con las visceras al sol para que desde arriba lo viera el amo de las esferas, pero la victima formo en seguida un anillo de cuervos en el cielo y el olor de sangre hizo bajar de los montes a toda clase de alimanas. En aquella epoca, yo tenia la cabeza muy confusa. Para mi, Dios era todavia aquel sol que abrasaba todas las cosas. Lo veia emerger cada manana limpiamente por el perfil de las dunas desafiando la oscuridad. Amanecia siempre con una tierna luz que no heria los ojos y se elevaba con majestad envuelto en una gloria color calabaza. En lo alto de su trayecto celeste se transformaba en un Dios cruel que aplastaba la esencia de los seres creados contra los pedernales del desierto y al doblar la tarde volvia a ponerse dulce, quedando suspendido en medio de un polvo de oro. El sol, de noche, se escondia en el alma de los animales dejando en alguno de ellos el lacre de la divinidad. En ese momento, las aves carroneras volaban graznando en la vertical del altar. El cabrito sacrificado habia atraido a moscas, avispas e insectos y tambien a un par de raposas y a una pantera negra de ojos verdes, y todos a cierta distancia parecian estudiar la posibilidad de abatirse sobre los despojos. Segun la ensenanza recibida, yo sabia que una de aquellas fieras podia ser propiamente Dios, ya que a Dios le gustaba disfrazarse de grajo o de coyote, de felino o de perro silvestre para devorar las ofrendas reglamentarias. ?Me creera alguien si digo que a los siete anos acuchille a una alimana sagrada? Fue aquel dia al pie del ara de basalto. El sol estaba arriba castigandolo todo y la pantera negra que habia contemplado la ceremonia desde lo alto de un risco comenzo a acercarse al altar con pasos elegantes y taimados. Pronto se iba a plantear el desafio. Nadie es hombre hasta que no se enfrenta a un animal superior y sale victorioso de ese combate. Habia llegado el momento de la iniciacion.

– Coge el punal -dijo mi madre.

– Estoy temblando.

– Coge este punal que lleva tus iniciales grabadas y mata a esa garduna.

– Tiene los ojos de esmeralda.

– Matala.

Siendo un cazador nocturno, aquel felino habia bajado de la cumbre del monte a plena luz para hacer una solitaria y misteriosa degustacion de las visceras del cabritillo que aun palpitaban. La pantera y yo nos avistamos de lejos y lentamente fuimos a encontrarnos muy cerca del ara. En la puerta de la casamata, Adan y Eva se habian dispuesto a presenciar la primera batalla de su hijo, y la mona trataba de infundirme valor e inicio algunos aplausos. La pantera negra dio un salto con magnifica elasticidad y encaramada en el altar me espero alli mostrando los colmillos. Que verde fuego ardia en su mirada. Cojeando todavia con una pierna llena de veneno, tambien yo subi a la piedra de basalto y en medio de los dos estaba el recental del sacrificio. En silencio, ambos nos observamos y aunque en mi mano brillaba el punal, tenia el corazon acongojado por una duda no exenta de terror. ?Que Dios se hallaria habitando el interior de aquella fiera? ?Que querria decirme ahora con ese grunido erizado que tal vez salia de unas entranas divinas? Yo le miraba fijamente. Vamos, salta. No lo pienses mas. La pantera elevo el cuerpo con una sacudida casi electrica y vino a balancear sus garras contra mi pecho, pero yo detuve esta embestida con una ciega estocada, que apenas le rozo un costado. Ella se revolvio. Estaba sangrando ya el acero y esto excito a la alimana. Sobre nuestras cabezas habia un revuelo de

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