con frecuencia, a afilar los cuchillos en las piedras de El Escorial. Pilar le oyo embobada y le parecio que comprendia muy bien a Castilla y lo que Mateo queria decir. Le parecio que se explicaba mucho mejor que antes el flequillo de Marta Martinez de Soria, su seriedad y sus vestidos negros. Luego fueron a sacar fotografias de la nevada. ?Subieron al campanario de la Catedral, extrano privilegio! ?Que grandiosidad! Gerona entera a sus pies, la inmensa llanura blanca hasta Rocacorba, el Ter hasta muy lejos, serpenteando. «?Mirad, mirad, alla esta nuestra casa!» ?Como cambiaba de sentido el mundo con solo elevarse cincuenta metros, cien metros! ?Que cerca se oian las campanas -que miedo-, que distinto el aire que se respiraba, que lejos quedaban las cloacas! Todos tenian frio. Nadie pudo encender su mechero, excepto Mateo; Ignacio quedo ensimismado. De vez en cuando volvia su mirada hacia la carcel, luego hacia el angel decapitado. Mateo comento riendo: «?Algun dia pondremos ahi la cabeza de un frances!» Carmen Elgazu se horrorizo; luego dijo, suspirando: «?Que tristes serian las ciudades sin campanarios!» Matias anadio: «Y sin cupulas de Correos».
En el Museo mosen Alberto respiraba satisfecho. Por fin iba a poder reintegrarse de lleno a su labor. Ano nuevo, vida antigua. Sus dos sirvientas se volvian locas de contento. Ahora le tendrian todo el dia en casa otra vez. «?Que Dios se lo conservara!»
Los Alvear recibieron una inesperada visita: Murillo, al salir, fue a dar las gracias a su patron, Bernat, por los cestos de comida, y Bernat le dijo: «Chico, a quienes tienes que dar las gracias es a los padres de Cesar y al chico. Escribele una postal al Collell». Murillo, que habia engordado, subio al piso de la Rambla. Matias, Carmen Elgazu e Ignacio le recibieron en el comedor. «Les agradezco mucho lo que han hecho por mi -les dijo el comunista de la gabardina sucia-, Francamente, no se que hacer para corresponder.»
De pronto vio el Sagrado Corazon presidiendo el comedor.
– Les moldeare dos imagenes -dijo-. Espero que las aceptaran, Cesar me las habia pedido.
– ?Cesar se las habia pedido?
– Si. Un Francisco de Asis y una Clara.
Ignacio, al oir aquellos dos nombres, sintio como si le dieran dos golpes en el pecho.
– ?Se lo agradecemos mucho! -exclamo Carmen Elgazu.
Murillo se fue. ?Por que no tendria el una familia como aquella? ?Por que siempre solo? En la barberia comunista los camaradas le habian recibido como a un hermano. Incluso Cosme Vila le habia dicho: «Camarada, el Partido Comunista local considera tu reclusion como un acto de servicio que has prestado. Te doy la enhorabuena en nombre de todos. Y en cuanto editemos nuestro periodico publicaremos tu nombre»; pero no era lo mismo. Navidad, y solo. «?Y por que aquellos camaradas, teniendo hogar, preferian pasar las Navidades en la barberia? ?Y que diablos hacia Cosme Vila alli? Empleado de Banca, pertenecia a otra clase… Bueno, bueno, de momento tenia que modelar y pintar lo mejor posible un Francisco de Asis y una Clara.»
Era Navidad. En casa de don Jorge se siguieron los ritos tradicionales. Hubo candelabros en la mesa, besos en la frente, hubo misa del Gallo. Las sirvientas recibieron un soberbio obsequio. La esposa de don Jorge queria ponerse zapatillas para andar por el piso, pero lo tenia prohibido. Don Jorge jugo con sus hijos con camaraderia excepcional. Al ajedrez con el heredero, Jorge; a la oca con las tres hijas; construyo una grua con el mecano del benjamin de la familia. Y, sobre todo, ordeno que se respetara la nieve del balcon. La nieve del inmenso balcon de don Jorge seria la ultima de la ciudad en derretirse.
El notario Noguer y su esposa sintieron no tener hijos. Sentados junto a la lumbre, repasaron albumes familiares y hablaron de los anos que llevaban juntos, alcanzando la epoca del noviazgo. Lo mismo le ocurrio a don Pedro Oriol. Don Santiago Estrada permitio que sus hijos le vertieran media botella de champana en la cabeza. Sus ojos, aninados, lloraban de felicidad. Corrio a gatas por el piso, levanto los brazos como un orangutan y persiguio a su esposa por el pasillo. El dia de la nevada tomaron todos juntos el tren y se fueron a La Molina a esquiar.
«La Voz de Alerta» tuvo unas Navidades menos comodas. Su clinica dental se vio abarrotada. Le bajaban clientes de toda la provincia, con un panuelo en la cara. Eran los turrones. El turron despertaba dolor de muelas a los que tenian alguna pieza cariada. Dolores no hacia mas que lavar ropa blanca. «La Voz de Alerta» ensuciaba una bata blanca por dia y cuando llegaba al Casino, agotado, se tumbaba en el sillon y exclamaba: «?Ah, en cuanto la gente me ve se queda con la boca abierta!»
«La Voz de Alerta» habia llevado a la redaccion de
Tocante al comandante Martinez de Soria… su hogar rebosaba satisfaccion. ?Por fin habia terminado la labor del Tribunal! Habia sido una pesadilla. Y ademas… los hijos habian llegado de Valladolid. La esposa del comandante y Marta no cabian en si de gozo. El comandante disimulaba su ternura y miraba a los dos muchachos con cierto aire inquisitivo. Sin embargo, de pronto sonreia y les ponia la mano en el hombro, paseandose de este modo, en medio de los dos, a lo largo del piso, mientras ellos, de vez en cuando, se arreglaban el nudo de la corbata sobre la camisa azul.
Fernando, el mayor, estudiaba ingeniero. Jose Luis, medicina. Algo mas altos que Mateo, algo menos que el comandante. Ambos vestidos de azul marino. A la legua se veia que eran hermanos. Extranamente serios, su madre les dijo: «?Chicos, se diria que andais mal de amores…!» A Marta le gustaba verlos asi. Se tocaba el flequillo y pensaba: Son dos hombres serios. Al comandante le bailaba por la cabeza que tanta seriedad era un poco artificial, Fernando y Jose Luis daban la impresion de hallar a los demas muy frivolos y preocupados por cosas que no tenian importancia. A menudo se dirigian uno al otro miradas de inteligencia como diciendo: «?Ves? Lo que tantas veces hemos hablado». Tenian el cuello delgado y los dedos aristocraticos. En la parte trasera del pantalon cada uno de ellos llevaba un revolver.
Solo el dia de Navidad parecieron estar alegres. Y luego en el dia de la nevada. Se llevaron a Marta de paseo a las Pedreras, para contemplar la blancura del paisaje. La gente los miraba, Marta iba muy orgullosa entre los dos. Jugaron con la nieve como chiquillos. Llegados a un paraje solitario, Fernando, de pronto, saco su revolver y disparo. La bala se incrusto en un arbol. Marta quedo estupefacta. Al regresar hablaron de ello y el comandante les dijo: «?Estais seguros de no ser un par de comediantes?»
El comandante estaba alegre. Ningun remordimiento por la condena de Joaquin Santalo. Lo habia meditado mucho y creyo que era su deber. Por la calle, a veces, sentia sobre si miradas de recelo. Sus dos hijos le dijeron: «Hiciste muy bien. Pero debiste condenar tambien a los cabecillas».
Al comandante le desagradaba el tono de exaltacion con que hablaban sus hijos. Falange le parecia un pequeno tigre que se habia escapado de la jaula con pretensiones a la vez politicas y militares. El era monarquico y pronosticaba que todos acabarian en la carcel. A Fernando y Jose Luis, la monarquia concebida por su padre les parecia corta de alcances. Durante las comidas, la palabra Imperio brincaba por entre los cubiertos, ante el entusiasmo de Marta. Si el profesor Civil los hubiese oido, hubiera pensado: «Mateo no esta solo».
El dia 31 de diciembre, cumpleanos de Ignacio: veinte. David y Olga fueron a visitarle a su casa y se encontraron con mosen Alberto. Pero la entrevista fue cordial. Se hablo de la nieve. En cuanto el sacerdote se despidio, entro Mateo y se vio a Pilar meterse azorada en su cuarto y salir al cabo de unos minutos con los labios ligeramente pintados.
Olga se reia mucho con Pilar. La encontraba muy femenina. Hablaron del ano que acababa de transcurrir. ?Cuantas cosas habian ocurrido! ?Que les reservaria a todos el proximo 1935?
Los maestros espiaban todos los movimientos de Mateo. Ignacio les habia dicho de el: «Tiene un admirable dominio de la voluntad, comparable al de Cesar». David habia replicado: «Terrible epoca, en que las misticas brotan como setas».
Olga, oyendo a Mateo, saco la conclusion de que el muchacho era un hombre casto. Se lo noto en los ojos y en los labios, que era lo unico que a veces le temblaba de su figura. Mateo se despidio muy pronto, pues queria ir al cine con su padre. Al separarse de los maestros, les dio una tarjeta que los dejo estupefactos. «Mateo Santos, victima del pecado original. Gerona.»
– Yo creia que los falangistas no tenian sentido del humor -comento Olga.
Carmen Elgazu y Matias salieron a hacer una visita de cortesia, tradicional, al jefe de Telegrafos, quien se mostraba siempre muy amable con ellos. Y al quedar en el comedor, solos, Ignacio, Pilar, David y Olga, el primero se puso repentinamente serio. Volvio a pensar en que habia transcurrido otro ano y en que Canela le esperaba, a pesar de la festividad. Se sintio desasosegado y le dijo a Pilar: «?Quieres prepararme otro cafe?»
De pronto, viendo que los maestros estaban silenciosos, jugando con migas de pan que habian quedado en la mesa, les pregunto:
