consul britanico en Gerona, mister Edward Collins… y las cronicas de algunos de los corresponsales espanoles en Londres. Cada dia leian dichas cronicas en voz alta y las comentaban con Ignacio, quien a menudo se limitaba a arrugar el entrecejo, como Pablito antes de lanzar una pregunta importante. Dichos corresponsales, especialmente el de La Vanguardia, de Barcelona, estaban de acuerdo con la definicion de Julio Garcia: Londres, y Coventry, y Bristol, y todo lo demas era un infierno, sobre todo en las noches de luna, durante las cuales los aviadores de Goering tenian buena visibilidad. Ahora bien, la poblacion inglesa demostraba un temple tal que estimaban sumamente improbable que aquello bastara para desmoralizarla. Por de pronto, las mujeres inglesas se habian incorporado a la lucha con un teson inimaginable, y no solo en tareas de Cruz Roja y de vigilancia de incendios, sino en labores duras de transporte y fabricacion, y estaban dispuestas, ademas, a empunar las armas. Por otra parte, la gran cantidad de sotanos existentes en los edificios londinenses facilitaban el refugio de la gente y permitian que continuaran en ellos buen numero de actividades, incluida la salida de los periodicos. Y, sobre todo, los ingleses no habian perdido el humor… En plena lluvia de bombas, las coristas de la capital se habian declarado en huelga porque los propietarios de los 'sotanos' en que se celebraban representaciones frivolas querian exigirles que, en honor de los combatientes, apareciesen en escena 'mas ligeras de ropa que antes'. Los Sindicatos no querian tampoco renunciar al dia de descanso semanal que necesitaban los obreros. La gente seguia apostando por las carreras de galgos, que no se habian interrumpido; los automoviles particulares se paraban en las colas para ir transportando al publico donde fuera menester, muchos hombres habian trocado su bombin por un casco protector -a menudo, por un casco de tipo aleman- y los innumerables heridos que aparecian con las piernas vendadas o los brazos en cabestrillo eran llamados 'el ejercito blanco'. La gente recogia los perros y los gatos que andaban perdidos y aterrorizados entre las ruinas. Todo lo cual podia resumirse en una caricatura aparecida en los periodicos, que se hizo famosa y en la que se veia a un gigantesco tanque aleman conducido por Hitler y sus generales, que se disponia a entrar en Londres pero que topaba con una barrera en la que un guardia londinense le exigia el pago de un penique para seguir adelante…
Por supuesto, la maxima ilusion de Manolo y Esther, aparte de rehacer las pistas de tenis destruidas por la inundacion y la de formar parte de la Junta del recien fundado Club de Hockey sobre ruedas, hubiera sido entrar en contacto con mister Edward Collins, el consul britanico; pero este no daba facilidades. Siempre se las arreglaba para rehuir cualquier compromiso que no estuviera relacionado con su labor. Ultimamente pudieron enterarse, gracias a una indiscrecion de Mateo, de que mister Collins, en sus obligadas conversaciones con el Gobernador, dejaba siempre constancia de la buena disposicion del Gobierno britanico para evitar que Espana se hundiera economicamente. 'Hay que ver -comentaba Manolo-. Inglaterra sufriendo el mayor bloqueo que registra la historia… ?y comprometiendose a suministrar a Espana materias primas por valor de millones de libras, pagaderas a largo plazo! Y entretanto, Hitler concediendole a Franco la Gran Cruz del Aguila Alemana. Y Mateo y sus camaradas de Madrid queriendo meternos en la guerra… Os juro que si llevara bombin y no sombrero tiroles, me lo quitaria al pasar delante del Hotel del Centro, donde se hospeda Mr. Edward Collins'.
Esa posible entrada de Espana en la guerra a favor del Eje les quitaba el sueno a Manolo y Esther. Segun habia declarado Maria Victoria, el gran defensor de tal postura era el Ministro de Asuntos Exteriores, Ramon Serrano Suner, amigo de Alemania, convencido de su triunfo y sonando, como el camarada Rossello, con reivindicaciones territoriales en Africa y en el Mediterraneo, 'que devolvieran a Espana su pasada grandeza'. Maria Victoria habia atribuido a Serrano Suner frases lapidarias en honor de Alemania y de desprecio hacia los Estados Unidos, y habia afirmado que en el reciente viaje que habia efectuado a Berlin el Ministro espanol, este se comprometio practicamente a secundar los planes de Hitler, consistentes en cerrar por ambos lados el Mediterraneo: por Suez y por Gibraltar. 'Nosotros ocuparemos Suez -le habria dicho el Fuhrer- y ustedes, los espanoles, por honor y por dignidad, Gibraltar'. Por su parte, Mateo creia saber que Serrano Suner habia accedido en principio a semejante peticion.
Manolo se mostraba enfurecido.
– ?Comprendes, Ignacio? Seremos carne de canon. Primero, no veo que ocupar a Gibraltar resulte facil, pues parte de la escuadra inglesa esta alli. Luego, Inglaterra podria apoderarse, en represalia, de las Islas Canarias. Y si en vista de todo ello los Estados Unidos dan la campanada y se deciden a intervenir, Espana se convertira en el gran campo de batalla…
Ignacio no sabia que decir. Sentia por Inglaterra -no por Francia- una repugnancia instintiva, pese a la huelga de las coristas y a la caricatura del tanque y el penique. No podia olvidar la zona roja, en la que Esther no estuvo ni un solo dia. Cesar habia caido acribillado en el cementerio, lo que no le impidio a Mr. Atlee, representante a la sazon del Gobierno britanico, hacer luego un viaje a Barcelona, saludar puno en alto y regresar a Inglaterra afirmando mas o menos que en 'la Espana republicana todo estaba tranquilo'. Ignacio empezaba a acumular serias reservas en contra de las doctrinas totalitarias; pero las formulas que podian desembocar en un Frente Popular le ponian carne de gallina. Se encontraba, como siempre, en una encrucijada y a veces no podia remediar el sentir celos de quienes militaban convencidamente en un campo o en otro. Por si fuera poco, Manolo era catalan, tierra de comercio y de finanzas. Cuando Ignacio le oia hablar en catalan, en el bufete o fuera de el, Manolo le parecia otra persona, una persona mucho mejor predispuesta que el, hijo de madrileno, a desear conectar con mister Edward Collins.
– No puedo seguir a Serrano Suner ni a Mateo -le contesto Ignacio a Manolo-, y las palabras Imperio y Gibraltar me dejan frio; pero tampoco puedo seguiros a ti y a Esther. Hablando de nuestra guerra dije una vez que la perdimos todos, unos y otros; y creo que eso se esta demostrando. Los rojos defendian el amor libre; los nacionales ponen guardias civiles en las playas y el senor obispo se escandaliza si las parejas se cogen del brazo. Pues bien, empiezo a sospechar que en esa espantosa guerra de ahora va a ocurrir lo mismo, a una escala mucho mayor: que tambien la perderan todos. Si gana Hitler, como parece, que Dios nos coja confesados; de acuerdo. Se repartira Europa a su gusto, borrara del diccionario la palabra libertad, y cuando Ana Maria y yo nos casemos, tal vez en la ermita de los Angeles, en vez de decir 'si' tendremos que decir: ja. Pero, en el supuesto de que se cumplieran vuestros deseos y la cosa diera un vuelco milagroso y ganara Inglaterra…, me temo que Julio Garcia, que nos ha escrito desde Nueva York, no solo reclamaria este piso vuestro, sino que ademas veriamos al Responsable sentado de nuevo en el sillon que en el Ayuntamiento ocupa ahora 'La Voz de Alerta'. ?Y lo peor es que 'La Voz de Alerta', como sabeis, me cae tambien muy gordo! Por favor, me gustaria dejar este tema y que me explicaras, querido Manolo, por que consideras perdido el expediente de desahucio contra ese pobre obrero de la fabrica Soler. He estado revisando el Codigo y a mi me parece que…
Manolo admiraba cada dia mas a Ignacio. Le gustaba que el muchacho no lo adulase, que pesara el pro y el contra de las cosas y que se tomara tanto interes por las cuestiones profesionales y por aprender. Ademas, estaba llegando a la conclusion de que los frecuentes silencios de Ignacio y sus eternas dudas no eran de signo esteril; lo habia demostrado con el asunto de Marta, tomando por fin una decision irrevocable, y se lo demostraba en el despacho a diario, en mil detalles. A la hora de redactar un contrato o los estatutos de una Sociedad era lento… pero seguro. Al final, nada quedaba al azar, ningun cabo suelto. En unos asuntos de herencia que les habia confiado la viuda de don Pedro Oriol, Ignacio habia demostrado un olfato tan meticuloso como activo. Por si fuera poco, era valiente. Cuanto mas notable era la persona o entidad con la que debian enfrentarse desde el bufete, mas gozaba defendiendo lo que estimaba justo. Ahora no hacia sino insistir machaconamente en que debian darle la batalla a la mismisima Fiscalia de Tasas, por cuanto sus inspectores a menudo ponian las multas no en razon de la importancia de la infraccion, sino a tenor de la situacion economica del culpable.
– Eso es ilegal -protestaba Ignacio-. Es antijuridico. Eso es lo que haria Hitler… Y lo que han hecho siempre los ingleses cuando han aplicado la ley a sus enemigos. Tengo la certeza de que si Mr. Churchill concede ahora 'navicerts' a los buques espanoles, no lo hace para evitar nuestra bancarrota, sino por algun oscuro designio que anidara en su cabeza.
Esther tambien queria mucho a Ignacio… pese a que este, medio en broma, medio en serio, atacaba ferozmente a los ricos andaluces -aunque fueran, como ella, de Jerez de la Frontera-, que se habian educado en Oxford…
– No estoy en contra del bridge, mi querida Esther, ni del golf ni de las carreras de galgos. Y esos conacs de nombre ingles que elaborais en tu tierra me gustan y me hacen sentir en el estomago un calorcillo reconfortante. Por cierto, que si me sirves una copa de Gonzalez Byass, te lo agradecere… Ahora bien, un amigo mio, llamado Moncho, al que espero que algun dia conocereis, me dijo que estuvo en Andalucia y que el espiritu de casta que reina alla abajo lo puso de un humor de perros. En la estacion de Sevilla enseno un duro y trescientos maleteros, casi todos anarquistas, se le arrodillaron y le llamaron Lord. Eso es lo que me preocupa. A veces me pregunto, Esther, si tu no tendras tambien espiritu de casta… ?Cuantas veces has estado en la calle de la Barca? Ninguna,
