dado su paso definitivo hasta mediados del siglo XIX, con el descubrimiento de la narcosis primero y de la antisepsia despues. Al segundo plato el doctor Chaos se puso sentimental y brindo por esa ciencia, o ese arte, gracias al cual ellos se habian conocido y estaban aquella noche sentados uno frente al otro. A la hora del cafe Solita fue completamente feliz tomando el azucarero y preguntandole al doctor Chaos:
– ?Dos cucharadas como siempre, doctor? Faltaba el paso definitivo: enfrentarse con la sociedad… Tambien fue dado. Ello tuvo lugar con motivo del I Congreso de Cirugia Espanola que se celebro en Barcelona a primeros de junio. El doctor Chaos fue invitado a leer en el una ponencia y hacer una demostracion. Durante una semana, maestro y discipula trabajaron sin apenas descanso para preparar aquella intervencion. Y la vispera, el doctor Chaos le dijo a Solita:
– Tienes que acompanarme a Barcelona… Te necesitare. Solita escucho la propuesta y noto escalofrio en la espina dorsal. Se paso la mano por los ojos, cansados, y contesto:
– De acuerdo. Hablare con mi padre y te acompanare. Fue un viaje armonico, por carretera, en el coche del doctor, puesto que habia coherencia entre las personas, las ideas y el paisaje que los circundaba.
Tambien fue armonica la ponencia que leyo el cirujano en el Congreso, ante mas de cien colegas, y tambien lo fue su actuacion en el quirofano: una traqueotomia. Solita, mientras le pasaba el instrumental, iba leyendo sus pensamientos… pese a la mascara.
El doctor Chaos y Solita se hospedaron en el mismo hotel: el 'Majestic', del paseo de Gracia, donde antano se hospedo el doctor Relken y en cuyo comedor este le dijo a Julio Garcia: 'Mi cerebro me lo pago yo'.
La tercera noche, mientras cenaban, despues de la intensa jornada clinica, que fue la de clausura, el doctor Chaos -?que le ocurria?- no aludio para nada ni a la Inquisicion ni a las diferencias existentes entre las tecnicas operatorias de Barcelona y de Madrid. Comio vorazmente, como si llegara andando desde el ghetto de Varsovia. Y bebio vino tinto, de Perelada, pues dijo que su sabor le recordaba a Gerona y la tramontana que llegaba del Ampurdan, donde se alineaban los vinedos.
Solita, a su vez, tenia coloreadas las mejillas. La palidez del quirofano se habia esfumado. ?O se habria puesto polvos, la muy sagaz? Solita, ademas, fumo…, lo que no era habitual en ella. Y pidio una copa de conac.
A medianoche, el ascensor los llevo al tercer piso, donde tenian las respectivas habitaciones. Y al encontrarse en el pasillo, con las enormes llaves en la mano, apenas si tuvieron necesidad I de pronunciar una palabra: el doctor Chaos miro a Solita a los ojos, que brillaban como bocetos de estrellas, y la muchacha echo a andar.
El la siguio y ambos entraron en la habitacion de la mujer. El cambio fue brutal. Mientras Solita se desnudo y el doctor Chaos hizo lo propio, las luces tenues del cuarto parecian entonar una musiquilla arrulladora. Pero en cuanto los dos cuerpos, debajo de las sabanas, entraron en contacto, el doctor Chaos experimento una violenta sacudida y luego se quedo extatico, sin fuerzas para moverse.
El hombre concentro toda su atencion. Hizo lo imposible para darle ordenes a su mente, para sentir… Para demostrarle a Solita no solo que era un hombre, sino que era su hombre, con el que compartiria luego para siempre la Clinica, el amor y el pan.
Resulto inutil. El doctor Chaos noto una suerte de asfixia y sus manos, yertas sobre la piel caliente de Solita, eran la imagen de la pena y de la impotencia.
Solita dio una vuelta sobre si misma y, la cara contra la almohada, martilleo esta con los punos y rompio a llorar sin consuelo. El doctor Chaos deseaba morir. Contornos antiguos, de hombres, fustigaron su cerebro. Le invadio una indiferencia glacial. Se dio asco a si mismo. Le dio asco Solita. Le dio asco el mundo.
No se atrevio a pedir perdon… Salto de la cama y su intencion fue ducharse. Pero renuncio a ello y vistiose con calma, en un estado de postracion extrema. Se sentia infinitamente agotado. No era el mismo ser que el dia anterior, con una fascinante rapidez de reflejos, opero una traqueotomia a la vista de mas de cien colegas.
Una vez vestido se atrevio a balbucear:
– Perdon…
Y salio de la habitacion de Solita. En el pasillo del hotel habia ceniceros y delante de algunas puertas, zapatos. Zapatos de hombre y de mujer, alineados correctamente. ?Dios, que horrible sensacion!
Se paso la noche en blanco, sin acertar a coordinar las ideas. Ya nada Je importaba. ?Por que el doctor Andujar, su amigo, lo achucho hasta conducirlo a una situacion semejante? ?Por que no lo dejo en paz con su anormalidad? En las paredes de la habitacion colgaban grabados ingleses. Representaban caballos de carrera. Caballos vigorosos, de linea estilizada. Caballos de raza. Tambien era de raza Goering, que dormia sosegadamente sobre la alfombra, a los pies de la cama.
Penso en la castracion. ?Por que no? Antiguamente en Roma los papas hacian castrar a los pequenos cantores para que no se malograsen sus voces infantiles… De una vez para siempre acabaria con la tortura. Y sabria a que atenerse. Y el comisario Dieguez podria impunemente romper su ficha.
Se levanto con la luz del alba. Redacto una nota para Solita, nota muy escueta, y la deslizo por debajo de la puerta de su habitacion. Luego bajo, pago la factura del hotel y regreso solo a Gerona, en su coche. Goering parecia tener frio a aquella hora y se nego a asomarse por la ventana. Los postes de telegrafo semejaban dedos que senalaban con ir al cielo. De vez en cuando, una consigna: 'Ni un hogar sin lumbre, ni un espanol sin pan'.
El doctor Chaos, una vez en Gerona, se abstuvo de llamar, o de visitar, al doctor Andujar. Ni siquiera fue al Hospital. La idea de que las monjitas lo saludarian diciendo: 'Buenos dias, doctor…', lo horrorizo. Se dirigio a su hotel y se desplomo en su lecho de siempre, testigo de tantas orgias inconfesables. Y se durmio hasta la hora del almuerzo.
Al dia siguiente el doctor Andujar, despues de escuchar detenidamente al doctor Chaos, le dijo:
– ?Bien…! Es pronto ahora para sacar conclusiones… De momento, por favor, lo unico que te pido es que me des el numero del telefono particular de Solita.
CAPITULO LIV
Paz Alvear, declarada miss Gerona por Carlota, condesa de Rubi, se acordaba con frecuencia de su madre, pero sin angustia. Su madre fue en verdad un ser gris, apergaminado, que dejo huella escasa, excepto en el pequeno Manuel, que visitaba el cementerio de vez en cuando. Paz no queria ser cruel, pero cuando mas la echaba de menos era cuando tenia que cocinar y fregotear. Habia hecho donacion del escasisimo ajuar de la mujer a una vecina medio paralitica y habia tirado su peine, su cepillo de dientes y algunos otros chismes al cubo de la basura. Gol, el gato mascota de la casa, ahora se habia acostumbrado a dormir en la cama que fue de 'tia Conchi'. Paz tenia… dos problemas: Manuel y Pachin. Manuel habia caido de lleno en las garras de mosen Alberto. Paz hizo cuanto pudo para romper el cerco, pero fracaso. Continuo hablandole pestes de la Iglesia, que habia consentido la muerte de su padre en Burgos. Continuo hurgando y criticando los libros de texto que su hermano llevaba en la cartera e incluso le enseno un antiguo catecismo que le presto el librero Jaime, editado en Gerona cuando la guerra de la Independencia, en el que se decia textualmente: -?Que son los franceses? -Antiguos cristianos y herejes modernos. -?Es pecado asesinar a un frances? -No, padre; se hace una obra meritoria librando a la Patria de sus violentos opresores.
– ?Comprendes, so tonto? Los curas han sido siempre asi. ?Fijate en la fecha!: 1808… Ha pasado siglo y medio y siguen en las mismas.
Nada que hacer. Mosen Alberto ejercia sobre Manuel una influencia decisiva. Por otra parte, en el Museo Diocesano, cada dia mas enriquecido, el muchacho se habia acostumbrado a considerar sagradas determinadas cosas, sobre todo al contemplar los cuadros que representaban a Cristo. Si, la figura de Cristo habia ido penetrando en el con intensidad creciente. ?Manuel comulgaba ya una vez a la semana, sin que Paz se enterase!
Y al hacerlo sentia que en aquellas hostias elaboradas por las monjitas habia algo mas que pan… Habia serenidad, buenos pensamientos, deseos de amar al projimo y de perdonar. Aquel pan era la explicacion de que no todo acaba aqui abajo, como su hermana pretendia. Era el pan con que Cesar se alimento siempre… ?Oh, claro, Cesar se habia ido convirtiendo en el otro gran 'opresor espiritual' de Manuel! Este llevaba siempre en la cartera una fotografia de su primo, que Carmen Elgazu le habia regalado. Y cada vez que la miraba pensaba que las teorias de su hermana fallaban por algun lado. O que por lo menos eran exageradas. Paz se daba cuenta y
