habia abjurado del marxismo; Carrillo y Pasionaria habian dejado el estalinismo; Fraga trataba de hacerse olvidar el fascismo; Ramon Tamames, en vista del fracaso del comunismo, habia comenzado la carrera loca hacia la derecha dejando atras las verduras de la ecologia. Por ironias del destino, al estalinista Jorge Semprun, que en 1956 se jugaba el pellejo en cada viaje clandestino a Espana desde Paris para organizar la huelga general que iba a abrir las puertas de la libertad segun los suenos de estos jovenes, la huelga general del 14-D de 1988 le pillo por la espalda siendo ministro socialista de Cultura. Jesus Aguirre habia dejado de ser cura y se habia convertido en duque de Alba. Solo Ordonez sabia por donde iba a pasar la carretera de la democracia y puso su tenderete al borde de la cuneta y ya no se movio desde que dimitio del INI al dia siguiente de que el regimen ajusticiara a garrote al joven anarquista Puig Antich.

Despues llegaria la expropiacion de Rumasa y la fuga de Ruiz Mateos, el secuestro de Segundo Marey por parte del GAL, el aceite de colza, la desaparicion del Nani, mas asesinatos de ETA, Alaska y los Pegamoides, los primeros ordenadores, los bandos arcaizantes de Tierno Galvan, las noches de Rock-Ola, de la discoteca El Sol, de Tip y Coll en Picadilly. E incluso la muerte del propio Tierno Galvan y su entierro espectacular, para el cual se alquilo la carroza que Dracula sacaba los domingos. Un millon de madrilenos le hicieron pasillo en su camino hacia el cementerio de La Almudena, y en los bordillos de las aceras lloraban los travestis con el rimel corrido.

A Jesus Aguirre habian comenzado a caerle academias encima de la chepa. Ingreso en la de Bellas Artes en 1984 y el discurso no verso sobre la raza del perro del cuadro de Goya que aparece a los pies de la primera Cayetana con un lacito rojo en la pata, sino acerca del descubrimiento que realizaron a medias el y su mujer de un paisaje de Ribera, un cuadro en apariencia anonimo lleno de polvo colgado en un pasillo de su palacio de Monterrey. La elocucion de Aguirre fue un encendido elogio del fino olfato de la duquesa para levantar esta clase de piezas de la propia pinacoteca. En la Real Academia de la Lengua ingreso en diciembre de 1985. El discurso verso sobre el afrancesado conde de Aranda, titulo que ostentaba ahora el propio Aguirre. Despues del acto el duque invito a una cena en Liria a todos los academicos. Desde una pizzeria algunos amigos le llamamos a palacio haciendonos pasar por Camilo Jose Cela. Nadie contesto al telefono. Cela habia dicho: «Que disfrute de su sillon este escritor de prologos».

1986

El intelectual de la Escuela de Francfort se niega a ponerse zahones monteros y botas de ancas de potro. Por este motivo partio hacia lalocura

Ir a la Feria de Sevilla con una gastritis de primavera y tener que pedir un vaso de leche en la caseta mientras a mi alrededor andaban todos borrachos de manzanilla y verme obligado a bailar sevillanas brazos arriba como el que recoge peras de un manzano fue para mi una experiencia mas dura que ir de corresponsal a una guerra. En plena Feria de Abril, Sevilla olia a zahones sudados y a elegante boniga de jaca. Tenia que llamar al duque de Alba. El camarero me ofrecio la ficha de telefono. «?Esta el duque?» «Un momento. No se retire.» Mientras la llamada recorria los salones del palacio de Las Duenas hasta llegar al nido de tapices donde sin duda estaria el, en aquel cafetin de la calle Sierpes me hice lustrar los zapatos, como un senorito, por un limpiabotas granadino, que no ceso de contarme fatigas: «Esto de la feria es como ir a la vendimia. O peor. Solo de Granada hemos llegado doscientos limpiabotas a Sevilla. Ademas de mil personas que solo vienen a pedir. Gente pobre, ?sabe usted? Lo malo es la noche, cuando cae el frio y te quedas tieso. Yo duermo tapado con unos cartones de embalaje detras de los carromatos de la feria, en la vaguada del ferrocarril. Tendria usted que verlo. Hay mas de quinientos mendigos tirados en el suelo. A veces llega la policia y nos echa los caballos encima. Y si alguien abre el pico, se lo llevan por delante. El ano pasado unos senoritos prendieron fuego a aquello y tuvimos que salir a toda leche». Tratando de hacer un poco de sociologia, pregunte al limpiabotas: «?Usted sabe quien es el duque de Alba?». Sin levantar el rostro del cepillo el hombre contesto: «Ese es un gitano senorito de verdad, de los de antes. Tiene mucho arte».

Desde el cielo artesonado del palacio de Las Duenas volvio por el telefono la voz del sirviente que gobernaba la centralita. «Oiga.» «Si, digame.» «El senor duque le invita encantado a tomar cafe a las cinco en punto de la tarde.» En Sevilla cada cosa estaba ese dia en su sitio: el duque en el palacio, el toro en el chiquero, el matador en el vestibulo del hotel Colon, el limpiabotas a los pies del senorito, el turista en el coche de caballos, la gente en el paro, el jamon en la barra, el puro en la boca, el clavel en el ojal, la gitana pidiendo limosna, el polvo en la feria.

A media manana la calle Sierpes estaba bajo un sopor de churros y el ruido de las cucharillas de desayuno. Los turistas arrastraban los pies hinchados por alli entre gitanas con claveles, carteles taurinos, giraldas de plastico, sombreros de capataz, vendedores de loteria, retratos de la Macarena y banderillas con los colores de la bandera espanola. En el aire de Sevilla se oia un campanilleo de coches de caballos. Tuve que hacer tiempo hasta las cinco en punto de la tarde, la hora taurina y lorquiana en que me iba a recibir el duque de Alba en su palacio. Me entretuve contemplando el tejemaneje de unos trileros «hasta que no pude resistir la tentacion de entrar en el juego. Perdi con mucho gusto mil pesetas solo por averiguar que se sentia en carne propia al ser estafado. Habia tres cascaras de nuez. ?En cual de ellas escondia aquel tipo el garbanzo? Estaba y no estaba. Existia y no existia. Parecido al juego de los trileros era el misterio de la Santisima Trinidad y la vida trivalente de Jesus Aguirre.

En el real de la feria habia una luz pastosa de resaca, las cubas regaban el albero y las furgonetas de reparto descargaban hectolitros de manzanilla para reponer el nivel de los abrevaderos agotados. A esta hora los verdaderos senores dormian la mona segun la tradicion, mientras la servidumbre barria el pastizal de la juerga anterior. En la Feria de Sevilla, si alguien estaba en pie a las once del dia se podia decir que no era nadie, un turista rubio interpretando un callejero, un guardia de la circulacion, un repartidor de ensaimadas, un empleado de la funeraria en acto de servicio, un borracho extraviado que no lograba dar con el hotel. Pero en 1986 la Feria de Sevilla ya habia sido desacralizada y Alfonso Guerra decia que habia que alquilar pollinos para que se pasearan los obreros por el real mezclados con las jacas de Osborne. Era el tiempo en que los socialistas se dividian en dos: los que llevaban un panuelo con cuatro nudos en la cabeza y los que habian tomado al asalto la fascinacion de los veranos en Marbella junto a Gunilla von Bismarck.

En la Feria de Sevilla tambien tenia caseta el Partido Comunista. A esa hora intempestiva de media manana, mientras por el ferial se pasaba la escoba, en la caseta del Partido Comunista ya estaban todas las mesas repletas de jornaleros sonrientes y recien lavados, alineados frente al fino San Patricio como en un bautizo. Unas criaturas bailaban sevillanas al ritmo de palmas, que batian unas madres muy ibericas. Un responsable subio a la tarima y reclamo silencio por el microfono para anunciar que a continuacion un camarada poeta iba a recitar unos versos en honor de Dolores Ibarruri.

El palacio de Las Duenas esta situado en el casco antiguo de Sevilla. A las cinco en punto de la tarde un amable servidor me abrio la cancela. Entre setos, macizos de hortensias y madreselvas, por un camino dorado con albero, llegue al primer zaguan, cubierto de esteras, coronado con cornamentas y trofeos de caza, que daba entrada al patio mudejar. El criado iba delante. Habia un silencio de mirlos y fuentes que se derramaban en las tazas, una claridad matizada de fresa entre los arcos aljamiados. La amplia escalinata de madera y azulejos llevaba a la galeria, amueblada con tresillos, mecedoras, mesas y jarrones del siglo XVIII. El criado senalo una butaca. «Espere aqui, por favor. El senor duque no tardara en salir.» Durante la espera me puse a imaginar la vida de este personaje como la encarnacion humana de un rio, pero no del rio que va a dar a la mar que es el morir, segun los versos aciagos de Jorge Manrique, sino del rio de Heraclito, en el que uno no se bana dos veces y que en este caso ha desembocado en un palacio de Sevilla. Conducidas sus aguas claras, oscuras, turbias por la azarosa y turbulenta orografia de Jesus Aguirre, la inclusa de Madrid, los altos de Comillas en Cantabria, los lagos de Baviera, el laberinto de la teologia atravesado con un aire mundano, los libros, los titulos, las fiestas de la cultura, los palcos del Teatro Real, la caceria de cisnes, una corriente de barro que conlleva pepitas de oro. No sabria explicar lo elegante que es este palacio adonde fue a desembocar este ser acuatico.

El palacio tiene siete patios con palmeras, limoneros, cipreses, paredes con buganvillas y rosales rampantes hasta el tejado. Baste con decir que si el establo de las muias y caballos, tal como esta, sin tocar nada, lo convirtieran en un bar del barrio de Salamanca seria el bar ingles mas elegante de Madrid. Cuando meti alli la nariz exhalaba un aroma de boniga mezclado con perfume de Nina Ricci.

El duque de Alba estaba posando para un retrato de Enrique Segura, abajo, en un gran salon artesonado, a la

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