Uno de los abogados hacia observar a don Jorge y a «La Voz de Alerta» que probablemente tambien ellos habian cambiado… Fuera de la carcel, imposible sonar en que hallaran un punto humano en Teo. Al oir esto, ambos pensaban en los consejos de mosen Francisco el dia en que se confesaron con el. Y de rechazo en el peligro que continuaba cernido sobre sus cabezas. «Hacemos muchos planes de liberacion y quien sabe si saldremos vivos.»

La ciudad comprendio que la hora crucial se acercaba, porque de pronto los trenes fueron suspendidos. Al parecer, en Barcelona existia un especial estado de alarma y se habian declarado varias huelgas y las comunicaciones habian quedado rotas. Los que tenian parientes en aquella capital se inquietaban.

El Responsable entendia que ya no podia dilatarse mas el plazo concedido al comandante Martinez de Soria… Sus costumbres eran conocidas, la sublevacion era inminente. ?Manos a la obra! Se habia decidido «disparar contra el con pistola, por la espalda, en cuanto doblara la esquina de la Plaza Municipal, bajo los arcos, al dirigirse al cuartel por la tarde, entre tres y cuatro». Existia alla una escalera que comunicaba con una extrana azotea… El fugitivo caeria a traves de ella en una buhardilla que ocupaba un limpiabotas amigo de Blasco.

Como autor del atentado se habia designado a Porvenir. El Cojo fue considerado demasiado impulsivo. Era preciso apuntar a la nuca, como los guardias a Calvo Sotelo.

Era de suponer que el alferez Roma y los dos tenientes titubearian un instante y que su gesto seria el de atender al comandante al verle caer; aquellos segundos le bastarian a Porvenir -quien, por lo demas, iria disfrazado- para penetrar en el portal y cerrarlo. Porvenir le dijo a Blasco: «A ver si tu camarada el limpiabotas me tiene preparada una media de ron».

La hija del Responsable le pregunto:

– ?No te temblara el pulso? Al fin y al cabo, el comandante es un hombre.

Porvenir nego con la cabeza.

– A su hija, no podria… -dijo. Luego anadio-: Pero a el, que lo parta un rayo.

Referente a mosen Alberto habian surgido dudas. En todo caso se veria luego. Primero interesaba el comandante, puesto que los trenes ya no marchaban y se esperaba de un momento a otro la noticia.

Y, no obstante… Porvenir paso tres dias disfrazado de otro ser, con bigote y barba, en la escalera que hacia esquina en la Plaza Municipal, sin ver al comandante.

El comandante no habia olvidado la advertencia del Rubio. El hecho de haber desaparecido Ideal, Blasco y el resto le hizo suponer que el periodo de vigilancia habia terminado; su ultima salida fue el dia en que recibio el telegrama. A su regreso decidio permanecer en casa hasta la madrugada del dia 19, con un fusil ametrallador al alcance de su mano.

El Cojo lanzaba terribles improperios: «?Nos lo merecemos! ?Por haber tardado tanto!» El Responsable estaba furioso. Ideal proponia asaltar el piso. «Nos achicharraria», contestaba el jefe.

Cosme Vila habia desistido, por su parte. Supuso que el comandante habria aleccionado suficientemente a un substituto; y nada le molestaba tanto como una accion que creara enemigos y que no fuera eficaz en si misma. Su unica preocupacion consistia en saber la fecha exacta, el dia de la sublevacion. Hablaba de ello con Julio. No conseguian dar con la llave. Julio se inclinaba a creer que seria el primero de agosto. Cosme Vila creia que antes. El doctor Relken, antes de marchar, les dijo: «De todos modos, Gerona tiene poca importancia. A la larga tendran ustedes que correr la suerte de Barcelona».

El Responsable, ante el cariz que tomaban los acontecimientos, altero sus planes. Ordeno a Porvenir ocultarse en un piso frente al que ocupaba el comandante y en el que una vieja les alquilo una habitacion exterior. Desde esta habitacion se dominaba la salida de la escalera. Ideal y Santi se turnarian en la vigilancia; en cuanto el comandante asomara, Porvenir se lanzaria a la calle y se confiaria al azar.

El comandante suponia, mas o menos, todo aquello, y vivia horas angustiosas, lo mismo que todo el mundo. El profesor Civil habia ido a ofrecerse para salir con armas a escondidas de su mujer. ?Era la primera cosa que le ocultaba desde la guerra de Cuba! Y sentia remordimientos. Sin embargo, el notario Noguer le habia dicho:

– Se lo agradecemos mucho, profesor. Que una persona como usted se haya decidido, nos prueba que cumplimos con nuestro deber. Pero tal vez no hagan falta tantos hombres. En todo caso, no pierda cuidado; si le necesitamos, le mandaremos aviso.

El profesor se sintio algo humillado. Supuso que le rechazaban por la edad. Tambien el oia dar las tres en la Catedral, las cuatro, las cinco, como Matias Alvear. A veces preguntaba: «?Si me habre contagiado de ese diablo de Mateo!» Porque las peroratas del profesor en contra de la violencia habian sido muy numerosas, tanto como los alegatos en favor del concepto de Gobierno legitimamente constituido y similares; conceptos que daban risa a Mateo, que siempre le contestaba que era suicida y estupido circunscribir el porvenir de la Patria a un problema juridico.

Y a pesar de ello, el profesor Civil se habia decidido. Se decidio el dia en que vio a Vasiliev desfilar, entre una doble hilera de mujeres, ante la Cooperativa. En la mirada del ruso le parecio descubrir una ironia incalificable. «?Mujeres espanolas!», exclamo el profesor Civil. Penso en la suya. Ignacio le hizo observar que aquella exclamacion podia haberla lanzado Mateo. Por lo demas, Ignacio habia observado que muchas personas, sin darse cuenta, utilizaban el lenguaje de Falange. El propio Prieto en sus discursos hablaba de «lo nacional», «de los valores del espiritu», de «las aventuras historicas». El subdirector hablaba «del hondo patrimonio de la raza».

El profesor Civil entendia que la cosa en el era mas simple. Se habia contagiado, no de Mateo, sino de Benito, de su hijo. Habia claudicado ante el. El profesor queria demasiado a sus hijos para no hallar razones con que justificar sus locuras… y aun seguirlas. Su claridad mental y su dominio en el terreno teorico sucumbia frente al sentimiento de la familia. A lo largo de su vida se habia dado cuenta de ello en ocasiones sin importancia; ahora la cosa habia afectado a lo principal. El profesor decia: «Si uno de mis nietos, con una peonza en la mano, me pidiera que perdonara a los judios, creo que les perdonaria».

Ignacio habia sacado de todo ello una conclusion: la atmosfera reinante alteraba los cerebros. Se operaba una gran transformacion. Se advertia incluso en los rostros. La Torre de Babel tenia una nariz mas afilada que antes, con un punto de crueldad; Carmen Elgazu se hundia en sus grandes ojeras, que le infundian aspecto dramatico. El flequillo de Marta habia empequenecido y ahora solo le brotaban de la cara los ojos. Unos ojos decididos, serenos, negros, de una intensidad indefinible; mirando a Ignacio, a Cesar, a Pilar, a todos, al comandante Martinez de Soria, a Padilla y a Rodriguez, a la ciudad, con todo el ardor de su juventud; mirando de vez en cuando, sin hablar de ello con nadie, al balcon tras el cual Ideal y Santi cuidaban de Porvenir como de un tenor en dia de estreno.

El dia 17, la senal de alarma resono en la ciudad: algunas guarniciones de Africa se habian sublevado. El comandante Martinez de Soria no acertaba a explicarselo, pues la consigna era para el dia 19. Supuso que el temor de que el Gobierno tomara medidas en aquella zona, considerada vital, habia forzado a sus jefes a adelantarse a la Peninsula en cuarenta y ocho horas.

Sin embargo, no se sabia nada. Sonaba el nombre del general Franco. Este nombre inspiraba gran confianza al comandante, porque conocia el prestigio del general entre las fuerzas de Marruecos. De todos modos, se hablaba mas que nada de la Legion. «Entonces, es el teniente coronel Yague», informaba el comandante.

Imposible saber nada en claro. El coronel Munoz habia objetado: «?Como puede ser Franco, si esta en Canarias?» El coronel pretendia conocer a los jefes y estaba seguro de que Sanjurjo se hallaba en Espana desde muchos dias antes y de que la cabeza directora de todo era el general Mola.

Hasta el dia siguiente, 18, las radios no empezaron a dar noticias algo precisas. Lo de Africa era un hecho y no se trataba solamente de la Legion. Todas las fuerzas marroquies y todas las guarniciones: Melilla, Ceuta, Tetuan, Larache… En el Banco hacian semana inglesa y el subdirector se pasaba las horas oyendo emisoras de onda corta. El Hermano de la Doctrina Cristiana estaba a su lado. El aparato lanzaba gritos de «?Viva Espana!» En los llanos de Axdir, el Caid habia convocado a los guerreros de Beni Urriaguel y les habia dicho: «?Por la gloria de Dios, por la fuerza y el poderio que residen en El. Al glorioso heroe, tan afortunado de mano, alma y corazon: al general Franco. ?Que las bendiciones divinas sean sobre ti y los que contigo combaten en la buena senda! Nosotros no regresaremos de Espana hasta que los mayores y los menores gocen de vuestra paz. Porque Dios ayuda al siervo tanto como dure la ayuda del siervo a su hermano. ?Y vereis como a nuestros heroicos hombres no les importa la muerte!»

Julio estaba al corriente de aquello y le parecio comprender que el proyecto de los que empezaban a ser llamados «rebeldes» seria utilizar tropas marroquies. «?Bendiciones divinas! -ironizo-. Siempre lo mismo. Musulmanes defendiendo el catolicismo.»

Lo que no comprendia era como lograrian transportar las tropas a la Peninsula, pues Julio estaba convencido

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