– ?Cual es?
– La de la Milicia Popular. La valenciana hizo un gesto displicente.
– ?Bah! Con las armas que te dieron.
– ?Sin armas, sin armas! -interrumpio Cosme Vila-. Hacer la instruccion sin armas, en la Dehesa.
Morales sugirio: -O hacerla con algo simbolico. Una azada o un simple baston.
La idea fue bien acogida.
– Un baston, un baston -opino Gorki.
– Eso ya lo veremos -corto Cosme Vila-. Lo importante es que la instruccion se haga. Ya llevaba dias pensando en ello. Hay que formar las secciones, las escuadras; hay que darles mando. Estamos aqui sin organizar, como si no tuviesemos nada que hacer.
Guardo silencio y construyo algo mas su teoria.
– Escuadras de seis hombres. Cinco bastones excepto un miliciano, que tendra su fusil. Y este fusil servira para ensenar su manejo a todos.
Victor supuso que no se obtendria permiso para el fusil.
– Hay un procedimiento sencillo -opino Cosme Vila-. No pedirlo.
Nadie se atrevio a replicar.
Morales asintio. Al catedratico le sugestionaba aquello.
– Que vayan a la Dehesa a quitarnoslo, eso es -repitio Cosme Vila.
La valenciana pregunto:
– ?Y de donde sacamos los
Gorki la miro con desden.
– Algo hay almacenado. ?O es que crees que estamos dormidos?
La valenciana alzo los hombros.
– Perdona, guapo.
Cosme Vila estaba entusiasmado. «Ocupar el pensamiento…» Se movilizaria el campo, las carreteras plagadas de camiones con carteles, viveres al pueblo, los demas cayendose de envidia. Julio veria que podian resistir un ano. En la Dehesa, instruccion. Esto Julio no lo permitiria jamas. Esto no lo permitiria ni el ni el Comisario. Y mucho menos el general. La caballeria… La caballeria irrumpiria en la Dehesa exigiendo la entrega de los fusiles. «Sobrara para mantener el espiritu revolucionario…»
Ante el Comite, de momento queria quitar importancia a lo de la Milicia.
– Eso de los
Gorki miro a Morales. Y le pregunto si no podria utilizarse parte del edificio del Instituto.
El catedratico sonrio.
– En primer lugar, yo no soy el director -dijo-. Y luego no me pareceria prudente expulsar a los alumnos y substituirlos por coles.
La valenciana le miro con desconfianza.
– ?Por que? Serian viveres para el pueblo.
Cosme Vila zanjo la cuestion.
– Dejar eso. Hay que hacer una gestion para el local de las Congregaciones Marianas.
A la valenciana le preocupaba otro asunto.
– ?Y el transporte…? -pregunto.
Consideraba que nadie como Teo seria capaz
Cosme Vila le miro con intencion.
– Unos dias en la carcel no sientan mal a nadie -dijo.
Morales pregunto:
– ?Estas seguro de que los campesinos se desprenderan de algo…?
Cosme Vila se encogio de hombros.
– Supongo que si…
Gorki tambien tenia confianza. Habia recorrido la provincia con su muestrario de perfumes y estaba hecha un jardin.
– Es el momento, ?comprendeis? Si esto hubiera caido en enero…
– ?Buena cosecha…? -pregunto Victor.
– ?Uf…! Hay de todo. Frutas, verduras, legumbres…
Morales asintio con la cabeza.
– Claro. Estamos en junio.
Cosme Vila dio por terminada la sesion.
Se levantaron. Cada uno recibio instrucciones. Gorki, Victor y Morales fueron a la imprenta de
Queria informar a los afiliados de cuanto habian acordado. Era preciso dar a entender que el Partido Comunista actuaba con un poco mas de sentido comun que la CNT. «De momento, no hablare de la Milicia. Viveres para todos, y salida del primer numero de
CAPITULO LXXVIII
El doctor Relken quedo muy satisfecho al oir a Cosme Vila hablar de el por radio. Y mas aun al dia siguiente, al desplegar
A decir verdad, no podia quejarse de nadie. Desde el primer instante habia recibido las mayores pruebas de solidaridad que recordaba; desde el dueno del hotel hasta el doctor Rossello, que le examino una a una las heridas con una paciencia extraordinaria, pasando por una representacion de Izquierda Republicana que fue a manifestarle su adhesion, otra de Estat Catala, otra de la UGT, etc.
Su azoramiento al ver entrar en su habitacion a Mateo y a dos desconocidos habia sido indescriptible. Al ver que se dirigian a el, que le mostraban un papel que decia: «?Arriba Espana!», que le abrian la boca y se lo introducian, obligandole a tragarselo, supuso que le iban a matar. Y los primeros punetazos le confirmaron en ello. Sin embargo, la ola de furor que al recobrar el conocimiento se apodero de el desaparecio ante las primeras muestras de atencion. El Comisario en persona habia acudido a verle en el acto, y, unos minutos despues, Julio.
Y ambos le habian prometido desde el primer momento: «Doctor, no cejaremos hasta dar con los culpables. Va en ello el honor de la ciudad y del pueblo espanol». Naturalmente, no era cosa facil, pues Mateo parecia haberse escondido en el infierno y las senas de los dos camaradas que le ayudaron no coincidian con las de nadie sospechoso; pero Julio acababa de telefonearle dandole dos noticias satisfactorias. Primera, que tenian una pista. Segunda, que habian hecho publica su intencion de guardar como rehenes a los tres falangistas detenidos, mientras no apareciesen los culpables.
Lo que mas molestaba al doctor era el pelado al rape. Las heridas fueron mas aparatosas que profundas; los efectos del ricino perdieron en duracion lo que ganaron en rapidez; pero contra el pelado al rape era imposible luchar como no fuera poniendose salacot. En realidad, «el mayor de los tres agresores» le habia dejado practicamente como una bola de billar; bola que relucia escandalosamente al sol cuando el doctor salia a la terraza del Hospital o a dar una vuelta. El doctor tenia la sensacion de que «la otra mitad de la ciudad», la que no leia
En Gerona no existia sino otra cabeza al rape que pudiera competir con la del doctor: la de Cesar. Eran las dos cabezas mas redondas de la ciudad, y el barbero Raimundo hubiera contemplado una y otra con orgullo. La primera vez que se encontraron frente a frente, el doctor Relken maldijo mas que nunca a los autores de la
