– ?Como te llamas, eh?
– Ignacio Alvear.
Al oir la voz del muchacho, el coronel Triguero se digno mirarlo a la cara. Y entonces su actitud cambio. Abrio la boca como si estuviera tocando el clarinete. Evidentemente se habia calmado, pues formulo sus preguntas por orden y de manera espaciada. E Ignacio se las contesto con tal precision, que al final el coronel Triguero exclamo:
– ?A lo mejor resultas inteligente!
– Es usted muy amable, coronel…
Se rieron. ?Ah, quien no iba a reirse en aquella oficina del Servicio de Fronteras? Era en verdad una pocilga, pero con una mesa repleta de extravagantes cachivaches requisados -un despertador, un abanico, una polaina, varias pipas…- y, por si fuera poco, sentadas a un lado, ante sendas maquinas de escribir, habia dos mecanografas 'que valian por todo un batallon'.
– ?Da usted su permiso para mirarlas, coronel?
– ?No faltaba mas, hijo! Estas en tu casa.
Las dos mecanografas se ruborizaron e Ignacio las invito a fumar. Ellas rechazaron, moviendo repetidas veces la cabeza. Ignacio se fijo de un modo especial en una de las chicas, de larga cabellera y ojos gatunos. La miro con tal intensidad, que la muchacha se bajo la falda por debajo de la mesa. Ignacio le pregunto:
– ?Puedo saber como te llamas?
– Me llamo Nati…
Ignacio sonrio y comento:.
– Debi figurarmelo…
Servicio de Fronteras… Mundo complejo, con aspectos agradables y otros dramaticos. Ignacio se sintio muy pronto tan atraido por el, que en cierto sentido lamento que el Gobernador lo hubiera nombrado, con buena intencion, su 'enlace personal', lo que lo obligaba a vivir a caballo entre Gerona y Figueras, llevando y trayendo mensajes. El muchacho casi hubiera preferido quedarse en Figueras tres o cuatro dias a la semana. ?Ocurrian tantas cosas en la 'pocilga' del coronel Triguero! Nati le decia a menudo: '?Lo que te perdiste anoche, chico!'.
El coronel Triguero, que evidentemente era frivolo y bebia en exceso, pero que llevaba el Servicio con buena mano, se dio cuenta de la curiosidad del muchacho y le dio facilidades… Le permitio visitar en Figueras los barracones en que se albergaban los 'rojos' que regresaban de Francia por haber recibido ya el correspondiente aval, que la familia les habia enviado desde Espana. Dichos barracones estaban emplazados en un barrio extremo, llamado La Carbonera, y los custodiaba la Guardia Civil.
– ?Son muchos los exilados que regresan?
El coronel Triguero le informo:
– El promedio es ahora de unos cuatrocientos diarios.
A Ignacio le parecio que la cifra era muy elevada.
– ?Y que se hace con ellos?
– Pues… interrogarlos. Lo natural, ?no?
– Claro…
Un grupo de estos repatriados los observaba, con disimulo.
– ?Te apeteceria interrogar a alguno? -le ofrecio el coronel.
– ?No por Dios! No he nacido para eso.
– Entonces, ?para que has nacido?
Ignacio no se inmuto.
– Para ir mirando… Si, eso es -repitio, girando la vista en torno-. Para ir mirando.
?Bueno, el coronel Triguero lo complacio! Le permitio presenciar en la 'pocilga' de la que era dueno, en la oficina, la apertura de treinta cajas conteniendo objetos diversos, que constituian el ultimo lote devuelto a Espana por las autoridades francesas, gracias a las gestiones que realizaba el Servicio.
– El camarada Davila me hablo de eso. De que el Servicio se ocupaba en recuperar obras de arte, joyas, etcetera.
– ?Aspiramos a mucho mas! Aspiramos a recuperar varias toneladas de oro -Alvarez del Vayo se llevo un buen pellizco-, e incluso barcos. ?Si, barcos! ?Te sorprende? Hay una serie de barcos espanoles en puertos franceses…
Las treinta cajas en cuestion contenian una fascinante mezcla de joyas religiosas: custodias, calices, coronas… y de joyas mundanas: pendientes, broches, anillos, pulseras…
– Todo volvera a su lugar -comento el coronel-. Las coronas, a los santos y a las virgenes; los pendientes y demas, a las damas de la alta sociedad… y a las amantes de los Gobernadores Civiles.
Ignacio, al oir esto ultimo, miro al coronel y este lanzo, riendose, una de sus frases favoritas.
– ?Corrigeme si me equivoco!
Nati, la de los ojos gatunos, procuraba tambien satisfacer la curiosidad de Ignacio. Un dia lo llamo para que asistiera a una escena chocante. Aquella manana habia cruzado la frontera una expedicion de ninos espanoles, de los muchos que durante la guerra los 'rojos' habian enviado a diversos paises de Europa. Y resulto que uno de esos chicos, que tenia siete anos, ?solo hablaba flamenco! Ni una palabra de espanol, pese a que se sospechaba que era de Talavera de la Reina. Lo habia adoptado una familia belga, que habia resuelto devolverlo a la 'Falange Exterior', que funcionaba en Bruselas.
– ?Que te parece el chaval?
– ?Que va a parecerme? Muy majo… Muy flamenco.
Nati se rio.
– ?Te das cuenta de la papeleta si localizamos a sus padres? ?Tendran que ensenarle a hablar!
Otro dia Ignacio coincidio en la oficina con los capitanes Arias y Sandoval, los cuales, con permiso del general Sanchez Bravo, andaban por la zona ocupandose de misiones muy varias. Dichos capitanes extendieron sobre la mesa gran cantidad de avales esplendidamente falsificados en una oficina de Montpellier, a nombre de 'rojos' que pretendian colarse en Espana con el proposito de rehacer su vida en algun pueblo que no fuera el suyo, sin ser molestados.
– ?Hay que ver! ?Han falsificado hasta el sello de los Ayuntamientos!
Tambien funcionaba, en un piso aparte, una Seccion dedicada a censurar las cartas que llegaban del extranjero, e Ignacio se maravillo viendo con que astucia dos hombres ya de edad, expertos en la materia, leian entre lineas… Y se acordo de David y Olga cuando en Gerona, en Correos, se dedicaron durante una temporada a identica labor.
– De todos modos -pregunto Ignacio al coronel-, ?por que tanta cautela? ?Que puede hacer esa gente?
El coronel se acaricio sus imaginarias patillas.
– Tu conoces el japones, ?verdad? No, claro… Pues bien. Hay un proverbio japones que dice: 'Despues de la victoria, ?atate bien el casco!'.
– Ya…
Ignacio iba sintiendo por el coronel una simpatia 'in crescendo'. Desde luego, le estaba agradecido. Pero es que, ademas ?era tan imprevisible! Siempre queria apostar algo. '?Te apuestas veinte duros a que hoy cae un pez gordo?'. '?Te apuestas la corbata a que manana llovera?'.
Sin embargo, el muchacho intuia que el coronel no jugaba del todo limpio… ?Por que tantos viajes a Perpinan -en un Citroen que habia pertenecido al alcalde 'rojo' de Figueras- sin llevarlo nunca con el, pese a la promesa del Gobernador? ?Y por que al regresar descargaba de vez en cuando misteriosos y minusculos paquetes, que pronto desaparecian sin haber sido abiertos? Tales paquetes ?contenian realmente objetos recuperados?
Nati sonreia.
– 'Chi lo sa…'
?Ay, mejor no meterse en honduras! Lo importante era que, gracias a el, Ignacio, cada vez que regresaba a Gerona, tenia algo interesante que contar a la familia y a las amistades. 'Papa, el coronel trajo ayer un monton de periodicos franceses… ?Sera verdad lo que cuenta el padre Forteza: que Hitler tiene ganas de pelea?'. 'Pilar, toma esto, de parte del coronel. Es una barra de labios que no deja huella… Lo ultimo que ha salido en Paris'. '?Oh, muchas gracias! A ver si le traes otra igual a Marta'. El profesor Civil, al que Ignacio iba ahora a visitar a menudo, le encargo unas medicinas para su mujer, cuya piel de pronto habia empezado a caersele como en
