por encima del palacio de Liria. Jose Maria Aznar habia ganado otras elecciones generales, esta vez con mayoria absoluta. Poco despues caso a su hija en el monasterio de El Escorial y por la gran explanada de granito desfilo la nueva corte de los milagros. Muchos de aquellos invitados estaban en busca y captura, unos de la justicia y otros de su propia conciencia. Aznar habia entrado en una fase de locura personal desde el momento en que, fumandose un puro, puso las patas en la mesa del amo del imperio George Bush, y en compensacion el amo del imperio George Bush puso sobre el hombro de Aznar su garra de tigre en las Azores.

Aquel primer atentado de la Yihad Islamica en el merendero El Descanso acaecido dias antes de que Jesus Aguirre, decimoctavo duque de Alba, me nombrara su biografo ante el rey de Espana, en el claustro de la Universidad de Alcala, tuvo una replica feroz, como sucede en los movimientos sismicos que nacen del fondo de la tierra. El odio islamico habia reventado despues de los anos en la espantosa tragedia de la estacion de Atocha, que entre otros muchos cadaveres tambien se llevo al gobierno de Aznar por los aires. Y en esto volvieron al poder los socialistas.

Las postrimerias consistian en pedir confesion, y nadie sabe si en la soledad del palacio de Liria, al oir detras muy cerca los pasos de la Dama Blanca, ahogados por alfombras y tapices, Jesus Aguirre pidio un sacerdote para vaciarse de todo el terror. Puede que desde una ventana de palacio contemplara las nuevas rosas que habian florecido en las tapias, el ruido que producia la ciudad, las trompetas del Juicio Final que no eran sino los alaridos de las ambulancias y de los bomberos. La primavera estaba reventando en todas las acacias. ?Cuanto tarda en morir el dia! Fueron las mismas palabras que habia pronunciado su amigo Enrique Ruano ante una puesta de sol infinita.

Una de aquellas ambulancias cuyo lamento oia Jesus Aguirre desde su lecho de agonizante se detuvo bajo los leones mesopotamicos de la cancela de Liria. Habia sido llamada con urgencia por el duque de Huescar, pero ya era demasiado tarde. En una habitacion de palacio rodeado de oleos de Tiziano y de bombonas de oxigeno, con un libro de Goethe entre frascos de medicinas en la mesilla de noche, bajo el denso perfume de laudano, su ultimo incienso, expiro el decimoctavo duque de Alba, el 11 de mayo de 2001, a las cinco en punto de la tarde, cuando otros aristocratas y terratenientes amigos ocupaban la barrera de las Ventas en la tercera corrida de abono de la feria de San Isidro. Cayetana se encontraba en Sevilla entregando un premio a Curro Romero. Murio solo y el llanto de la ambulancia, su unica planidera, fue lo ultimo que oyo Aguirre, el magnifico en este mundo. Tambien cantaban los pajaros en los alamos de palacio excitados por el calor de una primavera ya rabiosa. El agonizante no pronuncio ninguna frase para la historia. Despues sono Mozart para ilustrar la capilla ardiente, instalada en Liria, por donde desfilaron los amigos de su juventud, aquellos que compartieron con el los suenos del amor a la inteligencia, pero no llegaron todos. Unos habian muerto, otros se encontraban en paradero desconocido. Jesus Aguirre fue enterrado al dia siguiente en el panteon que la Casa de Alba posee en el convento de las madres dominicas en el pueblo de Loeches, a veintiocho kilometros de Madrid. Alli consiguio escalar finalmente el heroe un gran sarcofago de marmol por cuya conquista lucho toda su vida.

Manuel Vicent

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