?Que te impulso a hacerlo? Jose Antonio habia hablado de utilizar las pistolas…

Pablito se quedo desconcertado. Por un momento, admiro mucho a su padre.

– Yo creo que lo que me impresiona de Jose Antonio es que era un poeta… -dijo por fin.

– ?Pamplinas! -replico el Gobernador-. Se expresaba poeticamente, pero era un pensador… Defendia una doctrina. La historia le dara la razon. Y ello demostrara… que fue un hombre culto.

Aqui termino el dialogo, porque en ese momento entro, acicalada, Maria del Mar… con las zapatillas de su marido ?y con una taza de cafe!

– ?Que? -pregunto en tono dulce-. ?Estan de acuerdo padre e hijo?

El Gobernador, que casi le agradecio a Maria del Mar su interrupcion, contesto:

– Desde luego.

Pablito rectifico su postura en la silla, sentandose con mayor seguridad, y hablo mirando a su madre tambien con dulzura:

– Pues te dire… Me parece que solo ha quedado claro que la Quimica es un toston.

– ?Solo eso? -protesto Maria del Mar, arrodillandose a los pies de su marido para quitarle los zapatos.

El Gobernador comento:

– Pablito desearia que la vida fuera una multiplicacion: dos por dos, cuatro, y ya esta.

Maria del Mar movio la cabeza.

– Pues menudos chascos se va a llevar el hombrecito.

Pablito miro a su madre.

– Yo no he dicho que me gustaria que la vida fuera eso. Pero me preocupa, eso si, darme cuenta de que nadie sabe lo que es.

Maria del Mar se levanto y miro a su hijo.

Tu madre lo sabe… -dijo, con conviccion.

– ?Ah!, ?si? Pues dimelo…

– La vida es amor. La vida es conseguir que la gente se ame.

– ?Lo estas viendo? -intervino el Gobernador, dirigiendose a su hijo-. Tu ganas… Tu madre es tambien una artista.

Pablito miro al suelo. Marco una pausa. Y por fin dijo:

– Lastima que tu no lo seas tambien.

CAPITULO XLII

Los Alvear recibieron inesperadamente una carta de Julio Garcia… fechada en Nueva York. El membrete ponia: 'Hotel Lincoln. Quinta avenida'. Era una carta bastante larga, en la que Julio explicaba a sus amigos, en un tono mucho mas serio que de ordinario, que, debido a los bombardeos, Londres se habia convertido en un horrible infierno, en vista de lo cual 'el y su querida esposa, dona Amparo Campo, habian decidido cruzar el charco e instalarse en los Estados Unidos'. Julio Garcia terminaba la carta suplicandole a Matias que, a ser posible, le enviara por correo, de vez en cuando, el periodico Amanecer. Dona Amparo Campo, en una posdata, les confesaba que personalmente echaba mucho de menos a Paris, 'ciudad que le habia llegado al corazon'.

A Matias e Ignacio, que llevaban meses sin noticias de Jose Alvear, como tampoco de David y Olga, les alegro saber que Julio Garcia y dona Amparo estaban a salvo. Ignacio, bromeando aventuro la posibilidad de que Julio perfeccionara rapidamente su ingles y que, flanqueado por otros exiliados importantes que, segun noticias, rondaban la Casa Blanca, 'acabase haciendo amistad con el propio Roosevelt'.

Londres, horrible infierno… La expresion correspondia exactamente a la idea que daban de la guerra los corresponsales de la prensa espanola en Berlin y Roma. Manolo y Esther leian las cronicas de dichos corresponsales con el corazon en un puno. Si, las cosas marchaban bien, al parecer, para Hitler y Mussolini, sobre todo desde su alianza con Tokio. Cierto que la aviacion britanica daba crecientes muestras de actividad, y que las defensas de antiaereos, de globos de barrera y de escuadrillas de caza aumentaban su potencia; pero Inglaterra no conseguia con ello impedir la sistematica destruccion de los centros clave de su feudo insular. La ciudad de Coventry habia sido arrasada. Las fabricas de Bristol, convertidas en cenizas. Habia sido bombardeado el mismisimo Palacio Real ingles, el palacio de Buckingham, aunque los reyes resultaron ilesos. Total, que la maquina destructora puesta en marcha por el mariscal Goering adquiria caracteres apocalipticos.

Parecia, pues, muy logico que Julio Garcia escribiera desde Nueva York… Julio Garcia seguia siempre el camino del oro Y a Nueva York iban a parar, dia tras dia, las reservas de oro no solo de Inglaterra, sino de los demas paises invadidos por Alemania. Lo unico incomprensible era, en opinion de muchos gerundenses, que la poblacion inglesa resistiera, pues aquel infierno, segun habia declarado el Fuhrer aleman, no cejaria, sino todo lo contrario.

En el mar las cosas se desarrollaban de otro modo, debido a la potencia de la escuadra inglesa, que combatia incluso en el Mediterraneo, entre Sicilia y Malta, y que probablemente era la unica razon por la cual el desembarco aleman en Inglaterra no se habia producido. 'No es lo mismo -decia Manolo, aferrandose al menor detalle optimista- cruzar el Canal de la Mancha por el aire que cruzarlo por mar. Churchill dispone de acorazados, ha sembrado las costas inglesas de minas magneticas y sus marinos poseen una pericia extrema. Posiblemente el plan de Hitler es no arriesgarse y conseguir la rendicion a base de bombardeos'. El padre Forteza, que seguia los acontecimientos con el mismo fervor con que se ocupaba de la causa de beatificacion de Cesar y de consolar a Marta, le dijo a Esther que durante su estancia en Alemania habia oido asegurar repetidamente que Hitler le tenia al agua un miedo casi supersticioso. Que no se banaba nunca de cuerpo entero en el mar y que incluso habia llegado a confesar: 'En tierra firme soy un heroe; en el mar, un cobarde'. El padre Forteza especulaba sobre la posibilidad de que este miedo estuviera influyendo en los sucesivos aplazamientos de la anunciada invasion.

Pese a todo, los submarinos alemanes recorrian los oceanos y hundian tal cantidad de buques ingleses que Amanecer empezaba a ser llamado por los gerundenses La Tonelada, pues muchos de sus titulares se referian, con gran alarde tipografico, a las toneladas que, segun Berlin, dichos submarinos precipitaban cada dia al fondo del mar. Habia quien llevaba la cuenta de dichos hundimientos, y que tenia la impresion de que el mando aleman abultaba considerablemente las cifras.

La impresion general en Gerona era de que 'aquello no podia durar'. Por otra parte, Italia colaboraba con firmeza, no solo atacando a Egipto desde Libia, sino que ahora exigia de Grecia la cesion de varios lugares estrategicos para luchar contra Inglaterra. 'Seria curioso -comento el profesor Civil- que Mussolini, admirador de los arquitectos del Imperio Romano, destruyera ahora la Acropolis ateniense'.

Jose Luis Martinez de Soria y otros oficiales jovenes, incluyendo al capitan Sanchez Bravo, creian que Hitler acabaria desembarcando en Inglaterra. 'Napoleon no se atrevio a hacerlo -decian-, pero Hitler posee… lo que a Napoleon le falto'. El hermano de Marta habia seguido con atencion la forma de combatir del Ejercito aleman y su admiracion no tenia limites. En el Casino contaba que cada soldado de Hitler llevaba consigo en el macuto un ejemplar de los llamados 'los diez mandamientos para el comportamiento en la guerra', mandamientos que prohibian a los combatientes utilizar balas dum-dum, maltratar a los prisioneros, hurtar, etcetera. El primero de dichos mandamientos decia: 'El soldado aleman combatira de modo caballeresco para la victoria del pueblo'. Ademas, Jose Luis afirmaba que los aviadores germanos que atacaban a Inglaterra introducian, en su forma de actuar, innovaciones extraordinariamente sagaces, como por ejemplo la de simular que un avion habia sido tocado y que se caia, para que los antiaereos ingleses dejaran de apuntar hacia el. Dicho avion, al llegar cerca del suelo, dejaba caer su carga mortifera… y luego volvia a elevarse tranquilamente, mientras otro aparato repetia en otro lugar la misma operacion.

El general Sanchez Bravo se mostraba un poco mas cauto que los jovenes oficiales. En su fuero interno creia que la causa de Inglaterra estaba perdida; pero no veia clara la invasion. Admiraba tambien mucho las decisiones belicas de Hitler, de quien creia saber que se disponia a lanzar sobre Inglaterra una cantidad ingente de falsas libras esterlinas, tan perfectamente imitadas que crearian entre los ciudadanos britanicos la mayor confusion. Tambien elogiaba la idea cientifica de repartir en la retaguardia alemana, para el abastecimiento de la poblacion civil, bombones vitaminados, con vitamina C. 'Esos bombones nos convendrian a nosotros', les habia dicho al Gobernador y a don Oscar Pinel, el Fiscal de Tasas.

Manolo y Esther disponian de dos hilos que los conectaban con la esperanza: el rostro siempre tranquilo del

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