extaticos -elevacion del suelo, aureola luminosa, emision de perfumes o presencia de estigmas-, lo juzgaba posible en el seminarista. No olvidaba que Cesar, de pequeno, al andar parecia que saltaba.
En todo caso, en aquel 31 de diciembre el profesor se paso la noche entera vigilandole por el ojo de la cerradura, soportando el frio intensisimo del corredor. Pero Cesar permanecio arrodillado e inmovil… No se acosto ni un momento, y cuando oyo la campana salio para lavarse.
En la sacristia, despues de la misa, el profesor se le acerco y le interrogo sobre el particular. El muchacho abrio los ojos atonito y asustado.
– ?He faltado al reglamento? -pregunto.
El profesor le contesto que eso no importaba.
– Lo que me interesa saber es si te sientes fatigado.
– No… Ciertamente… no.
– ?Que meditabas?
– Pues… pedia perdon.
– ?Experimentaste… algun consuelo especial?
Cesar se paso la mano por la rapada cabeza.
– Pues… no se, padre. Hubo un momento… Una gran paz.
El profesor le tiro de la oreja y le aconsejo que no abusara. «Tienes que dormir. Piensa que no eres fuerte.»
Una gran paz. El hombre entendio que Cesar cruzaba las vias del ascetismo, pero que por el momento no habia recibido ninguna manifestacion mistica, de matrimonio espiritual. Pero estaba seguro de que las recibiria un dia. Y entonces, dichosos los que hubieran estado a su lado.
Cesar se habia turbado mucho con las preguntas: hasta el dia de Reyes, estuvo en la enfermeria; el dia de Reyes, las monjas le pusieron dentro del zapato un libro sobre la estigmatizada Teresa Neumann y una bolsa de caramelos. «Te lo ha dado el Rey negro.» Las monjas sabian que Cesar le tenia al Rey negro un carino especial. Veia en el el simbolo de que el cristianismo no distinguia entre colores y razas. El muchacho se llevo los regalos a la celda, y se paso el dia leyendo el libro, de cabo a rabo, y comiendo caramelos.
A la manana siguiente mando a Pilar los que aun quedaban en la bolsa y el libro a Ignacio. «Leelo -le dijo a este-. Ya veras que prodigios mas grandes. ?Y Teresa Neumann vive aun, en Konnersreuth! Y uno de mis proyectos es ir un dia a verla…»
Las fiestas habian terminado para todo el mundo, en el Collell y en la ciudad.
Los hijos del comandante Martinez de Soria se habian marchado la vispera de Reyes. Mateo habia sido su inseparable camarada, ademas de Marta. Juntos habian visitado a Octavio Sanchez, quien resulto en efecto un simpatizante de Falange. El empleado de Hacienda -andaluz, que ceceaba con mucha gracia- escucho con atencion a los tres muchachos y al final, dirigiendose a Mateo, le dijo: «Cuenta conmigo», en tono escueto y prometedor.
Luego… la ciudad reemprendio su vida y su muerte. La tregua habia terminado.
E inmediatamente aparecio con claridad un hecho: el paro forzoso roia como un cancer la base de muchas familias. Metalurgia, construccion, la gran fabrica Soler -cintas y productos de goma-, Industrias Quimicas y tartaricas, las imprentas, en todas partes decian: solo tres jornales, solo dos. Muchos obreros recibian una papeleta: «Hasta nuevo aviso». Las fabricas de bebidas veraniegas morian de frio; las de alpargatas, debido al mal tiempo, no vendian nada. Las perfumerias contemplaban intactas sus inmensas garrafas. ?Hasta las viejas que vendian castanas -en verano mantecados- se quejaban! En la provincia, Portugal daba golpes mortales a la industria del corcho. En el resto de la nacion, David y Olga no habian mentido: setecientos mil obreros parados.
El bar Cataluna estaba abarrotado de hombres sombrios lo mismo que el cafe Gran Via. Algunos habian invadido el fondo del Neutral. En las barberias nadie tenia prisa. Obreros acostumbrados a madrugar se quedaban en cama hasta las once. Luego entraban en la cocina, dando un empujon a su mujer.
Solo los Costa hicieron algo para remediar la situacion. No solo no despidieron a nadie, sino que, utilizando las energias acumuladas en la carcel, inauguraron, contiguo a las canteras, un taller de marmolista para labrar las lapidas del cementerio. Ocuparon a tres hombres: un muchacho llamado Pedro, de una gran timidez, que habia ido a pedirles trabajo; un tipo gordo -Salvio de nombre- que resulto ser el novio de Orencia… y Bernat. Bernat, dueno del taller de imagenes.
En efecto, uno de los afectados por la gran crisis habia sido Bernat. Imposible continuar. Cuando vio que en la revolucion de Octubre las iglesias no ardian se considero perdido. En los Bancos le retiraron el credito. «Otra revolucion sera.»
Bernat labraba ahora lapidas de cementerio como simple jornalero, junto a Salvio y Pedro, clientes uno y otro de la barberia comunista. Y si por alguien lamentaba el cierre del taller era por Cesar.
Los Costa tuvieron otro rasgo aun: decidieron construir el inmueble de siete pisos, para aliviar el paro en la construccion. Encargaron el proyecto a los arquitectos Massana y Ribas, que colaboraban habitualmente.
Cuando su hermana Laura fue a pedirles explicaciones, le contestaron:
– Hay una razon que esperamos te convencera: nos casamos.
– ?Como…?
– Como lo oyes. Nos casamos.
Era cierto. No se casaba uno solo, sino los dos. Con dos hermanas, hijas de un importante arrocero del pueblo de Pais. Laura quedo perpleja. A los muchos amigos que les felicitaban y luego les pedian que les reservaran uno de los pisos del inmueble en construccion, los industriales contestaron: «Los pisos que querais, excepto entresuelo y principal. Estos son para nosotros. Y el primero para Laura, si acepta…»
Para redondear su accion benefica, a los Costa no les faltaba sino que se diera el permiso de reapertura de los locales politicos clausurados. Pensaban dotar a Izquierda Republicana de una serie de comodidades, para reagrupar a los afiliados. Sin embargo, el permiso no llegaba de momento.
La clausura originaba que el paro obrero apareciera mas espectacular, que los afectados se sintieran mas indefensos. Segun estadistica, eran 343 los obreros sin trabajo. Muchos hombres para una ciudad como Gerona. ?Que hacer en todo el dia?
Surgio un hombre, decidido a amenizar la situacion: el coronel Munoz. El coronel Munoz, al ver a los parados aburridos por calles y cafes, se dijo que era preciso imaginar algo. Algo para distraerlos, y al mismo tiempo para hacerlos aprovechar el tiempo, para instruirlos.
Empresario de espectaculos, dio con la solucion. Para instruirlos organizo la proyeccion gratuita de documentales de cine en el Albeniz; para distraerlos, sesion diaria, a precios populares, de boxeo y lucha libre.
Los obreros acudieron en masa a ambos espectaculos, y su reaccion ante uno y otro fue entusiasta. Los documentales les impresionaron mucho. Los tres hombres-anuncio de Cesar pasaban al mediodia por la Rambla llevando los titulos sobre sus cabezas. Todos estos titulos giraban, por regla general, en torno a los arcanos de la naturaleza. El documental que cerro la primera sesion representaba la vida, en el fondo del mar, de un carnivoro de mil bocas y tentaculos devorando sin cesar docenas de indefensos crustaceos. Los obreros llegaron a odiar de tal modo aquel carnivoro que algunos le amenazaron con el puno cerrado.
En cuanto al boxeo y la lucha libre, nunca el coronel Munoz hubiera podido sonar con un exito parecido. El Albeniz, convertido en
