lazos que habian costado tantos anos y que habian procurado goces tan simples y duraderos.
La inminencia del verano, con lo que suponia de vacaciones y de oxigeno, ponia en los corazones, de un lado una predisposicion a conceder una tregua al adversario, de otro una necesidad de apurar los dias antes de que esta tregua llegara, de consolidar posiciones. Don Santiago Estrada decia: «Antes de irnos a Mallorca, deberiamos organizar un desfile de nuestras juventudes en la Dehesa». Cosme Vila decia en la barberia: «Antes de salir de vacaciones, deberiamos legalizar la constitucion del Partido Comunista local, extender los carnets, fijar una cuota».
Tambien en las conversaciones se notaba cierta prisa para pasar revista a los acontecimientos. Y quedaba claro que lo que mas habia molestado y dividido a la gente era lo de la Ley de Contratos de Cultivo y la noticia de la accion de Falange Espanola en Valladolid.
Los campesinos,
Los propietarios del Instituto Agricola de San Isidro denunciaban otro hecho: lo que ocurria con las licencias de armas a los cazadores. Aseguraban que las Comisarias, incluida la de Gerona, retiraban la licencia a unos cazadores y a otros no. De forma que cazadores de tradicion se veian privados de ella, en tanto que gran numero de personas que jamas habian pensado en matar un pajaro, de repente se inscribian y se presentaban en la Armeria Casabo por una escopeta de dos canones.
El subdirector tenia listas; era hombre ordenado. Y aseguraba que se habia retirado la licencia a personas como don Pedro Oriol, y que se habian concedido a otras como el tipografo Antonio Casal, ahora el mas destacado redactor de
No obstante, la indignacion producida por lo ocurrido en Valladolid sepultaba aquellos balbuceos de protesta derechista. La palabra «fascista» se habia incorporado al lexico corriente de las tertulias. Y dado que el muchacho «asesinado» -el comandante Martinez de Soria continuaba desmintiendo la noticia- era un voceador de
Hasta tal punto, que en una visita que hicieron a David y Olga, y habiendose puesto este tema sobre el tapete, uno de los muchachos aseguro que los obreros espanoles «no permitirian de ningun modo que el fascismo arraigase en Espana». Y anadio, periodico en mano, «que ya los diputados socialistas habian advertido en el Parlamento que lo vigilarian con atencion especial».
David, oyendole, se puso serio. Ignacio no recordaba haberle visto tan serio jamas. El maestro contesto a su alumno que era una gran estupidez decir que se vigilaria al fascismo. Lo mismo daba decir que se vigilaria la Geometria o la concepcion materialista de la Historia. Quisierase o no, el fascismo era toda una doctrina, no un sombrero que se pudiera tirar. Lo maximo que podia hacerse era vigilar a los militantes de esta doctrina, aunque a su entender la cosa era mas seria de lo que a simple vista podia parecer. Por ejemplo, era preciso reconocer que en Italia el Partido hacia progresos y que Mussolini era muy habil; lo cual, junto con el auge de Hitler en Alemania, constituian dos sutiles amenazas, que atacarian los puntos debiles de cada pais.
– Ya es significativo -concluyo- que en Espana el movimiento haya nacido en Castilla. En Cataluna, desde luego, no tendran nada que hacer, porque Cataluna vive mucho mas abierta a las grandes corrientes democraticas.
Olga anadio que la doctrina era peligrosa porque disimulaba su despotismo bajo un programa social amplio, de grandes realizaciones y fundamentalmente anticapitalista, lo cual podia encandilar a un sector de buena fe. Sin embargo, era lo contrario de los derechos del hombre, e implicaba un retorno a un tipo de esclavitud, que no por ser moderna perdia un apice de su terrible significado.
Ignacio se quedo muy preocupado despues de aquella conversacion. Menos mal que al salir de la escuela vio los campos verdes, vio la cumbre de Montilivi, desde la que se divisaba el valle de la Crehueta, tranquilo. Menos mal que al llegar a su casa se encontro con que Cesar habia mandado un telegrama diciendo: «Llego manana».
CAPITULO XIX
Ignacio habia entrado en el Banco triunfalmente, blandiendo la pluma estilografica que habia mandado la abuela, ocho dias antes de los examenes. Tan segura estaba la madre de Carmen Elgazu de que Ignacio aprobaria.
Ignacio habia entrado euforico en el Banco porque ya era bachiller. Habia recibido felicitaciones de todo el mundo, de los vecinos, de las chicas de la Academia Cervantes, de Julio Garcia, de don Emilio Santos y del propio mosen Alberto.
Suponia que en el Banco le recibirian tambien triunfalmente, pues lo cierto era que la mayoria le querian mucho. Acerto solo a medias. Le felicitaron sinceramente el subdirector, La Torre de Babel, Cosme Vila, el cajero; en cambio en otros empleados -Padrosa, el de Cupones, el de Impagados- vio un punto de recelo.
Aquello le hizo dano, pero luego penso que era natural. ?Que significaba para el ser bachiller? Que al cabo de cuatro anos seria abogado. Padrosa y los demas lo sabian y sabian que ellos, por el contrario, continuarian hundidos en aquellos sillones, masticando gomillas, cobrando cuarenta duros, levantandose de vez en cuando para estirar las piernas. A esto podia oponer un argumento. ?Por que no hicieron, o no hacian, como el? Todos habian sonado en hacerlo, probablemente. Pero la vida era asi. Se habian dejado vencer por la rutina.
De todos modos, La Torre de Babel elevo el clima gritando: «?Nada, nada! Dentro de cuatro anos, veo una placa en la Rambla: «Ignacio Alvear, abogado; consultas de 3 a 7».
Ignacio no dijo nada, para no ofender a Padrosa, al de Cupones, al de Impagados. El cajero comento:
– Te veo defendiendo nuestras bases, que ya ves que no hay manera.
Aquello le emociono. Una ola de deseo de ser util le inundo el corazon. Tal vez estuviera llamado a hacer algo importante.
El verano habia llegado. Todo ello ocurria cuatro dias antes de recibir el telegrama de Cesar. En el Banco funcionaban dos ventiladores que traian a intervalos soplos de aire fresco. Era hermoso ver volar los papeles, verlos dudar y caerse por fin al suelo. ?Que destartalado era el Banco! Paredes negruzcas, ventanillas grasientas. Y ?que monotono aquel trabajo! Los cobradores salian a primera hora a reclamar dinero a los comerciantes de la ciudad. Regresaban fatigados. Llevaban una gorra azul con las iniciales del Banco Arus. Millones habian
Aquella manana, las arterias de la vida llegaban a Ignacio coloreadas de jubilo. Se iba repitiendo: «Si, tal vez llegue a ser util…»
Y lo fue. Sin esperar a terminar la carrera. Lo fue gracias a su inscripcion como donador de sangre en el Hospital Provincial, inscripcion que efectuo a raiz de su visita al Manicomio en compania de La Torre de Babel. Todo ocurrio con sencillez abrumadora, como siempre le ocurrian las grandes cosas. Una llamada telefonica al Director, este toco el timbre, el botones aviso a Ignacio, Ignacio se presento, supuso que el Director le felicitaria por lo del bachillerato, y el Director le dijo:
– Chico, te llaman del Hospital. No sabia que te dedicaras a esas obras.
Apenas si lo sabia el. ?Dar sangre! ?Que curioso! Habian esperado a aquel dia. Debia de ser alguien que queria sangre de un bachiller… El Director ponia cara de desear que la gente necesitara sangre en horas que no fueran de trabajo, pero le dijo:
