– ?Usted no lo cree, doctor?
– Si creyera eso me meteria en un convento.
– ?Por que?
– No se. Acabo de descubrirlo. El hecho seria tan grandioso, que el resto no tendria importancia.
Manolo lo miro con extraneza.
– Pero ?no acaba usted de hablar de psicosis? ?No ha dicho usted siempre que el catolicismo impide gozar del presente… y ponerse un sombrero tiroles?
– Cuidado. Lo que yo he dicho siempre es que el fanatismo catolico impide adoptar en la vida una postura alegre. Pero en estos momentos, no se por que, comprendo que es natural que un hombre de fe le de al presente escasa importancia. Y que si cree de verdad, sea consecuente hasta el maximo e ingrese en la Trapa.
Esther se encogio de hombros, divertida.
– ?Le veo a usted mal, doctor Chaos! ?Le veo a usted acompanandome a la confesion general!
– Ni hablar… Al contrario. Esta noche tengo una autopsia. Ello me vacunara y continuare cultivando mis pecadillos.
El Via crucis torcio hacia la plaza Municipal, paso por la calle de Ciudadanos, subio por la Forsa y ataco las escalinatas de la Catedral. Ese fue el momento mas solemne, presenciado por el comisario Dieguez desde el balcon de la Audiencia. La multitud se apretujo en la plaza y las escalinatas quedaron abarrotadas en toda su longitud. Fue un asalto muy distinto de aquel, capitaneado por Cosme Vila, en que los milicianos pretendian incendiar el templo, lo que los arquitectos Ribas y Massana consiguieron evitar. Fue un asalto de exaltada devocion, que humedecio de jubilo los ojos del senor obispo y los de su familiar, mosen Iguacen.
Por ultimo, la Catedral quedo enteramente colmada de fieles, si bien el olor a cera derretida provoco algunos desmayos.
El otro acontecimiento importante fue, como se dijo, el Via crucis celebrado en el patio de la carcel. No fue declarado obligatorio; pero se 'rogo' a los reclusos que asistieran a el. En total sumaron unos doscientos los que accedieron; los otros, el resto, permanecieron en sus celdas, fumando junto a las rejas, jugando al ajedrez o tumbados en sus jergones.
La ceremonia se celebro por la tarde, 'pasada la hora tercia' cuando el pedazo de cielo visible desde las ventanas empezaba a tenirse de color escarlata. El patio presentaba un aspecto singular, pues en los muros, a cierta altura y a modo de friso, habian sido colocadas, muy distanciadas entre si, catorce cruces de regular tamano, cruces de madera, talladas en el propio taller de la prision. El sacerdote oficiante iba a ser, en esa ocasion, mosen Falco, satisfaciendo con ello un anhelo largamente acariciado.
Mosen Falco, bajito y elastico como Jaime, pero de mirada mucho mas segura, inicio el recorrido, precedido por un recluso elegido por sorteo -un tal Robles, que pertenecio a la UGT-, que era quien izaba la Cruz, haciendo las veces de monaguillo. '?Primera estacion! ?Jesus es condenado a muerte!'. La frase reboto contra los doscientos cerebros que seguian al joven sacerdote, pues la vispera el Tribunal Militar habia condenado a la ultima pena a tres reclusos, uno de los cuales, por ser muy chistoso, habia llegado a ser muy querido en la prision. Aunque con algun retraso y con mucha torpeza, los seguidores hincaron la rodilla. Al termino de la lectura del primer texto, nadie contesto. Hasta que los hermanos Costa, que se habian situado en primera fila, como en la misa dominical, rompieron el silencio exclamando: '?Perdonanos, Senor!'. Respuesta que fue coreada con timidez por todos los reclusos.
'?Perdonanos, Senor!'. ?A que Senor se dirigian y que clase de perdon era el que solicitaban, entreabriendo apenas los labios? Gatos paseaban, como siempre, por el borde de las tapias del patio de la carcel. Y algunos pajaros revoloteaban en correcta formacion. La arena crujia bajo las pisadas como si fuera la del cementerio. Mosen Falco, pese a sus convicciones y seguridad, padecia. No le gustaba aquello. ?Que podia hacer el para que aquellas doscientas almas se olvidaran de si mismas y se sintieran culpables de las profanaciones cometidas, o pensaran en la muerte del Redentor? '?Octava estacion! ?Jesus consuela a las mujeres que lloraban su Pasion!'. ?Quien, fuera de la carcel, consolaria a las mujeres de los detenidos? Menos mal que los carceleros, que participaban tambien en la ceremonia y que eran los unicos que llevaban cirio, daban ejemplo de buena voluntad.
La ultima estacion fue la peor. '?Decimocuarta estacion! ?Jesus es colocado en el sepulcro!'. Fue la peor porque, muy cerca del lugar en que el consiliario de Falange pronuncio aquellas palabras, se abria en el muro, a media altura, una ventanuca enrejada, tras la cual contemplaba la escena uno de los tres condenados a muerte en el juicio celebrado la vispera en Auditoria. Un hombre con patillas a lo Pancho Villa, que durante la guerra en el frente habia destruido dos tanques y en la retaguardia habia fusilado por cuenta propia a cinco guardias civiles. El hombre, al oir lo de 'bajar al sepulcro', escupio. Escupio por entre las rejas al patio, aunque su salivazo se licuo en el aire, antes de caer en la arena.
Fueron muchos los que vieron aquel rostro enjaulado; pocos, en cambio, se enteraron del salivazo. Mosen Falco, si; y le parecio que le daba en la cara y hasta estuvo tentado de enjugarsela. Por fortuna, pronto los hermanos Costa, cuyas voces habian ido afianzandose a cada nueva estacion, repitieron una vez mas, ahora gritando: '?Perdonanos, Senor!'. Grito bordoneado por el balbuceo del resto de los asistentes.
La ceremonia termino. Hubo un momento de indecision en el patio. Hasta que mosen Falco, sin decir nada, cerro el libro que llevaba en la mano y se dirigio a la puerta de acceso al interior de la carcel. Los funcionarios de la prision lo siguieron. Y detras de ellos, poco a poco y tambien en silencio, los doscientos reclusos.
Cuando estos llegaron a sus respectivas celdas, adoptaron ante los abstencionistas un aire cohibido y como responsable. Los hermanos Costa no. Sonrieron como siempre y, acercandose al detenido que habia hecho de monaguillo y llevado la Cruz, lo obsequiaron con una cajetilla de tabaco.
Otra persona habia de tener una decisiva influencia en el desarrollo de aquella Cuaresma gerundense: el inspector de Ensenanza Primaria, Agustin Lago. Para empezar, y a semejanza del senor obispo, Agustin Lago se sometio a si mismo a una disciplina mas dura que la habitual. La idea de la Institucion a que pertenecia, el Opus Dei, lo responsabilizaba cada dia mas. Preparose conscientemente, meditando tambien los evangelios y a la vez dos maximas contenidas en su libro de cabecera, Camino, escrito por su fundador: Si tienes impulsos de ser caudillo, tu aspiracion sera: con tus hermanos, el ultimo; con los demas, el primero. Y esta otra: Eres, entre los tuyos -alma de apostol- la piedra caida en el estanque. Produce, con tu ejemplo y tu palabra, un primer circulo… Y este, otro… y otro, y otro… Cada vez mas ancho. ?Comprendes ahora la grandeza de tu mision?
A resultas de ello Agustin Lago, desde su soledad en la modesta pension de la calle de las Ollas, penetro en la Cuaresma con una suerte de serenidad que admiro a cuantos lo trataban.
Si: a la postre, aquella Cuaresma significaria un rotundo triunfo para Agustin Lago. No solo porque, en el plano profesional, siguio ocupandose mas que nunca de su cargo y de las necesidades de los maestros, sino porque, en el plano religioso, consiguio galvanizar el entusiasmo de la poblacion y el del alcalde en persona para representar en el Teatro Municipal, por Semana Santa, una antiquisima version castellana de La Pasion que habia descubierto en los archivos del Monasterio de Guadalupe y que habia adaptado convenientemente. Tratabase de un texto poco enfatico, realista y humilde. Una serie de retablos, de secuencias, que se iniciaban con la Anunciacion a Maria y terminaban en el Calvario, y en la que apenas si los personajes hablaban, a excepcion de Jesus. El texto era tan preciso que arranco de Mateo el siguiente comentario: 'Es la primera vez que leo una Pasion teatralizada sin tener la sensacion de que me estan contando una leyenda'.
Agustin Lago y su idea de representar La Pasion en el Teatro Municipal adquirieron rapida popularidad. La labor iba a ser ardua -eleccion de interpretes, indumentaria, decorados, etcetera-, pero todo el mundo se dio tal manana que en seguida se vio que la empresa seria llevada a feliz termino, compensando parcialmente del escaso relieve que tendria en la ciudad la procesion de Viernes Santo, amputada de raiz por haber desaparecido con la guerra los celeberrimos pasos y las fervorosas cofradias de antano.
Agustin Lago, Mateo y mosen Alberto, este en calidad de asesor, formaron el triunvirato responsable del exito de La Pasion. A decir verdad, desde el primer instante los tres comprendieron que lo principal era acertar en el reparto de los papeles. Los estudios efectuados al respecto dieron lugar a no pocas sorpresas, pues de pronto resultaba evidente que el mejor de los hombres, debidamente caracterizado, podia representar a la perfeccion el mas vil de los personajes, o viceversa. Como ejemplo podia citarse el comentario que salio de la boca de Mateo: '?Ah, que lastima no disponer del Responsable! Duro y terco, lo estoy viendo hacer un San Pedro inimitable'.
El caso es que, cuando aparecio en Amanecer, oportunamente, la lista de las personas que encarnarian las distintas figuras del drama de Jesus, la eleccion merecio el aplauso casi unanime de los lectores, Jaime, el repartidor del periodico, debio de compartir la opinion general, pues subrayo con su lapiz rojo casi todos los
