Ignacio se llevo las manos a la cabeza.

– ?No, por favor! ?Eso no…!

Manolo lo miro ironicamente.

– ?Que te ocurre, Ignacio? Algun dia has de hacer oir tu voz en la Sala, ?no crees? -Viendo que Ignacio seguia con cara de susto, anadio-: Si, llegado ese dia, no has reaccionado aun, le pediremos a tu prima que te preste el microfono…

Esa era la gran fuerza de Manolo: su sentido del humor. Manolo lo atribuia a que habia leido mucho a Chesterton y a Bernard Shaw, y no era cierto. Era algo innato, y la vida lo divertia. Gozaba viviendo y buscandoles matices a las situaciones. 'Si no le dieramos color a ese acto extrano que es respirar, los dias se harian interminables', solia decir.

Ignacio habia comprobado esto con motivo de la ausencia de Esther. Manolo no solo supero su tristeza inicial, sino que aprovecho al maximo su independencia. En una de las cenas que organizaron los dos en el casi solitario restaurante de la Barca, desde cuya terraza se oia discurrir el agua del Ter y el dialogo nocturno de los arboles de la orilla, el jefe de Ignacio le confeso a este que habia hecho honor al temperamento macho de la raza: habia enganado a Esther, por primera vez desde que llevo a esta al altar.

– Pero no temas. No ha sido con la doncella… Eso hubiera sido humillante para mi mujer. Y para mi… Me ha salido al paso una senora… ?Bueno! El caso es que lo he aprovechado. Con alevosia y, naturalmente, con nocturnidad.

Ignacio se quedo perplejo… solo a medias. Estaba acostumbrado a confesiones de esa indole. Todos los maridos adulteros que conocia, aunque no hubieran estado en Mejico, no se consideraban espanoles ciento por ciento si no le habian contado su aventura a un amigo. El mismo, Ignacio, sin ser marido aun, ardia en deseos de contarle a alguien sus relaciones con Adela. Le faltaba este detalle para encontrarle todo su sabor.

– Asi, pues… -dijo Ignacio, contestando a la confesion de Manolo-, lo que tu entiendes por darle color a la respiracion es que Esther, a su regreso, no te encuentre desentrenado.

– Exacto.

Entonces Manolo se creyo en la obligacion de disculparse.

– No es que alabe mi conducta, entiendeme… Pero ese bochorno de agosto… ?Te das cuenta?

Manolo encendio una pequena pipa que acababa de comprarse. Pero la temperatura era tan tibia, que acto seguido la apago y encendio un cigarrillo.

– Veras… Esther es muy celosa, ?sabes? No puedes hacerte idea… ?Si, comprendo que te sorprenda! Lleva pantalones, juega al tenis, es liberal… Monsergas. En este asunto me tiene en un puno. Me controla al minuto. Y ahora resulta que tiene motivos para ser asi… Ahora resulta que obra santamente…

Ignacio no sabia que decir.

– Me fastidia este control, Ignacio. Asi que, en cuanto se ha presentado la ocasion, he traspuesto la barrera… como cada quisque.

El cigarrillo de Manolo punteo en la semioscuridad. Ignacio le pregunto a Manolo:

– Por curiosidad…Si Esther se enterase de esto, ?te lo perdonaria?

Manolo abrio los ojos de par en par, con expresion comica.

– ?Ni pensarlo…! Se quedaria en Jerez con sus papas. Y borraria mi imagen de la memoria de mis hijos.

Ignacio porfio con malicia:

– Y si ella te hiciera a ti algo parecido, ?que?

Manolo se acomodo en el sillon.

– Me pegaria un tiro.

Ignacio movio la cabeza.

– Entonces… -dijo-, todo eso de Bernard Shaw y de Chesterton y de Oxford, nada… Entonces resulta que sois tan ingleses como pueda serlo mi amigo Cacerola.

Manolo se encogio de hombros.

– Asi es…

Ignacio se quedo pensativo. En el fondo le habia impresionado que Manolo hubiera enganado a Esther. Manolo se dio cuenta y le dijo:

– Todo esto te demostrara una cosa, Ignacio: el matrimonio es un compromiso extrano… En el mejor de los casos se sostiene por un hilo… -marco una pausa-. La convivencia, entiendelo… La convivencia es algo terriblemente dificil.

Nueva sorpresa. El tono de Manolo era reticente.

– Pero tu has tenido suerte, ?no es cierto? Vuestro matrimonio… practicamente es perfecto.

Manolo continuaba arrellanado en el sillon. El agua del Ter seguia bajando, al amparo de la noche.

– No lo creas… ?En fin! No me considero desafortunado… Esther y yo… nos llevamos bien. Pero nos llevamos bien sobre todo cuando hay gente delante.

Ignacio se tomo de un sorbo el cafe que habia dejado enfriar.

– ?Quieres decir… que cuando estais solos os peleais?

– ?No! Eso nunca… Es decir, en raras ocasiones. Nos queremos… ?Por Dios, no pongas esa cara! Nos queremos, chico, nos queremos de verdad… La cosa no va por ahi. Pero te repito que la convivencia… ?Oh, que dificil resulta explicarle esto a un soltero!

– Lo siento, Manolo; pero si no me pones algun ejemplo…

– ?Algun ejemplo…? -Manolo estaba tranquilo-. Pues veras. Entrar en el cuarto de bano cuando ella acaba de banarse y encontrar el espejo empanado con el vaho caliente… Al principio, uno llega a respirar hondo ese vaho. Es intimo. Es excitante. Ahora me fastidia. He de dominarme para no coger la toalla y hacer un claro en el espejo que me permita empezar a afeitarme…

Ignacio se rasco con el indice la ceja izquierda.

– Puedes afeitarte en otro momento, ?no?

– ?Ahi esta! Claudicacion… ?Es que no me escuchas? Al principio ese vaho me gustaba…

– Ya…

Manolo prosiguio:

– Otro drama… Tu sabes que tenemos unas vertebras en la espalda, ?verdad? Pues bien, exactamente la tercera, la tercera vertebra, le duele a Esther… He de darle friegas todas las noches, con una pomada que hasta ahora le mandaban de Gibraltar… -Manolo anadio-: Huele. Es una pomada que huele… Y ademas, en el contrato no figuraba que un dia empezaria a dolerle a Esther la tercera vertebra.

Ignacio se rasco con el indice la ceja contraria, la derecha.

– Pero… ?todo esto es una broma!

– ?Una broma? ?Has dicho una broma? -Manolo llamo al camarero para pedirle conac-. ?Bueno…! No hay nada peor que la insensibilidad. Y esta noche, querido Ignacio, eres insensible… Uh conac, por favor.

El camarero viro en redondo y fue por la botella.

Manolo sonrio.

– ?Ah, el matrimonio…! Me las se todas, Ignacio. ?Quieres otro matiz de la cuestion? Eso de adivinar lo que el otro esta pensando… y de saberse de antemano los gestos que hara… Hay quien dice que ahi radica la felicidad. ?Supongo que se referira a la vejez! Y yo acabo de cumplir los treinta y seis… ?No sera que el hombre es poligamo?

Manolo se rio. El camarero llego con la botella de conac y dos copas, como si se hubiera dado cuenta de que Ignacio tambien necesitaba vigorizarse. Manolo espero a que el camarero se fuera y luego prosiguio:

– Esther… Caprichosa… Con sus pantalones de raya perfecta… Con sus jerseys, que son un primor… ?Demasiado elegante, Ignacio! Y yo he de imitarla, ponerme a tono… ?Crees que me gusta ese sombrerito tiroles, que llevo en invierno? Pero he de hacer pendant… -Manolo se tomo de un trago el conac-. ?Ay, amigo mio, mi pasante…! A ti, con Ana Maria, va a ocurrirte algo parecido… Y eso que la prefiero mil veces a Marta, que a lo mejor ahora estaria en la Division Azul… Si, va a ocurrirte lo mismo, a menos que don Rosendo Sarro caiga en manos de la Fiscalia y lo manden a Garrapinillos… ?Te fijaste en el duo Esther-Ana Maria la noche de la procesion? Parecian gemelas… Ana Maria tambien ocupara el cuarto de bano antes que tu, y tu, para afeitarte, tambien tendras que coger la toalla y hacer un claro en el espejo…

Ignacio hizo un esfuerzo y consiguio sonreir.

– ?Bien! -dijo-. Pero yo tengo una gran ventaja sobre ti, por lo que veo: no me importara no hacer pendant.

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