Los dias se alargaban. La luz diurna se resistia a desaparecer, como los griegos habian resistido a la invasion alemana, hasta el punto que algunos soldados, antes que rendirse, se habian suicidado tirandose al mar desde lo alto de una roca, envueltos en la bandera nacional.
Era la primavera. Una primavera que se anunciaba esplendida. Los gerundenses, despues del duro invierno, comprobaban con alegria que el sol empezaba a resbalarles con fuerza sobre la piel. Mosen Alberto, en una de sus 'Alabanzas al Creador', recordo a sus conciudadanos que en la vision romana el animal que simbolizaba el invierno era el lobo y que por ello, al llegar la primavera, en muchos pueblos de la montana los pastores simulaban entrar en una cueva y matar a dicho animal, simbolo de que sus ovejas estarian a salvo.
Mosen Alberto no habia escrito este comentario porque si. Habia advertido que lo que mas gustaba a los lectores era que les hablara de temas historicos-costumbristas. Sobre todo a los lectores de edad madura. Y es que la gente un poco mayor echaba de menos muchas cosas de antano, que con la guerra civil se habian perdido. La frase 'recuerdo que antes de la guerra…', adquiria muchas veces, al margen de lo politico, un significado de nostalgia.
En aquella primavera, cuyos acontecimientos a escala mundial no pudieron impedir que la vida minuciosa y cotidiana prosiguiese, mosen Alberto se situo, gracias a Amanecer, en un primer plano, porque, basandose en las excursiones domingueras que las familias empezaron a organizar a las ermitas y a las montanas -por cierto, que por fin Cacerola consiguio que Ignacio se decidiera a oxigenarse y a salir de la ciudad-, el sacerdote opto por publicar en su Seccion sistematicos comentarios sobre las comarcas visitadas y sobre Cataluna en general. Su exito lo resarcio en parte del sacrificio que suponia para el tener que celebrar la misa de los cazadores a las cuatro de la madrugada, hora que el sacerdote, con vigoroso acento humoristico, seguia calificando de 'inmoral'.
Gracias, pues, a la erudicion de mosen Alberto, supose en Gerona que, en otros tiempos, en las poblaciones amuralladas era costumbre, llegado el primer dia de Cuaresma, cerrar con una sabana las puertas de entrada a la ciudad, considerandose pecadores a los que en aquel momento se encontraban en el exterior. Al efecto, mujeres vestidas de brujas y con la cara arrugada se situaban en dichas puertas y, en cuanto veian regresar a uno de dichos pecadores, al tiempo que levantaban la sabana para dejarlo pasar, lo imprecaban con palabras durisimas y con maldiciones.
Mosen Alberto hablo tambien de la ceremonia segun la cual en las ermitas en que habia una imagen de la Virgen, si ocurria que en un determinado dia festivo esta no recibia ninguna visita, los pajaros del lugar reemplazaban a los hombres y se las ingeniaban para entrar en la capilla y cantarle dulces canticos a Maria. Tal leyenda entusiasmo al senor obispo. El doctor Gregorio Lascasas, en un alarde de humildad, comento: 'Nunca, en Aragon, habia oido nada tan bonito…'
Tambien llamo la atencion el comentario referente al Domingo de Pascua. En Gerona acababa de celebrarse sin ningun rasgo especia!, aparte de la alegria callejera y las 'monas' y los 'huevos' en las pastelerias. Pero, al parecer en otros tiempos era costumbre, ademas de eso, balancearse y mecerse a lo largo de la jornada… Segun mosen Alberto, durante mucho tiempo, el dia de la Resurreccion del Senor los excursionistas ataban cuerdas en los arboles y se balanceaban en ellas; habia cola en los columpios; los abuelos mecian a sus nietos en las rodillas; las jovenes mamas mecian a sus bebes en la cuna, con mucha mas pasion que en el resto del ano. Al parecer se concedia a esta ceremonia un valor magico de fecundacion. El balanceo favorecia y aceleraba la germinacion y el crecimiento de las plantas y de los frutos.
Tambien, gracias a mosen Alberto, la primavera en el mar tuvo su comentario en Amanecer. Segun el sacerdote, antiguamente, llegado el mes de mayo, los pescadores en el litoral remendaban sus redes preparandose para la nueva campana y las tenian con colores vistosos, al tiempo que silbaban melodias distintas segun el color, pues cada uno tenia su significado y su virtud. Asimismo, en las romerias marineras de la epoca era costumbre habitual romper alguna vasija o plato utilizado en la comida al aire libre y enterrarlo luego, con la esperanza de reencontrar los pedazos al ano siguiente. Este detalle llamo la especial atencion de Cacerola, el cocinero, quien, en presencia de Ignacio, el dia en que ambos subieron a Rocacorba, despues del almuerzo quebro por la mitad y enterro a los pies de un arbusto la tosca vajilla que habian llevado consigo, lo que dio lugar a que el bonachon inspector de la Fiscalia de Tasas, romantico y enamoradizo, preguntara despues de hacerlo: 'De todos modos ?tu crees que el ano proximo estare yo aqui todavia?'.
Ignacio no dejaba de enviar ninguno de esos recortes de Amanecer a Ana Maria, pues sabia que con ello haria las delicias de la muchacha. Y acertaba. Ana Maria devoraba los articulos de mosen Alberto y en sus cartas se las ingeniaba para relacionarlos con su amor, amor segun ella mas potente que el sol, puesto que no se limitaba a resbalarle sobre la piel.
Si, Ignacio. Me gusta que te vayas de excursion con tu amigo Cacerola. La primavera… es eso: la primavera. Barcelona se ha transformado tambien. Los jardines han florecido y la gente sonrie por las calles. En cuanto a mi, lo que son las cosas: me ha dado por columpiarme, como hacian los antiguos gerundenses. Y tambien he sentido deseos, vivos deseos, de mecer lo antes posible, en alguna hermosa cuna, a un hermoso bebe. ?Y de tenir de color de rosa, como hacian los marineros, la red con que te tengo aprisionado!
Resulto chocante que esas cartas de Ana Maria y los articulos de mosen Alberto impresionaran tanto a Ignacio. Cacerola le decia: 'Es la montana. ?Te das cuenta? Tenia yo razon'. Tal vez si… Ignacio, en la ciudad, veia al pueblo catalan sometido a concupiscencias como cualquier otro pueblo; pero, en esas salidas, al contemplar las colinas y los prados salpicados de aldeas y de riachuelos, tuvo la sensacion de que habia alli una verdad superior a Sarro y Compania y a los trapicheos con el volframio y el algodon. Y de que, en efecto, Carlota tenia razon cuando le decia a Esther que la raza catalana era muy antigua, de mucha tradicion y el fino producto de una cultura ascendente. Jaime, el librero, al tiempo que sacaba cinco gruesos volumenes de historia que tenia escondidos debajo del mostrador, le dijo: 'No te equivocas, Ignacio. Y si quieres convencerte de ello, llevate estos libros…Te los envolvere, por si te tropiezas con el comisario Dieguez y el gacho, como diria tu padre, esta de mal humor. Y como siempre, me los vas pagando a plazos, cuando quieras…'
Primavera y amor… De acuerdo con lo previsto, se casaron Jorge de Batlle y Chelo Rossello. El doctor Andujar le dio el ultimo empujon al muchacho, convenciendolo de que necesitaba ademas de una esposa que lo cuidara, tener hijos, que le darian la sensacion de que no todo habia terminado.
– Dios le ha puesto en su camino a Chelo, que, ademas de ser inteligente, es muy buena. Hagame caso. Creame…
– Si, doctor…
– ?Hala, pues!, a arreglar los papeles… y al altar.
Dicho y hecho. El hermano de Chelo, Miguel Rossello, se quedo estupefacto y objeto algo absurdo: '?Que hare yo solo en el piso?'. '?Casate tambien', contesto Chelo.
Las chicas de la Seccion Femenina se afanaron para hacerle a Chelo Rossello el traje de novia, traje parecido, en cierto modo, al que su hermana Antonia, ya en el noviciado, llevaria el dia que hiciera los votos.
La boda se celebro en la iglesia de San Felix. Hubo muchos lirios y muchas luces en el altar; pero no banquete, dada la situacion del doctor Rossello y a causa del uniforme listado que este llevaba en el Penal.
Produjose, al salir de la iglesia, un detalle emotivo parecido al de la boda de 'La Voz de Alerta' y Carlota; los novios se dirigieron al cementerio, a depositar el ramo en el panteon de los padres y de los hermanos de Jorge, asesinados por Cosme Vila.
El viaje de boda de la joven pareja fue modesto. Jorge, pese a sus exclamaciones de '?quiero vivir!', no estaba en condiciones de recorrer monasterios, de irse a Pamplona o al castillo de Javier. Se compraron un Citroen de segunda mano y visitaron algunos lugares de la provincia: la Costa Brava, el lago de Banolas, los balnearios de Caldas de Malavella…
Resulto que por todas partes Jorge poseia masias y hectareas de terreno. Jorge, de repente, detenia el coche y, senalando una casa de payes, una era y unos arboles, le decia a Chelo: 'Esto es nuestro'. O bien: '?Ves aquella familia? Son colonos nuestros'. Colonos que, si reconocian 'al hijo de don Jorge', acudian a saludarlo, gorra en mano.
Chelo pensaba: '?Que vamos a hacer con tanto dinero?'. Ella hubiera preferido ser pobre, pero tener la seguridad de que Jorge no volveria a padecer ninguna otra crisis como la que habia pasado.
– ?Estas contento, Jorge?
– Lo estoy. Gracias a ti y al doctor Andujar…
– Ademas, piensa en los hijos… Seran un gran estimulo, ?no crees?
