Eligio la barberia de Raimundo, por lo de los toros. Pero su intencion era recorrer todas las de la ciudad, sin exceptuar la de los comunistas. Lo mismo que todos los cafes, sin exceptuar el Cataluna y el de los radicales.

La primera clase con el profesor Civil fue importante. Al cortar la primera hoja de los libros de Derecho, a Mateo y a Ignacio les parecio que «rasgaban ante sus ojos el velo de la sabiduria».

– De la sabiduria, no -rectifico el profesor Civil-. Pero si del sentido comun. Esta carrera os ordenara el pensamiento.

La prueba de inteligencia a que el profesor Civil los sometio antes de aceptarlos quedo virtualmente terminada en cuanto vio el aspecto de uno y otro, sus despejadas frentes y sus ojos. Por lo demas, si de Mateo no sabia nada en absoluto, en cambio de Ignacio ya tenia referencias, excelentes de todo punto. Y sabia que su padre, Matias Alvear, era un hombre honrado, de tendencia republicana.

Cuando vio el panuelo azul de Mateo se toco las gafas de un solo cristal con ademan clasico de hombre que anda un poco encorvado. Cuando vio el mechero de pedernal dijo: «Caramba, son objetos mas bien de montana, ?no?»

Mateo comento:

– No comprendo que un chisme tan practico llame tanto la atencion.

El profesor Civil vivia solo con su esposa. Tenia dos hijos casados, uno arquitecto y el otro delineante. Le habia costado mucho levantar los dos edificios. Ahora gozaba de la recompensa. Con cuatro lecciones podian vivir, pues sus hijos les ayudaban en lo que les hacia falta. Y tenian nietos rubios, que todos los dias llamaban a la puerta… Por desgracia, a veces llamaban a la puerta a mitad de la leccion.

El profesor Civil ofrecia ventajas como profesor: era minucioso, ordenado y no se echaba para atras en el sillon, acariciandose la barbilla. Era un hombre complicado de pensamiento, pero de vida modesta. Bajito y feo, andaba algo encorvado no por el peso de las culpas sino por el del Derecho Romano, que se conocia al dedillo. Tenia un solo vicio: levantar con frecuencia la tapa del piano y pulsar una tecla, que acostumbraba a ser el sol. Intelectualmente tenia varias obsesiones: los judios, creer que la tecnica haria infeliz al hombre. Se habia negado rotundamente a tener telefono y radio; y no consintio en que su mujer comprara una plancha electrica hasta que se convencio de que el artefacto no hacia el menor ruido. Tambien opinaba que si la ciencia continuaba avanzando sin que paralelamente avanzara en humildad el espiritu del hombre, seria la destruccion.

Una hora de charla le basto para formarse una idea de Ignacio y Mateo. Charlaron de temas muy diversos. Al dia siguiente, empezarian las clases.

Les hablo de la revolucion. Les formulo muchas preguntas en torno a los conceptos de justicia y caridad. A Ignacio aquello parecio fatigarle; en cambio, Mateo dio la impresion de encontrarse a sus anchas. El profesor Civil estaba de acuerdo con Mateo en que las raices de aquel movimiento eran profundas.

– Es logico -intervino Mateo-. Todo lo que ocurre en Espana es profundo.

El profesor Civil hizo un mohin que denotaba escepticismo.

– Este es nuestro defecto -corto-; el enfasis. En realidad, Espana es un pueblo cansado, ni mejor ni peor que los demas.

Mateo se estrecho el nudo de la corbata y dijo que ningun pueblo en el mundo contaba con las reservas de energia con que contaba el pueblo espanol.

– En realidad, quedamos agotados despues de nuestro esfuerzo en America, pero eso paso. Ahora ha sonado de nuevo nuestra hora y solo nos falta recobrar nuestra conciencia de Imperio.

El profesor Civil repuso:

– En Gerona hay un abogado que pierde todos los pleitos de poca monta -desahucios, multas, etc.-, no por falta de competencia, sino porque siempre dice que solo le interesan los pleitos importantes. Excuso decirle la miseria que pasan en su casa.

Mateo replico:

– Por fortuna, Espana no es un bufete de abogado. Profesor -anadio riendose-, me parece que usted y yo vamos a discutir bastante.

El profesor Civil no insistio. Tiempo habria de cotejar los conceptos de cada uno. Se estaba formando una idea de sus alumnos; aunque estaba seguro de que Ignacio era mas charlatan de lo que habia demostrado.

Les pregunto si tenian novia. Mateo contesto que no. Ignacio contesto: a medias. Los dos monos de Ana Maria habian acudido a su mente.

Se levantaron. En el pasillo habia un gigantesco grabado que representaba el Mediterraneo, desde Espana hasta Turquia, con los nombres en latin. El profesor les dijo que algo le hacia lamentar doblemente la decadencia de Espana: el hecho de que Espana fuera nacion latina.

– Porque el pensamiento latino es, en efecto, el unico que puede conducir espiritualmente el mundo. Pero ya lo ven ustedes, estamos en la cola… Luego, senalando Palestina en el mapa, anadio:

– Aunque los grandes responsables del desconcierto son los judios. Son la manzana de la discordia.

La esposa del profesor salio de la cocina para saludarlos, acompanandolos a la puerta. Debia de estar enferma, pues se movia con dificultad, pero su rostro era noble y dulce.

– Bien, hasta manana. Primera leccion. Confio en ustedes.

CAPITULO XXXII

Pilar, en efecto, estaba hecha una mujer, y una mujer esplendida. La sana nutricion y su naturaleza habian hecho de ella una muchacha precoz, exuberante. Casi tan alta como Ignacio, se parecia cada vez mas a Carmen Elgazu. En verano se habia cortado el pelo; ahora, para Ferias, habia compuesto su cabellera a base de ondas o colinas -los ricitos le sentaban muy mal-. Tambien estrenaria un abrigo de entretiempo hecho en el taller, y unos pendientes. Estos pendientes se los habia comprado Matias Alvear a un arabe que paso por Telegrafos cargado de tapices, alfombras y quincalla.

Ignacio continuaba acusandola de no interesarse por nada serio; ella contestaba que elegir un peinado o un abrigo no era ninguna tonteria. Cierto que de su casa no le interesaban ni el calendario de corcho ni la ventana que daba al rio, y a duras penas la imagen de San Ignacio; pero, en cambio, le interesaban su ropero, el balcon que daba a la Rambla… y un diario intimo que habia empezado:

Dia 30 de octubre, ocho de la noche. El ha venido, pero se ha encerrado en el cuarto de Ignacio, a estudiar. Si pudiera hacer un agujero en el tabique…

De la revolucion, no le habia impresionado sino el triunfo de los militares y el relato de la huida del caballo blanco; respecto a su significado, nada. Y referente a lo de Asturias, Ignacio habia observado que aparte el ?que horror! con motivo de la carta del tio de Trubia, se limito a preguntar naderias, como por ejemplo si era cierto que los moros podian tener tantas mujeres como quisieran.

Ultimamente, parecia preocuparse algo mas. En el taller de costura una de las chicas «se habia puesto» con un alferez ayudante en la oficina del Tribunal Militar de Represion. Aquello habia cambiado el rumbo de las conversaciones en el taller. Cada tarde la chica llevaba a sus companeras las ultimas novedades, pues el alferez era el encargado de preparar los expedientes de los detenidos comprendidos entre las letras A y G, expedientes que luego eran revisados por el comandante Martinez de Soria. Parecia imposible que el joven oficial no fuera mas discreto. Conto incluso que «gente muy importante» se habia interesado por Julio Garcia. Cuando Ignacio le rogo a Pilar: «A ver, pregunta a esa chica por los maestros», Pilar contesto: «?Los maestros…? ?Uy, no sabria nada! No estando comprendidos entre las letras A y G, no sabria nada».

Matias opinaba que la noticia sobre Julio, aparte de otros detalles que se iban conociendo, bastaba para descartar definitivamente la idea de que las sentencias serian de muerte. Ya nadie dudaba de este hecho. «Cuando un Tribunal amontona papeles… Lo terrible es un fulminante Consejo sumarisimo.»

La opinion publica era que en Madrid se habian movilizado grandes influencias en favor de los detenidos, lo cual se atribuia a que entre estos se contaban hombres de verdadera importancia, como, por ejemplo, el mismisimo Azana, de quien se decia habia sido encontrado en Barcelona escondido en una alcantarilla, y al cual se acusaba formalmente de haber acudido a Cataluna para preparar el levantamiento.

Otro sintoma que confirmaba la postura de clemencia adoptada por el Gobierno, se desprendia del trato que se daba a los reclusos. La severidad menguaba. En Barcelona, los presos habian sido trasladados a un barco, el Uruguay, y al parecer gozaban de bastantes comodidades. Tal vez en lugares como

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