Republicana era el peor enemigo que tenia el socialismo. El tipografo Casal explico su punto de vista y concluyo: -En todo caso, habria que imponer condiciones para despues de la victoria.

El coronel Munoz dio por terminada la reunion. -Supongo que el H… Casal ha quedado impuesto del deseo formulado- dijo.

De regreso a su casa, Julio Garcia expreso al tipografo que lo habil seria precisamente simular que la que imponia las condiciones era Izquierda Republicana.

– Es un hecho cierto que hay una clase media asustada por el desorden. Yo creo que el Frente Popular debe levantarse bajo el signo de la moderacion. De otro modo, el resultado de las elecciones nos seria adverso. En fin, creo que hay que ser realmente moderado. Lo he pensado mucho y lo creo asi.

El tipografo llego a su casa con la cabellera humeda. Miro las estanterias de los libros y penso: «No se si he leido pocos o demasiados». Antonio Casal amaba apasionadamente a su mujer y a sus hijos. El dia en que, de pequeno, vio que sus padres ponian migas de pan en el alfeizar de la ventana que las palomas de la plaza acudian a picotear, que su padre cogia una, cerraba por dentro y a los pocos minutos en la cocina se oia el chisporrotear del aceite, entendio que era preciso acabar con la miseria del mundo so pena de que el mundo acabara con las palomas. Desde entonces fue socialista. Queria asegurar Casa de Maternidad y sepultura decente incluso a las aves. Los enemigos, a su entender, eran la supersticion, la ignorancia, el atraso, y la acumulacion del capital en manos individuales. Por ello se hizo mason, porque la Masoneria luchaba contra esas calamidades, porque creia en la Cultura, el Progreso y la Fraternidad. Ahora, despues de entrar de puntillas en los cuartos en que dormian sus tres hijos y de contemplarlos en silencio, fue al comedor, donde su mujer cosia acurrucada junto al brasero y le dijo:

– Bueno, ya esta. Dentro de poco me veras del brazo de los Costa.

«Tienes que obedecerlos. Son mas que tu y saben mejor lo que hace falta.» Muy bien, de acuerdo. ?Pero como convencer de ello a David y Olga, a la Torre de Babel, y, sobre todo, a las docenas de afiliados que esperaban su momento?

El tipografo estaba tan preocupado que no tenia mas que una idea: hablar con Cosme Vila. Era exactamente el dia de San Narciso, patron de la ciudad, y Gerona habia quedado iluminada. Casal paso delante de la casa del Miedo, de la mujer enroscada por serpientes, de los quioscos de churros pensando: «En este pais continuamente se encuentran motivos para conceder una tregua». Una inmensa cola humana salia de los toros, otra del futbol, otra descendia por San Felix, procedente del sepulcro del Patron, cuyo cuerpo se conservaba incorrupto, segun habia repetido El Tradicionalista aquella manana. Los primeros habian visto correr sangre viva por la arena, por el filo de la espada; estos ultimos habian visto la sangre coagulada de San Narciso.

Encontro a Cosme Vila absorto en la contemplacion de su hijo, que todavia no decia ni papa ni mama, ni Stalin, ni andaba. El comedor era pequeno, y en su centro la mongolica cabeza de Cosme Vila parecia una gran bombilla. Era un piso que daba al rio, como el de los Alvear, pero en el que nunca una cana de pescar habia surgido de la ventana del comedor. Era humedo y triste. Una de las sillas la ocupaba la esposa de Cosme Vila, que consideraba a este un dios, dios que a no tardar -tal vez despues de las elecciones- todo el mundo aclamaria, que repartiria campos y casas y riquezas a todos cuantos en la provincia hasta entonces se habian visto privados de ellos. En un rincon, ocupaban las dos sillas restantes los suegros del jefe, los guardabarreras. El suegro era un hombre alto y timido, que cuando no tenia la banderita del paso a nivel en la mano no sabia que hacer con esta. La suegra no cesaba de mirar al pequeno.

– ?Hola, Casal! Tienes mala cara.

– No creo. En fin, eso no importa.

– No tenemos nada que ofrecerte.

– No necesito nada.

Cosme Vila adivino en seguida de que se trataba. Pero no le hizo el menor caso. A el solo le interesaba hablar de su Partido, de Teo, de Victor, de Gorki, de Murillo, que andaba vendiendo imagenes al doctor Relken.

– Me interesan los mios, ?comprendes? Tengo que levantar un edificio. Tengo que convencer a toda esa pandilla de que no se puede ser comunista y fabricar agua de colonia. Con Teo ya se firmo el contrato. Continuara conduciendo el carro y zumbando a los caballos, pero todo este material pertenece al Partido, asi como los beneficios. El vivira y podra comprarse una gorra de vez en cuando; pero Gorki se hace el remolon. Veo que te estas impacientando. No se por que diablos tienes siempre tanta prisa. Claro, has venido por lo tuyo; pero ya sabes mi opinion. El comunismo es poco sentimental. Comprendelo. A mi me interesan Teo, Gorki, Victor y Murillo. Vosotros os pasais la vida consultandoos y, entre tanto, los fanaticos avanzan. ?Que quieres hacer sin fanatismo? En el Arus yo veia que los que hacian dinero eran los fanaticos, eran los que contaban los duros como si fueran perlas. Tenian razon, desde su punto de vista. Yo tengo que llenar la provincia de fanaticos. Ya me van saliendo algunos, por la costa y el monte. Algun dia organizaremos la marcha sobre Gerona. No te servira de nada ensenar Aritmetica. Antes tienes que convencerles de que es una asignatura sagrada y luego pegar un tiro al que se equivoque en una suma. Por eso, personalmente, amigo Casal, todos mis respetos. Siempre nos hemos llevado bien y mi mujer quiere mucho a la tuya. Pero este asunto de las elecciones, si te he de ser sincero, me carga. Me parece tan ridiculo como creer que mi crio pueda opinar sobre la mision del Comite Ejecutivo. De modo que los argumentos sobran. Somos tacticos y la cosa esta decidida. Nos uniremos con quien sea, con todos. Hay que abrir brecha. Nos uniremos con los Costa, contigo y aceptaremos los votos hasta de los limpiabotas anarquistas; pero oyeme bien. Nosotros vamos a lo nuestro. Personalmente, repito, todos los respetos.

Casal comprendio que a Cosme Vila le habia molestado que fuera a verle a su casa. Queria dejar sentado que, alla o en el local, siempre era el jefe. Al tipografo todo aquello le parecia exagerado, y desde luego no facilitaba su labor.

No contesto. Sintio que los guardabarreras estaban orgullosos del discurso del yerno y que consideraban que era imposible anadir nada.

Casal sabia con quien se las habia. «Bien, bien…», balbuceo y se puso a contemplar a su vez al crio. Y de pronto, sintio lastima por el. El crio habia levantado un pie e intentaba comerselo. Tuvo la impresion de que la historia seria implacable con aquel punado de carne. Cosme Vila le habia hecho ingresar en el Partido sin pedirle la opinion. Era evidente que nadie le pediria la opinion jamas. Se irian pasando su pulgar de unos a otros para tomarle las huellas digitales; si algun dia se negaba a ello o se equivocaba, le pegarian un tiro.

La esposa de Cosme Vila tenia los ojos encendidos. Cosia y sonreia, como su padre. Le pregunto:

– ?Que tal esta tu mujer?

– Muy bien. Muy bien.

Y se hizo un silencio. El tipografo sufria. Aquello era tan dificil como tratar con generales.

– ?Ya habeis cenado?

– No cenamos nunca. Hacemos una sola comida al dia.

Casal se sentia desmoralizado. Hablaria con David y Olga. Los maestros eran realmente amigos. Olga una tesorera impecable. David y Olga le darian animos.

Cosme Vila le pregunto:

– ?Te gusto la caricatura que publicamos en El Proletario? ?La de Mussolini y el Papa?

Casal contesto:

– No la vi.

– ?No la viste? ?No lees El Proletario?

– La verdad… no.

A Cosme Vila le parecio natural.

– Obras con acierto. Son lugares comunes.

Hubo otro silencio. De pronto Cosme Vila dijo:

– ?Sabes que tenemos una mujer en el Comite Ejecutivo?

– No, no sabia.

– Se la trajo Gorki. Es valenciana. Resulta increible la perspicacia que puede tener una mujer.

Se detuvo. Casal se reclino en la pared.

– Yo tengo a Olga.

– Eso es distinto. Olga es un hombre. En fin, ella y David han creado un sexo neutro. Para ser mujer hay que haber tenido hijos, como la tuya, la mia o esa valenciana, que ha tenido cinco. Estoy muy contento con ella,

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