– Si pudiera usted precisar los objetivos…
– Los que usted quiera, comisario. Multas por derrotismo; por propagacion de bulos; por no observar el descanso dominical; por no levantar el brazo cuando se interprete el Himno Nacional; por irse de caza sin la debida licencia de armas; por no llevar luz en la bicicleta; por resistencia a la autoridad; por no admitir la chapita de 'Auxilio Social'… ?Por lo que usted quiera! Naturalmente, lo unico que evitara usted sera inventarse la infraccion. La falta debe haber existido, ?comprende?
– Comprendo.
– Cuando el infractor sea un jefe local, un alcalde, en fin, una autoridad cualquiera, me lo hace usted constar en el informe de manera visible…
– Tres cruces rojas, si le parece…
El Gobernador fue una ametralladora intentando abarcar todos los campos posibles que atanesen a su autoridad. Su frase final fue: 'Quiero llevar el control de todo'.
El comisario Dieguez, que lo habia escuchado sin apenas pestanear, al llegar a este punto, al punto final, se miro un momento el blanco clavel de la solapa. Sentiase feliz. El tuvo siempre esas ideas, no por politica, sino por psicologia, y estaba seguro de que el Gobernador, 'tan liberal y humano', un dia u otro entraria en su terreno. Pues bien, ya habia entrado.
– Creo que le he comprendido a usted, senor Gobernador. Pero ?me permite una pregunta?
– Hagala.
– ?A que se debe este cambio de actitud?
– Se debe a los embutidos.
– ?Como? ?Que dice usted?
– Sanidad ha descubierto que se venden por ahi embutidos adulterados con toda clase de porquerias, y ello me ha puesto sobre aviso. ?No puede haber ejemplo mas grafico!
El comisario Dieguez se levanto, satisfecho.
– Si me permite, voy a poner manos a la obra…
– Aqui me tendra usted, a mi o a alguien que me represente, las veinticuatro horas del dia.
– Hasta pronto…
– ?Arriba Espana!
Arriba Espana… El Gobernador se quito las gafas, ?por fin!, y se seco el sudor. Era duro luchar contra el propio temperamento. Se acaricio el dedo de la mano, el dedo que durante un tiempo llevo vendado. Todavia le dolia a veces… Ahora le dolia. Penso en el coronel Triguero: no queria que el, y muchos como el, se salieran con la suya. Penso en el general: no queria que este tuviera razon cuando afirmaba que lo unico puro y fiel que existia era el Ejercito. La Falange, que en la reunion de San Sebastian habia efectuado un balance realista de la situacion, debia salvar el bache. Penso en el obispo: decidio seguirle la corriente, tener a la Iglesia de su parte. La religion era una fuerza terrible, decisiva. Pero ?Dios!, ?a veces se ponia ridicula! Con todo lo que estaba sucediendo, y a Su Ilustrisima no se le habia ocurrido otra cosa que organizar la Semana de la Joven, para las virgencitas de Accion Catolica, y publicar otra Pastoral sobre la falta de pudor y de recato.
Ahora el Gobernador se sentia lanzado. Llamo a 'La Voz de Alerta' y le ordeno que publicara en Amanecer diariamente, durante un mes, el siguiente comunicado: Tu deber es afiliarte a Falange. Los rezagados seran tenidos por indiferentes; mas adelante, por adversarios del Nuevo Estado. Segundos despues se pregunto: '?No estare exagerando?'. No…De nuevo el periodico que tenia en la mesa acudio en su ayuda. En efecto, era absurdo que Boisson Blanche pudiera anunciarse todos los dias diciendo: 'Vigilad vuestro aliento. Limpiad y sanead vuestro tubo digestivo' y el no pudiera anunciar algo similar para acabar con la indiferencia y con el retorno al egoismo individual.
Una objecion: ?Que le daria a la poblacion a cambio de esos cien ojos que controlarian sus movimientos cotidianos? Ahora se tambaleaba incluso la palabra 'paz…' La dulce palabra que la gente habia paladeado desde el 1.° de abril de 1939.
Le daria la seguridad del orden publico; de acuerdo. Y la certeza de que todo se hacia para el bien comun, para mantener vivo el principio de autoridad, cuya dimision habia llevado a Espana al cataclismo. Pero ?y el racionamiento? Los rojos, lo habia dicho mil veces, perdieron en gran parte la guerra por culpa del hambre. Y he ahi que pronto iba a crearse incluso la Tarjeta del Fumador… Don Emilio Santos, en la Tabacalera, tenia ya los impresos sobre la mesa. ?No podria darles a los hombres todo el tabaco que les hiciera falta? ?Y las mujeres no podrian comprar a gusto sabanas, panuelos, blusas de seda… para poder continuar cosiendo en el interior de sus hogares?
El Gobernador pego un manotazo al ya inutil telefono amarillo y se acerco de nuevo a la ventana. Vio revolotear fuera algunas gaviotas; sobre el Onar se habian concentrado por docenas, pues el rio era su lugar preferido. Se acercaba el invierno. ?Por que habia inviernos en la vida de los pueblos? Churchill habia anunciado a los ingleses 'sangre, sudor y lagrimas'. Pero los ingleses eran ricos y habian provocado a medio mundo y lo habian explotado. Ahora les llegaba su merecido. En cambio, Espana, sin haber provocado a nadie, se encontraba deshecha, segun la expresion empleada por el camarada Rossello a su regreso del Puerto de Santa Maria.
Sintiose fatigado y entonces penso en su mujer, Maria del Mar, que cuando la inundacion, al verlo salir con casquete y con impermeable, insospechadamente le dijo: '?Mucha suerte, carino!'.
Le invadio una oleada de ternura hacia ella. Y olvidando todo lo demas experimento el subito deseo de ver a su esposa, de abrazarla. ?Llevaban tantos anos compartiendo la vida!
Dicho y hecho, abandono el despacho y cruzando el largo pasillo -al mismo tiempo le dijo al conserje: 'Ya puedes irte. Hasta manana'-, penetro en la parte del edificio destinada a vivienda.
'?Maria del Mar!', exclamo desde la puerta.
Maria del Mar tardo unos segundos en acudir. ?Donde diablos estaria? Por fin aparecio.
– ?Ocurre algo? -pregunto la mujer.
El Gobernador la miro con fijeza… y con dulzura.
– No, nada. Tenia ganas de verte…
Maria del Mar se quedo asombrada. No era corriente que su marido entrara en casa a aquella hora, y menos que la mirara de aquella manera y le hablara en aquel tono. ?Con los dias que el hombre estaba pasando!
Sin embargo, la mujer disimulo. Y advirtiendo que tenia las manos ocupadas con las agujas de hacer calceta, las dejo en el acto encima del primer mueble que encontro al alcance y pregunto:
– ?He oido bien?… ?Has dicho que tenias ganas verme?
– Si, eso he dicho.
Los ojos de la mujer se iluminaron. Lo suficiente para expresar su alegria y tambien para darse cuenta de que el Gobernador estaba cansado.
– ?Necesitas algo… de mi?
– Si. Necesito darte un beso.
Maria del Mar se emociono lo indecible. Avanzo un paso. El tambien. Por fin se fundieron en un abrazo y se besaron con fuerza, con fuerza inusitada. Hacia meses que el Gobernador no la besaba asi.
Al separarse, ella tenia las mejillas enrojecidas y el corazon le latia como cuando en la guerra el le anunciaba que tendria un dia de permiso e iria a verla.
– ?Juan Antonio…! Me has dado una alegria inmensa. ?Ha sido tan inesperado!
– Si, ya me lo imagino… La vida que llevamos… es dura para ti. Y a veces me olvido de que tengo esposa.
Maria del Mar en esos momentos se sintio dispuesta a todo.
– No te preocupes. ?Ya lo ves…! -Miro hacia el mueble que tenia al lado-. Estaba haciendo calceta.
– Si. Pero quien sabe en que estarias pensando.
Maria del Mar hizo un mohin coqueto.
– ?En que quieres que pensara? En ti. Y en los chicos…
Los chicos… La palabra se incrusto en el cerebro del Gobernador. Pablito y Cristina, como le dijera Mateo. Entonces el hombre sintio la necesidad de completar su combinatoria sentimental.
– ?Donde estan? -pregunto.
Maria del Mar casi sintio celos. Le hubiera gustado prolongar la escena.
– Por ahi andaran, cada uno en su cuarto.
El Gobernador miro otra vez a su mujer. Le dio otro beso, ahora en la frente, y le dijo:
