consolara, que le diera animos para empezar una nueva vida. Cesar le habia hablado tantas veces del vicario, que no vacilo.

Entraron en el templo y no habia nadie. Ignacio se arrodillo y Carmen Elgazu fue ella misma a la sacristia. Alla estaba mosen Francisco, que llegaba de un entierro. Dos hombres le esperaban, no se sabia para que. «Soy la madre de Cesar. Mi hijo mayor, Ignacio, esta ahi. Quiere confesar con usted.» Mosen Francisco abrio sus grandes ojos con entusiasmo. «?Es usted la madre de Cesar!» Le estrecho la mano con las dos suyas. La miraba con gran curiosidad y afecto. «Voy enseguida. Dejeme despachar a ese par de granujas.» Los dos hombres sonrieron. Cada vez que le veian salir para un entierro le esperaban luego en la sacristia y le pedian un par de pesetas.

Ignacio se preparaba como mejor podia, el rostro entre las manos. Estaba dispuesto a hacer una confesion general. Su madre le dijo: «En seguida te atendera». Cuando el muchacho vio que el vicario salia de la sacristia y se arrodillaba un instante para rezar y luego se encerraba en el confesionario, el corazon le dio un vuelco. Se levanto y echo a andar. Entonces fue Carmen Elgazu quien se llevo las manos al rostro.

?Que confesion! Fue algo perfecto. Cierto que el vicario le facilito mucho la tarea: parecia que le iba leyendo el espiritu. Era su gran «experiencia de confesor». Le arranco hasta la ultima verdad, sin que Ignacio se diera cuenta. Insistiendo sobre las circunstancias. El confesionario estaba en un rincon, una cortina morada caia sobre la espalda de Ignacio, ocultandole la cabeza.

En cuanto el muchacho hubo hablado y dijo: «Eso es todo», el sacerdote hizo un gesto de familiaridad, que establecio una corriente de optimismo.

– Bien, ya lo ves. Eres un poco rebelde. Pero no te desanimes. Todos cometemos barbaridades: ahora yo acabo de escatimar una peseta a un par de pordioseros. Te costara mucho vencerte; te costara tanto como me cuesta a mi. Pero no te desanimes. Se trata de que pongas un poco de orden en tu vida, que no te des por vencido. Lo terrible es el habito de pecar. Se adquiere el habito de pecar como se toma el habito de cualquier otra cosa.

»Soy muy joven para darte consejos. Sin embargo, voy a decirte lo que pienso, ya que has tenido la amabilidad de venir, ya que Cristo te ha tocado el corazon. Primero, basta de mujeres. Trata de resistir un mes, dos. Te costara mucho y algun dia diras: «?No puedo mas!» Cuando eso ocurra procura resistir unas horas, unos minutos aun. A lo mejor en ese ultimo minuto llega el milagro. Y si no llega, pues… lo dicho: a confesarte cuanto antes, conmigo o con otro. El recuerdo de la enfermedad puede ayudarte; pero no mucho, no creas. Los hombres escarmentamos muy poco. Yo creo poco en el miedo, creo mas en la hombria.

»Y luego, procura ordenar tu vida. No estaria de mas, creo -y no te sorprendas por lo que voy a decirte-, que hicieras algun ejercicio violento. Jugar a algo, o hacer gimnasia. Y desde luego, ducharte con frecuencia. La higiene me parece esencial. Para ordenar tu vida creo que dispones de todo lo necesario, segun me has contado. Trabajas manana y tarde, luego clase; despues de cenar, estudio. ?Que mas quieres? Ya veras que es solo cuestion de sacar provecho de esas obligaciones. Yo te aconsejaria una cosa, que a lo mejor te parecera que no tiene nada que ver: una cura de silencio. Prueba, ya me diras el resultado. Procura pasar unos dias, unas semanas, hablando lo menos posible. Trabaja en silencio en el Banco, estudia en silencio, economiza cuantas palabras puedas. Ya veras los efectos. En seguida te sentiras mas sereno. Veras que prestas atencion, que ves las cosas mucho mas claras. Las palabras distraen mucho, no puedes imaginar. Hay hombres que, oyendolos hablar, creerias que son enemigos. Y en el fondo estan de acuerdo, sin que ellos mismos lo sepan. Otros, en cambio, hablan creyendo que se comprenden, y en el fondo continuan siendo irreconciliables.

»Sobre todo, esto que te digo: la atencion. Pon atencion a cuanto hagas, a cuanto oigas. Tambien descubriras mundos nuevos. Los trabajos mas humildes te ensenaran algo. Atencion a los objetos de tu casa, a los sucesos del Banco, a lo que ves por la calle, a cuanto te rodea. No hay nada ni nadie que no pueda ensenarnos algo. Ahora te ocurre como a la mayoria: no fijas tu atencion. Nos movemos como automatas. Y no es eso. Hay que reflexionar. Cuando oigas una teoria no digas: ?Mentira! Piensa que hay miles de cerebros que han pensado sobre ella antes que tu. Y tampoco digas: ?El Evangelio! Evangelio no hay mas que uno: amar a Dios y al projimo.

»Si prestas atencion -y no creas que todas estas teorias son mias: son de San Agustin-, descubriras matematicamente algo muy importante: la armonia. Te daras cuenta de que todo tiene armonia, de que todo forma parte de un conjunto armonioso. Los mismos sucesos que a primera vista sorprenden, comprenderas que son logicos, que contribuyen a algo armonioso y grande. Descubriras la armonia en los mas pequenos detalles. Y esto te ayudara mucho a ordenar tu vida cotidiana. Tu espiritu se sentira fortalecido, formando parte de ese conjunto armonico.

»En cuanto a otros consejos practicos… no se que decirte. Creo que ya falta poca cosa. En realidad, tal vez debieras hacer honor a la familia que Dios te ha dado. Quiero decir… ?que se yo!, unirte a ella, sin que ello signifique que tengas que hipotecar tu libertad. Pero en fin, no cuesta nada jugar alguna partida de domino con el padre: e incluso salir algun dia de paseo con la madre. Acompanarla alguna vez.

No sabes la alegria que les proporcionaras. Es algo de lo que no tenemos idea. Luego da buenos ejemplos a tu hermana. No la conozco, pero tengo la impresion de que haces como la mayoria de los chicos: no la tomas muy en serio. Y en realidad no hay ninguna razon para ello. Muchas veces las hermanas, en momento de dificultad, nos producen grandes sorpresas. Esto lo se por experiencia.

»Me has hablado de los amigos… Chico, en eso yo no soy quien para meterme. Tu los conoces y sabras escoger, o saber que hacer con ellos. Solo te aconsejaria que por lo menos eligieras, entre tantos, uno con ideas cristianas. Eso de apartarse de las malas companias tiene un aspecto antipatico, cobarde. En realidad ?que quiere decir? Porque, si todo el mundo cumpliera este consejo muchos nos encontrariamos solos, abandonados. Lo que hay que hacer es dar ejemplo a cuantos nos rodean. Tu tienes ocasion de hacerlo; fuerza no te faltara, si quieres.

»En cuanto a las ideas politicas, ni hablar. En eso aun puedo meterme menos. Entiendo muy poco de politica. Solo te aconsejaria volver a lo dicho: ante cualquier doctrina, hay un metodo infalible para aquilatar su valor: la armonia. Conoceras el valor de las doctrinas por su armonia.

»Bien, creo que ya basta. Si quieres, ven a verme otras veces. Siempre me encontraras. Cuando quieras. Y reza cada noche por lo menos tres avemarias. No te olvides de eso: es esencial.

»Ahora, en penitencia… rezaras… Una, una sola avemaria. Pero… empezando a cumplir con lo dicho: procura rezarla con atencion. Y veras como en este simple acto descubriras que te sientes mucho mejor.

Hora y media. Exactamente hora y media le costo confesarse. Al levantarse del confesionario, las piernas le temblaban mucho mas que antes y las rodillas le dolian como si le hubieran incrustado granos de arena.

Se arrodillo ante el altar del Santisimo, oscuro, y rezo el avemaria, inclinada la cabeza. Y luego busco a su madre con la mirada. Carmen Elgazu disimulaba su felicidad. Durante la hora y media iba pensando: «?Gracias, Senor!» A cada minuto que transcurria pensaba: «Que dure, que dure…»

Salieron los dos: el la cogio del brazo. Al echar a andar, se sintieron protegidos por un gozo mutuo y solemne. Empezaba a oscurecer y hacia frio. Ignacio, con su mano derecha, apretaba el antebrazo de su madre: los altos tacones de esta resonaban sobre el empedrado crac-crac, crac-crac.

CAPITULO XLV

En aquellas vacaciones de Navidad, no quedaron en el Collell mas que algunos catedraticos y los criados. Cesar se habia pasado la noche del 31 de diciembre practicamente en vela, arrodillado, y quiso esperar despierto a que en el monasterio sonaran las doce campanadas. Tan intensamente se sumergio en la meditacion del momento, que le ocurrio algo extraordinario: no solo no se acordo de Ignacio -de su cumpleanos-, sino que ni siquiera oyo las campanadas. Cuando volvio en si, era el alba. Se encontraba en 1935.

Su profesor de latin llevaba unas cuantas noches atento a la vigilia de Cesar, que en aquella ocasion alcanzo el maximo. Este profesor era un experto en problemas de ascetismo y misticismo. Queria escribir una Antologia de autores ascetico-misticos espanoles, ?y habia descubierto que las obras pasaban de tres mil, solo en la Edad de Oro! Franciscanos, dominicos, agustinos, carmelitas, jesuitas, etc… autores no pertenecientes a Ordenes Religiosas, como Servet. Encabezando a los ascetas, Fray Luis de Granada y Fray Luis de Leon; encabezando a los misticos, Santa Teresa y San Juan de la Cruz.

El profesor creia ver en Cesar huellas de misticismo, y se decia que acaso en sus rezos, de intensidad creciente, se acercaba sin saberlo al estado extatico. Cualquiera de los fenomenos corporales concernientes a los

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