mano. Le descubri entre los pasajeros unos metros delante y comprobe que iba solo, sin guardaespaldas. Al verme, antes de preguntarme nada, a modo de saludo escueto, me dijo: «Querido, llevame la maleta». Ante su mandato imperativo reaccione con un automatismo mas rapido que el del perro de Pavlov. Cogi la maleta del duque sin interponer pensamiento alguno entre su orden y mi accion. Imagine que tal vez en mi ADN habia genes de siervos de la gleba de los que yo no era consciente ni responsable. Cargado con su equipaje, camine unos veinte pasos a su lado. En este breve trayecto me dijo: «He convencido a mi mujer para que compre un palacio en Venecia y lo ponga a mi nombre». En ese momento reaccione: «Oye, capullo, carga con tu maleta porque yo no soy tu esclavo, a menos que me des un puesto de secretario en ese jodido palacio». Deje el bulto en el suelo. El duque bajo un poco los humos y se quejo diciendo que tenia lumbago. Lo encontre notablemente envejecido. «?Como es ese palacio?», le pregunte con la maleta otra vez en mi mano. «Todavia no lo se -respondio el duque-. He aprendido veneciano. Tengo alli muchos amigos eruditos y anticuarios. En Venecia he escrito poemas y he redactado articulos a mi secretario. En un establecimiento de comidas hay una pasta blanca, con salmon troceado, que se llama 'a la duquesa de Alba'. Siempre tenemos la misma mesa reservada. Una vez nos invito la reina madre de la perfida Albion a tomar te con ginebra en el Britannia. Quiero que el palacio de al Gran Canal». Al duque lo esperaba un mecanico. La verdad es que la maleta no pesaba demasiado. El duque se metio en un cochazo y se perdio en el laberinto sevillano hasta el palacio de Las Duenas.

1996

Hacia el fin de la historia con gomina en el pelo y un jabali en el maletero. El milenio se lleva en su escatologia al heroe a Hades, la region de los muertos

Caian a su alrededor las hojas amarillas de los arboles amigos. Carlos Barral habia pasado a mejor gloria en diciembre de 1989. Un mes despues la guadana de la muerte habia volcado otra ficha de domino: en enero de 1990 Jaime Gil de Biedma habia rendido las armas de Eros aTanatos. El sotano negro por donde habia pasado Jesus Aguirre en lejanos dias de fiesta habia quedado olvidado bajo el lavado de cara que Barcelona se dio con los juegos olimpicos. El AVE habia llegado a Sevilla sobre los fastos de la Exposicion Universal y Aguirre fue nombrado comisario de no se sabe que, solo para que pudiera darse aire con un abanico blanco o negro segun un lenguaje del sigloXVIIIen que se habia instalado. Lo manejaba desafiante para aventar los rumores disolutos que corrian en torno a su figura. «En Sevilla hace mucho calor», decia como unica excusa.

Y pese a todo Aznar gano las elecciones en 1996 a la brava por unos miles de votos. Los socialistas dijeron que se trataba de ir a casa a ducharse y volver al gobierno. No fue asi. El Partido Popular habia salido de su postracion a principios de los noventa y comenzo a cabalgar a sus anchas a caballo del milenio. Otros jovenes constituyeron un nuevo paisaje urbano. Llegaron los pijos. Estos vastagos felices comenzaron a hacer rodar en el dedo los llavines coches de gran cilindrada en la puerta de las discotecas y entre los alevines de la derecha se puso de moda matar marranos en la finca, hablar de Bolsa, dar pelotazos con los bonos basura y llevar el todo- terreno a misa los sabados por la tarde. Se acabaron las barbas hirsutas y el desalino profetico. Se desintegro la movida y se instauro la ropa de marca. Los bares comenzaron a llenarse de jovenes de pelo pegado con unos rizos lolailo-lailo en el pescuezo, la camisa abierta hasta el tercer boton, chaqueta de cachemira y vaqueros planchados, mocasines con borlitas y un par de masteres de cualquier universidad americana. En las fiestas todos acababan bailando La Macarena. A la hora del almuerzo bajaban de los despachos grupos de ejecutivos vestidos de negro Armani y se les veia cerrando negocios con el movil en direccion al restaurante.

Aquel lider politico, Jose Maria Aznar, por el que nadie habria apostado un duro si hubiera sido gallo, resulto ser un gallo de pelea con dos cuchillas de afeitar en los espolones. Habia desarrollado sobremanera el gen del mando creando el terror entre sus propias huestes hasta trabar solidamente al Partido Popular a su alrededor, y de esta forma lograria derribar con una agresividad politica muy medida, a Felipe Gonzalez despues de darle con un latiguillo una y otra vez en la ceja que traia partida por la corrupcion, producto inexorable de tres mayorias absolutas.

La mayor parte de los espanoles habia nacido y crecido en democracia. Un millon y medio de nuevos votantes, esos jovenes tatuados con mariposas, traspasada su carne con distintos imperdibles, rapados o con el pelo de cepillo mojado, se acercaron a las urnas por primera vez sin darse cuenta, tal vez, de que la libertad, ese oxigeno vital que respiraban, se les habia regalado despues de largos anos de lucha. Pero por los sotanos de la juventud corria un viento de rebeldia que venia de lejos. La insumision frente al servicio militar fue una de sus banderas y no ceso hasta conseguir su abolicion. Javier Pradera tenia colgada en su despacho de El Pais una foto insolita. En ella se veia a Jesus Aguirre, duque de Alba, de pie muy firme montado en una tarima en medio de un descampado, y por delante desfilaba una compania de la Legion con la cabra incluida que le presentaba armas.

?Quienes eran Dolores Ibarruri, Tierno Galvan, Gutierrez Mellado, Suarez oTarradellas? Rostros y nombres de lideres, que un dia llenaron las tribunas, carteles y paginas de periodicos durante la Transicion, habian muerto o se los habia tragado la historia. Los jovenes ya no sabian nada de ellos. En las imagenes antiguas los politicos supervivientes de entonces que todavia estaban en activo aparecian todos sin tripa, unos con aire montaraz, la barba negra y la melena tapandoles las orejas, con la pana dura o la trenca con capucha, otros con caras de empollon, finos y encorbatados, recien salidos de las oposiciones, pasados desde la burocracia a la politica, de los despachos de abogados del Estado a los escanos del Congreso.

El duque de Alba habia desaparecido de la vida publica. Una de sus caracteristicas a lo largo de su vida consistia en cambiar de amigos sin previo aviso. De pronto dejaba de llamar por telefono despues de hacerlo todos los dias y tampoco contestaba a ninguna llamada de sus amigos mas intimos. Tenia un espacio reservado en el que nunca dejo entrar a nadie. Tambien habia dejado de asistir a los consejos del diario El Pais, donde al final acudia a remolque y se adornaba con un chal, en zapatillas, se ponia en las rodillas una manta que llevaba estampado el escudo de la Casa de Alba y permanecia callado, ajeno a cualquier problema editorial, y asi hasta que, despues de varios requerimientos en que ni siquiera atendia al telefono, Polanco le dio de baja. Pese a dar la sensacion de que habia conseguido todo lo que se habia propuesto en este mundo, nunca parecia estar satisfecho. «Aguirre llevaba dentro otro ser extrano con el que nunca hizo las paces. Eso causaba en mi curiosidad y deseo de ayudarle», decia el cura Martin Patino.

Las nuevas carnadas de la derecha fueron a votar a Amar en un coche de renting, formadas por abuelos, padres e hijos, una tia monja y un bisabuelo en camilla con el gotero puesto. La hija acababa de llegar de una isla de la Polinesia donde habia practicado submarinismo y el hijo becado en la Universidad de Arizona habia venido de Estados Unidos solo para meter una papeleta en la urna. Despues la carnada, todos guapos y felices, con las mangas del jersey anudadas en el pecho, tomaria el aperitivo en una terraza antes de almorzar en un famoso restaurante japones y por la tarde el jefe de la familia se echaria la siesta y luego esperaria en su estudio el resultado de las elecciones mientras analizaba el proyecto de una nueva urbanizacion en la costa, de la que esperaba sacar una sustanciosa tajada que coronara definitivamente su esplendida madurez.

Aquella manana de sabado, dia de reflexion de las elecciones generales, tuve un encuentro inesperado que me devolvio gran parte de la memoria. Entre por casualidad en la libreria Antonio Machado y alli, hojeando un libro en la mesa de novedades, estaba Vicki Lobo en compania de un adolescente con cara de aburrido. La salude con cierto rubor y durante unos segundos le analice el fondo de la mirada, que es el lago donde se ahogan todos los suenos. Despues de expresarnos la mutua sorpresa, decidimos tomar algo en el bar de la esquina. El antiguo pub de Santa Barbara ya habia desaparecido. La madera verde de su puerta estaba llena de telaranas. Habiamos envejecido cada uno a nuestra manera, eso era evidente, pero se veia que esta mujer ya no era aquella que apoyaba todas las causas perdidas sin dejar de cabalgar la noche mas acrata y roja para convertirse al final de su rebeldia innata en una concejala del PSOE. Bastaba con verla vestida de Valentino. Habia dejado la politica. Fue lo primero que me dijo. «?Y tu galan, el heroe de las ondas?», le pregunte. «Un soplapollas, como sin duda pensaras, si lo ves en television. Espera que Aznar, si gana, le de un cargo.» Aquel intelectual de moda, acrata troskoerotico, ahora tenia la barba entrecana y el pelo tenido de negro azabache, las ojeras operadas y la papada tambien acuchillada, y de esta forma daba doctrina en tertulias de la television y de la radio donde liberaba toda la bilis negra contra Felipe Gonzalez y los socialistas, como unica obsesion.

Вы читаете Aguirre, el magnifico
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату