– Muchos…?Muchisimos, diria yo!
Pablito se habia embalado y se convirtio en un cohete.
– ?Quien fue Noab?
El Gobernador miro al techo con expresion sanadora.
– ?Noab?… Eso me suena. Me suena a Antiguo Testamento.
– ?Sabrias dibujar un prisma poligonal?
El Gobernador opto por continuar riendose.
– Por favor, hijo, no digas palabrotas…
Pablito se rio tambien. Pero era evidente que se habia quedado preocupado. Tuvo la impresion de que si le preguntaba a su padre por el primer verso de la Eneida tampoco lo sabria. Y que tampoco sabria la distancia exacta que habia de la Tierra a Marte.
Ahora habia dejado el cortapapeles y jugueteaba con la pluma estilografica que su padre le habia regalado a principios de curso.
– ?Tantas cosas se olvidan, papa…?
Pablito hablo en un tono enigmatico. El Gobernador temio que verdaderamente Pablito sacara de aquel juego conclusiones exageradas.
– Hijo… Ya te lo adverti antes. Todos esos… datos acaban perdiendo importancia, segun la profesion que luego se ejerce… Y si en un momento dado los necesitas, los encuentras en una Enciclopedia.
Pablito habia arrugado el entrecejo.
– Pero… todo esto es cultura, ?no?
– ?Cuidado! -replico el Gobernador-. ?Quien te ha dicho que saber quien fue Noab signifique cultura? Se puede ser un memorion y ser un ignorante de tomo y lomo…
Pablito escuchaba con suma atencion.
– No acabo de verlo claro…
– A ver si acierto a explicarme -prosiguio el Gobernador-. Una cosa es aprenderse unas asignaturas -que es lo que se hace al estudiar el Bachillerato- y otro cosa es ser un hombre culto. Tener cultura… es tener sentido del mundo. Haber vivido… Conocer pronto a las gentes… La cultura no tiene nada que ver ni con las fechas ni con los prismas poligonales.
Pablito guardaba silencio. Por fin pregunto:
– ?Por que no me pones un ejemplo que me explique la diferencia?
Al Gobernador le hubiera gustado en aquellos momentos fumar en pipa y que el humo se elevara en espiral.
– Muy facil… Me has preguntado por el ano exacto en que nacio Miguel Angel. Un hombre culto es el que al contemplar una estatua del artista siente que comprende lo que este quiso
expresar, el significado de la obra, aunque ignore la fecha en que Miguel Angel nacio.
Pablito respiro, un tanto aliviado. Por nada del mundo hubiera querido que su padre lo decepcionase. No obstante, la teoria de este se le antojo un poco comoda tal vez.
– Lo ideal seria conocer las dos cosas, ?no papa?
El Gobernador estuvo a punto de contestar: '?Ah, claro!', pero reacciono interiormente y aclaro:
– Pues… te dire. Dificilmente las dos cosas van unidas. La gente instruida… acaba examinando en un Instituto. O trabajando en un laboratorio. O en una oficina… La gente culta va mucho mas alla. Es la que crea algo, la que mueve el mundo… -el Gobernador anadio-: Junto con los artistas, claro…
Pablito continuaba sumamente interesado.
– En Gerona, por ejemplo… -pregunto-, ?a quien llamarias tu una persona instruida y a quien una persona culta?
El Gobernador reflexiono.
– Una persona instruida… no se. Supongo que tu profesor de Historia lo es. ?Y nuestro querido Alcalde, por supuesto! Una persona culta…, pues el doctor Andujar. Y tambien lo son el doctor Chaos y el profesor Civil… ?E incluso Mateo!
– ?Mateo?
– Si. ?Por que pones esa cara? Mateo es culto. Supongo que ha olvidado tambien el numero de obispos que se reunieron en Trento. Pero se ha formado… un concepto de la verdad, ?comprendes?
Pablito, al oir esto, arrugo el entrecejo de nuevo. Y objeto:
– ?Un concepto de la verdad…? Supongo que hay hombres cultos que tienen de ella opiniones muy distintas. Estoy pensando en la religion. El doctor Chaos, del que has dicho que es culto, es ateo. En cambio, el doctor Andujar y el profesor Civil son muy religiosos…
El Gobernador explico:
– Eso es natural. Yo no te dije que el hombre culto poseyera la verdad, sino que tiene un concepto de ella. De modo que tienes razon. Esos conceptos pueden ser no solo distintos, sino incluso opuestos.
Pablito parecio inquietarse. Iba encogiendose en la silla, achicandose.
– Entonces… ?la cultura no garantiza estar en lo cierto?
– No.
– En ese caso, ?para que sirve?
– Para avanzar poco a poco…Para ir eliminando errores. Sirve, por ejemplo, para saber rectificar -el Gobernador sintio deseos de tomarse una taza de cafe…-. Por ejemplo, cuando esta guerra termine, se sabra quienes tuvieron razon: si ellos, los anglofilos, o nosotros, los que creemos en Alemania. Y se habra avanzado un poco…
– Sin embargo, tu ya tienes una conviccion. Y me has ensenado a mi a tenerla.
– Claro…
– ?Y estarias dispuesto a rectificar?
El Gobernador se hubiera puesto a gusto las gafas.
– Confio en que no sera necesario…
A Pablito se le ocurrieron mil objeciones, sobre todo pensando en Manolo y Esther. Manolo debia de ser tambien hombre culto, y deseaba que ganaran los ingleses. Se disponia a decir algo, pero de pronto advirtio que su padre le miraba con tal amor, con un amor tan inmenso, que se olvido de las objeciones y le parecio comprender que aquello si era una gran verdad. Una verdad que duraria toda la vida…
Se puso contento. ?Cuanto tiempo hacia que no tenian ambos un dialogo asi!
– ?Sabes lo que te digo? -anadio Pablito-. Que prefiero a los artistas. Tengo la impresion de que son los que avanzan con mas rapidez.
– ?Lo dices porque tu escribes versos? -ironizo el Gobernador.
– No, no, nada de eso…
Pablito miro tambien a su padre con ironia. Tambien lo queria mucho. No obstante, la tesis de este planteaba, el grave problema que desasosegaba al muchacho, desde hacia tanto tiempo. Si nada era a priori verdaderamente seguro, el acto de gobernar, de ser 'virrey', y no digamos el de imponer una doctrina determinada -so pena de castigar con multas… o con carcel- era muy arriesgado.
Llego a pensar que un hombre verdaderamente culto no se atreveria nunca a dar ninguna orden. Pablito se embarullo un poco y una vez mas se sintio torturado al reflexionar sobre aquello.
– Papa…, ?puedo hacerte una pregunta sin que te molestes?
– ?Claro, hijo! Para eso estoy aqui, charlando contigo…
– Un chico de mi edad, ?que ha de pensar de vosotros, los mayores? Del general, de Mateo… e incluso de ti. ?Que habeis sido cultos?
– No se a que te refieres.
– Me refiero a que hicisteis una guerra… Y a que ahora hay otra guerra. Y la guerra es algo espantoso, aunque uno de los dos bandos defienda una verdad.
El Gobernador se puso serio.
– No es facil contestarte, Pablito… Comprendo muy bien tu objecion. Pero hazte cargo de que la vida obliga a concretar. Si crees que una cosa es injusta, tienes que combatirla. Y en el mundo hay siempre cosas injustas… -El Gobernador, inesperadamente, se fijo en que su hijo, enfundado en el pijama, parecia todavia un nino, y ello lo enternecio-. Ademas… ?no escribiste tu una especie de himno a Jose Antonio cuando su traslado a El Escorial?
