– Me basta con eso.
El coche que conducia Leopoldo, uno de los asignados al Consulado, dio la vuelta y emprendio el regreso a Perpinan.
Se produjo un largo silencio. Ignacio contemplaba el paisaje frances, los vinedos y los canaverales, estos inclinados por la tramontana, e iba reflexionando sobre el espectaculo que acababa de presenciar. Cerca ya de la capital del Rosellon, pregunto:
– ?Que profesion tiene el grueso de los exiliados? Leopoldo contesto, sin vacilar:
– Son campesinos. Un tercio por lo menos son campesinos, Ignacio movio la cabeza.
– Si, claro. Espana es labriega.
Una vez en Perpinan, Ignacio sintio una imperiosa y repentina necesidad de localizar, aunque solo fuese para verlo de lejos, algun exiliado de Gerona. ?No se reunirian los de Gerona en algun cafe determinado?
Leopoldo le dijo:
– Concretamente los de Gerona, no se. Pero el cafe 'La Bonne Nouvelle' suele estar lleno de catalanes.
Ignacio, libre de accion esta vez por cuanto habia ido a Perpinan sin el coronel Triguero, en una ambulancia de la Cruz Roja, se dirigio sin perdida de tiempo al cafe 'La Bonne Nouvelle'. Sentose a una mesa roja, situada en un rincon, y se tapo la cara con un periodico que hablaba del hambre en China. De vez en cuando echaba un vistazo, con disimulo: no reconocia a nadie. Solo le resultaban familiares el idioma y las inflexiones de las voces. Y, por supuesto, las blasfemias de los hombres acodados en la barra. Uno de ellos, que llevaba un gorro a lo Durruti, exhibia una cicatriz en el cuello, de la que parecia hacer responsable a todo el santoral.
Al cabo de una hora de infructuosa espera abandono el cafe. Cariacontecido, se dirigio al Consulado. Leopoldo le dijo:
– ?Tanto interes tienes?
– Comprendelo… Me gustaria saber lo que ha sido de varios amigos.
– Luego anadio-: Me interesa sobre todo un primo hermano mio, llamado Jose Alvear…
Leopoldo hizo un gesto de comprension.
– Aqui tenemos un fichero -dijo, senalando un armario-. Pero solo de los que han muerto en algun hospital y de los que han decidido quedarse a vivir en esta region.
Ignacio abrio los ojos con expresion esperanzada.
– ?Te importaria que lo viera?
– Tuyo es.
Ignacio tomo del armario los montones de fichas y se sento a la mesa. E inicio la tarea. Leopoldo le dijo: 'Es buscar una aguja en un pajar'.
El resultado de la operacion fue teatral. Entre los muertos, ningun conocido; entre los vivos, si, uno. Pero no era ni Jose Alvear, ni Julio Garcia, ni David, ni Olga; era Canela. Alli estaba la ficha, con la fotografia, que parecia sacada por Ezequiel y las senas de la muchacha. 'Isabel Cortes Amat, alias Canela, veintiseis anos, prostituta, domiciliada en Perpinan, 23, fue de la Provence'.
– ?Que? ?Encontraste algo? -le pregunto Leopoldo.
– ?Casi nada! -contesto Ignacio-. ?Mi primera novia!
– ?Que dices?
Ignacio quedose absorto. ?Cuanto tiempo habia pasado desde que Canela, estando el desnudo, lo perseguia por la habitacion haciendole cosquillas! Entonces ella era una gacela joven y veloz; ahora, en la fotografia, se la veia ajada, con una cicatriz no en el cuello, sino en el alma. Ignacio no pudo menos de recordar su enfermedad venerea, la mancha de pus en la cama, el bofeton de su madre y el comentario de su padre, Matias: 'Y ademas, esas mujeres creen saber la verdad de todo y no es asi. Solo conocen la cara fea de la vida'.
No lo penso mas. Despidiose de Leopoldo y diez minutos despues se encontraba en 23, rue de la Provence. Efectivamente, Canela vivia alli, con un monsieur, tambien espanol. Un monsieur tres important'. Pero apenas paraba en casa. Se pasaba el dia en el cafe de enfrente, 'chez Jean'.
Ignacio cruzo la calle y penetro en el cafe. Tuvo suerte. En una mesa al fondo, sola, haciendo solitarios, ?con cartas francesas!, reconocio a Canela.
– Pero… ?Ignacio!
– ?Pssh…! No hables fuerte. Estoy de servicio…
– ?Como?
Canela se levanto y haciendo aspavientos abrazo al muchacho y lo besuqueo repetidamente en ambas mejillas.
– ?Por favor, Canela!
– Pero ?que te pasa? ?Sera verdad que has venido a detenerme?
– Nada de eso, Canela. He venido a saber que tal estas…
Por fin Ignacio consiguio que Canela se sentara; y el hizo lo propio, situandose frente por frente.
– ?Menuda sorpresa!
– Nada de sorpresas. Andaba buscandole… El dialogo, en un principio, fue cordial. Canela tenia mucho mejor aspecto que en la fotografia, aunque se le notaba en los ojos que bebia demasiado. Y era evidente que su alegria al ver a Ignacio fue sincera. Se rieron evocando sus encuentros en Gerona. 'Me tenias chiflada. ?Eras tan crio! Tuve que ensenartelo todo, ?te acuerdas?'.
Ignacio simulo estar de vuelta…
– ?Y ahora, que haces? -pregunto el muchacho-. Llevas muchas joyas…
– ?Bah! -Canela encendio, con aire hastiado, un pitillo-. Un comisario me saco del campo y me tiene retirada. Pero ya lo ves. Me paso el dia en el cine, aunque no entiendo ni jota, o en este cafetucho haciendo solitarios.
Ignacio sintio de pronto una gran compasion por aquella mujer, cuya roja cabellera despedia extranos reflejos.
– Te sientes… sola, ?verdad?
– ?Y tu no? -le pregunto Canela.
– Pues… yo, la verdad, me las voy arreglando.
– Ya te llegara.
Los hombres del mostrador miraban a Canela y uno de ellos, que sin duda la conocia, le hizo un gesto obsceno. Canela barboto:
– Asquerosos…
Ignacio intervino:
– Hablando de tu comisario… ?Lo quieres?
Canela eructo, lo que rompio el encanto de la alusion.
– ?Querer yo? Ya quise una vez. Pero el hombrecito volo.
– ?Ah!, ?si? ?Donde esta?
– En Toulouse. Lo mantiene una madame. Es lo normal.
Ignacio se mordio el labio inferior.
– ?Como se llama? -pregunto.
– ?Ya lo sabes! Jose Alvear…
La conversacion prosiguio, sincopada. Canela, que iba poniendose nerviosa, saltaba sin conexion de un tema a otro y no paraba de beber.
– ?Eh, 'garcon', trae algo para 'mon ami'…! Y dime, ?tu que haces? ?Por que estas en Perpinan?
– Todavia no me han licenciado. Estoy en Fronteras.
– ?Ah!, ya…
'Mon ami'… La frase habia gustado a Ignacio, sin saber por que. Y tambien le gustaban los extranos reflejos de la roja cabellera de Canela.
– Cuentame, Canela. Todo eso… es duro, ?verdad?
– ?Claro que lo es! Pero vosotros teneis la culpa, ?no?
– Bueno, mujer, no te pongas asi.
El 'garcon' trajo un conac para Ignacio, conac que olia a gloria.
– ?Ves? -comento Canela, cambiando el tono de voz y mirando la copa-. Si en vez de nacer en Espana yo hubiera nacido aqui, en Perpinan, ahora no seria Canela. Seria una madame.
– ?Por que dices eso?
