– Porque si. Mis padres me hubieran llevado a la escuela… ?Comprendes lo que te digo?
– Claro…
Ignacio no queria ver sufrir a Canela y corto preguntandole si habia permanecido mucho tiempo en el campo de concentracion.
– Poco. Los mandamases y nosotras… pudimos salir pronto. Alla solo se pudren los tontos.
Ignacio se disponia a comentar que aquello era una canallada. Pero le parecio tan obvio, que se callo.
El forcejeo era dificil e Ignacio opto por preguntarle, ya sin mas dilacion, por el paradero de sus amigos.
– Dime. ?Sabes algo de Julio Garcia?
– ?El poli…? -Canela entorno expresivamente los ojos y por un momento volvio a parecer una nina-. Otro punto. Es millonario. Robo lo que le dio la gana, como mi comisario.
– No estara en Perpinan, por casualidad…
Canela solto una risita nerviosa.
– ?En Perpinan? Pues si que estas bueno… Esta en Paris, con los jefazos…
– Y con dona Amparo…
– ?Ah, eso no se!
Canela no sabia nada de David y Olga; nada de Cosme Vila; nada de Antonio Casal…
– No me preguntes mas, ?quieres? No me interesa esa gentuza. Me intereso yo. Canela. ?Eh, 'garcon', otro Martini! -Canela eructo de nuevo, pero esta vez dijo: 'Perdona'.
Ignacio penso: 'No, el exilio no es una fiesta. ?Por que en Gerona no se daran cuenta?'.
De pronto, Canela miro a Ignacio a los ojos. Era la primera Vez que lo hacia. Estaba borracha.
– Continuas siendo un crio. Si, me gustas…
– Anda, no digas tonterias.
– ?Te apeteceria estar conmigo?
Ignacio casi retrocedio. Canela volvio a reirse nerviosamente. Echo una rectilinea y segura bocanada de humo.
– ?Te has vuelto marica, o que?
– No es eso… -Ignacio anadio-: por favor. Canela, calmate…
– ?Si estoy tranquila! Mira, ?ves? -Bruscamente cogio las cartas y simulo que se ponia a hacer solitarios de nuevo.
Ignacio queria ayudarla, pero no sabia como.
– ?Te acuerdas de Gerona? -se le ocurrio preguntarle.
Temio haber metido la pata, pero no fue asi. Por un momento los ojos de Canela se iluminaron.
– ?A que no adivinarias lo que echo de menos de todo aquello!
– No se…
– El tabaco… -Miro el paquete de 'gauloises' que tenia en la mesa-. Este me marea.
– Luego anadio-: ?Y otra cosa! La Dehesa…
– ?La Dehesa?
– Si, la Dehesa. Una tiene derecho a que le guste la Dehesa, ?no?
– ?Oh, claro! Ahora esta preciosa…
Canela volvio a irritarse.
– ?Que va a estar! Con tanto uniforme…
Ignacio hizo un mohin. Canela se tomo su Martini de un sorbo y prosiguio:
– ?Y la Andaluza?
– Ya puedes figurarte -informo Ignacio-. Haciendo su agosto.
– Claro, los moros joden que da gusto, ?verdad?
La conversacion se hacia incomoda. Ahora Canela parecia glacial. Se habia ausentado. Miraba afuera, a la calle, con la mirada vidriosa.
– ?Mira que morirme yo en Francia! -exclamo, inesperadamente.
Ignacio la miro con asombro.
– ?Morirte…? ?Que tonterias dices!
En ese momento entraron en el cafe tres hombres barbudos, con aspecto de llegar del frente. Debian de ser tres 'jefazos', que andarian tramando irse tambien a Paris.
– Puercos… -barboto Canela-. Han abandonado a todo el mundo.
– Su expresion era colerica.
El mas alto miro a Canela y sonrio. Canela saco la lengua.
Ignacio se sintio tan abatido que se levanto para despedirse.
– Escucha una cosa, Canela. Si algun dia quieres regresar a Espana, vete a Fronteras y pregunta por mi.
Canela se quedo rigida.
– ?Regresar yo…? ?Eh!, ?por quien me has tomado?
Ignacio hizo un gesto ambiguo.
– La vida… cambia, ?no crees?
Canela le sonrio con afecto.
– Salud, fascista…
Ignacio se acerco al mostrador dispuesto a pagar las consumiciones, pero el 'garcon', despues de consultar con Canela, nego con la cabeza.
CAPITULO IX
Canela habia informado bien a Ignacio: Julio Garcia vivia en Paris… con un coche en la puerta. Era el gran triunfador del exilio. Formaba parte del grupo de los privilegiados, de los que habian alquilado chales en Deauville y jugaban a la ruleta. Disponia de un confortable piso cerca de la Avenida Foch, por cuyos amplios salones se paseaba con un batin de seda. Si Ignacio hubiera tropezado con el ex policia, no hubiera sabido si reir o llorar.
Julio Garcia, recordando la guerra, no pensaba en la muerte, como le ocurria a Canela: sonreia. La fortuna que habia amasado comprando armas para el Ejercito de la Republica era tan considerable que, en un momento de sentimentalismo, le habia dicho a dona Amparo: 'Avisame cuando sea tu cumpleanos, que quiero regalarte un abrigo de pieles de algun animal raro…' Y a sus amigos de siempre -los componentes de la Logia Ovidio, y David y Olga- solia decirles que lo que mas le dolia de la catastrofe que habia asolado Espana era que en ella habia perdido su hermosa tortuga, llamada Berta. 'La pobre, lenta por naturaleza -explicaba-, no consiguio llegar a la frontera y cayo en manos de los requetes'.
Julio Garcia vivia una vida triple. Por un lado, el recuerdo de Gerona; por otro, su responsabilidad para con los gerundenses que acudian a el en demanda de ayuda, y que no eran pocos; por ultimo, los deberes que le imponia su 'nueva posicion social' y la necesidad de sentar bases definitivas para lo futuro. Esto ultimo era de hecho la piedra angular de sus preocupaciones. No queria caer en la trampa de otros muchos exiliados, que parecian dispuestos a quemarse la sangre a base de nostalgia y de 'lo que hubiera podido hacerse'. El no se iria nunca a Africa, a construir el Transahariano; ni se alistaria en la Legion Francesa; ni se iria a Venezuela, como el Responsable y otros tantos anarquistas, pensando que alli encontrarian campo abonado para sus actividades… No, el no dejaria nunca de pisar terreno firme. Preveia acontecimientos internacionales para un Plazo mas o menos proximo -los periodistas Fanny y Bolen eran tambien de este parecer- y queria estar prevenido. Si en Francia ocurria algo se iria a Inglaterra, cuyo Gobierno se habia manifestado dispuesto a admitir algunos exiliados de la elite; es decir, hombres como el, relacionados con la Banca Suiza y que supieran tomarse un guisqui sin soltar una groseria.
Sus relaciones con Gerona se efectuaban de una manera un tanto simbolica: a traves del periodico Amanecer, que el ex policia recibia, aunque con retraso, gracias a sus amistades de la 'Prefecture' de Perpinan. La lectura del periodico que dirigia 'La Voz de Alerta' le daba la tonica de 'lo que ocurria en la Espana Nueva', y cuyo resumen respondia, a su juicio, a la logica mas estricta: curas y militares. No habia numero en que no apareciera una fotografia del obispo, doctor Gregorio Lascasas, y otra del general Sanchez Bravo. El senor obispo tenia siempre la
