austero y de la jaula con un pajarillo…
?Ah, si, el padre Forteza aborrecia cada dia mas la religion 'merengue' y seguia resistiendose a escuchar en confesion a las prolijas mujeres! 'San Francisco Javier, San Francisco Javier es el modelo… -repetia una y otra vez, sobre todo cuando recibia carta de su hermano, misionero en Nagasaki, donde el santo predico-. Rezaba… pero sabia enfrentarse con los maremotos. Y con el hambre. Y con los gobernantes japoneses'.
El mas dificil de los congregantes que tenia a su cargo era Pablito. Pablito, ademas de sus pinitos literarios, seguia sonando noche tras noche, dia tras dia, con redondeces de mujer, y le salian granos en la cara. El padre Forteza le obligaba a reventarse esos granos delante del espejo, al tiempo que le decia: '?Fuera ese pus! ?A dominarte! ?Demuestra que eres hombre!'. Pablito pensaba: '?No lo demostre ya llorando en el lecho de mi madre?'. Pero era el caso que esa otra hombria que le exigia el padre Forteza le costaba al muchacho un esfuerzo mucho mayor, de suerte que habitualmente se declaraba vencido, cayendo siempre en lo mismo. Cada semana el padre. Forteza le repetia: 'De acuerdo. ?Ves este cilicio? Manana me lo apretare un poco mas… ?A ver si durante esta semana consigues aguantarte!'. Pablito entonces no sabia si besarle la mano al jesuita, si indignarse con el y no verlo mas, o si encerrarse en su cuarto a leer novelas de Salgari.
Ultimamente al padre Forteza le habia sido encargada otra mision. Se la encargo el senor obispo, en gracia a que el jesuita dominaba varios idiomas: la asistencia religiosa de los refugiados extranjeros que, por motivos de salud, despues de pasar, en Figueras, por las manos del coronel Triguero y de la Guardia Civil, eran internados en el Hospital gerundense y reclamaban un sacerdote.
Esta circunstancia, este contacto intimo del padre Forteza con gente que llegaba directamente del teatro de la guerra, unido a su profundo conocimiento de la psicologia alemana, lo convirtio imperativamente, por la misma inercia de los hechos, en el 'comentarista internacional' mas solicitado e incisivo de cuantos existian en la ciudad. Comentarista, desde luego, que solo ejercia como tal en la intimidad: es decir, que no escribia en el periodico ni se acercaba nunca a la emisora de radio.
Lo cierto es que su celda empezo a ser llamada 'el centro de informacion Forteza', puesto que acudian a ella, para escuchar su version de los acontecimientos belicos que se desarrollaban en Europa y en el mundo, un numero de personas cada vez mayor, y cada una de ellas con un proposito definido. Asi, por ejemplo, el profesor Civil, preocupado desde siempre por la cuestion judia, de la que tantas veces habia hablado en clase con Ignacio y con Mateo, sabia que nadie como el padre Forteza podia informarle sobre las actividades nazis en este aspecto. El notario Noguer le exigia, en nombre de la amistad y de la Diputacion, un comentario objetivo sobre la insolita evolucion que el mariscal Petain, presionado por los alemanes, imprimia a la democrata Francia. Manolo y Esther le suplicaban que valorara con un sentido realista la flema de que daba muestras Mr. Edward Collins, el consul britanico, flema comparable a la que, en su conferencia en Madrid, evidencio Sir Samuel Hoare. El propio Agustin Lago le habia pedido su parecer con respecto a la actitud de Pio XII, a quien las radios anglosajonas acusaban de germanofilia. Etcetera.
El padre Forteza no veia razon alguna para callarse. De modo que, utilizando siempre su parabolico lenguaje, dejaba satisfecho, en lo que cabia, al interlocutor de turno; felicitandose el, en el fondo, de que tales personas no se limitaran a leer los partes de guerra, sino que tuvieran conciencia de lo que estos podian significar en el terreno del espiritu.
– Profesor Civil, el asunto de los judios, que tanto le interesa a usted, es muy serio. En Alemania la poblacion judia se acerca a los cuatro millones, si no estoy equivocado; en toda Europa, a los diez millones. De sobra conoce usted el odio que los nazis sienten hacia esa raza. Si ha leido usted Mi lucha, de Hitler, me ahorrara explicaciones. Pues bien, las cosas van adquiriendo, segun mis informes, un cariz lamentable. Mientras yo vivia en Heidelberg, se quemaban en Alemania, de vez en cuando, algunas sinagogas, se expropiaban empresas y tiendas judias, se trazaban planes de emigracion -a Palestina, a Madagascar…-, todo ello bajo el pretexto de la salvaguarda de la casta nordica, a la que por cierto Himmler bautizo con un bello nombre: la Orden de la Sangre Preciosa. Ahora, por lo visto, hay algo mas y los relatos de la BBC en Londres parecen ajustarse a los hechos. Desde que estallo la guerra se ha pasado a una accion mucho mas directa, y no solo en Alemania, sino en todos los territorios ocupados, especialmente Polonia. Si, parece ser que lo peor esta ocurriendo en Varsovia, en cuyo ghetto han sido confinados quinientos mil judios, previa matanza de los dementes, de los ancianos y de los invalidos. Me consta que usted, profesor Civil, no siente tampoco una simpatia especial por esa raza, que, por una jugarreta del azar, resulta ser la mia… No voy a discutirselo, aunque esta bien claro que un cristiano no puede permitirse la menor discriminacion. Ahora bien, mi opinion es que la cosa no ha hecho mas que empezar. A medida que la guerra se complique -y se esta complicando, como usted habra podido observar-, los nazis llevaran su persecucion a los ultimos extremos. Hitler esta convencido de que los judios -junto con nosotros, los jesuitas- son la encarnacion del Mal. Y por desgracia, no es hombre que consulte con Dios; consulta a los astros, los cuales bien sabe usted que lo mismo son capaces de hacer concebir suenos poeticos que suenos infernales.
El profesor Civil se quedaba asustado. Era cierto que el atribuyo siempre a la raza judia la responsabilidad de tres de los grandes males que en su opinion aquejaban a la humanidad: la deificacion del dinero; la rotura psicologica, a traves de la literatura y el arte, y la perdida del sentido de la individualidad. Pero de eso a confinar en un ghetto a medio millon de hombres y mujeres, con el peligro del tifus exantematico… De eso a concebir una aniquilacion masiva…
El profesor Civil salia de la celda del padre Forteza doblemente preocupado, por cuanto su hijo, Carlos, que acababa de llegar a Gerona para ponerse al frente de la Emer, sucursal de Sarro y Compania, daba la impresion de estar tocado de todos los defectos mencionados: no hacia mas que hablar del patron oro, sonreia con displicencia al oir hablar del arte romanico de las iglesias gerundenses y parecia feliz mezclandose con la multitud. 'Me lo han cambiado -decia el profesor Civil-. Dandole ese cargo me lo han cambiado. No le falta sino colocar en la oficina -o en su casa, presidiendo las comidas de mis nietos- la estrella de David y el candelabro de siete brazos'.
El notario Noguer salia tambien asustado del 'centro de informacion Forteza'. El jesuita contestaba a sus preguntas diciendole que, segun los refugiados franceses con los que dialogaba en el Hospital, Petain, ?a sus ochenta y cinco anos!, estaba convirtiendo a Francia en un estado gemelo del estado nazi…
– Naturalmente, mi querido notario Noguer, puede existir ahi una alteracion de lo que el senor obispo llamaria 'el principio de causalidad'. Cierto que Petain firma decretos sorprendentes desde el punto de vista frances, como el de la perdida de la nacionalidad francesa del general De Gaulle; la obligatoriedad de la ensenanza religiosa en los centros docentes oficiales; la prohibicion del divorcio durante los tres primeros anos de matrimonio; las severas amonestaciones a quienes hagan circular folletos antialemanes, etcetera. Pero, en mi opinion, todo ello no es mas que una prueba de astucia por parte del veterano heroe de Verdun. Intenta tener contentos a los alemanes, calmarlos, evitar males peores. ?Que otra cosa puede hacer? El papel de Petain es triste, desde luego. El mismo lo ha dicho: 'Me temo que los franceses no comprenderan nunca mi sacrificio, que no me perdonaran'. Pero lo cierto es que en la Francia ocupada empieza a marcarse el paso de la oca…, que se expurgan las bibliotecas y que la cherie liberte que usted conocio alli ha pasado a ser un recuerdo.
El notario Noguer se asustaba al oir esta version porque se preguntaba a si mismo si el, en caso de ser frances, comprenderia o no comprenderia al mariscal Petain… El asunto era complejo. ?Claro que podia tratarse de una astucia salvadora! Pero hacerle el caldo gordo al invasor… ?Que limites se trazaria el mariscal? ?Hasta donde llegaria? ?No era preferible hacerse quemar en una hoguera?
El padre Forteza no podia evitar el pasarlo bien cuando sus interlocutores de turno eran Manolo y Esther… La joven pareja le exigia con la mirada que les diera una seguridad: la seguridad de que, contra todas las apariencias, Inglaterra acabaria venciendo. Parecian decirle: 'Usted, que es hombre de Dios, que sabe que en Polonia los nazis han matado a sacerdotes catolicos y que Himmler ha hecho grabar en todas las dependencias de las SS la frase de Nietzsche: Bendito sea lo que endurece, profetice que estamos en lo cierto, que esta pesadilla pasara y que esas muchachas de la Seccion Femenina Alemana que van a llegar a Gerona de un momento a otro, invitadas por el Gobernador, regresaran pronto a su pais, dejandonos tranquilos'.
Ocurria que el jesuita no podia profetizar absolutamente nada. Vivia tan en el aire como los propios Manolo y Esther.
– En primer lugar, y pese a que la Compania de Jesus usa lexico militar, yo no soy militar, como sabeis muy bien… En segundo lugar, supongo que la inclinacion definitiva de la balanza dependera de lo que en lo futuro decidan los Estados Unidos y Rusia, lo cual, a los ojos de un simple jesuita mallorquin como yo, resulta tan imprevisible como saber lo que se obtendra de la paja como sustitutivo de la seda natural.
Manolo y Esther se miraban entre si desolados… Desolados y convencidos de que el padre Forteza hablaba
