Maria del Mar le daba siempre su opinion, y esta solia ser certera. En cuestiones estrictamente politicas, no, porque el cargo que ostentaba su marido continuaba desagradandole y ello la privaba de la necesaria objetividad; pero, en cambio, su olfato para con las personas era infalible. 'Juan Antonio, cuidado con el jefe de Obras Publicas. No se por que, pero no me gusta'. '?Sabes a quienes he visto hoy? A Mateo y a Marta. Son estupendos'. Tambien acertaba en cuestiones de protocolo. Era inevitable organizar a menudo 'cenas diplomaticas' y cada vez era preciso elegir con buen tino los comensales. Ahi Maria del Mar brillaba con luz propia. En la mesa no faltaba un detalle, el menu era siempre original y las bebidas eran servidas en el momento preciso. Todo el mundo salia encantado, haciendose lenguas de las virtudes de ama de casa de la elegante Maria del Mar.

Todo eso tenia un valor y el camarada Davila sabia apreciarlo: 'Has estado magnifica. Y tambien lo has pasado bien, ?verdad? ?Hay que ver como te reias!'.

?No, eso no! Maria del Mar era poco sociable. Cada reunion le exigia un esfuerzo improbo. Preferia con mucho la intimidad familiar. 'A mi lo que de verdad me apetece es estar contigo y poderte morder cuando quiera el lobulo de la oreja…'

A veces el Gobernador se enfurrunaba oyendo estas cosas, pues entendia que un exceso de mordeduras en el lobulo de la oreja podian distraerle de sus obligaciones. Maria del Mar, ante la objecion, dejaba constancia de su temperamento. '?Que quieres que te diga? No soy tu asistente. Soy tu mujer'. O bien: 'Ya se que eres un totalitario. Pero eso no cuenta para mi'.

Bueno, no llegaba la sangre al rio… La buena crianza los ayudaba a cancelar, a veces hermosamente, las situaciones tensas. Mas aun: no era raro que esos forcejeos al amor del aire tibio, precursor del verano, que entraba por los ventanales del caseron del Gobierno Civil, le sirvieran al camarada Davila para tomar decisiones importantes.

– Es curioso… ?Se me acaba de ocurrir…!

– ?Que, carino?

– No, nada…

El camarada Davila sonreia. ?Como era posible que la indiferencia de su mujer por los problemas que afectaban a su cargo, en un momento dado pudiera convertirse en estimulo?

– ?Por que dices 'nada'? Anda, se bueno y cuentame lo que te propones.

– ?Para que?

– El Gobernador echaba la cabeza para atras, voluptuosamente-. Moises, para recibir las Tablas de la Ley, quiso estar solito…

Maria del Mar sonreia a su vez.

– Si, de acuerdo. ?Pero fijate lo que le ocurrio! Al bajar del monte se encontro con que su pueblo adoraba becerros de oro…

Eso era exactamente lo que el camarada Davila queria evitar: que el pueblo adorase becerros de oro. Para ello estimo condicion indispensable no adorarlos el. De ahi que, a lo largo de los tres meses transcurridos desde su toma de posesion, su principal empeno consistiese en conocer de punta a cabo la zona sometida a su mandato, y sus problemas. 'A Dios rogando y con el mazo dando'.

Recabo, naturalmente, los consabidos informes de organismos tales como la Delegacion de Industria, la Camara de Comercio, etcetera; pero considero que el unico medio autenticamente eficaz era la realizacion de aquel proposito inicial: visitar pueblo por pueblo, municipio por municipio, la provincia de Gerona.

Esa gira directa fue llamada por el camarada Davila, humoristicamente, Visita Pastoral, y sus acompanantes mas asiduos fueron Mateo, el notario Noguer, el profesor Civil y Jose Luis Martinez de Soria. Sin contar con el insustituible camarada Rossello, en su calidad de chofer y secretario, quien le habia Pedido permiso para colgar en el parabrisas del coche un monigote gordinflon que se habia puesto a la venta y que representaba a un gendarme frances.

Cabe decir que el mayor de los exitos premio la gestion del camarada Davila. Por doquier fue recibido con entusiasmo, y no solo por parte de los alcaldes y concejales que nombraba al paso, sino por toda la poblacion. En algunos lugares le ocurrio que las mujeres lo obsequiaron con cestas de fruta; y en Santa Coloma de Parnes un viejo artesano, que vivio toda la guerra oculto en el monte, le hizo entrega de un precioso baston tallado en madera, en el que habia grabado el escudo de Gerona.

– Pero ?los catalanes sois una joya! -exclamaba el Gobernador-. ?Estais reaccionando como si hubiera sonado el tambor del Bruch!

Miguel Rossello comentaba:

– Es que ha sonado de verdad ese tambor, camarada… A lo largo de la gira el Gobernador se comporto de acuerdo con su idiosincrasia. En los pueblos no se limitaba a contemplar desde el balcon la plaza Municipal. Apenas habia dado posesion de sus cargos a los componentes del Ayuntamiento, les decia:

– ?Y si nos dieramos una vuelta a pie por las afueras? Las autoridades locales se miraban.

– ?No faltaria mas, Excelencia!

– Llamadme camarada, por favor…

Esa vuelta a pie por las afueras podia muy bien prolongarse durante dos y tres horas a pleno sol. El alcalde y los concejales sudaban la gota gorda, pero por nada del mundo hubieran decepcionado a la primera jerarquia de la provincia. Sonreian. Sonreian una y otra vez, aunque confiaban en que la proxima Visita Pastoral no tendria lugar hasta el ano siguiente. Y entretanto procuraban satisfacer, en la medida de lo posible, la insaciable curiosidad de que hacia gala el Gobernador.

– ?Como le llaman ustedes a aquel monticulo?

– El monticulo de las Perdices. Hay muy buena caza… ?Bueno! Debio de haberla en otros tiempos…

– ?Y este arroyuelo?

– Nosotros lo llamamos La Muga.

– ?Hay truchas?

– Pues… pocas.

Al camarada Davila le llamaron mucho la atencion la prestancia de las masias catalanas, que elogio sin reservas, la forma de los pajares, con un orinal encima del palo y los diversos sistemas de acequias empleados. Llevaba consigo siempre la maquina fotografica y no desperdiciaba ocasion de utilizarla. Huelga decir que la disparo reiteradamente en los lugares en que habia alcornoques, habida cuenta de que todo lo referente al corcho le era practicamente desconocido.

– ?Que bien huele esto, que bien!

Esos viajes del camarada Davila lo confirmaron en su primera impresion: se encontraba en uno de los mas privilegiados pedazos de Espana. Gerona era, de extremo a extremo, un prodigio de variedad y una admirable demostracion de que los gerundenses habian conseguido, merced a su laboriosidad, convertir su bella tierra en una fuente inagotable de riqueza. Gerona formaba un mundo completo, tal y como rezaban los manuales escolares. Naturalmente, ahora todo parecia desmantelado y triston, con repentinos toques de huida precipitada. De pronto, junto a una hilera de olmos y un rio, aparecian huellas de la guerra, o basuras hediondas o una vieja solitaria cuya lengua se habian comido los soldados al pasar. Pero el camarada Davila tenia imaginacion para saber que tal estado de cosas era provisional y que en breve plazo los caballos volverian a relinchar en las cuadras y las vacas a rumiar por entre la filosofica hierba.

Sus acompanantes de turno, mientras regresaban a la capital, lo incitaban, como es logico, a que manifestara su parecer.

Y el Gobernador no se hacia de rogar. Estaba llegando a determinadas conclusiones y las exponia con franqueza.

– Me impresiona el equilibrio de la provincia. Forman ustedes una comunidad equilibrada. ?Y mucho mas sentimental de lo que imagine! ?Oh, si! Son ustedes sentimentales, a pesar de las fabricas. Una palabra carinosa, y se les hace la boca agua. Y, desde luego, me encanta el sentido familiar que preside su forma de vivir. Esto es notable. Notable desde cualquier punto de vista.

En cierta ocasion, al regreso de la Cerdana, zona bucolica donde el Gobernador apadrino el bautizo de varios ninos nacidos durante la guerra, siendo luego obsequiado con un esplendido banquete, seguido de un repertorio de canciones y poesias, comento, con la mejor de las intenciones:

– Otro rasgo evidente es cierto infantilismo que se conserva en estas comarcas. ?Con que facilidad se rie la gente! Mateo tiene razon, no cabe duda: hay que gobernar esto con sentido paternalista.

El profesor Civil, al oir este comentario, se creyo en el deber de emitir su juicio. Por descontado, ese

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