abanicos…, con aquellos motivos tan preciosos…, con aquel varillaje precioso tambien… El abanico era un gran adorno para la mujer. ?Deberia salir un decreto que lo declarara obligatorio!'.
La ola de calor disperso, como siempre, a los ciudadanos que podian permitirse el lujo de veranear. La Organizacion Sindical sonaba con el dia en que todos los 'productores' pudieran disfrutar de sus vacaciones pagadas en buenos albergues en el mar o en la montana; pero de momento las posibilidades eran escasas. Los Campamentos Juveniles volvieron a funcionar, eso si. Por algo se decia que el Frente de Juventudes era 'la obra predilecta del Regimen'. Y uno de esos Campamentos, el de Aiguafreda, de la Seccion Femenina, se llamo este ano 'Campamento Division Azul'.
Fueron varias las familias que se marcharon de Gerona en busca de aire, de bosque y de agua. El notario Noguer, observando aquel despliegue, recordaba los veranos de antes de la guerra, cuando el paro obrero hacia estragos y los hombres se sentaban en las aceras, la espalda reclinada en la pared y la boina o la gorra caida sobre los ojos. Parecian estatuas… a punto de ponerse en pie. Daban miedo. Uno tenia la impresion de que en cualquier momento se levantarian todos y empezarian a disparar… como asi ocurrio.
Ahora eran pocos los que se sentaban en las aceras. El paro obrero no existia y los habitos -era preciso reconocerlo- se habian modificado. A la noche se organizaba alguna tertulia en las puertas, o en los vestibulos, sobre todo en las calles poco centricas. Pero sin boina ni gorra que ocultara los ojos. Los ojos eran visibles y ello resultaba una bendicion de Dios. 'La Voz de Alerta' y Carlota se fueron a Puigcerda, a la mansion que poseian alli los padres de la 'alcaldesa'. Antes de marchar, Carlota fue a la consulta del doctor Morell. La mujer queria tener un hijo y, habida cuenta de que de momento no llegaba, quiso someterse a reconocimiento. El doctor Pedro Morell no descubrio en el organismo de la condesa Carlota nada anormal.
– ?Entonces? -pregunto esta.
– Tal vez fuera conveniente hacerle un reconocimiento a su esposo -dijo el doctor-. No podemos olvidar que en su anterior matrimonio tampoco tuvo hijos.
Carlota asintio con la cabeza. Era cierto. Hablo con su esposo… Pero 'La Voz de Alerta' puso mala cara. Sin saber por que, le desagradaba la idea. En el fondo creia que en todo caso fallaria por su mujer.
– De acuerdo, de acuerdo… Cuando regresemos de Puigcerda, si no ha habido novedad, ire a la consulta del doctor Morell. En Puigcerda reencontraron viejas amistades, y 'La Voz de Alerta' fue bien recibido en la 'colonia', gracias, sobre todo, a sus dotes de conversador. Su mordacidad, unida a su extensa cultura, hacia estragos. Saco motes a todo el mundo. Descubrio que era capaz de hacer reir al projimo, cualidad siempre halagadora. Al Gobernador lo llamo el 'Aspirante', por lo de las inhalaciones. Y a Carlota, debido a su aficion a las joyas antiguas, la llamo 'condesa de los Rubies'.
De vez en cuando miraba a su alrededor -campos de golf, de criquet, piscina-, y comentaba, limpiandose los cristales de sus lentes de oro:
– No se puede negar que, opine lo que opine Mr. Collins, el nivel de vida aumenta…
Carlota en Puigcerda era feliz, pese a que su padre, de la nobleza catalana, se pasaba el dia quejandose del proyecto gubernamental de crear 'el gran Madrid'.
– ?Han leido ustedes el periodico? Van a construir en Madrid una Ciudad Olimpica… Estadio cubierto, con capacidad para ochenta mil personas… Aparcamiento para cuatro mil coches… Etcetera. ?Quien pagara eso? La industria catalana. Asi estamos.
Otra familia que se disperso: la de Manolo y Esther. Esther no habia visto a los suyos desde la terminacion de la guerra. Los anoraba tanto -sobre todo a su madre, Katy-, que decidieron que se fuera con los chicos, hasta mediados de septiembre, a Jerez de la Frontera. Manolo iria luego a buscarla, y si era capaz de resistirlo se pasaria alli una semana.
– Ya se que aquel ambiente no te gusta -le dijo Esther-. Que las bodegas y las fiestas toreras te ponen nervioso. Pero, en fin, confio en que sobreviviras…
Manolo estimo muy logicos los deseos de Esther. De modo que se ocupo en todos los pormenores del viaje. Llegado el dia, los acompano a la estacion. Esther llevaba un esplendido panuelo de seda anudado al cuello y aparecia desbordante de ilusion.
– Lamento que tengais que ir en tren…
– ?Por que? ?Me encanta el tren, ya lo sabes!
Jacinto y Clara se echaban al cuello de Manolo una y otra vez.
– ?Por que no te vienes con nosotros, papa?
– Porque tengo trabajo, hijos…
Los tres rostros amados permanecieron en la ventanilla hasta que el convoy se perdio de vista. Entonces Manolo se quedo solo, con Gerona a cuestas, con su despacho, con su barbita a lo Saibo.
Paso un par de dias muy tristes, y ello lo unio mas aun a Ignacio, con quien sostenia interminables dialogos sobre Esther, sobre la guerra, sobre la 'faena' de Mateo… Ignacio dijo: 'Por suerte, parece que Pilar resiste bien el golpe'.
Manolo comento:
– ?Bueno! Eso no se sabra hasta que nazca el crio.
De pronto, Manolo se sintio a gusto solo en casa. Respiro un indefinible aire de libertad.
– Es curioso -le confeso a Ignacio-. Ahora resulta que estas vacaciones me sientan de maravilla. ?Quieres que nos vayamos esta noche a comer ranas a la Barca?
– Bien… ?Por que no?
Tambien se disperso la familia del Gobernador. Maria del Mar no habia visto tampoco a los suyos desde el final de la guerra civil. Y se moria de ganas de comprobar por si misma el estado en que quedo Santander despues del incendio y que prisa se daban en reconstruirlo.
El Gobernador estimo tambien que todo ello era logico y Maria del Mar, llevandose a Pablito y a Cristina, se fue para su patria chica. Utilizaron el coche oficial, si bien el chofer esta vez no seria Miguel Rossello, por cuanto este debia permanecer en Gerona cubriendo la vacante que Mateo habia dejado en la Jefatura provincial de FET y de las JONS.
No senalaron fecha de regreso. Se hablarian por telefono todos los dias.
– A lo mejor he de ir a Madrid y paso a recogeros -dijo el Gobernador.
– De acuerdo. Cuidate mucho…
Pablito abrazo a su padre con fuerza. Le dolia separarse de el. Pareciale que se iba al fin del mundo.
– ?Quieres que me quede contigo?
– ?De ningun modo, hijo! ?Es que no te gusta ir a Santander?
Pablito hizo un mohin.
– Pues… la verdad es que me gusta mucho…
– Anda, pues… No seas tonto y vete con tu madre.
El Gobernador no supo si se quedaba triste o no. ?Tenia en efecto tanto que hacer! Sin Mateo se sentia desamparado. Desamparado el, y desamparada la Falange, pese a la buena voluntad de Miguel Rossello. Permanecia lo menos posible en casa. Y los actos oficiales continuaban ocupandole mucho tiempo. ?Y las Fiestas Mayores! La provincia celebraba tantas… Es decir, eran tantos los pueblos que habia en la provincia… Y cada uno de ellos reclamaba su presencia, como reclamaba la de la Gerona Jazz.
El problema radicaba en que no podia aplicar en todas partes el mismo discurso, pues Amanecer lo reproducia integro cada vez y los lectores se hubieran dado cuenta. Por fortuna, el tema de la Division Azul le daba ahora mucho de si… Ademas de que habia descubierto un slogan que arrancaba invariablemente fuertes aplausos: El pan negro que comemos estos dias es mucho mas grato y confortable que el pan blanco obtenido con vilipendio.
Los hermanos Costa alquilaron una torre en Palamos y depositaron alli a sus esposas. Ellos irian y vendrian, siguiendo al compas que les marcaran la Constructora Gerundense, S. A. y la Emer. Ambas sociedades les daban mucho trabajo, pese a que Carlos Civil, el hijo del profesor Civil, estaba demostrando insospechadas dotes de mando. Pero Emer se habia comprometido a entregar el 30 de septiembre las obras de la nueva Carcel, en el vecino pueblo de Salt -se adjudicaron la subasta sin mayores dificultades- y en la misma fecha debia estar terminado el edificio de Fundiciones Costa, empresa que, como es sabido, era la intima y personal condecoracion de los dos hermanos. Ademas… ?don Rosendo Sarro! Y su representante en Gerona, Gaspar Ley. No los dejaban vivir. Los Costa se habian considerado siempre a si mismos fenomenos de actividad. Pero don Rosendo Sarro les daba ciento y raya. No le bastaba con sus exportaciones 'a los paises beligerantes'; ahora estaba empenado en
