primero queme dijo blandiendo en el aire un mazo de folios encuadernado- solo por el placer de devolverselo». Y luego se adorno con una cita que en este caso fue esta maxima de Goethe: «La Iglesia lo debilita todo». La pronuncio en aleman y, despues de traducirla bien o mal, anadio: «Algunos ya me consideran un hereje». Me dije: he aqui a un tipo fuera de lo comun, vestido como un veraneante del Adriatico sin ser del todo ridiculo, con una inteligencia que se salva de la pedanteria por el cinismo. ?Sera realmente tan culto como parece o sera todo el un simulacro?
Yo tenia entonces una vaga idea del pasado de Jesus Aguirre, Lo cierto es que en esa epoca constituia ya un referente cultural del progresismo religioso de la sociedad madrilena, amamantador de teologia alemana para ovejas selectas descarriadas, lo que le habia merecido ser arbitro en el dialogo entre marxistas y cristianos con el diplomatico julio Ceron, Aranguren y Alfonso Carlos Comin, en el que Aguirre hada de diablo, pero en ese momento aun debia sobre todo la fama a su lengua mordaz contra sus enemigos y a sus sermones en la iglesia de Santo Tomas de Aquino en la Universitaria, que habian dejado admirados a creyentes y agnosticos, gracias a que no se entendian nada, pero parecian muy osados.
Un domingo de mayo de 1962 yo asisti a uno de ellos. El recuerdo mas antiguo que tenia del personaje era aquella misa en latin, que Aguirre celebraba de espaldas a los fieles, a los que solo daba la cara en el momento de volverse para emitir el dominus vobiscum abierto de brazos, cantandolo muy entonado. Practicamente solo le recordaba el cogote bien trasquilado y la coronilla tonsurada, pero el vuelo de manos y el desparpajo liturgico con la hostia, el cafe y los corporales sobre el altar eran identicos a los que ahora usaba sobre la mesa cargada de supuestos libros de la Escuela de Francfort. Sentado frente a el, despues de algunos titubeos de principiante en el oficio, temiendo una respuesta cruel, le manifeste mi proyecto literario. «Quiero escribir un libro sobre Azana», le dije. Ante mi sorpresa, Jesus Aguirre se mostro casi euforico. «Este es el momento preciso para que escribas ese libro. Podria ser una bomba. ?Por que quieres hacerlo?» Le dije: «Tengo una amiga republicana que cada 14 de abril entra en erupcion. Es la unica forma de calmarla». No le sorprendio una respuesta tan cursi e imaginaria. «No escribas nunca por amor», dijo, pero me animo a complacerla. Fue un proyecto frustrado, uno mas. Los cuatro tomos de las obras completas de Azana editadas por la editorial Oasis, que me habia traido de un viaje por Mexico, quedaron en un anaquel de mi biblioteca testigos de mi abulia. Estaba en esa epoca rodeado de aventuras, pasiones, suenos y proyectos nunca realizados. Esa parecia ser mi especialidad. Despues de haber ganado un premio literario pasaba por un periodo de desanimo y Jesus Aguirre comenzo a formar parte de las personas que me habian dado una nueva oportunidad desaprovechada. El recuerdo de esta visita a su despacho no hacia sino acrecentar mi frustracion y durante un tiempo hice todo lo posible por rehuir su presencia.
Pero un dia me enfrente de nuevo con Jesus Aguirre en la presentacion de su libro
Las chicas mas libres de entonces ya habian dejado de tomar los temas a sus novios que preparaban oposiciones a notarias. Tampoco mataban el tedio de las tardes de domingo con su pareja ante un cafe con leche en una cafeteria a la espera de entrar en un cine de barrio y rendir en la ultima fila de butacas un homenaje a Onan. A partir del Mayo del 68 iban ya en vaqueros abiertas en el trasportin de las motocicletas de los primeros centauros de la progresia, que habian dado de lado a las oposiciones y comenzaban a agarrar la vida directamente por el rabo y se hicieron cineastas, sociologos, publicitarios, interioristas e incluso gastronomos, pero en los primeros anos setenta la vanguardia femenina habia tomado la iniciativa en los abrevaderos, en las aulas de la facultad, en las carreras delante de los guardias y tambien en el sexo, hasta el punto de que los mas timidos se protegian juntos en un extremo de la barra de las discotecas temiendo ser asaltados por aquellas guerreras. Vicki era una de esas. Tenia una belleza lavada, los labios carnosos sin carmin, los ojos negros sin rimel, los senos sin sosten, el alma delicada y fiera al mismo tiempo y solo olia a jabon Lux, aunque se mordia las unas y llevaba los dedos manchados de boligrafo. La tijera abierta aun la llevaba en el pecho dispuesta a cortar el esqueje de cualquier clase de rosal. No habia una causa noble, desprendida, arriesgada e inutil, pero romantica, que no tuviera a Vicki Lobo en primera fila llevando a remolque a los mas remisos de la cuadrilla. En esa epoca no se si era maoista, trotskista, de la ORT, del FRAP o todo a la vez. Creo que solo era una rebelde, una radical contra todo y nada.
La libreria Rayuela tenia una sala de exposiciones en la trastienda, repleta en este acto de feministas del estilo de mi amiga, y no se por que el cura Aguirre, como entonces se le llamaba, atraia a un publico femenino tan entregado. Habia dejado de decir misa en la Universitaria y aquel rito lo habia sustituido por estos actos culturales casi con la misma liturgia pero con unos fieles distintos, que la policia tomaba como elementos subversivos ya muchos de los cuales tenia fichados. Jesus Aguirre llevaba chaqueta a cuadros y bufanda de seda color lila y estaba detras de una mesa al fondo, su nuevo altar, con el presentador, un microfono, un botellin de agua mineral y una copa, su huevo caliz, su nueva misa. Los asistentes ocupaban toda la sala, sentados en sillas de tijera, y habia oyentes de pie por todos los flancos, entre los que se contaban un par de policias de la Brigada Social y otros con aspecto torvo, a simple vista fuera de contexto.
Jesus Aguirre empezo a contar que su obra recogia una seleccion de platicas que habia dado durante las misas en la iglesia de la Universitaria. Luego se demoro explicando que el libro habia sido retenido por la censura dos anos porque estaba dedicado a la memoria de Enrique Ruano, el estudiante de Derecho al que la policia, despues de torturar, pego un tiro y arrojo por una ventana desde un septimo piso en la calle General Mola simulando una huida. En ese momento se produjo un barullo en la ultima fila. Un sujeto con gabardina plegada en el antebrazo grito: «?Eso es mentira, cura maricon!». Hubo un conato de pelea y gritos de protesta, pero el provocador, lejos de largarse de la sala o de ser expulsado a la fuerza, quedo en pie muy engallado. Recuperada la calma, Aguirre entro en materia de forma alambicada y conceptuosa para hablar de la inmortalidad y la resurreccion, de la desesperanza y la violencia, del amor celibe, de la muerte como acto politico, y se refirio a un teologo aleman, amigo y maestro suyo en Munich, un tal Joseph Ratzinger, que habia dicho que una generacion debe morir para que renazca otra mas avanzada, algo que estaba sucediendo ahora ante nuestros ojos. «?Una generacion de rojos, hijos de puta!», volvio a gritar aquel cabestro de la gabardina. Se armo una pelea verbal considerable e incluso hubo algunos golpes, mas insultos, hasta que aquel sujeto abandono la sala no sin amenazar de muerte al conferenciante. «Si, senor, a usted y a sus nuevos acolitos», aullo ya desde la calle. Pero Vicki Lobo se habia desprendido de mi lado y fue a por el. Le cogio de la solapa y le grito a la cara: «Te conozco, eres el jefe de esos gilipollas hijos de puta guerrilleros de Cristo Rey que habeis destrozado los grabados de Picasso de la galeria Theo y habeis robado dos». Entre varios esbirros la apartaron a patadas. Volvio a la sala con el collar de nueces destrozado y entonces me di cuenta de que era amigo de una leona. Calmada a duras penas la parroquia, el cura Aguirre comenzo a hablar del diablo como comparsa. Esta vez fue la bronca una excusa a la que me acogi para demorar mi proyecto de escribir sobre Azana,
Aquella noche caminaba con Vicki por la calle Hortaleza, hacia el pub de Santa Barbara, por una acera muy estrecha donde habia un cubo de basura en cada portal. Para que mi amiga no pasara pegada a ellos, tratando de ser delicado, hice que se cambiara de lado y la coloque a mi izquierda. Lo tomo como una afrenta. Vicki se volvio hacia mi y, tras llamarme machista con sumo despecho anadio: «Puedo soportar como tu toda la basura que genera cualquier familia cristiana y la puta colza del imperio americano».
El pub de Santa Barbara era un moderno abrevadero de la calle Fernando VI donde se reunian los primeros modernos barbudos habitantes de la alcantarilla politica. A esa hora testaba lleno de progres con patillas de hacha y pantalones de campana, distintas carnadas clandestinas de rojos, unificadas por la trenca con trabillas de falsos dientes de Jabali, que compartian abrevaderos en el triangulo que formaba este pub con Boccaccio y Oliver. Escritores alcoholicos, artistas de cine y de teatro, jueces jacobinos, chulos y bohemios comenzaban a atravesar las noches de Malasana. En el pub de Santa Barbara, un psicoanalista, discipulo de Castilla del Pino, nos explicaba a Vicki y a mi la forma de tomar LSD con cierta garantia que te permitiera arrojarte por la ventana, levantar el vuelo sobre los tejados, dar la vuelta a la noche de Madrid llena de colores psicodelicos y aterrizar suavemente en la cama sin ninguna paranoia. Mientras la penumbra unificaba todos los licores y por encima de mi gin tonic sonaban baladas aguardentosas de Ray Charles, Otis Redding y los Beach Boys, de pronto se oyo un griterio en la calle y poco despues comenzaron a cantar algunas sirenas de la policia. «Los fachas acaban de romper otra vez el
