La tarde en que Juana me conto su infarto, al salir de su despacho habia en la sala un barbudo alucinado bajo los focos mirando cuadros en medio de ese silencio sospechoso que exhalaba la crisis. Le acompanaba una chica, que en el primer momento estaba de espaldas. Hacia tiempo que los coleccionistas habian dejado la pintura en las paredes de las galerias a merced solo de estetas pobres, barbudos puros e intelectuales con morral y bufanda. Cuando se dio la vuelta descubri que aquella chica era Vicki Lobo, la arqueologa. Despues de diez anos su cuerpo habia madurado y por la forma de sonreir supe que su alma tambien habia perdido aquella fiereza tan espontanea, pero seguia igual de atractiva. Me presento a su pareja, un intelectual que empezaba a estar de moda en la radio. Ella habia dejado la arqueologia. Tenia un cargo, era concejala socialista o algo parecido en una ciudad del extrarradio de Madrid. Bromee diciendo si estaba dispuesta a desenterrar muchas momias. Me contesto que un dia habia intentado desenterrarme a mi y que no lo habia conseguido. Sabia que no habia escrito el libro de Azana, pero me veia bien y leia mis articulos. «?Donde has pillado a este novio?», le pregunte. «Una manana al despertar me lo encontre en mi cama. Es estupendo, divertido, un poco loco, eso si.» Su pareja se echo a reir. «?Y adonde han ido a parar Mao, Trotsky y toda aquella gente?» «Vete a saber. Ahora estoy consagrada a San Felipe Gonzalez», contesto la chica con el mismo fervor de neofita.

A su companero lo tenian cercado los hermosos canibales de la radio y este intelectual se cocia a fuego lento. Por las mananas se desayunaba con un bocadillo de optalidones para estar a la altura de si mismo y hacia esfuerzos desmesurados por aplacar a esos cazadores de cabezas que querian saber su opinion sobre la empanada de lamprea, el desembarco en las Malvinas, las elecciones generales, la receta de jabali con vino de Burdeos, la estocada fallida con que homenajearon al Papa en Portugal. A su lado, en la mesa redonda del locutorio, a veces se encontraba con Aranguren enchufado a unos cables por las orejas, por la nariz, por la boca para extraerle cada opinion del fondo de las entranas.

La pareja de Vicki Lobo pertenecia a la escuela clasica. Era un borracho escueto, con tres porros de marihuana al dia, al que se le veia salir del supermercado de la esquina abrazado a una bolsa de botellas dando la imagen moderna de alcoholico neoyorquino. A los cuarenta y tres anos estaba en plena gloria, habia sido bendecido por Aranguren como la revelacion de la temporada, a medias con Agustin Garcia Calvo, que predicaba la buena nueva de la modernidad en un cafe cantante de la plaza del Dos de Mayo. Por ejemplo, aquella manana lo habian llamado de la Cadena Ser para hablar de su ensayo sobre Walter Benjamin, en medio de un concierto de baterias de cocina, pisos en Leganes y jabones de tocador, y el intelectual de moda, convertido en otra cacerola mas para amas de casa por la voz torrencial del locutor, tuvo que soltar algunas bobadas. «Dinos algo sobre el Papa.» El intelectual respondio: «Me gusta. Sobre todo cuando besa aeropuertos. Da muy bien arrodillado sobre una charca de queroseno. Es como si esnifara una raya de farlopa». Otra pregunta: «?Que pescado prefieres?». «El torpedo bajo la linea de flotacion.» «Y que pajaro.» «Cualquiera del Gobierno.» ?Guauuu! Dubidu, dubidu. Marcha, mucha marcha. Estamos en el aire.

Hacia un par de anos que la mujer se habia largado con otro y, despues de vivir a solas con una perra cocker, ahora su territorio estaba invadido por una arqueologa llamada Vicki Lobo, que se proponia desenterrarlo. En las noches de insomnio se habia hecho un diseno de si mismo. Habia que hacerse experto en vinos y practicar la nueva cocina para poder colocar en medio de una conversacion de neomarxismo la receta del besugo con habas o aludir a la cosecha del 72. Se habia acabado eso de ligar, ligar, ligar con esas chicas que se le restregaban al salir de la conferencia. Habia que ser duro y tener pegada. Odiaba a los intelectuales de culo gordo, que olian a cerrado. Socrates ensenaba filosofia bajo la higuera, pero ahora estaban los chicos de la prensa, los cazadores de cabezas en la radio, los bares de Malasana por la tarde, los abrevaderos nocturnos de Oliver y Boccaccio, el pub de Santa Barbara, y Carrusel, en cuya puerta de madrugada las chicas se pintaban los labios reflejando su rostro en los tubos de escape de las motos Harley Davidson. La nueva filosofia se habia posado sobre el capo de los coches y el tenia que percutir todos los dias desde los medios de comunicacion para abrirse paso entre aquella pandilla de borrachos que se disputaban la gloria al amanecer.

El novio de Vicki me dijo: «Se que conoces a Jesus Aguirre. ?Podrias presentarmelo? Necesito hablar con el para cuadrar mi ensayo». Le conteste que el palacio de Liria tenia mas murallas que Jerico. El duque era inaccesible. «Entonces le pedire ayuda a Aranguren para que detenga el sol en plena batalla. Estoy escribiendo sobre la Escuela de Francfort. Walter Benjamin habia pasado algunas temporadas en Ibiza en los anos veinte y el duque tiene alli una residencia. Tal vez durante unas vacaciones de verano podria hacerle una entrevista a la sombra de una higuera y recorrer juntos el paisaje y la casa de San Antonio donde habito.»

Las chicas de los anos ochenta se iban a comprar tabaco y ya no volvian a casa. Eran sanas y eficientes, cogian los bartulos y dejaban al marido sentado en el sofa y le llamaban desde el aeropuerto para decirle que en el frigorifico encontraria unos huevos con bechamel, que se los tomara a su salud porque ella se habia enamorado de un italiano y estaba en la

sala de embarque de Barajas con un pasaje para Florencia. Aun quedaban machistas clasicos que creian que las mujeres eran maquinas lloronas y encremadas, con dos biberones colgados de las costillas delanteras, obligadas a hacer canelones para los ninos y ponerse monas en la peluqueria para la noche del sabado. Eso se habia acabado. Los cuarentones neuroticos ahora tenian companeras progres interiormente rebeladas que hacian el supremo esfuerzo de ponerse el delantal en la cocina. Ellos acariciaban en secreto la idea de divorciarse y no hacian sino darle vueltas a esta neurosis anos y anos; en cambio, ellas una tarde metian el cepillo de dientes en el bolso y se esfumaban sin gritos ni traumas. Despues venian unos meses en que el intelectual se despertaba cada manana con una chica distinta cuyo nombre ignoraba. La habia pescado de madrugada en cualquier garito que tampoco recordaba o tal vez en una gasolinera.

El intelectual de moda llevo a Vicki Lobo al cafe cantante de Malasana donde a media tarde, antes de que llegaran los clientes apaches de la noche, predicaba Agustin Gacia Calvo. Antes de que abriera el local habia jovenes barbudos apoyados en las fachadas con un libro bajo el brazo esperando, y llegaban mas adictos que se sentaban en el capo de los coches, se saludaban entre ellos con sus nombres y esperaban con pasividad de neofito a que algun sacristan descorriera la cerradura del santuario de la logica.

A la hora convenida se abrieron las puertas del cafe y los discipulos pasaron a ocupar sillas y divanes con la cadencia y el silencio con que se llena un aula. Era un publico joven, dominado por la barba y las lanas contraculturales. Habia de todo. Desde una chica con el pelo tenido de rojo como una borla de cardenal o la pasota con sombrero de mormona y flecos de reina comanche, hasta el senor suizo con pinta de fabricante de manteca o el muchacho lavado que lleva en la cara una dulzura de alumno predilecto. Era una parroquia desigual de discipulos de la universidad, gente nueva, oyentes curiosos, clientes turisticos, unificados por dentro con la devocion al maestro de la contracultura. Una musica de organillo comenzo a sonar sobre el cenaculo para amenizar la espera.

Y de pronto se presento Agustin Garcia Calvo con las vestiduras de la revelacion, con su bigotazo de herradura y la melena flamigera. Venia con gorra de cosaco y camisola abombada de violinista zingaro, polainas de caballista y un cingulo dorado en el lumbar. El heroe iba a hablar del lenguaje como creacion de la realidad, del quantum y el tiempo, de lo continuo y discontinuo. Se produjo un aplauso cerrado antes de que abriera el pico. A continuacion comenzo a emitir conceptos trincados sin aliviarse con alguna concesion a la galeria. El intelectual de moda y Vicki Lobo escuchaban muy atentos con el entrecejo cruzado. La filosofia puede apuntillar a una oveja merina, pero Garcia Calvo tenia la magia de un Anaximandro soltando un discurso bajo una parra, de un Socrates recostado en una escalinata del agora, de un Diogenes dentro del bidon. Por fin el exito habia llegado. Garcia Calvo habia adoptado a este intelectual y a su novia como discipulos. Aquella noche, despues de la charla presocratica en el cafe cantante de Malasana, el joven intelectual y Vicki cenaron en un restaurante del Madrid viejo con unos del cine que querian hablar de un guion. Luego cumplieron el rito como otras veces. A la hora en punto entraron en Boccaccio y se sentaron en el sarcofago de terciopelo. Vicki Lobo levanto la mano al camarero y comenzaron a beber hasta que, llegado el momento, al joven intelectual se le hizo la oscuridad en el cerebro.

Era otono y los socialistas habian llegado al gobierno con mayoria absoluta. En los peluches de Boccaccio se hablaba de que en la fiesta del hotel Palace, Paco Fernandez Ordonez se hallaba en la cola para entrar y los del servicio de orden se negaban a dejarlo pasar porque lo consideraban un sospechoso arribista. Fernandez Ordonez habia hecho con UCD la reforma fiscal y despues impulsaria la ley del divorcio, pero en ese momento tuvo que acudir a los buenos oficios de Vicki Lobo para que un idiota le franqueara el cordon sanitario hacia el interior del Palace, donde Felipe Gonzalez y Alfonso Guerra estaban a punto de salir a la ventana con el puno en alto para proclamar la victoria. Luego, en el gobierno socialista, Fernandez Ordonez seria el mas coherente socialdemocrata, el unico que no habia cambiado de chaqueta. Suarez habia dejado de ser falangista; Gonzalez

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