– Con tu permiso… Necesito verlos tambien.
Maria del Mar no se atrevio a seguirlo. Recordo que iba un tanto desarreglada y, dando media vuelta, se dirigio en busca de un espejo.
Entonces el Gobernador echo a andar hacia el cuarto de Cristina. De repente, pensando en la nina, se habia sentido alegre. Oh, claro, Mateo tenia razon: sus hijos -y Maria del Mar- habian escapado a 'las gotitas que habian caido de mas'.
La puerta del cuarto de Cristina estaba abierta. El Gobernador entro de puntillas y fue acercandose a la muchacha por la espalda, hasta sorprenderla tapandole los ojos con las manos.
– ?Quien soy?
– ?El Gobernador!
El Gobernador… El hombre sonrio. Pellizco a la pequena, le tiro de las trenzas.
– ?Que estas haciendo?
– Ya lo ves. Vistiendo munecas. Las monjas nos lo han encargado para Navidad.
– ?Para Navidad?
– Si, para los ninos pobres.
Los ninos pobres… Cristina pronuncio esa palabra como si le quedara tambien muy lejos.
– ?Estas contenta, Cristina?
– Si, papa. ?Por que?
– ?Que quieres que te traigan los Reyes este ano?
– Pues… no se. ?Tan pronto? ?Bueno, una bicicleta! Para ir a la Dehesa…
– ?Jesus! ?Con el barro que alli hay?
– Ya se habra secado, ?no?
– Seguramente…
Cristina, que se habia sentado en las rodillas del Gobernador, dijo de pronto:
– ?Me gusta verte sin las gafas!
– No las llevo por capricho, ?sabes? Los ojos me duelen.
– ?Bah! Tu eres fuerte. A ti no te duele nada…
Extrana criatura. Se sentia a salvo de cualquier contrariedad y creia de verdad que su padre era todopoderoso.
Charlaron un poco mas. Hasta que el Gobernador oyo un pequeno ruido en el cuarto de al lado, el de Pablito. Entonces sintio ganas de proseguir su itinerario. Deposito con suavidad a la nina en el suelo y estampo un fuerte beso en su frente.
– Bueno me voy… Prometida la bicicleta.
– ?Gracias, papa!
Este se levanto y, despidiendose de su hija, salio de la habitacion y se dirigio a la de Pablito.
La puerta estaba cerrada y llamo con los nudillos.
– ?Adelante!
Entro. Pablito estaba sentado de codos ante la mesa, estudiando. La temperatura de la casa le permitia ir en pijama, que era lo que le gustaba. Estaba hecho un hombrecito.
– ?Estorbo?
– ?No!
Pablito se volvio. Tambien se sorprendio de que su padre entrara a verlo a aquella hora y que su expresion fuera tan carinosa.
Produjese un breve silencio, pues Pablito quedo a la expectativa, sin atreverse a preguntarle 'si ocurria algo'.
El Gobernador se acerco al sofa que habia al lado de la mesa en que Pablito estudiaba y tomo asiento, con aire fatigado.
– ?Estas cansado?
– Un poco… -Pablito volvio hacia el la silla, que era giratoria-. ?Que estas estudiando?
– Un toston: Quimica…
– ?Oh, Quimica!
El Gobernador no queria de ningun modo que su hijo se diera cuenta de que habia ido a verlo por necesidad. ?Pablito era un hombre!
– ?De veras no te estorbo?
– De veras.
– Eso de la Quimica es tan serio…
– ?Serio? Ya te lo he dicho: un toston.
El Gobernador sonrio.
– Te tira mas lo otro, ?verdad? La Historia, la Literatura…
– ?Desde luego!
Pablito estaba tambien un poco emocionado. ?A que venia el interes de su padre por el? ?Lo queria tanto, pese a que fuera 'un virrey'!
– Has salido a mi, chico. Tambien a mi las Ciencias me parecian detestables… -Acto seguido anadio-: Ya no me acuerdo de nada…
Pablito se chanceo.
– Bueno. Pero tu no tienes que examinarte.
El Gobernador dibujo una sonrisa y se saco del bolsillo un caramelo de eucalipto.
– ?Quieres?
– ?No, no, por favor!
El Gobernador suspiro.
– No tienes idea -prosiguio, recostando la espalda en el sofa- de las cosas que uno va olvidando… -marco una pausa-. ?El Bachillerato! ?Donde queda eso?
Pablito pregunto:
– Sera cuestion de memoria, ?no?
– ?No! -protesto el Gobernador-. Lo que no se utiliza, se pierde…
Pablito, al oir esto, se toco el lobulo de la oreja. Lo cierto es que la visita de su padre lo habia exaltado. Reflexiono unos segundos y se le ocurrio una peregrina idea.
– ?De veras has olvidado muchas cosas del Bachillerato?
– Figurate… Y con la guerra por en medio.
– Me divertiria -dijo Pablito, de pronto- comprobar eso…
– ?Como?
– No se… Jugando a hacerte preguntas.
– ?Preguntas?
– Si. Como si yo fuera un tribunal.
– ?Me niego! -exclamo el padre-. Me niego a jugar a eso.
– Pero ?por que?
– Porque no quiero que me pierdas el respeto.
– Eso es imposible.
– De verdad, Pablito… Que no quiero decepcionarte, que se olvidan muchas cosas…
Pablito se habia entusiasmado con la idea y no se mostro dispuesto a dar su brazo a torcer. Mordio el cortapapeles que habia cogido de la mesa y sin mas pregunto:
– A ver… ?Te prometo que no va a ser nada de Quimica! Por ejemplo… ?en que ano nacio Miguel Angel?
– ?Quieres decir… el ano exacto?
– Si.
El Gobernador movio la cabeza.
– No lo se.
Pablito mordio de nuevo el cortapapeles.
– ?Cuantos obispos se reunieron en el Concilio de Trento?
El Gobernador solto una carcajada.
