agradecerselo era a Adela.
Era un verano esplendido, sin apenas nubes. Y eso que Ignacio, puesto en guardia a raiz de su conversacion con Manolo, procuraba adivinar cuales podian ser, mas adelante, los motivos de roce con Ana Maria.
Poca cosa. Encontraba escasas discrepancias. Alguna vez Ana Maria le renia porque no le interesaban la musica, ni el teatro, ni el ballet. Ignacio se preguntaba si aquellos baches de educacion llegarian a tener tanta importancia como el vaho en los espejos del bano y como un dolor en la tercera vertebra. Tal vez si. Tal vez si. Manolo no hablaba nunca gratuitamente. De todos modos, ?existia algun matrimonio perfectamente sincronizado, aun perteneciendo a la misma clase? Sus padres, Matias y Carmen, no estuvieron nunca de acuerdo en la manera de educar a los hijos. La cuestion era saber soportarse. ?Soportarse? ?Como era posible que utilizara ya este verbo, si las bicicletas estaban alli, esperando a su juventud, y el asfalto era gris, pero comodo, y la brisa mecia a sus espaldas los canaverales?
Ana Maria reflexionaba tambien por cuenta propia. Sobre todo en la playa, por las mananas. Lo que mas le preocupaba de Ignacio, aparte de la inestabilidad emotiva, cronica, del muchacho -de repente este parecia ponerse una careta y era capaz de cualquier desplante, por simples ganas de mortificar-, eran sus dudas religiosas. Los domingos por la manana iban a misa y el asistia a ella distraido, pensando en las musaranas. En ocasiones adoptaba incluso una postura ironica. Y cuando el parroco soltaba alguna barbaridad, lo que ocurria a menudo, le daba un codazo y le decia: 'Eso es una idiotez'.
Lo malo era que Ignacio parecia estar documentado en heterodoxia… Porque Ana Maria tampoco aceptaba de la religion una serie de costumbres externas, anacronicas. Y la molestaban la intolerancia y la excesiva seguridad. Pero habia algo para ella sagrado, tan sagrado como para el profesor Civil: los Evangelios… Pues bien, ahi radicaba precisamente el punto de friccion. Ignacio no le ocultaba que de un tiempo a esta parte los Evangelios le parecian contradictorios. Que algunos, como el del 'sagaz administrador', no los comprendia. Y que era muy dificil saber a ciencia cierta lo que Cristo dijo, puesto que Cristo hablo en arameo -como Teresa Neumann, la estigmatizada, cuando estaba en trance- y la Iglesia no ofrecia sino traducciones. A menudo, traducciones de traducciones…
– ?Que significa, en arameo, espiritu? ?Lo sabes tu…? ?Y hombres de buena voluntad? ?Y la palabra Padre? ?Y la palabra cielo? ?Que quiso dar a entender Jesus cuando dijo: 'si no os hicierais semejantes a los ninos no entrareis en el reino de los cielos'? ?Que hemos de renunciar a nuestra madurez?
Ana Maria sufria.
– Pero ?por que has de torturarte asi? Doctores tiene la Iglesia, ?no te parece?
– Si, claro… Pero ?quien me garantiza que esos doctores han avanzado mas que yo?
– ?Por Dios, Ignacio! ?No hables asi!
Ignacio procuraba tranquilizarla.
– Ana Maria, pequena…, no te preocupes. No he perdido la fe. No creo perderla nunca. Te amo a ti y amar es ya creer en Dios… Lo que ocurre es que aspiro a ser religioso de una manera mas consciente. ?Si, ya se lo que vas a decir! ?Vas a decir que quiero un Dios a mi medida! No se trata de eso. Mas bien se trata de lo contrario. Presiento que Dios es mucho mas grande de lo que quieren hacernos creer, de lo que nos han dicho hasta ahora. ?Bueno! Dejemos eso por hoy… ?Sabes lo que me hace falta? Confesarme… Esta semana me confesare con el padre Forteza y el proximo domingo oire la misa, toda la misa, de rodillas. ?Vale? Bien… Pues vamos a celebrarlo. Vamonos al rompeolas a ver el mar…
El 31 de agosto ocurrio en San Feliu de Guixols algo chusco. Un comerciante de harinas fue obligado por el Fiscal de Tasas, don Oscar Pinel, a pasearse todo el dia por las calles con un cartel que rezaba:
'He tratado de estraperlar cinco mil quilos de harina a Auxilio Social. Soy un sinverguenza'.
La gente se desternillaba de risa. Ignacio y Ana Maria, por el contrario, miraron a aquel hombre con una mezcla de confusos sentimientos. Ignacio no podia olvidar las palabras de Manolo: 'Antes de un ano tendremos que habernoslas con tu futuro suegro…' Y Ana Maria pensaba tambien en su padre, en frases aisladas que le habia oido por telefono.
El hombre del cartel representaba unos cincuenta anos. Al parecer era un propietario de Castillo de Aro, que poseia varios molinos. Tenia aspecto campesino; pero miraria poco al cielo, era de suponer… Se le veia tan angustiado, que daba pena. ?Cinco mil quilos de harina a Auxilio Social!
– Vamonos… Eso me crispa los nervios.
– A mi tambien.
Se fueron a contemplar escaparates. A Ana Maria le gustaban las perfumerias. En una de ellas leyeron un letrerito que decia:
No se pinte los labios Avivelos con Marilu.
Es un consejo Pimpinela.
– ?Quien es ese Pimpinela? -pregunto Ignacio, mirando con fijeza a los labios de Ana Maria, sin pintar.
Ana Maria se rio.
– Un fabricante-filosofo, que conoce a las mujeres mas que tu…
Anochecio en San Feliu de Guixols. Ignacio y Ana Maria entraron en un cafe, que les recordaba el del Fronton Chiqui, de Barcelona. Hablaron de la guerra. Ambos deseaban, pese a todo, no solo que Mateo saliera con bien de la aventura, puesto que esta no tenia ya remedio, sino que llegara a Moscu.
– Entre los alemanes y los rusos, nos quedamos con los alemanes, ?verdad?
Ana Maria guardo como siempre en el pequeno bolso el envoltorio de los terrones de azucar, para su coleccion.
– De acuerdo…, monsieur Voltaire.
A continuacion la chica anadio:
– Y hablando de Moscu… ?Cuando nos casamos?
Ignacio hizo un guino expresivo.
– ?Voy a decirtelo!: el dia que me guste la opera…
Ana Maria se santiguo.
– ?Jesus! Voy a quedarme para vestir santos…
CAPITULO LX
Las primeras cartas que se recibieron de los voluntarios de la Division Azul las recibieron Gracia Andujar e Ignacio. Ambas las firmaba Cacerola.
Cacerola le contaba a Gracia Andujar, su madrina de guerra, que se encontraba bien, lo mismo que los demas companeros, en el campamento de Grafenhwor, en Alemania, en la region de Nuremberg. El general que iba a mandar la Division, general Munoz Grandes, habia llegado ya al campamento. De momento ocupaban el tiempo adiestrandose, haciendo ejercicios de tiro… y jugando con las barajas que les regalaron al pasar por Vitoria. No sabian cuando partirian para el frente ruso. La poblacion alemana los habia recibido maravillosamente. El, Cacerola, vivia en la pura gloria, pues siempre habia deseado conocer otras tierras. 'De momento lo unico que desearia es que me mandases una fotografia tuya, para tenerla en la tienda y poder mirarla siempre que quiera'. Gracia Andujar fue en seguida al fotografo, pasando antes por la lujosa Peluqueria Damaso, dispuesta a satisfacer el primer deseo de su ahijado, de quien Ignacio le habia dicho: 'Es el corazon mas puro que he conocido. El unico peligro que corres es que antes de tres meses te pida que te cases con el'.
La carta dirigida a Ignacio, firmada tambien por Cacerola, estaba precisamente, fechada el 18 de julio. Era una carta nos- talgica, recordando los tiempos de Esquiadores. 'Lastima que no estes aqui, Ignacio. ?Aprendi tanto a tu lado! Cada vez me doy mas cuenta de lo triste que resulta ser ignorante. Muchos camaradas se ponen a hablar de cosas que no entiendo. Algunos chapurrean ya algunas palabras en aleman. Yo no conozco mas que una: Verboten, que al parecer significa prohibido. Confio en que Mateo conseguira que me pongan de cocinero, que es para lo que sirvo, aunque aqui hay que cocinar con mantequilla y todo el mundo preferiria el aceite. He conocido a una chica alemana que se llama Hilda… ?Bueno, no se lo digas a Gracia Andujar! Adios, Ignacio. Te escribire otra vez cuando pueda'.
La carta siguiente llegada a Gerona era de Solita. Iba dirigida a su padre, don Oscar Pinel, Fiscal de Tasas. Era muy escueta y rezumaba tristeza. Solita decia que habia hecho amistad con otra enfermera, llamada Maria
