– Es posible. Pero me da miedo que salga alguno con defectos.

– ?Por que dices eso?

– ?He sufrido tanto!

– Ya lo se, querido. Pero ahora empezamos una vida nueva.

Al regreso de su corto periplo se instalaron en un piso de la calle de Ciudadanos y lo primero que Jorge encargo para decorarlo fue una reproduccion del arbol genealogico de la familia, que el Responsable habia destrozado un dia.

– Las armaduras no, por favor… -suplico Chelo.

– Claro que no, mujer…

El doctor Andujar, consecuente con su terapeutica habitual, aconsejo a Chelo que Jorge se ocupara en algo, ademas de la Delegacion de Ex Combatientes, que realmente le daba muy poco que hacer.

Chelo creyo haber encontrado la solucion.

– Cuidar de las fincas, doctor. ?Le parece poco? He observado a Jorge… En el campo parecia otro. Palpaba los troncos, contemplaba los pajares, se interesaba por la siembra… Parecia sentir la tierra. Y tambien parecian gustarle los animales, sobre todo los caballos. ?No cree usted que podriamos enfocarlo por ahi?

– ?Desde luego! Nada mejor, Chelo. Con el coche… os resultara facil.

Chelo Rossello anadio:

– Ademas, el mismo ha dicho que hay que mejorar las condiciones de vida de algunos colonos. Efectivamente, los hay que lo pasan muy mal. ?Como viven! Como en la Edad Media… ?Mira que oirle a Jorge hablar asi! Parece un milagro.

El doctor Andujar no rechazaba nunca esta palabra. La admitia como real. En el ejercicio de su profesion habia presenciado tantas transformaciones en un sentido o en otro, hacia arriba o hacia abajo, que habia terminado por invertir los terminos del refran. 'Con el mazo dando… -decia- y a Dios rogando'.

– Tal vez acabeis, Chelo, por instalar una granja-modelo…

Chelo miro con fijeza al doctor.

– ?Que curioso que diga usted eso!

– ?Por que?

– Porque Jorge comento con Alfonso Estrada esa posibilidad.

– ?Con Alfonso Estrada?

– Si. El padre de Alfonso era veterinario, aunque no ejerciera como tal. Y por lo visto su aspiracion era tener una granja.

– Ya…

El doctor anadio:

– Bien, Chelo… ?y que hay de la agresividad de Jorge?

– ?Oh! Eso paso a la historia… -Chelo marco una pausa-. Las unicas personas que todavia parecen ponerlo nervioso son los hermanos Costa…

Primavera y amor… Se habia formado en Gerona un nuevo hogar. Y Marta habia perdido, en la Seccion Femenina, otro de sus puntales.

El doctor Chaos y Solita sentian tambien los efectos de la prolongacion de la luz diurna… Maria del Mar, al hablar con sus amigas, no se habia equivocado: aquello era un idilio.

Solita, desde luego, se habia enamorado del doctor. Varios factores intervinieron en ello. Primero, la edad… Solita frisaba los treinta anos y nunca la sedujo la idea de quedarse soltera. Segundo, la competencia profesional del cirujano. Lo que al principio fue admiracion fue trocandose por parte de Solita en ferviente afan de colaborar. Tercero, la piedad. Solita se compadecio hondamente de aquel hombre con quien la naturaleza se habia mostrado tan caprichosa, tan esquiva… y que no tenia otro consuelo que el de la fidelidad de su perro, Goering.

En cuanto al doctor, se autosugestiono para llegar a la conclusion de que correspondia a Solita en sus sentimientos. Era la primera vez que podia dialogar largamente con una mujer sin aburrirse, y la primera vez que, al sentir sobre si unos ojos femeninos que lo miraban con amor, no experimentaba malestar fisico, incomodidad.

El periodo de prueba para ambos habia sido un tanto largo. Las mananas durante las cuales el doctor Chaos iba al Hospital, a Solita se le hacian interminables; y, a semejanza de lo que hacia Pilar con Mateo, buscaba mil pretextos para llamarlo por telefono. En justa correspondencia, el doctor Chaos, al encerrarse en la habitacion del hotel finalizada la jornada, sentia frio en los huesos, echaba de menos aquello que todo el mundo llamaba 'el hogar'.

Un dato llamo la atencion del doctor Chaos: se le habian curado, como por ensalmo, las hemorroides… El doctor Andujar al enterarse de eso sonrio, porque sabia que las hemorroides que sufrian muchos pederastas eran el sustitutivo del periodo mensual que caracterizaba a la mujer y que aquellos hubieran deseado sentir en su organismo.

El caso es que los coloquios entre el cirujano y la enfermera fueron adquiriendo paulatinamente un caracter de intimidad. El itinerario de esos coloquios era siempre el mismo: un comentario sobre la ultima intervencion; una rapida ojeada a la cirugia de antano, con incisos mas o menos filosoficos, y por ultimo, un canto solidario al placer que podian experimentar dos personas si tenian la suerte de trabajar como era su caso, tan compenetradamente.

– No se lo que haria sin ti, Solita…

– Y yo sin ti, doctor…

– A veces, mientras opero, me entregas el instrumento preciso sin necesidad de que te lo pida.

– Conozco mi oficio, doctor…

– ?Es solo eso?

– ?Bueno! Tal vez acierte a leer tu pensamiento. A pesar de que llevas mascara…

El doctor Chaos se reia con ganas. ?Cuando se habia reido el tan frecuentemente con ganas? Aquel forcejeo era una novedad; y por cierto, apasionante.

La piedad… La piedad o compasion habia jugado un papel importante en la actitud de Solita. Esta habia advertido que el doctor carecia de muletas para caminar resignado. Nunca hablaba de su familia. ?O es que no la tenia? Nunca hablaba de sus amistades, a excepcion del doctor Andujar. Lo salvaba su sentido de la ironia; y poder, de vez en cuando, hacer crac-crac con los dedos. ?Si por lo menos hubiera sido hombre religioso! Pero el doctor era un muro en este aspecto.

– ?Comprendes, Solita? Es el hombre el que, al sentirse desamparado, ha creado a Dios; no lo contrario. Invocar a un Ser Supremo para que intervenga en nuestros asuntos es como ponerse una inyeccion antitetanica.

El punto de friccion intelectual era este… El motivo de discusion que les llevo horas y horas -mientras avanzaba y moria el invierno, y nacia la primavera- era el de la divinidad. Porque Solita era creyente. De no serlo, ?como hubiera sonado un solo instante en que el amor de una mujer podia curarle al doctor Chaos las hemorroides? Se hubiera declarado vencida de antemano y se hubiera quedado tranquilamente en casa, esperando a que llegara su padre, don Oscar Pinel, para jugar con el a batallas navales, que era el juego predilecto del Fiscal de Tasas.

– No estes tan seguro, doctor… Si no se cree en Dios hay que creer en el Absurdo. Y ello resulta igualmente incomprensible, y mucho menos consolador.

– En eso estoy de acuerdo. Se lo dije en una ocasion a Manolo y Esther. ?Que no daria yo por creer que los pajaritos, algun dia festivo que otro, entran en las ermitas solitarias para cantarle melodias a la Virgen?

Poesia… El doctor Chaos afirmaba que el sentimiento religioso era mitad poetico mitad necesidad vital. Por eso todas las religiones, desde las mas primitivas a las mas, cultas, se parecian en sus mitos, en su liturgia y hasta en su indumentaria. Y por eso todas habian bloqueado, tanto como les fue posible, los avances de la ciencia, para no sentir que sus pilares eran socavados por la base.

– No hay mas que abrir un libro de historia, Solita. Durante siglos la Biblia ha sido el dique contra el que se han estrellado los cerebros como Copernico, como Galileo… ?No, no! ?Anatema! ?Al fuego! ?Eso no figura en las Sagradas Escrituras!

– Doctor Chaos…, ?quieres que te prepare una taza de cafe?

– Si. ?Por que no? Solita…, ?donde estabamos? ?Ah, si…! ?Sabias que la Iglesia se opuso durante anos y anos a que los medicos practicasemos autopsias? Claro, descuartizado el cuerpo, la resurreccion de la carneaba a ser

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