Marta se acaricio el flequillo, que tanto gustaba a Ignacio.
– Que es muy guapa, Pilar… No les des mas vueltas. Y los hombres, ya sabes, son asi.
CAPITULO XXXII
La Cuaresma habia llegado. Cuarenta dias de penitencia, en recuerdo de los cuarenta dias que Jesus permanecio en el desierto haciendo oracion. El doctor Gregorio Lascasas se preparo a conciencia para vivirla con todo rigor y para hacerla vivir a sus fieles. No podia olvidar las palabras de Jesus: 'Apacienta a tus ovejas'. Y aquellas otras: '…yo ire delante de vosotros por los caminos de Galilea'.
El doctor Gregorio Lascasas debia ir delante. Se preparo por medio del ayuno y de la meditacion. A lo largo de dos semanas se sometio a un regimen severisimo, renunciando a todo aquello que complaciera a su paladar, y medito especialmente los pasajes evangelicos en torno a la destruccion de Jerusalen por culpa del pecado y en torno a la negacion de Pedro: 'Y yo os aseguro con toda verdad que esta misma noche, antes que cante el gallo, me has de negar tres veces'.
El doctor Gregorio Lascasas redacto para Gerona y provincia un programa tan perfecto y concreto como el de Marta en la Seccion Femenina. Tratabase de crear un clima; y habian de crearlo, con ayuda de las autoridades, los sacerdotes. En las instrucciones que envio a estos les recomendaba con insistencia que en sus platicas a los fieles tuvieran en cuenta los conceptos que habian constituido el meollo de su personal e introversa reflexion: Jerusalen seria destruida; y el que se creyera santo, negaria a Jesus.
Todo quedo listo, pues, para que aquellos cuarenta dias fueran por partida doble una manifestacion de fe y una manifestacion de temor. El Carnaval, 'costumbre pagana', habia sido efectivamente prohibido en Espana. En Gerona se celebrarian por doquier ejercicios espirituales: en las iglesias, para hombres y para mujeres; en los cuarteles, para los soldados; en la Biblioteca Provincial, para los maestros de escuela… Al efecto llegarian treinta predicadores a la ciudad, y en todas las calles y suburbios se instalarian altavoces para que la voz de Dios fuera oida por los transeuntes. En los bares y cafes quedarian prohibidas las radios y se aconsejaria a todo el mundo que, sin abandonar sus actividades, se comportaran con modestia y discrecion. Eloy, la mascota del Gerona Club de Futbol, paso un gran susto porque temio que se suspendieran los partidos, pero su temor resulto injustificado. La Andaluza exclamo: '?Estoy viendo que me obligaran a cerrar!'. Tampoco. Aunque sus pupilas se pasarian muchas horas con la baraja en las manos, haciendo solitarios… En resumen, el obispo domino la situacion, pasando el general, voluntariamente, a segundo termino.
La Cuaresma se inicio con la imposicion de la ceniza en las frentes de los fieles. La ceremonia tuvo lugar el miercoles y simbolizaba que el hombre procedia del polvo y que polvo volveria a ser. La mitad lo menos de las frentes de Gerona quedaron marcadas con una cruz de color grisaceo, que era como el tatuaje de la humildad. Hubo quien se nego a someterse al rito; entre estos, el anestesista Carreras.
Pronto se vio que las instrucciones emanadas del palacio episcopal eran cumplidas al pie de la letra. Las iglesias se llenaron a rebosar. El tono de las platicas concordaba mejor con el Sermon Escatologico que con el Cantar de los Cantares. Los vocablos mas usados eran 'justicia', 'omnipotencia', 'pecado mortal', 'juicio', 'muerte' y, por supuesto, 'infierno'. Eran relatos mucho mas tetricos que los que Alfonso Estrada improvisaba en la Delegacion de Abastecimientos hablando con Pilar.
Tales relatos intentaban convencer a todos los asistentes de que eran reos de prevaricacion. El argumento era obvio: 'Quien este libre de pecado, que tire la primera piedra'. ?Podia alguien ufanarse, en el claustro de la conciencia, de no haber hecho sangrar, un dia u otro, con una punzante espina, la frente de Jesus?
El contagio colectivo se opero con sorprendente facilidad. Y a tenor de este contagio se produjeron en la ciudad dos acontecimientos importantes. Uno de ellos, el Via crucis general por las calles de la ciudad; el otro, el que tuvo lugar en el patio de la carcel.
El primero lo presidio el senor obispo en persona, y los multiples altavoces, muchos de ellos ocultos entre los arboles, contribuyeron a realzar su patetismo. Calculabanse en unas cinco mil personas las que tomaron parte en aquel acto de expiacion, presidido por el general Sanchez Bravo, por el Gobernador y por 'La Voz de Alerta', los cuales, al termino de cada estacion, eran los primeros en hincar la rodilla.
Las gentes que presenciaban desde los balcones el paso de la comitiva estaban, por lo comun, sobrecogidas. Carmen Elgazu, que debido a su convalecencia era una de ellas, iba rezando los misterios de gozo, lo que Ignacio estimo una incongruencia. Por su parte, Manolo y Esther, que habian invitado al doctor Chaos porque su causticidad les divertia, estaban tan bien situados en su balcon al final de la Rambla, que la perspectiva que se les ofrecio era incomparable.
Esther, ante aquel alud humano, comento:
– Que facil es, en las ciudades pequenas, crear un clima de este tipo… Al obispo le basta con apretar un boton, y ya esta.
Esther era muy creyente -probablemente, mucho mas que el general-, pero aquella aparatosidad la sacaba de quicio.
Manolo comento a su vez:
– Lo malo que tiene Gerona es eso. Prefiere lo funebre a lo triste. A mi me gustan los cantos espirituales de los negros; pero los gerundenses se inclinan por el 'Dies irae'.
El doctor Chaos habia conseguido, como siempre, que Goering, su hermoso perro, se quedase quieto a sus pies.
– Todo esto es malsano -juzgo el doctor-. E invita a la hipocresia. Fijaos en esos soldados que marcan el paso a ambos lados de la cruz. ?Se sienten, de verdad, 'reos de prevaricacion'?
Estan esperando llegar al cuartel para contar chistes verdes, como esos que le gustan a dona Cecilia… Y en cuanto a las personas que sollozan sinceramente, peor aun. Se llenan de complejos de culpabilidad. Para no hablar de los crios. La religion, puesto que tanta gente la necesita aun, deberia quedarse en los templos, como sucede en otros paises, pero no invadir como aqui las calles y las terrazas de los cafes.
El doctor Chaos habia hablado en tono menos taladrante y objetivo que otras veces. Como si aquello le doliera de verdad, intimamente.
Esther le pregunto:
– ?Ha visto usted alguna vez las procesiones andaluzas?
El doctor Chaos se encogio de hombros.
– En el cine… Imagino lo que son.
– ?No, no! Es algo para ser visto.
Manolo intervino:
– Aquello es peor. Alla la gente bebe y canta. Una especie de Edad Media… borracha.
El doctor Chaos vio en aquel momento unas compactas filas de monjas que avanzaban, con sus tocas y sus habitos hasta el suelo.
– ?Cuanta psicosis! -repitio-. ?Cuanto trabajo posible para mi querido colega el doctor Andujar!
Esther informo al doctor de que el objetivo del senor obispo era que todo el mundo, al final de la Cuaresma, hiciese una confesion general, que abarcara toda su vida.
– Eso me parece bien -comento la esposa de Manolo-. Es una medida higienica. Yo misma la hago todos los anos y me siento mejor.
– ?De veras? -pregunto el doctor.
Manolo, que se habia puesto de buen humor, pues acababa de ver desfilar, agachada la cabeza, a su competidor Mijares, el asesor juridico de la CNS y flamante abogado de la Agencia de la Torre de Babel, dijo:
– A usted le convendria un lavado de esos, doctor… Tampoco veo claro que pueda usted vivir sin creer en nada.
El doctor Chaos tardo un rato en contestar. Su boca tomo, como le ocurria a veces, la forma de un pinon.
– Por supuesto -admitio- no es nada comodo… -Vio a mosen Alberto, quien en medio de la Rambla hacia las veces de maestro de ceremonias-. A veces me cambiaria por cualquier mujeruca de esas que creen de verdad que Jesus fue hijo de Dios…
