pesadilla-, tales ladrillos subian tan alto que muy bien podian alcanzar el firmamento. En ese caso, las estrellas que Gorki veia en el no tenian nada en comun con las que el general Sanchez Bravo, desde los cuarteles de Gerona, contemplaba con su telescopio. Eran las cinco estrellas que en aquellos momentos Cosme Vila debia de estar viendo titilar en las torres del Kremlin, en la Plaza Roja de Moscu, donde el derrotado Gorki hubiera deseado morir.

Por lo que se refiere a Jose Alvear, el gran vencedor de Toulouse, las cosas se desarrollaban con menos dramatismo. Jose Alvear disponia tambien de un local, aunque mas pequeno, que decia: 'Federacion Anarquista Iberica', en el que el sobrino de Matias se habia constituido en jefe de una especie de batallon de jovenes libertarios que se pasaban el santo dia rumiando caer por sorpresa sobre algun pueblo espanol fronterizo y matar al jefe de Falange y al sargento de la Guardia Civil. Pero, en realidad, Jose Alvear jugaba con esos jovenes con el proposito de entretener sus mentes, sin el menor plan de accion inmediata. Habia tenido ya dos incidentes con la Policia francesa y habia sacado la conclusion de que los gendarmes, pese a su quepis, y bajo su aspecto bucolico y ciclista, eran duros de pelar.

De modo que posponia para un futuro lejano cualquier intento de implantar el anarquismo en Francia y, mucho menos escrupuloso que Gorki, se dedicaba a cultivar lo mejor posible su vida privada. Para ello jugaba todas las tardes a las cartas, fumando sin parar; y cada noche complacia hasta el delirio a la mudame que le habia tocado en suerte, a la madame de que Canela le hablo a Ignacio en Perpinan.

Si, los informes que habia recibido Canela acerca de Jose Alvear -'el unico hombre que ella habia amado, y que volo'- eran veridicos. Jose Alvear se habia convertido en gigolo. Y la cosa le iba tan bien que no comprendia que Gorki no lo imitase. En Montecarlo, adonde fue a parar huyendo del campo de Saint-Cyprien, habia fracasado -el ambiente era demasiado distinguido para el-, y en Paris, con eso de las Organizaciones de Ayuda fundadas por Negrin y secuaces, el clima le parecio enrarecido. De modo que opto por volver grupas, por regresar al Midi. Y eligio Toulouse.

Fue cosa de coser y cantar. Tres dias despues de su llegada a la ciudad se sento, aburrido, en un cafe, encendio un 'gauloise' y miro alrededor. Aquello fue su suerte. Vio sobre la mesa una revista que alguien habia abandonado y la tomo en sus manos. Estaba abierta precisamente por las paginas del llamado 'Correo del Corazon'. En esas paginas habia una serie de fotografias de hombres de edad avanzada que solicitaban 'companera' o 'esposa'. Sus ojos de azabache, de anarquista veterano que habia dado tumbos por los frentes, junto al malogrado capitan Culebra, se clavaron en seguida en el rostro de una madame, entrada en carnes, de expresion muy dulce, evidentemente enferma de soledad. Jose Alvear llamo al camarero y este le tradujo el texto. La madame, residente en el mismo Toulouse, tenia exactamente cincuenta y un anos, se habia quedado viuda el ano 1932 y deseaba rehacer su vida al lado de un hombre animoso. Se llamaba Genevieve Bidot y era duena de una carniceria en la calle Danton. Tenia antepasados espanoles.

Jose Alvear pego un salto y le dio al camarero galo una amistosa palmada al hombro. Dias despues, el sobrino de Matias Alvear era, oficialmente, el hombre animoso que necesitaba la pobre Genevieve Bidot. Compartia con esta un piso menos lujoso que el de Julio Garcia, pero decente, con vista al parque. El asunto se resolvio por via tan directa, que Jose Alvear le decia a Genevieve: 'Yo creo, chatita, que perdimos a guerra porque estaba escrito que tu necesitarias que cada noche yo te cantase las cuarenta'. La mujer, que se volvia loca con Jose Alvear, lo atraia con lentitud hacia si y lo besaba freneticamente, murmurandole al oido palabras tan dulces como, por ejemplo: 'mon petit chou-chou', o: 'mon petit cochon', palabras que no dejaban de fastidiar, a veces, al anarquista. Realmente, oirse llamar 'chou-chou' no habia entrado jamas en sus planes revolucionarios. Pero se aguantaba.

No, Jose Alvear, que todos los dias tenia la obligacion de pasar al menos una vez por la carniceria de madame Bidot, no creia, como Gorki, que Francia fuese un asco. Tampoco creia, como Antonio Casal, que era el no va mas. Era un pais extrano, que jamas tendria un Madrid. Era un pais con tendencia al ahorro y a pegarse la vida padre. Nada mas. El se tomaria alli una temporadita de descanso, que bien ganado se lo tenia. Despues, ya veria. Sudamerica le tentaba, por supuesto, y habia quedado con el Responsable en que este le tendria al corriente de como marchaban las cosas en Caracas. Pero de momento, punto en boca, tanto mas cuanto que en la primera carta que el Responsable le habia escrito le decia que 'despues de pisar America se sentia orgulloso de aquellos 'gachos' que, asi por las buenas, se llamaban Hernan Cortes y habian conquistado todo aquello'.

Jose Alvear tenia la impresion de que tardaria mucho tiempo, quizas anos, en poder regresar a Espana. Aquello habia sido un desastre, por culpa de los Azana, de los Largo Caballero, y, sobre todo, de los rusos, que hicieron como que ayudaban, pero que en resumidas cuentas se llevaron el oro del Banco de Espana y otras cosillas, a cambio de chatarra y de unos cuantos comisarios. ?Al diablo todos ellos! Ahora, en Espana, el fascismo. Sangre y lagrimas. Y cinturon ortopedico. Y obispos y yugos y flechas. En su yo mas intimo no se consideraba exiliado, pues para el, anarquista, las fronteras eran una paparruchada. Pero echaba de menos las costumbres de la tierra que lo pario, aquellos 'Vale por una novia' y ventajillas por el estilo. Cuando se ponia demasiado blando -cuando se ponia demasiado 'mon petit chou-chou'-, se liaba con el vino tinto, que en Francia estaba muy rico, y escribia a las amistades. A veces, al acostarse, barbotaba para si: 'Manana escribire a Gerona, a los parientes de la Rambla… Si, manana sin falta'. Pero nunca lo hacia, en parte porque le habian dicho que Franco tomaba represalias contra las familias que recibian cartas del extranjero.

CAPITULO X

El dia 2 de junio la familia Alvear vivio, en esa Gerona que los exiliados tanto echaban de menos, un acontecimiento entranable: el traslado de los restos de Cesar. Ignacio, por fin, cobro, de manos de don Gaspar Ley, los atrasos devengados en el Banco Arus, ciertamente no muy crecidos, pero que alcanzaron para adquirir en propiedad un nicho y una lapida.

La escena en el cementerio fue grandiosa y humilde. Se concentraron alli la familia completa, mosen Alberto, Marta y Mateo. Eran las once de la manana. El sol, inclemente, caia sin piedad sobre los cipreses, sobre los panteones, y aurificaba las avenidas de gravilla. El sepulturero y dos albaniles acompanaron la comitiva al nicho que decia Familia Casellas, situado a la izquierda. Uno de los albaniles fumaba; emanaba de la tierra como un olor a muerte reciente.

Mosen Alberto habia sido llamado y acudio con prontitud y presa de emocion. Cesar significaba para el la inocencia no truncada y a menudo, al celebrar misa, le parecia que si se volvia un poco hacia la derecha todavia encontraria alli al muchacho, arrodillado, con las orejas grandes, fijos los ojos en el altar y a punto de hacer sonar la campanilla. Marta estaba tambien muy impresionada y se presento con un ramo de flores silvestres, que le temblaban un poco entre las manos. Mateo caminaba con la cabeza erguida, procurando dominar sus sentimientos.

La familia avanzaba mirando al suelo, presidida por la corbata negra de Matias, corbata que ahora este podia llevar sin que el catedratico Morales, tambien muerto, se lo impidiese. Ignacio recordo la madrugada gris en que alli, en aquel mismo lugar, localizo, entre cien cadaveres, el de Cesar. Pilar sentia como si fuera a desmayarse bajo el sol. Y en cuanto a Carmen Elgazu, le ocurria algo singular. Desde el primer momento admitio la posibilidad de que encontrasen incorrupto el cuerpo de su hijo. Sabia que los milagros de esta naturaleza no abundaban. Pero ?no se mantuvo incorrupto durante siglos el cuerpo de San Narciso, el patron de Gerona, aun cuando los informes de los medicos 'rojos' afirmaran lo contrario? ?Por que, pues, no podia haber ocurrido lo mismo con Cesar? Al fin y al cabo, el muchacho deseo a lo largo de muchos meses morir por Dios. Lo deseo tanto que lo consiguio. Nada tendria de extrano, pues, que incluso su cuerpo hubiera obtenido ya la recompensa.

Pronto llegaron al nicho que decia Familia Casellas. A la derecha de este y colocado sobre una carretilla de mano, aguardaba ya, destapado, un ataud negro, flamante, con las iniciales C. A. '?Por que solo las iniciales?', preguntose Mateo. Tal vez Porque sobre ellas, en relieve, destacaba una cruz, que era como el compendio de todas las palabras.

Los albaniles se acercaron con calma neutral a la lapida que decia Familia Casellas y al termino de un habil forcejeo consiguieron desgajarla y atraerla hacia si. Los restos de Cesar Quedaron al descubierto. El momento fue solemne y espantoso. Porque alli habia todavia carne, aunque corrompida y, perfectamente reconocible, el traje del muchacho. Carmen Elgazu, que no comprendio que la ropa hubiese durado mas que la piel, lanzo un sollozo desgarrado que debio de penetrar en la eternidad. Pero no volvio la cabeza. De hecho, la unica que lo hizo, con

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