mano dispuesta a bendecir lo que fuera; el general saludaba siempre militarmente o presidia algun acto en honor del Ejercito Espanol. Naturalmente, Julio Garcia hubiera podido reconocer tambien, entre mil rostros, el del Gobernador Civil, camarada Juan Antonio Davila, quien cada dia ponia una primera piedra o asistia a un entierro. 'Lo que me extrana -comentaba con sus amigos- es que Mateo no tenga celos y se conforme con salir retratado solo de vez en cuando'.

Julio Garcia, desde su piso cercano a la Avenida Foch, estimaba que las realidades que, a juzgar por Amanecer, imperaban en 'la Espana de Franco' formaban un triangulo tan perfecto que hubiera podido ser masonico: mimetismo respecto de Alemania e Italia; inflacion religiosa; ausencia total de opinion popular. 'Esa gente va a prescindir del pueblo hasta nueva orden'. 'Juegan con unas cuantas ideas incapaces de proporcionar a nadie el menor placer intelectual'. 'Se basan en la nocion de Caudillo, cuando lo mas corriente es que los caudillajes terminen de mala manera'. 'Se han inventado un Dios a su medida, de cuya proteccion estan tan seguros como yo lo estoy de que mi mujer me sera fiel'. Etcetera.

Ahora bien, todo esto, que levantaba en vilo a aquellos que en Paris escuchaban al ex policia, tenia en opinion de este una contrapartida no deleznable: todos los recursos en una sola mano. 'De entrada pueden acometer empresas importantes. Es la fuerza de las dictaduras. Lo malo viene despues…'

– ?Y la represion? -clamaban los arquitectos Ribas y Massana; y el ex director del Banco Arus; y Antonio Casal…-. ?Los campos de trabajo, las ejecuciones?

Julio Garcia se encogia de hombros.

– ?Que esperabais, pues? ?Que a los que se quedaron les dieran pan con miel?

– ?Te parece tolerable que hablen de Maeztu y de Balmes como si hablaran de Kant o de Montaigne?

– No, no me parece tolerable -refrendaba Julio Garcia, pasandose la boquilla de un lado a otro de la boca-. Pero demuestra que no carecen de sentido del humor.

?Ah, Julio Garcia anoraba Gerona! Esa era la clave de la cuestion. Se preguntaba quien habitaria en el piso que fue suyo; quien utilizaria aquellos focos con que, en la Jefatura de Policia, le hizo sudar a Mateo la gota gorda; quien seria el nuevo jefe de estacion; que contertulios tendria su amigo Matias en el Cafe Neutral… 'La unica verdad es esta -concluia-. Queramos o no, ganaron ellos y alli la vida continua'.

Sentencia irrebatible. De ahi que Julio Garcia procurara olvidar 'aquella vida que ya no le incumbia' y se dedicara a la segunda de las tareas que se habia impuesto: la de solucionarles el porvenir a sus amigos. En el fondo, ello le resulto mas facil de lo que hubiera podido imaginar. O los demas no tenian criterio propio, o el era un prodigio de intuicion y sentido practico. A los arquitectos Massana y Ribas les aconsejo que se fueran a la Argentina, donde, con ayuda de la colonia catalana, a buen seguro se abririan camino en su profesion. A don Carlos Ayestaran, tio de Moncho y ex jefe de Ignacio en Sanidad, en Barcelona, le facilito la ida a Chile, donde podria instalar un gran laboratorio de productos farmaceuticos, que eran su especialidad. Asimismo ayudo a varios vascos que estaban ilusionados con irse al Caribe a fundar algun negocio naviero. Y en cuanto a David y Olga, que sin duda constituian un caso especial, en una noche memorable en la que Olga en un cafe de Montparnasse, se habia echado a llorar, Julio Garcia les propuso algo insolito: fundar una editorial en Mejico. El financiaria la operacion y ellos serian sus socios industriales. Los maestros titubearon, porque les tiraba la pedagogia, pero Julio los arrollo con su dialectica. 'Editar libros es tambien hacer pedagogia. Con la ventaja de que los libros que nosotros podamos lanzar al mercado, algun dia, cuando en Espana haya pasado el actual sarampion, podran incluso ser leidos con clandestina avidez, en la mismisima Gerona, por esa juventud que ahora se atiborrara de biografias del general Mola y de enciclicas papales'. Los maestros, desconcertados al principio, acabaron entusiasmandose con la idea. '?Editar libros!, ?editar libros!', repitio Olga insistentemente, mientras con la mano se alisaba el pelo. Por su parte, David, que cada manana se preguntaba si debia afeitarse o no, imagino que la primera coleccion popular podia titularse: Coleccion Julian Sorel.

Otra persona a la que Julio Garcia ayudo fue Antonio Casal. A Casal no le 'expulso' de Francia, porque lo sabia sentimentaloide y falto de empuje, y lo coloco en el mismo Paris, en el SERE -Servicio de Evacuacion de Republicanos Espanoles-, organismo fundado por Negrin y que tenia su oficina principal en la calle de Saint- Lazare.

Julio Garcia, que por las mananas no tenia nada que hacer, solia llegarse a esas oficinas del SERE a visitar al ex jefe socialista gerundense. Casal, al verlo, se tocaba el algodon que llevaba en la oreja y le decia: '?Estoy encantado, encantado! El SERE es eficaz. Millares de refugiados acuden a nosotros para cobrar el subsidio, para obtener trabajo y asistencia medica… ?Labor fecunda! No solo prestamos ayuda, sino que mantenemos vivo el espiritu revolucionario'. Julio Garcia se apoltronaba en el sillon y le decia: 'Ya sabia yo que aqui te encontrarias en tu ambiente'.

Por si fuera poco, Antonio Casal habia descubierto, al igual Que Canela, que el hubiera debido nacer frances. Las formulas culturales de Francia y su estructura administrativa lo habian deslumbrado. 'Es gente que vale, que vale mucho, muy preparada'. Se hacia lenguas de los asesores juridicos que tenia el SERE, que eran franceses. ?Y no digamos de los maestros! 'David y Olga se equivocaran marchandose a Mejico. Aqui aprenderian mucho. Aprenderian inclusive, lo mismo que yo, lo que significa la palabra socialismo'. Julio Garcia solia preguntarle a su amigo si su mujer compartia su entusiasmo. Antonio Casal entonces sonreia con tristeza. 'Por desgracia, no - decia-. Mi mujer se volveria a Gerona ahora mismo'.

Volverse a Gerona… ?De ningun modo! Julio Garcia podia anorar determinadas cosas de la ciudad y el mando de que en ella disfruto. Pero de eso a desear el regreso… Por lo contrario, el tercer aspecto de su multiple vida se dirigia como una flecha hacia la internacionalizacion. Por eso alquilo aquel piso, para poder recibir dignamente a caballeros franceses que poseyeran la Legion de Honor, a militares de alta graduacion, a los hermanos de la Logia de la calle Caudet… Sus asesores al respecto fueron los periodistas Fanny y Bolen, bien relacionados en todas partes y duchos en tales menesteres.

– Te ayudaremos, no te preocupes -le habian dicho-. Por lo demas, te va a ser facil meterte a esta gente en el bolsillo: buena cocina y alguna de esas frases que te salen redondas. Por ejemplo, la que nos colocaste ayer, en el Cafe Flore: que toda democracia que se estime ha de basarse en la desigualdad…

El caso es que Julio Garcia, poniendo en practica las sugerencias de Fanny y Bolen, empezo a organizar en su casa cenas opiparas. Dona Amparo Campo, a quien el ex policia habia prohibido que aprendiera frances para evitar que entre plato y plato soltara alguna tonteria, ignoraba quienes eran los visitantes de su hogar; pero ?que mas daba! A la legua se advertia que se trataba de gente fina, como ella siempre deseo. ?Con que estilo le besaban la mano y con que susurrante entonacion le decian: madame! 'Madame Garcia… viola!'. Le decian viola y ella, feliz. ?Ah, que bello pais Francia! Lo que dona Amparo no comprendia era que ella, a su vez, tuviera que llamar madame a la interina que la ayudaba en las faenas de la casa.

Por supuesto, el desarrollo de esas veladas confirmo la tesis de Fanny y Bolen. Los invitados de Julio, entre los que abundaban elocuentes diputados y prohombres del Frente Popular Frances, acudian reiteradamente a casa del ex policia por razones de afinidad ideologica; pero, sobre todo, por simpatia humana. Se reian a gusto con Julio Garcia; eso era todo. Julio, con su bigote madrileno y sus maliciosos ojos cargados de experiencia y de intencion, arrancaba de ellos discretas cuando no sonoras carcajadas. 'Charmant!', solian exclamar oyendole. Lo curioso es que exclamaban 'charmant!' lo mismo si les contaba un chiste que si les profetizaba alguna catastrofe. Cuando, por ejemplo, les decia que en su opinion Hitler se estaba preparando para invadir a Francia antes de un ano, saltandose a la torera la Linea Maginot, ellos exclamaban: 'Charmant!'. Y cuando les afirmaba que el comunismo constituia un peligro mundial, lo que podia atestiguar por haberlo conocido de cerca durante la guerra de Espana, volvian a exclamar: 'Charmant!', mientras daban complacidas muestras de aprobacion. En resumen, eran tantas las cosas que sus invitados encontraban 'charmants' que Julio pensaba para si: 'Esos caballeros viven en el limbo'.

Naturalmente, para que esos contactos fueran de verdad eficaces, Julio Garcia no olvidaba poner en practica otro de los consejos de sus amigos periodistas: cultivar la amistad de las senoras francesas, concederles la maxima beligerancia en el dialogo y relatarles a menudo anecdotas de Cocteau y de Sacha Guitry. Fanny le habia dicho: '?Pero andate con cuidado! No se te ocurra nunca darles a entender que todo cuanto saben lo han aprendido de los hombres. Escuchalas poniendo cara de bobo, de admiracion. De este modo te encontraran 'charmant' incluso a ti y tendras en ellas tus mejores aliadas'.

Resumiendo: Julio Garcia se adapto sagaz y alegremente a las costumbres parisienses -leia Le Figaro, iba a la 'Comedie Francaise' y elogiaba cada dos por tres a los impresionistas- y se sentia dichoso.

Por lo demas, en el fondo obraba sin fingimiento. Paris le gustaba realmente, tanto o mas que a Antonio Casal. Y no solo los puentes del Sena, Montmartre, la plaza de la Concordia y los cines en que ponian peliculas

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